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La libertad religiosa no es para vulnerar derechos

La coalición “Religiones, Creencias y Espiritualidades en Diálogo con la Sociedad Civil” reúne a comunidades religiosas, instituciones y organizaciones basadas en la fe (OBF) para la conformación de un espacio de diálogo y acción comprometido con la inclusión y los derechos humanos. Promueve la sensibilización y formación sobre la pluralidad de visiones del campo religioso, a través del acompañamiento e incidencia política en América Latina en alianza con organizaciones civiles, movimientos sociales y espacios religiosos.

Nicolás Panotto, vocero de la coalición “Religiones, creencias y espiritualidades en diálogo con la sociedad civil”, de la que Sentiido forma parte, compartió un poderoso discurso durante la 49 Asamblea General de la OEA en Medellín.

La libertad religiosa no es para vulnerar derechos
Nicolás Panotto durante su intervención en la 49 Asamblea General de la OEA.

Nicolás Panotto, teólogo, director del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) y vocero de la coalición “Religiones, creencias y espiritualidades en diálogo con la sociedad civil”, de la que Sentiido forma parte, compartió un poderoso discurso durante el diálogo con la sociedad civil en la 49 Asamblea General de la OEA que se llevó a cabo en Medellín entre el 26 y 28 de junio.

Palabras de Nicolás Panotto:

“Como coalición, creemos en la necesidad de fortalecer el diálogo entre la sociedad civil y los Estados, no sólo a través de los actuales espacios de encuentro, sino desde otros mecanismos de trabajo y desde diversas instancias o plataformas nacionales y regionales para el cumplimiento de objetivos consensuados.

La sociedad civil no sólo debe ser un interlocutor más sino un aliado legítimo y prioritario para concretar objetivos que busquen el mejoramiento de ambientes democráticos y el desarrollo de agendas en derechos humanos. (Ver: Hay muchas voces religiosas que no son “antiderechos”).

Desde nuestra coalición, es decir, desde el lugar de las religiones en el espacio público y la importancia de dicho campo para el desarrollo social, creemos que hay mucho por hacer, no sólo en los modos en que esta presencia se manifiesta en el espacio público, sino también en la necesidad de incluir más actores en las instancias de diálogo e intercambio con los Estados sobre las demandas de la sociedad civil. (Ver: La mezcla entre religión y política, ¿inevitable?).

Por tanto, afirmamos los siguientes aspectos que creemos fundamentales para el fortalecimiento de este diálogo e incidencia conjunta:

1. Creemos que el diálogo entre sociedad civil y Estados debe hacerse desde una perspectiva de real diversidad, haciendo eco de la pluralidad de posturas que componen nuestras sociedades, como también de la diversidad que habita dentro de cada una de sus expresiones (por ejemplo grupos LGBTI, afrodescendientes e indígenas).

Las religiones son precisamente un claro ejemplo de esto: no poseen un posicionamiento homogéneo ni único sobre temas sociales, morales o políticos. Por ende, hay que advertir la necesidad de reconocer estas perspectivas en cualquier diálogo social, como también tener cuidado de no privilegiar algunos sectores que pretenden representar a la totalidad. (Ver: Los pasos de gigante de la avanzada conservadora).

2. El diálogo entre Estados y sociedad civil debe darse en un marco de respeto por los derechos humanos y cada uno de los consensos democráticamente alcanzados en la materia. En el campo específico de las religiones, creemos que cualquier esfuerzo de inclusión de dichas voces debe conformarse respetando los derechos alcanzados desde distintos grupos.

“Religión no puede ser sinónimo de vulneración sobre acuerdos alcanzados en términos de derecho”.

3. El punto de partida para este acercamiento se cimienta en el entendimiento y práctica de un Estado laico que respete la diversidad de expresiones religiosas, que promueva un diálogo abierto en clave de derechos humanos y, sobre todo, que no privilegie una perspectiva religiosa sobre otras, menos aún sobre consensos obtenidos democráticamente.

El reclamo por un Estado laico nace desde creyentes y no creyentes, porque su defensa beneficia a toda la comunidad social, en pro de la construcción de sociedades sin monopolios ni discriminación. (Ver: Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico).

4. Los debates en torno a la libertad religiosa representan uno de los ejes principales para sustentar este marco de intercambio respetuoso entre voces religiosas, sociedad civil y Estados. Pero la noción de “libertad religiosa”, además de ir focalizada en la lucha contra la discriminación de comunidades religiosas, debe apelar a su responsabilidad social en cuanto agentes sociales.

La libertad religiosa de determinados grupos no puede vulnerar la libertad de otros sectores, tal como vemos en distintos hechos, donde grupos religiosos (con poder político) pretenden imponer como verdad absoluta un posicionamiento particular que termina negando el derecho de otros y otras. En otros términos: no se puede apelar a este principio para retroceder en derechos ya reconocidos por cortes y organismos internacionales que los diferentes Estados han suscrito.

Por eso, reclamamos que cualquier debate en torno a una posible resolución sobre libertad religiosa por parte de la OEA, tenga presente la necesidad de que dicha enmienda no termine siendo la excusa para que algunos sectores religiosos se sientan con la libertad de negar derechos, en nombre de la “no discriminación”.

5. Denunciamos cualquier propuesta que en nombre de la religión abogue por vulnerar los derechos adquiridos por otros sectores de la sociedad, especialmente en el avance sobre los derechos humanos de sectores históricamente postergados (mujeres, personas LGBTI, indígenas, niñas y niños, entre otros) y que utilice prácticas de coerción, amenaza, persecución, presión financiera y hostigamiento, justificándose en la defensa de agendas propias que pretenden imponer a toda la sociedad.

Más bien, es importante dar cuenta que desde la misma diversidad de las religiones y desde la heterogeneidad de lo religioso, existen argumentos para acompañar, con base en las creencias, el respeto a la diversidad sexual, a la decisión de las mujeres sobre sus cuerpos y al desarrollo de políticas incluyentes.

La vida no es una posesión de las religiones o de alguna convicción moral particular, es una condición inherente a toda la humanidad que trasciende cualquier singularidad, que se manifiesta de diversas maneras, que emerge desde la profundidad de las espiritualidades y por esto merece ser defendida desde todas las dimensiones de la existencia humana y cósmica.

6. Hacemos un llamado a los Estados y a las organizaciones de la sociedad civil a crear instancias de encuentro e intercambio con voces religiosas que den cuenta de la lucha histórica por la defensa de los derechos humanos, para que las creencias dejen de ser sinónimo de opresión, discriminación y negación y sean entendidas desde lo que representa el corazón de toda fe y creencia: la apertura radical, incluyente y amorosa al otro y a la otra, especialmente de las personas más vulnerables”.

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