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La diversidad sí construye ciudad

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Un lector de Sentiido comparte su explicación de por qué propuso el eslogan de la III Semana de la Diversidad Sexual y de Género de Bogotá, “La diversidad construye ciudad”.

Cómo es la Semana de la Diversidad Sexual y de Género de Bogotá
Eslogan elegido para la III Semana de la Diversidad Sexual, propuesto por Óscar Rodríguez.

Por: Óscar David Rodríguez*

Desde el pasado lunes 7 de octubre hasta el domingo 13 se desarrolló en Bogotá la tercera versión de la Semana de la Diversidad Sexual y de Géneros.

Para motivar la participación de la ciudadanía, la Dirección de Diversidad Sexual –dependencia de la Secretaría de Planeación Distrital– llevó a cabo una consulta virtual con el fin de recoger propuestas que alimentaran la discusión sobre qué hacer en el evento. En la encuesta se preguntaba, entre otras cosas, sobre el eslogan que debería identificar a esta tercera Semana

Para mi sorpresa, el comité organizador adoptó el eslogan que postulé cuando respondí a la consulta. Sin embargo, como las encuestas solo admiten respuestas cortas, no tuve espacio para explicar las razones que inspiraban mi propuesta.

Y aunque el planteamiento fue comprendido en sus puntos centrales por parte de los organizadores, presentaré aquí los argumentos que consideré pertinentes para plantear que “la diversidad construye ciudad”, y de ese modo contribuir a los debates sobre la participación plena de la población LGBTI en la vida social, cultural, política y económica de nuestro país.

De “En Bogotá se puede ser” a “La diversidad construye ciudad”

Mi idea es que el nuevo eslogan sugiere un cambio en las acciones que la administración distrital adelanta desde hace algunos años para garantizar la ciudadanía plena de quienes habitamos la ciudad.

Específicamente, considero que “La diversidad construye ciudad” funciona mejor que fórmulas como “En Bogotá se puede ser”, pues promueve nuevas formas de participación de las personas LGBT en la ciudad.

Para explicar el porqué de esta consideración, me baso en algunas ideas que el académico australiano Daniel Marshall presenta en su ensayo “Acoso homofóbico, derechos humanos y educación: Una perspectiva no deficitaria de las políticas y prácticas de bienestar para la juventud queer”. Aunque el texto tiene que ver principalmente con la diversidad en las escuelas, también puede ser útil para pensar el tema en la ciudad.

Daniel Marshall emplea la expresión” jóvenes queer” para referirse a “todas aquellas personas que tienen una asociación con la diversidad de género y sexual”, incluyendo “por ejemplo, el amanerado chico heterosexual a quien se llama marica; la adolescente cuya familia es homoparental, etc.”, y no solo a los estudiantes LGBTI.

La diversidad sexual y de género en la escuela es más amplia de lo que asumimos comúnmente.

El objetivo de Marshall en su ensayo es discutir sobre la mejor forma de ofrecer a los jóvenes queer un paso enriquecedor y estimulante por la escuela. Según él, existen dos enfoques para lograrlo. El primer enfoque, que es el más aplicado en la actualidad, se centra en reducir los actos de violencia e intimidación contra estos estudiantes.

El segundo, busca transformar las creencias y actitudes de la sociedad en general hacia la juventud queer, promoviendo el  reconocimiento y la valoración de sus diferencias, sin establecer un vínculo casi “natural” entre ser queer y ser objeto de daño o abuso. Si volvemos a las campañas de la Alcaldía, podemos decir que “En Bogotá se puede ser” refleja el primer enfoque y “La diversidad construye ciudad” el segundo.

Cuando perseguimos reducir la victimización, intentamos garantizar que los jóvenes queer estén seguros y libres de acoso en la escuela. Y hay buenas razones para hacerlo, pues las investigaciones sobre poblaciones LGBTI han puesto en evidencia las frecuentes situaciones de discriminación que afectan a estas poblaciones. Por supuesto, la escuela es el escenario donde ocurre la mayor parte de casos de intimidación.

Cómo es la Semana de la Diversidad Sexual y de Género de Bogotá
Campaña lanzada en 2011 por la Dirección de Diversidad sexual de la Secretaría de Planeación Distrital de Bogotá .

Aunque la adopción de este punto de vista facilita la toma de conciencia frente a la violencia y el abuso y moviliza la creación de recursos y servicios inclusivos, establece una posición pobre e incompleta frente a los niños, niñas y jóvenes queer: pobre porque les ofrece una visión muy restringida de lo que deben esperar de su escuela (no ser víctimas) e incompleta porque conduce a reconocerlos como “los que provocan incidentes de intimidación”.

Si bien ambos enfoques se apoyan en los derechos humanos, el segundo pretende que los jóvenes queer sean vistos de manera integral, enfocándose en que su singularidad sea reconocida como un elemento que enriquece y realza las posibilidades de sus comunidades. Según Marshall, una política escolar fundamentada en esta perspectiva enunciaría algo como lo siguiente:

“Esta escuela apoya los derechos humanos que están consagrados en la Carta de nuestro Estado. Cada miembro de nuestra comunidad es igual en dignidad y derechos. La diversidad de cada uno en nuestra escuela amplía nuestra comunidad escolar. Todas nuestras diferencias nos enriquecen, incluyendo nuestras capacidades diferentes, antecedentes culturales y lingüísticos, las sexualidades, las identidades de género, las situaciones socio-económicas, las creencias religiosas y las estructuras familiares. Esta escuela tiene la responsabilidad de satisfacer las diversas necesidades de un estudiantado diverso”.

Si en todo lo que se acaba de decir reemplazáramos “escuela” por “ciudad”, “escolar” por “distrital” y “jóvenes queer” por “ciudadanos queer”, ¿podemos pensar en una ciudad orientada por esta perspectiva?

Personas solidarias antes que discriminadas

Parece que después de esta III Semana de la Diversidad ya podremos ver los resultados de los dos enfoques en la política bogotana. Como ya se dijo, en la campaña publicitaria “En Bogotá se puede ser” vemos que nos presenta como personas discriminadas: implica que “en otros lugares no se puede ser” o que “en Bogotá antes no se podía ser y ahora sí”.

Además de eso, dicho eslogan tampoco promueve que las personas LGBTI reconozcamos y valoremos la diversidad de otras personas pues, al apropiarnos de él, fácilmente podemos defender nuestras propias diferencias mientras excluimos a otros (esto me recuerda a un amigo gay que se burla de los personas que él llama “guisas” y de las personas gordas).

Alternativamente, un eslogan como “La diversidad construye ciudad” no sólo nos invita a valorar la diversidad sexual y de género, sino a todo el resto de diversidades que caracterizan a una ciudad como la nuestra, tomándolas como recursos que la engrandecen y construyen su porvenir.

De ese modo, la población LGBTI no solo busca reivindicaciones para sí misma, sino que es solidaria con otros sectores, y no es de dudar que esa perspectiva sirva de base para la solución de múltiples problemas de convivencia que observamos a diario.

*Estudiante de Psicología
Universidad Nacional de Colombia
oscar_rb05@hotmail.com

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