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Insultos que quedan en la “inanidad”

Género, diversidad sexual y cambio social.

Una vez más un funcionario público colombiano se va “lanza en ristre” contra las personas LGBT. En esta ocasión, contra las lesbianas. ¿Será que el caso terminará en un: “me malinterpretaron”?

discriminación de políticos contra LGBT
Así diga “me malinterpretaron”, es evidente que el concejal de Bogotá llamó “mujerzuelas” a las lesbianas.

El domingo 26 de mayo en un debate propuesto por la Comisión de Hacienda del Concejo de Bogotá sobre el uso compartido de automóviles en la ciudad, uno de los funcionario de esta institución, Jorge Durán Silva, se refirió de manera desobligante hacia las mujeres que se sienten atraídas por personas de su mismo sexo.

A la hora de expresarse sobre la posibilidad de que un conductor lo recogiera, Durán Silva señaló: “que manden una dama para que me recoja, pero que a esa dama le gusten los hombres porque está de moda que a muchas damas no les gusten los hombres. Que no le gusten las mujeres, porque a mí no me gusta esa clase de mujerzuelas”.

Es decir, esa hipotética conductora sería una “dama” en caso de que le atrajeran los hombres y, una “mujerzuela”, si le interesaran las mujeres.

Se trata del mismo funcionario, supuestamente liberal, que en agosto del año pasado dijo en el Concejo: “no ingresa nadie más porque esto se nos está volviendo una merienda de negros“. A todas luces, un comentario racista.

Y según el periodista Edgar Artunduaga, es el concejal que durante la alcaldía de Juan Martín Caicedo Ferrer (1990 – 1992) amenazó, con un revólver 38 largo, a su colega Rafael Forero Fetecua.

Como ninguna de dichas acciones le ha impedido sumar 35 años en el Concejo, Durán Silva debe sentir un espaldarazo del Estado y de sus electores, para continuar irrespetando a todo aquel que “no le guste” (o, en este caso, no guste de él).

Un hecho similar ocurrió a finales de 2012 con el senador Roberto Gerlein, cuando se discutía el proyecto de ley sobre matrimonio entre personas del mismo sexo. Gerlein dijo, sin recibir sanción alguna, que el catre compartido por dos varones merece repulsión y que el sexo homosexual es sucio, asqueroso y excremental. Agregó que el sexo entre mujeres no le preocupa porque es “algo inane”.

Tan tranquilo quedó que, a los pocos meses, en plenaria del Senado, volvió a referirse de manera displicente contra estas uniones.

¡Se me chispoteó!

Lo más grave, ahora, es que con un falso y trillado: “fui malinterpretado”, el concejal de Bogotá intenta cerrar la polémica. Poco lo asustan los anuncios de denuncia por parte de su colega Angélica Lozano o de la representante a la cámara Alba Luz Pinilla. Él mira hacia atrás y respira tranquilo: presiente que no pasará nada.

Si el procurador general Alejandro Ordóñez decidiera intervenir, seguramente sería para decirle que se quedó corto en sus palabras. Es de público conocimiento su desprecio por la diversidad sexual y, lo peor, su obstrucción al reconocimiento de la igualdad de derechos por parte de las mujeres y las personas LGBT.

Para completar, el concejal ha dado a conocer un comunicado en el que dice: “si se revisa cuidadosamente el contenido de mis palabras, salta a la vista que, en ningún momento, mencioné la palabra lesbiana ni dije que esas personas a las que respeto como a cualquier otra, eran unas mujerzuelas”. 

Durán Silva actúa como esos niños chiquitos que, cuando la mamá los regaña por decir “puta”, ellos dicen: “yo dije fue ruta”.

Por esta misma vía se fue el alcalde de Segovia (Antioquia), Jonhy Alexis Castrillón, quien después de declarar al periódico El Tiempo que en su pueblo no hay prostitución porque las mujeres son muy calientes y no necesitan que les paguen, salió con el cuento de que él se refería era “al clima”.

