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Juguetes sin barreras de azul ni rosado

Aunque persisten los juguetes “para niños” y “para niñas”, las infancias se benefician más de aquellos que no les limitan a roles determinados y les fomentan la creatividad.

Por Andrea Domínguez*

Hay un lugar en el que las mujeres tienen que andar todo el día en tacón puntilla y los hombres no pueden ni asomarse a la cocina y mucho menos cambiar el pañal de sus bebés. Allí, las niñas se visten de rosado y los niños de azul, solo hay un modelo de belleza femenina -blanca, rubia, flaca- y no existe espacio para ningún tipo de diversidad étnica, cultural o religiosa. Ese lugar es el pasado, aunque todavía intenta mantenerse en el universo infantil de algunos niños y niñas que hoy solo tienen acceso a juguetes diseñados para reforzar estereotipos. (Ver: Los juguetes que regalamos: más que diversión, una oportunidad).

Por fortuna, las cosas han comenzado a cambiar. Los pies de las Barbies, en eternas puntillas, finalmente aterrizan sobre el suelo como los de las mujeres reales, los bebés de juguete pueden ser arrullados por niñas y niños según indica el mercadeo 2.0 y existen las muñecas con cuerpos diversos y distintos tipos de pelo y tonos de piel. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

Aunque subsisten las secciones rosada y azul en las jugueterías y a pesar de que la primera pregunta que le hacen a un comprador es si el regalo es para niña o para niño, hay un redireccionamiento del mercado hacia juguetes que enriquezcan a niños y niñas por igual: bloques de construcción, kits de arte y ciencias, muñecos unisex, juegos de roles, etcétera. (Ver: Juguetes para niños, más allá del azul y el rosado).

Por fortuna, cada vez más niños y niñas juegan con kits de ciencias en cuyas cajas ya no vemos exclusivamente a los niños descubriendo cómo funciona “el mundo de la física”.

El juego es cosa seria porque refleja el mundo en el que vivimos y aquel en el que vivirán las infancias de hoy.

“El juego es una forma de exteriorizar el mundo interior”, María Paula Rueda, psicóloga y educadora.

Entre las novedades más recientes está la decisión de Lego de retirar el sesgo de género de sus productos que en los últimos años han estado divididos entre el mundo de colores pasteles de las amigas entrañables que rescatan animales, viven en palacios y tienen heladerías y peluquerías y el mundo de los niños que van a los confines del universo en naves espaciales, construyen fortalezas, se mueven en vehículos todoterreno y pelean con dinosaurios.

Entonces, lo primero que hay que dimensionar es la verdadera importancia del juego en la infancia. La psicóloga y educadora María Paula Rueda Cortés explica: “el juego nos permite reconocernos a nosotros mismos, aprender a regularnos en sociedad, a crear y a entender las normas, saber qué puedo hacer y qué no, hasta dónde van los límites de cada uno”.

Por eso para Rueda, autora del canal de mindfulness en Youtube Divina-Mente, es tan grave que se castigue a los niños con no dejarlos jugar o no salir a recreo. “Equivale a no dejarlos dormir o comer, el juego es vital”.

Los juguetes y los juegos en la niñez tienen gran impacto en la vida: llevan a descubrir vocaciones e imaginar futuros posibles.

Teniendo clara la necesidad del juego, aparecen en escena los juguetes, que no son sólo los que vienen empacados de una fábrica, sino todos los objetos que niñas y niños quieran convertir en juguete a través de su imaginación: palos, piedras, cajas, utensilios de cocina, objetos de la casa, pero también muñecos, rompecabezas, fichas, pelotas, carros. Y ahí es donde entran a jugar un papel importante los juguetes estereotipados, como las cocinas y carritos de mercado direccionados a las niñas y los camiones y dinosaurios para los niños.

Cuando los adultos limitan las opciones o entregan juguetes que solo permiten una visión específica, están impidiendo el desarrollo integral infantil. “En la primera infancia niñas y niños juegan imitando lo que ven en la vida de los adultos, pero si tú les preguntas a ellos te vas a dar cuenta que están interesados en jugar con todo, muñecas, carros, cocinas, legos, rompecabezas, peluches, lo que sea, pero sin hacer esa diferenciación que hacen los adultos“, agrega Rueda.

El problema es que los adultos sí hacen esa diferenciación y esta transmite mensajes poderosos. Como lo explica Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad en American University y directora de investigaciones de Sentiido: “los niños hombres se dan cuenta muy rápidamente de que tienen que distanciarse de todo lo que tenga que ver con el cuidado, la belleza, la estética y la casa. Ellos no pueden jugar con esmaltes o muñecas porque inmediatamente hay castigo social por parte de los adultos en su mundo. Ahí aparecen las famosas frases ‘los hombres no lloran’ o las ideas de que ellos no se encargan de limpiar o no cuidan al bebé, y eso es lo que van aprendiendo”.

