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La otra marcha LGBTI

Género, diversidad sexual y cambio social.

Durante la Marcha LGBT de Bogotá 2018 a la Red Comunitaria Trans se le impidió manifestarse con la carroza que prepararon durante dos meses de trabajo. Ellas optaron por hacer la otra marcha LGBTI por el barrio Santa fe.

la otra marcha
La otra marcha fue la Marcha Trans, que se movilizó por el barrio Santa Fe para llegar a la Plaza de Bolívar. Foto: Angello Olaya, “Ojo de Mono”.

La Marcha LGBTI de Bogotá es la más antigua de Colombia. Con los años ha ido demostrando que cada vez más personas encuentran en este día una oportunidad no solo para celebrar la diversidad, sino también para compartir con amigos y hacer ver que se necesita un país que respete la diferencia.

En 2017 se estimó que asistieron 150.000 personas y este año fueron entre 200.000 y 250.000. Además, como lo mostramos en el mapa, alrededor de 37 ciudades y municipios se han organizado para llevar a cabo eventos y marchas de la diversidad sexual y de género en toda Colombia. (Ver: Marcha LGBTI de Bogotá, ni un paso atrás)

Antes de empezar la marcha por la carrera séptima, Sentiido habló con tres integrantes de la caravana “Yo marcho trans”.


Sin embargo, hubo un evento particular que dejó un sinsabor en el desarrollo de la Marcha LGBTI de Bogotá. La Red Comunitaria Trans, una organización que trabaja por los derechos de las mujeres trans en situación de vulnerabilidad, no pudo participar en el evento tal como lo habían planeado.

Según lo afirmaron dos líderes de la Red, Juli Salamanca y Daniela Maldonado, a la caravana que había sido aprobada previamente por el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER) para que participara en la Marcha, le fue negada la circulación cuando llegó al Parque Nacional. La razón que les dieron fue que el camión tenía una llanta plana de las 12 con las que cuenta.

Según Daniela Maldonado, la caravana pasó por todas las revisiones de rigor y se le solicitó a la Red Comunitaria que corrigiera en varias ocasiones los aspectos que no cumplían con los permisos previamente establecidos.

La caravana se planeó durante dos meses y se contaba para que un DJ pusiera música mientras avanzaban por la carrera séptima.

Según Juan Carlos Prieto, Director de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría de Planeación Distrital, la aprobación de los “carros alegóricos” está a cargo de INDIGER, Bomberos y la Policía de Tránsito de Bogotá. Además de que las caravanas cumplan con los requisitos solicitados previamente, afirma Prieto, se les hace una revisión in situ dos horas antes de que empiece la movilización para determinar que tienen el funcionamiento y las revisiones técnico mecánicas en orden.

Así mismo, Prieto afirma que la caravana de la Red Comunitaria Trans no fue la única que no pudo circular en la Marcha. A otros tres “carros alegóricos” se les negó la participación (uno en el recorrido del sur y dos por la carrera séptima) por no cumplir con los requisitos. La Dirección de Diversidad Sexual ha solicitado a INDIGER la debida documentación sobe la negativa que recayó sobre los tres “carros alegóricos” que tuvieron que quedarse parqueados al borde de la carrera séptima.

En respuesta, la Red optó por marchar en el Barrio Santa Fe con un inflable de látex de 15 metros que representaba el cuerpo de una persona trans, la misma zona donde está ubicada la sede de la organización y donde viven muchas de las mujeres con quienes trabajan y que salieron a ese día bajo la consigna “Yo Marcho Trans”.

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La Marcha trans convocó alrededor de 200 personas que tomaron otra ruta para celebrar las identidades y los cuerpos trans. Foto: Angello Olaya, “Ojo de Mono”.

Tres hechos más complicaron la situación: el robo de la consola que se alquiló para que DJ Friki animara la marcha trans; los daños causados por extraños a la decoración de la caravana mientras se cruzaba información de que sí o que no podían salir  con el “carro alegórico”; y el hecho de que hubieran llamado a la policía para que disuadieran a la Red Comunitaria de detener la Marcha LGBT hasta que se resolviera la situación.

El hecho fue desafortunado en varios niveles. Si bien las organizaciones trans del país han logrado avances significativos en organización y sobre todo en visibilidad en cuestiones de movilización, incidencia, participación en medios, en eventos y en investigaciones, la Marcha LGBT debería ser un espacio seguro para ratificar esta presencia y trabajo que se construye durante todo el año.

Lo que sucedió a partir de la negativa de las autoridades sobre la circulación de la caravana demostró que sigue habiendo una clara brecha entre lo socialmente aceptado y lo que genera mayor incomodidad en términos de diversidad sexual e identidades de género en la ciudad.

Muchas de las personas vinculadas a la movilización de la Red comunitaria son trabajadoras sexuales, usuarias de drogas y habitan sectores de la ciudad claramente desatendidos por el Estado. Para personas que permanentemente se enfrentan al acoso policial, a las barreras institucionales de salud y educación, a la violencia social y a la estigmatización, que la carroza no hubiera podido circular fue uno de esos obstáculos más a los que tienen que enfrentarse.

Como lo expresó Juli Salamanca, de la Red Comunitaria Trans, no haber podido marchar con su caravana fue una alegoría de lo que viven muchas mujeres trans diariamente en el país. Existen diversos obstáculos para que las personas trans lleguen a lugares y a oportunidades que las personas cisgénero (o no-trans) llegan por caminos pavimentados. Es como si las personas trans necesitaran visa para todo: para ir al baño, para terminar el colegio, para que las atienda el médico y para que puedan salir a manifestarse.

Además, ese mismo día dos mujeres trans fueron brutalmente golpeadas por tres hombres que llegaron a la peluquería donde ellas trabajan en Fontibón. Si bien los hechos no están conectados en términos de la investigación, sí lo están en algo más profundo: en la zancadilla que existe como norma para que las personas trans puedan participar en procesos sociales y sean aceptadas tal y como son.

Es esta una buena oportunidad para que las organizaciones de la sociedad civil, la Dirección de Diversidad Sexual, el Instituto Distrital de Participación Ciudadana y la Mesa LGBT se planteen cómo se puede trabajar en conjunto para que estos hechos no vuelvan a suceder. O si suceden, se puedan tomar acciones conjuntas para garantizar la igual participación de las diferentes formas de movilizarse.

La clave para que un movimiento social exista y perdure es la solidaridad. Si existe una sólida red de trabajo, las acciones por venir serán más efectivas y crearán un muro de contención contra la discriminación y la indiferencia frente a los procesos y realidades de las personas que viven su identidad de diferente manera en cada región del país.

Más aún, cuando se vienen cuatro años de uribismo revanchista, enfocado en reinstaurar un orden conservador, de participación política para unos pocos y de utilizar las libertades individuales y los derechos humanos como moneda de cambio para estrategias políticas.

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