Parece ser que estos funcionarios creen que el resto de colombianos son tan básicos como ellos y que pueden tratarlos de igual manera. Al concejal Durán Silva se le olvida, además, que a diferencia de él, mucha gente sí sabe que a las mujeres que se sienten atraídas por personas de su mismo sexo, no se les llama mujerzuelas sino lesbianas.

Pero como algo le dice que sus agravios quedarán en la “inanidad”, seguramente cuando necesite una nueva estrategia de comunicaciones, recordación de marca o electoral, acudirá a un nuevo espectáculo de esta naturaleza.

“Mujerzuelas” ¡vengan a mí!

Otro tema que surge es: ¿por qué a un funcionario público le preocupa tanto la orientación sexual de la mujer (en caso de que no sea hombre) que vaya a recogerlo? ¿Por qué no sugerir que esa persona tenga experiencia en conducción? ¿Por qué le inquieta el hecho de que no se sienta atraída por personas del sexo opuesto como el concejal, por ejemplo?

Por el tono y palabras utilizadas durante su intervención, pareciera que Durán Silva hubiera intentado aproximarse a una mujer que lo rechazó por no gustarle los hombres o, por lo menos, aquellos como él y que no está dispuesto a repetir la experiencia.

O ¿de qué otra manera podría explicarse el énfasis que hace en la expresión “que le gusten los hombres”, mientras su dedo índice apunta hacia arriba?

Sus declaraciones hacen pensar que el resentimiento por esa hipotética “mujerzuela” que despreció sus muestras de afecto, es lo que hoy lo lleva a pronunciarse de tal forma contra las lesbianas. Es la única manera de explicar una advertencia tan curiosa como la que él hace.

O ¿será que la orientación sexual de una persona afecta la calidad del servicio que presta? Entonces, ¿cada vez que este funcionario asiste al supermercado, a un restaurante o a un almacén pide ser atendido por mujeres “a las que les gusten los hombres”?

Otro aspecto es el desconocimiento de este funcionario sobre conceptos básicos de sexualidad. Durante su intervención, señaló como una “moda” y no como una orientación sexual el hecho de que una mujer se sienta atraída por otra.

Ahora, ¿cuál es el criterio para relacionar una orientación sexual con “una mujer de poca estimación, una mujer perdida o de mala vida” o, en otra palabras, una “mujerzuela” (palabra por cierto, más que en desuso?

¿Qué tal promover un taller obligatorio sobre conceptos básicos de sexualidad en el Concejo? A Marco Fidel Ramírez, por ejemplo, no le caería nada mal. Y si de paso se invitan a los senadores Roberto Gerlein, Edgar Espíndola y Claudia Wilches, mucho mejor. 

El libre derecho a insultar

Para quienes dicen: “por qué los gays se molestan tanto con estas expresiones si son cotidianas y no tienen mala intención”, la pregunta es: ¿qué habría pasado si esas mismas palabras las hubiera utilizado para referirse a las mujeres heterosexuales? ¿No se habrían indignado?

Ojalá este caso se convierta en el precedente necesario para que el Estado demuestre, con hechos concretos, que realmente rechaza la discriminación y los agravios contra cualquier población, incluida la LGBT. Y, con mayor razón, cuando estos provienen de funcionarios públicos que han jurado cumplir la Constitución.

Esperamos que este episodio con el concejal Jorge Durán Silva se convierta en un referente para demostrar que la Ley Antidiscriminación (1482 de 2011) sí es efectiva, así como el artículo 134B del Código Penal que sanciona a quienes promuevan actos, conductas o comportamientos de hostigamiento.

Padres de familia, docentes y rectores de instituciones: ¿no habrá llegado la hora de tomarse más en serio la promoción del respeto y el valor de la diversidad sexual en la educación? El país no quiere que más familias ni más instituciones sigan formando personas machistas e irrespetuosas como Roberto Gerlein y Jorge Durán Silva.

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