“A niños y niñas hay que permitirles jugar libremente”, María Paula Rueda, psicóloga y educadora.

Juguetes
La diversidad de la vida real debe verse reflejada en las muñecas, como ya está sucediendo.

Según Martínez esto se explica porque a pesar de los muchos cambios que la sociedad ha experimentado, esta sigue organizada de manera jerárquica, con la masculinidad en el tope de la pirámide. Esto impulsa a los adultos a sancionar especialmente a los niños hombres que intentan aproximarse a juguetes asociados con la feminidad.

Muchas veces se caricaturiza al feminismo por criticar estos aspectos. “Se dicen cosas como ‘qué tiene de malo que las niñas usen rosado’. La pregunta no es: ¿qué hay de malo con el rosado para las niñas? La pregunta es: ¿qué hay de malo con el rosado para los niños? Lo ideal es que niños y niñas tengan la libertad de elegir su juguete, su color, lo que quieran crear en el juego. Hay estudios que muestran que los niños sí juegan con juguetes mercadeados para niñas pero que lo hacen sin que nadie se entere porque no quieren ser reprobados por ello”, agrega Martínez. (Ver: Es feminismo: no humanismo ni “igualismo”).

La diversidad actual de trabajos de las mujeres ya se ve reflejada en las nuevas generaciones de muñecas: barbies doctoras, científicas, veterinarias, aunque no tanto mecánicas o ingenieras automotrices. También están las princesas de Disney que ya no son rescatadas sino rescatadoras, como Moana o Elza y Ana, de Frozen.

“Acercarse a la masculinidad es acercarse al poder y acercarse a la feminidad, lo contrario. Por eso los adultos no quieren que sus hijos hombres jueguen con juguetes que los asocien con roles considerados femeninos, no quieren que pierdan poder”, Juliana Martínez, directora de investigaciones de Sentiido.

Pero la presión continúa. Eso lo puede decir cualquier mamá o papá del mundo. Una de ellas es Peggy Chamorro, mamá feminista, integrante de la Colectiva por el Derecho a Decidir, de Costa Rica, y mamá de una niña de 9 años. “La lucha con el entorno empieza desde el vientre, cuando te hacen el té de bebé azul o rosado y luego cuando tienes que enfrentar la presión por si lo vas a bautizar o no en un país católico como este. También, cuando prendes el televisor o la tableta y la publicidad te muestra un tipo específico de mujer o cuando el sistema te está vendiendo todo el tiempo unos tipos de roles para los niños y otros para las niñas”, expresa Chamorro.

Desde que su hija era pequeña intentaron ofrecerle opciones de todos los juguetes: muñecas, carros, cocinas, cohetes, rompecabezas, bicicletas… Y mucho, mucho juego al aire libre. Sacaron el televisor del hogar y vivieron relativamente en paz por un tiempo hasta que llegó la escuela. Pese a elegir una progresista, fue imposible luchar contra los juguetes estereotipados.

Durante un buen tiempo rechazamos muchas barbies regaladas hasta que por fin cedimos ante un regalo y dijimos, bueno contra Mattel no vamos a poder, a ver cómo hacemos pues tampoco se trata de mantenerlos en una burbuja. Lo que hicimos fue resignificar las barbies: les hicimos trajes indígenas típicos, les pintamos el pelo, les cambiamos los roles, les inventamos otras historias. Incluso en una ocasión en que yo estaba preparándome para una marcha feminista apareció mi hija a pedirnos que le ayudáramos a hacer pancartas para la Barbie”.

La segmentación de juguetes por género es resultado del mercadeo.

Peggy sabía que no podía evitar que su hija conociera los juguetes que a ella no le parecen adecuados, pero sí podía hacer que los resignificara y eso fue lo que ocurrió. La gran recompensa de todo ese esfuerzo de remar contracorriente se muestra en las actitudes de su hija, que también ama conducir su carro eléctrico con control remoto. La más reciente de esas victorias fue en lo alto de la primera fase de la pandemia por Covid 19. (Ver: Cuando nos volvamos a encontrar).

Yo estaba agotada con las miles de ocupaciones que tenía, trabajando más horas, todo online, bueno, lo que hemos vivido todos… No estaba teniendo tiempo suficiente para ella. Un día a punto de desistir de la maestría mi hija me dijo: no mami, yo no quiero que dejes la maestría, yo no quiero que seas como la mamá de Mafalda”. Para Peggy fue una muestra emocionante de que todo el esfuerzo ha valido la pena. Y claro, también de que Mafalda es transgeneracional.

