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¡Listos los resultados de la primera encuesta de bullying LGBT de Colombia! 9 voces opinan

Género, diversidad sexual y cambio social.
Cifras de bullying o matoneo LGBT Colombia
Foto: escudosdelalma.org

José Fernando Mejía

Director ejecutivo del Programa Aulas en Paz.

“por abordar la diversidad sexual y de género, un niño o un joven no va a ser homosexual”

1. ¿Qué percepción tiene de los datos preliminares que conoció de la encuesta sobre bullying escolar por orientación sexual, expresión e identidad de género en Colombia?

Me parece interesante que se haga este ejercicio. Es de gran valor para que la gente entienda cuál es la situación de muchos niños, niñas y adolescentes del país que tienen una orientación sexual o una identidad de género distinta a la mayoritaria.

También permite hacer comparaciones entre países, lo que podría tener un impacto importante en un movimiento regional para la defensa de derechos.

Por otra parte, como se trata de una encuesta que los menores responden de manera voluntaria, queda la duda de qué tanto llegó a quienes más están sufriendo. Acudieron los que eran capaces de responder al llamado, pero quizás no lo hicieron las personas que no cuentan con las herramientas psicológicas necesarias.

“A los estudiantes que peor están les da miedo contestar una encuesta como esta”.

Me preocupa que los datos estén subvalorados sin que esto le reste valor a la información. Asimismo, la lectura de las cifras puede estar sesgada según la visión de quien las mire.

Si lo hace una persona que está a favor del respeto por los derechos de las personas LGBT, le van a parecer terribles, pero si lo hace quien está en contra, seguramente dirá que es una minoría. Aunque, por supuesto, esto es grave.

2. El bullying LGBT sería menos legítimo si las instituciones educativas especificaran en sus manuales de convivencia que en sus colegios se respetan todas las orientaciones sexuales, expresiones e identidades de género, pero pocas lo hacen. ¿Cómo manejar esto?

En los últimos meses se ha visto en el país una confrontación poco productiva. Hay que decir las cosas como son, de manera clara, pero lo que ha prevalecido es un enfrentamiento con declaraciones defensivas de lado y lado y eso corta la comunicación.

El paso más importante para poder avanzar con la comunidad educativa, no es proponer temas que a ellos les parezcan demasiado revolucionarios, aunque sean ciertos. Hay que ser estratégicos y empezar por lo que ellos puedan aceptar.

Lo que ha pasado en Colombia demuestra que hay división. Sin embargo, también es interesante en la medida en que hace 20 años la gente ni siquiera se preguntaba si la homofobia debía discutirse; todo el mundo habría dicho que la homosexualidad es una enfermedad y un pecado.

Es muy positivo que ahora muchas personas no piensen esto, así como el hecho de que se esté dando una discusión, así no sea en los mejores términos. Esto me parece bueno pero a veces siento que le pedimos a la gente entender rápidamente temas que son demasiado retadores.

“Me parece importante enfocarse en que hay niños, niñas y adolescentes que la están pasando mal”. 

Independiente de que la gente reconozca que las personas LGBT tienen derechos y que no son pecadoras ni enfermas -que para muchos eso ya es difícil de aceptar- pueden dar un paso al entender que hay menores que están sufriendo.

Esto es importante de hacer porque está desligado de las ideas que cada quien tenga y acerca un paso más a la dirección a la que todos queremos llegar.

Me parece bien que la mayoría de la gente esté convencida de que a las personas LGBT hay que respetarlas, pero todavía hay quienes hablan de “esa gente”, así que falta mucho por hacer. Hay que pensar en el paso a seguir y yo creo que comprometerse a ayudar a alguien que está sufriendo es algo relativamente fácil de hacer.

3. El bullying LGBT podría disminuir con una educación sexual que contemple las diversas orientaciones sexuales e identidades y expresiones de género, pero algunos papás, docentes y directivas interpretan esto como “imponer una ideología de género”. ¿Cómo manejar esto?

La educación sexual no solamente incluye la orientación sexual, expresión e identidad de género. Y esos temas no están incluidos en la que reciben los niños pequeños.

En la educación sexual de bachillerato sí deberían abordarse. Seguramente en ese momento surgirán discusiones pero lo importante es que se den de la manera más informada posible.

También es importante aclarar que ninguna persona puede volver homosexual a otra, así como saber que hay estudiantes que la están pasando mal. El mayor número de suicidios en adolescentes se da por temas de homofobia.

Lo mejor, no es discutir con papás y mamás sobre los derechos de las personas LGBT. Pero sí explicarles que por abordar la diversidad sexual y de género en el colegio un niño o un joven no va a ser homosexual y lo que sí va a pasar es que unos estudiantes que no la están pasando bien, se van a sentir mejor y vamos a evitar suicidios.

4. Algunos docentes evitan escuchar o apoyar a los estudiantes que son víctimas de bullying LGBT, por miedo a que los señalen de gais o de “promover la homosexualidad”. ¿Cómo fortalecer a los profesores?

