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La malintencionada estrategia de intentar asociar la pedofilia con el movimiento LGBT

Género, diversidad sexual y cambio social.

Memes y cadenas de WhatsApp pretenden alertar sobre un supuesto movimiento que busca asociar la pedofilia con el movimiento LGBT. ¿Qué hay detrás de esta estrategia que busca deslegitimar las luchas LGBT?

Por Andrea Domínguez *

La malintencionada estrategia de intentar asociar la pedofilia con el movimiento LGBT
La estrategia detrás del concepto “ideología de género”, creada por sectores conservadores religiosos que se oponen a la diversidad sexual y de género, guarda sospechosas similitudes con la idea de pretender asociar la pedofilia con el movimiento LGBT. Ilustración: Sebas Santafe.

En el grupo de WhatsApp de los vecinos del barrio todas son personas conocidas y confiables. Por eso, si el abogado del 502 comparte la “noticia” de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca que la pedofilia sea vista como una orientación sexual más, pues debe ser cierto, ¿verdad? (Ver: Postverdad: la gente cree lo que quiere creer).

De hecho, con cierta periodicidad, el tema de la pedofilia resurge en las redes sociales como un instrumento eficaz para despertar pánico, particularmente en coyunturas políticas y electorales. Finalmente, ¿qué puede asustar más -y por tanto movilizar- que algo que ponga en peligro a niños y niñas?

El uso más reciente de la pedofilia como campaña de miedo se inició en las redes sociales a mediados de mayo de 2020. En esta ocasión, el objetivo ha sido vincular a un supuesto movimiento pedófilo con las luchas LGBT.

Según los memes y cadenas de WhatsApp que desde entonces han circulado, un supuesto “Movimiento Activista Pedófilo” (MAP) estaría buscando ser parte de la sigla LGBT para posicionar la pedofilia como una orientación sexual más. Los mensajes utilizan recursos retóricos y visuales para confundir a personas desprevenidas y para reafirmar los sesgos de quienes navegan por las redes buscando que les confirmen lo que ya creen. (Ver: Chao prejuicios).

Uno de los ataques contra el movimiento LGBT fue la divulgación de una supuesta bandera de la pedofilia, sospechosamente parecida a la bandera que identifica a las personas trans. Otro fue declarar el 24 de junio como el “día del orgullo pedófilo”, en peligrosa cercanía con el día del orgullo LGBT que se celebra cada 28 de junio y que tiene una larga historia de discriminación. (Ver: 9 miradas a las marchas LGBT de Colombia).

A partir de ahí, toda una serie de estrategias complementaban el tejido de esta falacia, entre ellas inventar que la OMS estaría buscando sacar la pedofilia de su lista de trastornos mentales, pero este organismo no está planeando desclasificarla de esta categoría.

Confunde y reinarás

La verdad es que no existe un llamado “Movimiento Activista Pedófilo o MAP”. En realidad, la sigla MAP ha sido utilizada por la comunidad científica y terapéutica para referirse a las personas atraídas hacia menores de edad: Minor Attracted Person en inglés. Así que MAP no es el nombre de ningún “movimiento pedófilo”.

Otro punto clave es entender que el abuso sexual de niños y niñas es cometido mayoritariamente por hombres que tienen una vida sexual heterosexual, que no se identifican como “pedófilos” y que, en gran medida, pertenecen al círculo cercano del niño o la niña abusados.

En Colombia, según cifras del Sistema Integrado de Información sobre Violencias de Género, SIVIGE -operado por el Ministerio de Salud y Protección Social- en 2018 se reportaron 28.326 eventos de violencia sexual, de los cuales 23.635 corresponden a niñas, niños y adolescentes: es decir, el 83% del total de los reportes.

De esos 23.635 casos de violencia sexual contra menores de edad en el país, 85% fueron contra niñas y jóvenes menores de 18 años, siendo las niñas entre los 10 y 14 años las más vulneradas, con 10.258 casos del total.