La segmentación de juguetes por género se empezó a implementar hace aproximadamente cinco décadas para vender más, pero al igual que tantas otras cosas, es una idea arbitraria como aquella que sostiene que el rosado es un color femenino y el azul uno masculino.

Antes de la Segunda Guerra Mundial estos colores se asociaban al revés: el rosado, más cercano al rojo y asociado a la fuerza, se les adjudicaba a los niños; el azul, considerado más suave, se les adjudicaba a las niñas. “Esto es apenas una prueba más de que tenemos que aplicar el pensamiento crítico en todo, incluyendo la elección de los juguetes. Cuando a mí como papá me molesta que mi hijo juegue con muñecas me tengo que preguntar por qué me siento incómodo, de qué tengo miedo en lugar de vaciar todos mis prejuicios y miedos sobre mi hijo que lo único que quiere y necesita es jugar”, expresa Rueda.

Aparte de que se ha cerrado parcialmente la brecha entre los juguetes mercadeados para “niños” y “niñas”, también han ido apareciendo otros que permiten mayor libertad. Es el caso de la colección “Creatable World” de Mattel, el mismo fabricante de la Barbie, que lanzó en 2019 una serie de muñecos unisex que vienen con muchos accesorios para crear diversidad de personajes a partir de un mismo muñeco.

El niño o la niña puede crear personajes masculinos o femeninos, o incluso sin un género definido, con diversas apariencias e historias. “Me parece un juguete maravilloso porque da alas a la creatividad, no encasilla sino todo lo contrario. Los mejores juguetes son los que no vienen ‘terminados’ los que permiten muchas posibilidades porque son los que más estimulan la imaginación y la creatividad”, dice Rueda.

Juguetes
Esta es parte de la colección “Creatable World” de Mattel, compuesta por muñecos unisex que vienen con muchos accesorios para crear diversidad de personajes a partir de un mismo muñeco.

“El juego debe ser un espacio libre de estereotipos”, Juliana Martínez, directora de investigaciones de Sentiido.

Algo similar ocurre con el nuevo “Cara de Papa” que no es señor ni señora y viene con los accesorios variados para que sea el niño quien decida con qué personaje quiere jugar. El psicólogo clínico Andrés Camilo Martínez agrega: “si tú le das un juguete no binario a los niños, por ejemplo, un Cara de Papa que no es señor ni señora, el niño va a tener la libertad de cambiar la experiencia de juego en cada ocasión. Son juguetes que están dejando a la imaginación de un niño que juegue a lo que quiera”.

En cuanto a las infancias trans o no binarias, es necesario aplicar exactamente los mismos criterios de libertad en el juego, la exploración y la expresión de sus habilidades sin que desde la mirada adulta se les imponga lo que “debe ser”. Martínez agrega: “la niñez trans necesita lo mismo que necesitan todos los niños y niñas, que es libertad para desarrollarse según sus intereses. No es que deba haber un Cara de Papa sin género para que jueguen… ¿Solo los niños negros pueden jugar con muñecas negras? Claro que no, ojalá los niños blancos jueguen también con muñecos negros porque no todo el mundo es blanco y los niños van a tener amigos negros e indígenas y de diferentes religiones. Las sociedades son diversas“.

En efecto, se trata de que todas las infancias puedan jugar con lo que quieran, sin la mirada prejuiciosa del adulto. Pero no todas las novedades caminan hacia la diversidad. Para la muestra, la marca mexicana Distroller. Su primer éxito fueron los Kasimeritos, unos juguetes que representan en algunas ocasiones a cigotos y en otras a neonatos que las niñas deben cuidar constantemente para evitar que se mueran.

Eugenia López es la directora regional de International Planned Parenthood Federation para las Américas y el Caribe, y es además mamá de un niño y una niña, a quienes provee el mismo tipo de juguetes.

Hoy está radicada en Colombia, pero es de México y fue allí que oyó hablar por primera vez de los Kasimeritos. “Me empecé a interesar en los muñecos y al leer vi que decía: ‘casi merito, ya nace’. Son neonatos y cigotos, es decir, es un lenguaje muy adulto. Son diseñados por una joven de Puebla, un estado muy centrado en la religión y en alguna ocasión ella explicaba que el propósito de estos juguetes es recuperar la idea de que las mujeres tenemos que ser madres sí o sí”, expresa López.

