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¡Listos los resultados de la primera encuesta de bullying LGBT de Colombia! 9 voces opinan

Género, diversidad sexual y cambio social.

Lina Cuellar WillsLina Cuellar Wills

Profesional en Estudios Literarios. Magister y PhD en Historia. Tiene amplia experiencia en investigación y docencia. Cofundadora y directora de Sentiido

“Esta encuesta nos hace reflexionar sobre qué tanto estamos escuchando a los jóvenes LGBT”

1. ¿Qué percepción tiene de la primera encuesta sobre bullying escolar por orientación sexual, expresión e identidad de género de Colombia?

Los resultados me parecen reveladores. A pesar de que algunas personas puedan considerar que las cifras no son altas, sí lo son en la medida en que solamente contemplan estudiantes que se identifican como lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT).

Además, tomaba entre 18 y 20 minutos responderla y 581 personas destinaron este tiempo para hacerlo. Esto nos dice que niños y jóvenes sí quieren hablar sobre lo que están viviendo en los colegios y que necesitan ser escuchados, pero que tienen miedo a ser señalados. No tienen espacios seguros para hablar de ese tipo de experiencias.

“La encuesta nos hace pensar que la discusión sobre la diversidad sexual y de género está dirigida a adultos”.

En la cotidianidad, se discuten temas como el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, derechos patrimoniales, donación de sangre, la discriminación en bares y pocas veces se habla del rechazo diario que viven algunos jóvenes LGBT.

Esto es fundamental de abordar si se tiene en cuenta que son personas que están en proceso de formación, que muchas veces no saben cómo reaccionar ante este tipo de agresiones y no conocen sobre sus derechos ni herramientas legales para defenderse.

Esta encuesta nos hace reflexionar sobre qué tanto evitamos abordar la diversidad sexual y de género con niños y jóvenes por desconocimiento o miedo. Estamos tomando decisiones sobre sus vidas, sin tener en cuenta qué han experimentado y qué tienen para decir.

2. El bullying LGBT sería menos legítimo si las instituciones educativas especificaran en sus manuales de convivencia que en sus colegios se respetan todas las orientaciones sexuales, expresiones e identidades de género, pero pocas lo hacen. ¿Cómo manejar esto?

Las directivas tienen que conocer más sobre lo que los jóvenes están viviendo. No basta con repetir: “los jóvenes ya no leen”, “los jóvenes ahora solo andan pegados al celular” o “a los jóvenes ya no les gusta estudiar”, hay que preguntarse por qué.

Por el hecho de que los adultos hayamos tenido una experiencia educativa distinta, no significa que los jóvenes tengan que ajustarse a lo que nosotros vivimos: somos los educadores quienes debemos comprender lo que ellos están viviendo.

No podemos olvidar que cuando fuimos estudiantes, muchas veces dijimos que los profesores no nos entendían. Hay que cerrar la distancia que los adultos, especialmente del sector educativo, hemos fijado con respecto a niños y jóvenes.

Muchas veces no tenemos idea de las series que ven ni de la música que oyen, pero solo por curiosidad sería interesante saber qué dicen las letras.

“estamos comunicando que no nos interesa conocer el mundo de los jóvenes, sino que ellos tienen que adaptarse al nuestro”.

Cuando empecemos a ver sus series, a escuchar su música y a entender cómo se relacionan entre sí, podremos conocer mejor sus dinámicas sociales. Y es posible que al hacerlo, entendamos que por miedo, desconocimiento o la razón que sea, no estamos abordando temas sexuales que ellos ya están viviendo.

Muchos jóvenes tienen acceso ilimitado y sin acompañamiento a toda la información disponible en Internet. Hablan con propiedad de temas sexuales –así no lo hagan de la manera más conveniente– porque ante la duda o la curiosidad está YouTube. Esa es una realidad.

3. El bullying LGBT podría disminuir con una educación sexual que contemple las diversas orientaciones sexuales e identidades y expresiones de género, pero algunos papás, docentes y directivas interpretan esto como “imponer una ideología de género”. ¿Cómo manejar esto?

Es importante abrir más espacios de diálogo, honesto y libre de prejuicios, con los estudiantes, para saber qué información quieren y deben conocer. Nos guste o no, en Internet lo encuentran todo aunque, por supuesto, esa es una pobre formación sexual.

Así que el papel de los adultos es formarlos y brindarles las herramientas críticas para que sepan manejar esa información y seleccionar cuál les conviene y cuál no.

Es probable que los menores sepan mucho más de lo que los papás quisieran o esperan. Mucho antes de que los adultos se los mencionen, ellos ya saben qué es un preservativo o una relación sexual, lo que pasa es que probablemente no han adquirido esa información de la manera más positiva o cuidadosa posible.