Este mismo informe ratifica que un 76.56% de estos abusos tuvieron lugar en la propia vivienda y que fueron cometidos por personas que en un 77.24% eran cercanas a la víctima: familiares (45.08%), conocidos (23.06%) o amigos de su familia (9.10%). Los papás representaban el 13.59% de los agresores y las mamás el 2.32%.

En Colombia diariamente son abusados sexualmente 64 niños/as, sin contar los subregistros. En la mayoría de los casos los victimarios son hombres heterosexuales.

La psicóloga Isabel Cuadros, directora de la fundación Afecto, ha trabajado durante décadas con niños, niñas y jóvenes víctimas de abuso sexual. Ella ha vivido en la experiencia clínica lo que dicen fríamente estas cifras: que la mayoría de los agresores sexuales son conocidos de la víctima. “Incluso hay estudios de la investigadora Carla van Dam que identifican la figura del padrastro como de muy alto riesgo, pues se ha perfilado a un tipo de hombre que se dedica a buscar mujeres con hijos para posteriormente victimizarlos”.

La cercanía de la víctima con su victimario, agrega la doctora Cuadros, es uno de los aspectos más difíciles de toda la terapia. “En el abuso sexual cometido por alguien cercano al niño hay un componente muy grave: la traición. Esto es lo más traumático porque con el paso del tiempo la víctima se da cuenta de que su victimario le mintió, le dijo que era su novio, que eso era normal o que los papás iniciaban en la sexualidad a las hijas y al darse cuenta del engaño se sienten sucios, con su proyecto de vida roto”.

Esto no quiere decir que no exista el abuso sexual cometido por el desconocido que secuestra a un menor, lo viola y con frecuencia lo asesina: los Rafael Uribe Noguera y los Luis Alfredo Garavito de este mundo. Pero las cifras obligan a mirar hacia adentro de la familia y de la comunidad, donde figuras de autoridad pueden mantener situaciones de abuso sexual durante años, investidos de su supuesta respetabilidad, como en el caso de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos.

Y no sólo se trata de Colombia, esta es una realidad internacional. El pediatra estadounidense Walter Lambert, especializado en abuso sexual infantil, explica que la gran mayoría de personas que abusan de niños o niñas son heterosexuales. “El abusador ve que puede manipular fácilmente al niño o la niña para obtener lo que quiere y recurre a ellos. Usualmente, no querrá asustarlos, ni lastimarlos físicamente, querrá que el menor ‘coopere’ con ellos. Para lograrlo, hará uso de su autoridad y le hará creer que lo que está ocurriendo está bien”.

“La gran mayoría de abusos sexuales hacia menores son llevados a cabo por hombres heterosexuales cercanos al entorno familiar”, Walter Lambert, pediatra especialista en abuso sexual infantil.

Según Lambert, muchos agresores son hombres que abusan de niños y niñas simplemente porque pueden hacerlo, porque se tata de una persona vulnerable de la que pueden sacar lo que quieren. “En ese esfuerzo de vincular la pedofilia con la homosexualidad hay una intención deliberada de hablar mal del movimiento LGBT, tal vez con propósitos políticos y en parte para decirle a la sociedad que los abusadores son los homosexuales, no nosotros los heterosexuales”, puntualiza.

El experto agrega que fue a partir del escándalo de abuso sexual en la Iglesia católica destapado en la década de 2000, que los estadounidenses empezaron a entender que el abuso ocurre en el entorno cercano, en las parroquias ricas y pobres. “Les tenemos que creer a los niños cuando nos lo dicen y es nuestro deber como adultos protegerlos de estas personas”. (Ver: Pederastas en primera plana).

El abuso naturalizado

No es la primera vez que se intenta asociar la pedofilia con las personas LGBT. También se ve cuando en los países se discute la aprobación de la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo. (Ver: La estrategia electorera de estar en contra de las personas LGBT).