En los casos de bullying, nosotros tratamos de que haya más docentes que apoyen a los niños. Se podría acudir, por ejemplo, a campañas que valoren el rol del que apoya para que más gente se convenza de esta idea y no sea solamente un asunto de un profesor sino de dos, tres o más.

De esta manera, así haya confrontaciones, la situación es más balanceada y los docentes se sienten más fuertes. Se trata de impulsar a aquellos que están más cerca de ayudar y a los que les preocupe que haya estudiantes sufriendo, a que empiecen a hacer algo.

En Colombia tratamos de resolver todos los problemas con leyes y documentos y, en el caso de los colegios, a través de los manuales de convivencia. Y aunque eso ayuda, su impacto real no es mayor. Hay que pensar más en los cambios en la gente o, al menos, en ambos temas de manera paralela.

5. Para evitar que en los colegios se implemente una educación sexual que contemple las diversas orientaciones sexuales, expresiones e identidades de género, algunas directivas y papás acuden a “la autonomía institucional” y al “derecho de los padres a educar a sus hijos”, ¿cómo manejar esto?

En los conflictos hay que buscar intereses comunes que nos pongan en el mismo lado. Deberíamos tratar de hacerlo. El otro paso es desescalar el conflicto o antes de hacer algo preguntarnos si eso le echa más leña al fuego o si, por el contrario, contribuye a enfriar la situación.

“Toda esa confrontación que se ha visto en los últimos meses tiene a nuestros niños y jóvenes en mayor riesgo que nunca”.

Las posiciones radicales desencadenan situaciones que nadie quiere que pasen en los colegios, pero es un hecho que hay desacuerdos en ciertos puntos y consenso en otros.

Por ejemplo, nadie quiere que los niños vean contenidos pornográficos ni abordar con los menores temas para los que no están preparados. Tampoco se pretende quitarles autonomía a las familias ni a los colegios.

Si uno se pone de acuerdo en lo fundamental, es más fácil identificar dónde está el desacuerdo para discutirlo. Hay que buscar puntos de encuentro, más que confrontaciones y entender al otro para después abordar las diferencias.

6. ¿Cómo trabajar con los testigos -estudiantes que no son víctima y que tampoco hacen bullying- quienes prefieren mantenerse al margen para evitar ser calificados como gais o por temor a ser blanco de intimidación?

Lo que nosotros hacemos en caso de cualquier tipo de bullying, es desarrollar empatía, que la gente se conecte emocionalmente con el que está sufriendo. Tratamos de prevenir antes que tratar las situaciones y trabajar a partir de la literatura infantil o de situaciones hipotéticas para que los niños anticipen lo que podría pasar.

También desarrollamos habilidades como la asertividad para evitar que los menores acudan a la agresión. Muchas veces cuando alguien dice que hay que defender a alguien piensa que debe hacerlo a los puños, pero la violencia empeora la situación.

La idea es aprender a responder sin agresiones pero con firmeza, aprender a decir “no” y a que varios estudiantes se unan para frenar la agresión, no para celebrarla. Esto significa que alguien se pare y diga “eso no es chistoso. No lo haga más”.

Por otra parte, lo que sucedió con quienes marcharon en contra de la revisión de los manuales de convivencia evidenció que no se trata de una discusión racional. El conflicto, por tanto, no se soluciona con datos y razones aunque hay que darlas.

Hay gente que tiene miedo y está indignada y hay que buscar la manera de llegar a ese miedo y a esa indignación porque no quieren oír razones.

7. ¿Cuáles serían sus sugerencias para disminuir el bullying en las instituciones educativas, pero especialmente el bullying por orientación sexual e identidad y expresión de género, uno de los más ocultos?

Lo primero es entender de qué estamos hablando. La mayoría de la gente no tiene claro que el bullying no es cualquier agresión ni un conflicto mal manejado, sino que implica repetición y desbalance de poder y por eso es tan peligroso.

Teniendo claro qué es, hay que pasar a desmontar prejuicios. Mucha gente piensa que la intimidación escolar es normal, fortalece el carácter y no tiene mayores implicaciones ni consecuencias para la vida.

“la comunidad educativa debe aprender a ver el bullying. Siempre que llego a un colegio me dicen ‘acá no hay’”.

Si en las instituciones educativas se dieran cuenta de los pequeños gestos que ocurren antes de que la agresión aumente, habría mayores posibilidades de trabajar la situación de manera más eficiente. La detección temprana es fundamental.

Los colegios están montados en un esquema de sancionar al que comete errores y el bullying no se puede abordar desde ese enfoque porque es poco efectivo. Y los manuales de convivencia, independiente de los ajustes que se hagan, se convirtieron en documentos de sanción.

La intimidación escolar no es un problema de quien lo realiza y no se resuelve con el castigo, es un problema de todos y cada quien puede aportar a solucionarlo. Lo pedagógico queda oculto o rezagado, pensando que sancionar enseña, pero lo que se necesita es desarrollar las habilidades para que los niños no lo hagan.

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