Las directivas deben abordar con los padres de familia la importancia de una educación sexual integral. Muchas veces tienen miedo de tratar esos temas con sus hijos, pero la solución nunca será evitarlo.

La educación sexual no solamente debe contemplar a los estudiantes sino también a los papás para que sepan responder las preguntas que sus hijos les formulen y entiendan que educar al respecto, no significa promover que los menores empiecen su vida sexual.

Los alumnos tienen clase de educación física desde kínder hasta undécimo y hay unos que se gradúan y jamás vuelven a practicar deporte. El hecho de que se les enseñe un tema no significa que los estudiantes corran a aplicarlo sino que lo comprendan.

La educación sexual implica una formación en valores y en ciertas habilidades, pero el hecho de que se les hable de relaciones sexuales no significa que la niña o el niño vaya a iniciar de inmediato su vida sexual. Esa una idea de los adultos fundamentada en el miedo.

4. Algunos docentes evitan apoyar a los estudiantes víctimas de bullying LGBT, por miedo a que los señalen de gais o de “promover la homosexualidad”. ¿Cómo fortalecer a los profesores?

El mensaje tiene que venir desde arriba, a partir de las políticas de la institución educativa. Directivas, docentes y coordinadores saben que muchas veces se crean relaciones más cercanas entre profesores y alumnos -que no son sentimentales- y que hay docentes a los que los estudiantes les tienen más confianza.

Esos profesores que van más allá de lo que los estudiantes puedan aprendar en su materia, son unos puentes fundamentales para abrir el diálogo entre las políticas del colegio y lo que piensan los alumnos, sin romper la distancia que debe existir entre uno y otro rol.

Ahora, muchas veces esos docentes no solamente tienen miedo de lo que puedan decir las directivas sino también sus colegas, quienes en ocasiones actúan como espías, pensando más en normas y en reprender, vigilando lo que consideran deben ser los “límites” y por eso les resulta difícil encontrar aliados entre sus propios pares.

Es importante fortalecer a esos docentes y hacerles entender que ellos pueden ser definitivos en la vida de un estudiante. Si Sergio Urrego hubiera encontrado un profesor aliado, que lo hubiera apoyado y defendido, probablemente estaría vivo.

5. ¿Cuáles serían sus sugerencias para empezar a disminuir el bullying en las instituciones educativas, pero especialmente el bullying por orientación sexual e identidad y expresión de género, uno de los más ocultos?

Lo primero es desarrollar la empatía o la habilidad de aprender a ponerse en los zapatos del otro para saber qué siente y por qué actúa de una u otra manera. Es una habilidad que se desarrolla tanto en la casa como en el colegio.

El problema es que muchas veces la empatía riñe con la competitividad que los colegios fomentan, para que les vaya muy bien académicamente, suban el ranking de la institución en las Pruebas Saber y en certificaciones internacionales, dejando de lado la importancia del trabajo en equipo y la reflexión sobre cómo ayudar a un compañero.

El trabajo cooperativo en los colegios es fundamental porque implica que, cuando se crean grupos de estudio, cada uno de los integrantes se preocupa por sus compañeros porque los resultados dependen del trabajo de todos.

También, hay que reflexionar sobre qué tanta libertad o coerción se está llevando a cabo con los estudiantes en temas como el uniforme y el pelo o qué estereotipos de masculinidad y feminidad se están promoviendo.

A mí, por ejemplo, por ser la alta del curso, en las presentaciones del colegio siempre me tocaba hacer el papel de hombre. ¿Por qué no podía interpretarlo una alumna bajita y de pelo largo?

“¿Por qué en los colegios femeninos se habla de la casa de muñecas y no de la casa de juegos o donde hay más que cocinas y muñecas?”

Prácticas muy sencillas podrían enviar el mensaje de que los hombres no tiene por qué ajustarse solamente a unos determinados comportamientos (jugar fútbol o con carros, ser agresivos, llevar el pelo corto) y las mujeres a otros (jugar con cocinas, coches, ser delicadas).

Sin embargo, más allá de todo esto, un punto clave es tener claro que el bullying por orientación sexual, expresión e identidad de género sí existe.

Muchos adultos dicen: “toda la vida ha pasado y eso es normal”, pero probablemente piensan esto porque no fueron las víctimas. Hace unos días supe que el pintor colombiano Lorenzo Jaramillo (murió en 1992) sufrió de una constante intimidación escolar porque sus compañeros lo consideraban afeminado. Y eso pasó hace muchos años.

La pregunta es: ¿qué tiene que este bullying no sea nuevo? Eso no significa que sea menos grave ni que sea bueno y que no se deba detener. Lo único que indica es que las instituciones educativas no han sabido identificar y reconocer que se trata de una práctica que afecta, seriamente, la vida de las personas.

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