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“Los gais no van a volver al clóset”

Género, diversidad sexual y cambio social.

Sentiido habló con Gedeon Freire de Alencar, sociólogo brasileño experto en religión y miembro de la iglesia evangélica Betesda, sobre los desafíos para no retroceder en materia de derechos de las mujeres y personas LGBT.

Por: Andrea Domínguez*

los gais no van a volver al clóset
Con esta imagen el caricaturista Carlos Latuff (Latuff Cartoons) representó en 2014 la oposición de la bancada evangélica en el Congreso de Brasil a las personas LGBT.

Brasil atraviesa una época de turbulencias por cuenta de los vientos conservadores que soplan en el Congreso y en otros escenarios del poder público.

Por ejemplo, Marcelo Crivella, alcalde de Río de Janeiro y vinculado a la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), es reconocido por oponerse a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y a los de las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). (Ver: Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales).

Hace unos días, también se recogieron miles de firmas para oponerse a la visita a este país de la filósofa estadounidense Judith Butler, referente en los estudios de género, quien viajó a Brasil para participar en el coloquio “Los fines de la democracia”, organizado por la Universidad de Sao Paulo.

A lo anterior se suman las agendas parlamentarias en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, el cierre de exhibiciones artísticas que muestran desnudos, la guerra verbal en las redes sociales contra la diversidad sexual y de género y las medidas para implementar la educación cristiana en escuelas laicas. (Ver: Lo que dejó el debate de los manuales de convivencia).

Parte de la responsabilidad de esta ola reaccionaria proviene de las iglesias evangélicas en dicho país y al poder de su bancada en el Congreso.

En Brasil hay 60 millones de personas evangélicas y los parlamentarios que siguen esta fe tienen una importante articulación política.

Sin embargo, para el sociólogo brasileño Gedeon Freire de Alencar, experto en ciencias de la religión y miembro de la iglesia evangélica Betesda de Sao Paulo, la explicación de lo que está ocurriendo en su país viene del carácter conservador de la nación y no solamente del segmento evangélico.

Según Freire, “Brasil nació bautizado”. El acto fundacional de la nación fue una misa realizada por los conquistadores, sumada a las cartas enviadas al rey de Portugal señalando que se trataba de una tierra “sin Dios ni ley” que era necesario cristianizar.

Por trescientos años, la Iglesia católica tuvo una hegemonía absoluta que, al igual que en otros países de América Latina, dejó hondas huellas en la cultura actual.

Hasta el siglo XIX, cuando los ingleses transportaron a Brasil el imperio portugués que venía huyendo de Napoleón, llegaron los primeros protestantes a estas tierras.

Pero, ¿hay espacio para retomar los avances en derechos civiles en el país vecino? ¿Se puede contar con los evangélicos en la defensa de la diversidad sexual, la igualdad de género y la educación laica? (Ver: Hay muchas voces religiosas que no son “antiderechos”).

Gedeon Freire de Alencar, experto en pentecostalismo brasileño y quien trabajó en la Secretaría de Derechos Humanos de Sao Paulo, cree que sí y habló con Sentiido del universo protestante de su país, de los espacios progresistas que existen en él y de los desafíos para avanzar en materia de derechos civiles.

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Sentiido habló con Gedeon Freire de Alencar, sociólogo brasileño, miembro de la iglesia evangélica Betesda.

¿Cuándo ocurrió la “explosión” del protestantismo en Brasil?

La Iglesia católica reinó desde 1.500 y hasta hoy es una fuerza cultural hegemónica indiscutible, con importancia en el ámbito religioso, cultural, arquitectónico, etc.

Los protestantes siempre fueron minoría. Entre el siglo XIX y el XX apenas un 1% de la población se identificaba de esta manera. A partir de 1950, con la urbanización, los protestantes aumentaron.

En los últimos treinta años el censo dio un crecimiento explosivo de los protestantes (me refiero a todos los grupos que tienen origen en la reforma protestante, pero ahí existe una pluralidad inmensa).

El censo de 2000 registró que el 26% de los brasileños son protestantes. Y finalmente, el informe más reciente de Datafolha arroja que en Brasil son cerca del 30% de la población, es decir 60 millones de evangélicos en un país con cerca de 207 millones de habitantes.

¿Puede describir ese vasto universo protestante de Brasil?

Es un universo que no tiene consenso justamente porque es protestante. Nuestro gran punto en común es que se puede estar en desacuerdo con respecto a la forma de interpretar la Biblia.

Hay iglesias adventistas, presbiterianas, metodistas, etc, en el mundo pentecostal es imposible establecer los límites. Sin embargo, una investigación del Instituto de Estudios de la Religión indicaba que en un determinado momento de la década de los 80, en Río de Janeiro se llegó a crear una iglesia evangélica por día.

Un amigo historiador encontró que en un barrio de Sao Paulo había 180 iglesias diferentes. identificó 26 ministerios distintos solamente de la Asamblea de Dios.

Hay millones de personas evangélicas entre las cuales no hay consenso sobre las escrituras: cada grupo bautiza de una forma, algunos aceptan la glosolalia (hablar en lenguas) y otros no, unos aceptan el ministerio de mujeres y otros solo el de hombres. Sin embargo, existe un cierto consenso en los asuntos de moralidad.

¿En qué consiste ese consenso?