Aparte de este juguete, Distroller también tiene una línea más reciente llamada la “Escuela de la vela perpetua” que crea una comunidad de niñas de una escuela con valores muy convencionales. Uno de los personajes de esta colección es la “Virgencita Plis”. “Estos juguetes mandan un mensaje en contra de la educación laica y reivindican la religión católica como la única posible en el ambiente educativo”, puntualiza Eugenia.

“Quien quiera jugar con zapatos de ballet, que lo haga, quien quiera jugar fútbol, que lo haga, quien quiera jugar ajedrez, que lo haga. Entre más libres sean las infancias para jugar, más felices van a ser”, Juliana Martínez, directora de investigaciones de Sentiido.

“Los legos, el proyector y los juegos de mesa mostraban una personalidad muy dada a jugar”, Ricardo Silva Romero.

Mi juguete favorito

Algunas personas le contaron a Sentiido sobre los juguetes que más disfrutaron en su infancia y sobre cómo el juego influyó en su desarrollo.

Ricardo Silva
Escritor

Juguetes
Ricardo Silva Romero

¿Cuál era su juguete favorito y por qué?

Cuando yo era niño estaban de moda el Lego, los juguetes de Fisher Price y todo lo que tuviera que ver con Star Wars, ET y Gremlins. Pero el más importante de todos fue un proyector de Fisher Price que podía usar para proyectar películas de uno o dos minutos sobre las paredes blancas. Ese lo volví a conseguir para mis hijos. También me gustaba mucho jugar fútbol con jugadores hechos con tapas de gaseosa. Hemos sido una familia de juegos de mesa, de una versión de Clue que se llamaba Enigma y del Tío Rico que era la versión nuestra de Monopolio.

¿Qué juguetes no le gustaban?

Me interesaban menos los juegos de estrategia como el ajedrez o el Risk, quizás me producían algo de estrés. Otro que jamás me llamó la atención -porque he sido de una familia y fui de un colegio muy futboleros- era el básquet.

¿Cómo siente que los juguetes y juegos a los que tuvo acceso ayudaron u obstaculizaron el desarrollo de su personalidad y de su identidad?

Los juguetes que tuve reforzaron una personalidad muy dada al juego. Para mí hacer ficciones es seguir jugando, es recrear la vida, darle forma, darle sentido, salvo que en los juegos se está dando una comunicación con unos cuantos, con uno mismo y en la ficción es una búsqueda de más y más personas.

Cris Campos-Gómez
Geóloga y administradora de empresas

Juguetes
Cris Campos-Gómez

¿Cuál era su juguete favorito y por qué?

Jugaba mucho con muñequitos de animales, esos que uno ponía en el pesebre, dinosaurios, todo eso. Usaba Estralandia para hacer aviones y naves, no tanto para hacer casas. Me encantaban los peluches y a mi hija le he regalado unos que llevan conmigo 20 años.

También jugaba con una prima a la cocinita y a saltar con los cauchos que uno se amarraba en los pies y con los primos al fútbol.  Más adelante jugábamos al “Zoológico de la mañana” porque nos encantaba la música, entonces grabábamos programas, con la diferencia de que no existía YouTube y nada de eso se publicaba.

¿Qué juguetes no le gustaban?

A mi papá le encanta el fútbol y a mí también, pero de una manera diferente, y cuando chiqui sentía mucha presión para jugarlo. Además, yo toda la vida he odiado madrugar y él me despertaba sábado y domingo para jugar. Y cosa que me hace madrugar, cosa a la que le cojo mala voluntad. Nunca me gustaron los juegos de videos de disparar. Siempre me gustaron más los de creatividad e ingenio.

¿Cómo siente que los juguetes y juegos a los que tuvo acceso ayudaron u obstaculizaron el desarrollo de su personalidad y de su identidad?

Yo no era consciente hasta los ocho años de mi identidad de género. No entendía los roles sociales del hombre o de la mujer, lo que no quiere decir que en mi casa no hubiese roles porque mi mamá sí estaba dedicada al hogar y mi papá trabajaba en la calle.

“Yo pasaba mucho tiempo con mis legos y Estralandia y ese tipo de juegos de armar”, Cris Campos-Gómez.

Xiomara Xibillé
Coach de salud y bienestar

Juguetes
Xiomara Xibillé

¿Cuál era su juguete favorito y por qué?

Al ir a mi infancia encuentro dos orillas muy importantes. Mi padre creo que tuvo una frustración de que yo no fuera niño y sus regalos eran, por ejemplo, un avión de control remoto y una gran pista de carros que era el motivo de envidia de mis primos. Recuerdo en la casa de mi padre -mis padres eran separados- jugar con ese avión soñando que podía volar muy alto.