Es un argumento que se usa para discriminar por orientación sexual. Lo cierto es que un sinnúmero de estudios ha demostrado que los niños criados por familias homosexuales no presentan el más mínimo asomo de alteración en su salud mental. De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, la literatura disponible en más de 30 años de investigación indica que no existen efectos en la salud y el bienestar de los menores derivados de la orientación sexual de sus padres”, señala Alejandro Ruiz Caicedo, abogado experto en derechos de la infancia y adolescencia, especialista en derecho de familia y profesor de la Universidad Nacional de Colombia. (Ver: Estrategias de los discursos religiosos que discriminan).

Lo que sí llama la atención de todo esto, es que las sociedades poco se escandalizan y pronuncian sobre un hecho que sí es real: el matrimonio infantil y la unión temprana con hombres mucho mayores a ellas, una forma de abuso, en muchos casos consentida por sus propias familias, que suele implicar explotación sexual y laboral de las niñas.

En el campo y en los pueblos de Colombia es frecuente encontrar niñas de 14 años en unión libre con hombres de 36 o 40 años. Estos hechos se amparan en que la edad legal de consentimiento es 14 años, pero lo que estamos viendo es un abuso de poder por parte de un adulto frente a una joven que aún no es madura física, cognitiva ni psicológicamente”, expresa Maryi Rincón, psicóloga y sexóloga que trabaja con víctimas de abuso sexual en Colombia.

Sólo en un contexto cultural así se explica que un locutor de radio, Fabio Zuleta, hubiera negociado durante una transmisión en vivo la compra de jóvenes wayúu con un palabrero de la comunidad.

Según Eugenia López de la organización Girls not Brides (Niñas, no novias), en el continente hay una prevalencia de 25% de matrimonios infantiles, es decir, 25% de las niñas del continente están casadas antes de cumplir los 18 años. En Colombia la prevalencia es del 23%. Varios factores influyen en esta situación: la pobreza, la falta de escolaridad de las adolescentes, la concepción familiar de que la hija es una “carga” que se resolverá al casarla o al hacer que se una en pareja con un hombre que provea para ella.

Todo esto tiene que ver con una concepción cultural arraigada del supuesto menor valor de las niñas con respecto a los niños y es, como explica López, consecuencia de la desigualdad de género. “Las mujeres somos educadas para ser madres y esposas, entonces el pensamiento de la gente en esas circunstancias es: ‘para qué atrasar ese destino, si igual va a formar una familia, pues que lo haga de una vez’. Esto trae una serie de consecuencias como que la violencia se duplique en las niñas que se unen antes de los 15 años”. (Ver: Es feminismo: no humanismo ni “igualismo”).

¿Quién pretende confundir?

Tanto en Colombia como en otros países, cíclicamente regresa al debate público el tema de la pedofilia como gatillo político. Recientemente se ha usado para asociar en la opinión pública a los pedófilos con el movimiento LGBT. La pregunta es: ¿quiénes están detrás de esta estrategia que tiene un claro objetivo de deslegitimar la lucha por la igualdad de este movimiento?

La investigadora de datos y redes Cristina Vélez, de Linterna Verde, explica que las redes sociales son una especie de “tubería” que facilitan el flujo de la información. “Y hay muchas maneras de engañar a los algoritmos de este redes: cambias el handler -nombre del Twitter- la IP, la foto, entonces es muy difícil establecer de dónde vienen estos ataques”.

La paradoja, según Vélez, es que si la parte atacada -en este caso las personas LGBT- reacciona y niega la acusación, necesariamente está amplificando una narrativa así sea para contradecirla. Y como en las redes lo que muchas veces importa no es lo que se dice, sino que se haga ruido, el movimiento LGBT estaría dándole más voz a las acusaciones en su contra. Pero, por otro lado, si no se pronuncia contra un mensaje falso que lo involucra, estaría cayendo en un silencio que puede ser utilizado en su contra. 

