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Inclusión educativa LGBTI, un camino que apenas comienza

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Será difícil hablar de una verdadera inclusión de estudiantes LGBTI en el ámbito educativo, mientras los docentes sigan transmitiendo la idea de que ser heterosexual es el camino correcto.

Por: Fidel Mauricio Ramírez.*

Imagen tomada durante el primer foro contra el bullying LGBT organizado por estudiantes con el apoyo de Movilh en Chile. Foto: Movilh Chile.
Imagen tomada durante el primer foro contra el bullying LGBT, organizado por estudiantes con el apoyo del Movilh de Chile. Foto: Movilh Chile.

La inclusión de estudiantes LGBTI en el ámbito educativo es un tema que cada vez cobra mayor relevancia en Colombia.  El suicidio de Sergio Urrego y el caso de Valery López, una joven trans de Dosquebradas (Risaralda) que fue discriminada por las directivas de su colegio, son algunos de los casos que prendieron las alarmas sobre las consecuencias del maltrato por motivo de la orientación sexual y la identidad de género.

Por esta razón, y ante las múltiples inquietudes que he recibido, quiero presentar mi punto de vista como educador en torno a la pregunta de si la escuela está o no preparada para la inclusión de niños/as y jóvenes LGBTI.

Muchas veces, por el interés de incorporar a los/as estudiantes con características que se alejan de la mayoría (por alguna condición física, cultural o de otra índole), se desconocen las particularidades de cada uno.

Así, por ejemplo, aquellos con necesidades educativas especiales son vinculados en aulas regulares donde en ocasiones no reciben la atención adecuada, lo que impide su desarrollo cognitivo.

Se ha pensado, de manera errónea, que la inclusión consiste simplemente en vincular a los estudiantes en aulas y en dejarlos bajo la dirección de docentes que en muchos casos no están preparados para asumir este desafío.

Esto es así porque en las facultades de Educación no se nos preparó para ir más allá o porque es difícil prestarles atención a las necesidades de cada uno, cuando tenemos grupos con 43 alumnos/as.

Una verdadera inclusión debe tener en cuenta la formación docente y las condiciones necesarias para que el proceso educativo pueda desarrollarse de manera más personalizada y, no en masa, como actualmente ocurre.

En el caso de los estudiantes LGBTI, el problema de fondo es cultural: el desconocimiento que existe en la sociedad sobre la diversidad sexual y de géneros. Se ha idealizado la orientación sexual heterosexual y se educa a partir de esta idea, presentando explícita o implícitamente que este es el único camino posible.  Así, aquellos que se salen de ahí, son sometidos a burlas y violencias.

Un reflejo de la sociedad

Este no es un problema de la escuela. Finalmente, las instituciones educativas son un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. La escuela no incluye a las personas LGBTI, porque tampoco la sociedad lo hace. Allí, aún cuesta reconocer y respetar las diferencias. A pesar de los avances, las prácticas discriminatorias siguen presentes.

El punto no es si estamos o no preparados para esta inclusión, sino la obligación de hacerlo. Independiente de nuestras convicciones o creencias, los/as educadores debemos reconocer que el mundo ha cambiado y que los sectores LGBTI están exigiendo sus derechos, los mismos que tienen las demás personas.

El problema, por tanto, no es que existan estudiantes LGBTI, sino las prácticas y los discursos que circulan en la escuela. Es ahí donde debemos actuar. Un paso es educar a la comunidad educativa para que aprenda a reconocer y a respetar las diferencias. Pero también es fundamental proteger los derechos de los estudiantes LGBTI.

Es necesario que los colectivos gais o LGBTI le presten especial atención a lo que les ocurre a los/as estudiantes LGBTI en la escuela para apoyarlos y orientarlos sobre cómo garantizar el cumplimiento de sus derechos.

La premisa debe ser: “cero tolerancia con los actos de discriminación por orientación sexual e identidad de género”. Cualquier vulneración debe ser denunciada públicamente y ante las autoridades y exigir reparación.

Los maestros LGBTI tenemos un importante compromiso en este proceso de transformación: asumir un papel protagónico en nuestras comunidades educativas para establecer rutas de prevención frente a cualquier hecho de discriminación. Somos los llamados a liderar la actualización de los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) y los Manuales de Convivencia.

No es una tarea fácil, pero tenemos la posibilidad de ayudar a cambiar el contexto educativo y de participar en una verdadera transformación de la escuela en favor del reconocimiento y del respeto de las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.

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* Licenciado en Teología, filósofo, con estudios en pensamientos político y económico, candidato a doctor en Educación y docente. fmramireza@redp.edu.co

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