Por otro lado, en la casa de mi mamá -muy paisa, mamá gallina- siempre hubo muchas muñecas. Pero yo amaba estar afuera, en el campo. Mis grandes amigos eran hombres, entonces jugaba a los vaqueros, a la finca y bajábamos al río.

¿Qué juguetes no le gustaban?

Los juguetes bélicos como las espadas o las pistolas, así como los transformers, no me atraían para nada.

¿Cómo siente que los juguetes y juegos a los que tuvo acceso ayudaron u obstaculizaron el desarrollo de su personalidad y de su identidad?

Los juguetes dejan una huella grande porque nos vamos formando a través del juego con los primos, con las amigas. El juego es algo que debemos promover en la vida de nuestros hijos e hijas con la libertad de que cada quien vaya explorando de acuerdo con sus gustos.

Santiago Rivas
Libretista

¿Cuál era su juguete favorito y por qué?

Mi juguete favorito eran los G. I. Joe y la pelota de fútbol. Esos G. I. Joe me acompañaron hasta que cumplí 12 años. Mi juego favorito, además del fútbol, eran escondidas y policías y ladrones.

¿Qué juguetes no le gustaban?

Crecí en una familia de tres hijos hombres, entonces no hubo muñecas y siempre tuvimos armotodos, estralandias, todo eso.

¿Cómo siente que los juguetes y juegos a los que tuvo acceso ayudaron u obstaculizaron el desarrollo de su personalidad y de su identidad?

Tuve una educación muy convencional de género: “hombres juegan con esto” y “mujeres con aquello”. Existía la expresión “como una niña” porque uno lloraba, pero no me sentía especialmente vulnerado por eso.

En cuanto a la personalidad, yo fui educado en un colegio de niños, eso ya lo deja mal preparado a uno para el amor, para el deseo y para todo. Los juegos sí eran chéveres porque eran a las escondidas y policías y ladrones. Pero después en la universidad yo decía ‘qué daño tan bravo’ porque uno sale del colegio sin saber cómo tratar a la mitad de la población mundial.

“Yo crecí entendiendo a los hombres como fuente de fuerza y salvadores de la humanidad y a las mujeres como objetos de salvación. En ese sentido, los juegos sí fomentan estereotipos de género”, Santiago Rivas.

“Me gustaba jugar al cocinadito con las plantas en un fogón real, lo que fue fundamental para acercarme a las cocinas tradicionales”, Andreiza Anaya.

Andreiza Anaya
Comunicadora étnica del Caribe, periodista y presentadora.

¿Cuál era su juguete favorito y por qué?

No fui la más amante de los juguetes. No sé si por mi contexto. Yo me crie en un entorno rural y por eso para mi los juegos estaban asociados al mar, a la arena, a pescar, a jugar con mis primos y primas y mis hermanos a la peregrina y otros juegos tradicionales. También a la lleva y a mojarnos con la lluvia. Esos juegos me gustaban porque me permitían compartir con familiares porque eran un espacio de encuentro y de camaradería. Todo esto me remite a mi pueblo Berruga (Sucre). También recuerdo los juegos de mesa, el dominó, pero los de correr, los de estar con el pie en la tierra, de bañarme en el mar, de jugar a la pelea de los gallitos dentro del mar, siempre me parecieron más chéveres.

¿Qué juguetes no le gustaban?

Recuerdo el más querido de la primera infancia que era una casa, como una especie de mansión, que no supe dónde quedó. Lo que sí sé es que nunca me gustaron los juguetes bélicos, las armas, muy poco las pelotas, excepto la de voleibol, porque no me defendía bien con ellas.  

¿Cómo siente que los juguetes y juegos a los que tuvo acceso ayudaron u obstaculizaron el desarrollo de su personalidad y de su identidad?

Yo me crie en una zona rural del Golfo de Morrosquillo, en Berruga (Sucre) y aunque tuve muñecas y carros, a mi me papá le gustaba regalarme carros. Me identifiqué más con los juegos tradicionales que se convirtieron en parte fundamental de lo que hoy soy porque me permitieron cercanía familiar y construir amistades. Y todo esto además en el mar, permite no solo desarrollar la personalidad sino la identidad porque la mayoría de juegos se relacionan con la tierra. La pelota de sóftbol, por ejemplo, se hace con bolsas que han sido descartadas, una media y un poco de arena, es una bola reciclable.

Muchas veces también los juegos eran sobre cuál era el mejor clavado o quién nadaba más. Los juegos en el mar por su parte me acercaron al yemayá, al mar como conexión y espiritualidad, igual con la tierra cuando jugábamos con los caballos o a llevarle comida al cerdo.

*Periodista. Email: adominguez@sentiido.com

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