Estrategia con tintes políticos

En Brasil, el uso de la pedofilia ha sido distinto. En este país no se ha hablado del movimiento MAP como impulsor de la pedofilia o de sus supuestos vínculos con el movimiento LGBT, sino que se ha acusado en redes sociales a miembros de partidos opositores y a críticos del Gobierno de defender la pedofilia. (Ver: Brasil: una elección presidencial en tiempos de odio).

Aquí esto surge del propio Gobierno. Bolsonaro, el hijo de Bolsonaro que es diputado, la ministra de la Familia, la Mujer y los Derechos Humanos y el nuevo Ministro de Justicia, han puesto el tema de la pedofilia como prioritario en la agenda del gobierno”, explica la investigadora brasileña Sonia Côrrea, codirectora del Sexuality Policy Watch (SPW), un foro global dedicado a la investigación de tendencias globales en temas de sexualidad relacionadas con la política y con políticas estatales.

La retórica del gobierno brasilero es que la izquierda pretende normalizar la pedofilia en el país y que Bolsonaro y su equipo lideran la lucha para detenerlo.

La empresa de análisis de datos Máquina Soluções realizó un informe al respecto y concluyó que la viralización de mensajes sobre la pedofilia obedece a la necesidad del Gobierno de crear un problema -la amenaza pedófila- y luego ofrecer una solución: Bolsonaro y sus políticas de endurecimiento contra el crimen. El objetivo sería desviar la atención del alarmante número de muertes por Covid-19.

En un análisis amplio de este fenómeno, Côrrea ubica la pedofilia como un recurso más bajo el paraguas de la llamada “ideología de género”: un significante vacío dentro del cual caben distintos asuntos que se usan en el debate público para promover agendas conservadoras. (Ver: El género existe y no es una ideología).

De hecho, la estrategia detrás del concepto “ideología de género”, creada por sectores conservadores religiosos que se oponen a la diversidad sexual y de género, guarda sospechosas similitudes con la idea de pretender asociar la pedofilia con el movimiento LGBT. (Ver: La tal “ideología de género”, ¿de dónde viene y para dónde va?).

Para empezar, los/as profesionales en psicología consultados/as por Sentiido para este artículo coinciden en que es muy poco probable que quienes abusan sexualmente de menores contemplen la posibilidad de crear un movimiento con bandera y eslogan porque saben que su conducta es un delito y que es condenada socialmente.

Todo apunta a que se trata de una estrategia más utilizada para crear pánico moral y buscar apoyo masivo para deslegitimar la lucha por la igualdad del movimiento LGBT. Años atrás, la “ideología de género” se usó en Brasil, en Colombia, en Perú y en otros tantos países de la región para desinformar a la opinión pública señalando que los programas de educación sexual pretendían “homosexualizar” a los niños en las escuelas. (Ver: 5 claves para entender el enredo de los manuales de convivencia).

Este fenómeno de desinformación es similar a lo que actualmente sucede en Estados Unidos con la críptica agrupación QAnon (Q, es la letra con la que se identifica a su creador y “anon” es abreviación de anónimo).

Este grupo se dedica a divulgar noticias falsas que soportan la teoría conspiradora según la cual un grupo de adoradores de satán, muchos de ellos del partido demócrata, orquestan una red internacional de abuso sexual de niños y cuyo objetivo inmediato es derrotar al presidente Trump, quien estaría combatiéndolos a ellos y a la pedofilia que promueven. ¿Se acuerdan de la estrategia de inventarse un problema para después venderse como la solución? Pues esta es parte de la estrategia de la campaña de reelección del presidente Trump.

El tema está lejos de terminar. Los memes y las fake news seguirán. Con las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la estrategia de asociar la pedofilia con opositores políticos está siendo ampliamente utilizada por la campaña de Trump, maniobra que muy seguramente se replicará en América Latina. Y como suele pasar, estos mensajes resultan muy útiles en momentos en que los usuarios de las redes sociales piensan cada vez menos antes de hacer clic en “reenviar” o “compartir”.

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*Periodista.
Nota: Irene Alonso contribuyó en la investigación para este artículo.

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