Ese consenso moral entre los evangélicos es compartido con los católicos en temas como: la oposición a la interrupción voluntaria del embarazo, a los derechos sexuales y reproductivos, al matrimonio entre personas del mismo sexo, a la diversidad sexual y de género y a la ahora llamada “ideología de género”. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

Lo más peligroso de esto es la articulación de estos grupos con sectores políticos conservadores que están contra de los derechos sociales.

¿Por qué la agenda progresista está retrocediendo?

En la década de los 90 cuando Peter Berger (sociólogo y teólogo luterano que falleció este año) reelaboró su teoría de la secularización de los años 60 -en la que había dicho que con la secularización moderna los preceptos religiosos iban a tener menos fuerza- afirmó que esa idea de que la religión iba a perder su fuerza no ocurrió.

Berger reformuló su teoría y en Los numerosos altares de la modernidad dice que la secularización no va a suplantar todo tipo de valor religioso ni que la religión va a dominar a la sociedad, sino que existe una pluralidad de discursos religiosos y diferentes realidades secularizantes.

Esto se traduce en que en momentos de relativización y pluralidad cualquier discurso de certeza llama la atención. Es decir, la clásica idea de la “sociedad bipolar” que va de un extremo al otro.

¿Cómo vemos esto en la realidad de Brasil?

Nosotros tuvimos dictadura militar desde los años 60 hasta el final de la década del 80. Después, en la época de la redemocratización, parecía que íbamos a tener una sociedad cada vez más progresista, moderna y secularizada especialmente cuando vinieron los primeros gobiernos de izquierda, como el primer mandato de Lula.

Pero no fue así y ahí es cuando viene el primer problema porque comúnmente la gente quiere echarle la culpa del retroceso a los grupos evangélicos y, en particular, al frente parlamentario evangélico, pensando que si no hubiese existido, Brasil habría podido avanzar mucho más en derechos humanos y en libertades fundamentales.

Pero Brasil nunca ha sido un país progresista ni moderno, siempre ha sido conservador debido justamente a esa primacía que ha tenido la Iglesia católica en todos los ámbitos.

¿Los grupos evangélicos en crecimiento son conservadores?

En una investigación reciente de la Universidad de Sao Paulo se entrevistó a participantes de la Marcha para Jesús (evangélica) y de los Peregrinos de Aparecida (una virgen que reúne muchos católicos una vez al año).

En la Marcha para Jesús, 59% de los encuestados está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, mientras que 55% de la marcha católica se opone a este tipo de unión.

En la marcha evangélica 48% está a favor de la pena de muerte, mientras que en el grupo católico 58% apoya tal medida. Es decir, en ambos grupos hay una tendencia conservadora en dos temas importantes.

Pero al mismo tiempo, en la Marcha para Jesús, 77% de los entrevistados dijo estar a favor de respetar los derechos de los gais en la escuela y entre los peregrinos católicos, 83% se mostró favorable a este mismo asunto. (Ver: ¡Listos los resultados de la primera encuesta de bullying LGBT de Colombia! 9 voces opinan).

Es decir, al mismo tiempo que un segmento conservador está a favor de la pena de muerte, 70% está a favor de respetar a las personas homosexuales.

El grupo evangélico también se opone al aborto en un 61%, pero a la vez 63% de los entrevistados de ese grupo dice que no se puede condenar a una mujer que ejerza su sexualidad con libertad. (Ver: 4 retos del aborto legal en Colombia).

Esta investigación muestra una cierta esquizofrenia de estos grupos: por un lado, con valores muy conservadores pero a la vez con opiniones progresistas.

La bancada evangélica en el Congreso está del lado conservador. ¿Su actuación representa el sentir del pueblo evangélico?

Hay una grieta entre el perfil conservador y moralista de la bancada evangélica y los propios evangélicos. La investigación que cité arriba también dice que 76% de los evangélicos no se identifica con ningún partido político.

Los grandes líderes políticos evangélicos como Marco Feliciano, tienen rechazo de más del 70% de la población evangélica.

El frente parlamentario evangélico tiene mucha diversidad pero es mayoritariamente pentecostal y el universo evangélico pentecostal no es espejo real de la población evangélica brasileña.

Pero vayamos más allá del segmento evangélico: hoy 95% de la población brasileña no apoya el gobierno del presidente Michel Temer. Sin embargo, los diputados federales de diversos partidos políticos en el Congreso lo han exonerado en dos ocasiones de enfrentar una investigación.

El 70% de la población del país quiere que el presidente sea investigado, pero la mayoría de los diputados no lo permitieron por conveniencias políticas entre ellos.

¿Ni los evangélicos en particular ni los brasileños en general se sienten representados por los congresistas?

Así es. Pero volviendo al papel que ha jugado la bancada evangélica en el retroceso en materia de derechos, no creo que se pueda poner toda la culpa del conservadurismo del país en el frente parlamentario evangélico.

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Protesta de la bancada evangélica en la Cámara de diputados de Brasil en junio de 2015 contra la marcha del orgullo LGBT. Foto: Ed Ferreira, 10 de junio de 2015, Folhapress.

Este grupo sí es muy ruidoso, tiene mucha visibilidad y una articulación política importante, pero la pregunta es: ¿por qué los temas progresistas no avanzaron en el país antes de que este frente parlamentario existiera?

Esta bancada se organizó apenas en 2013 ¿por qué Lula, en lo alto de su popularidad, cuando tenía casi que el Congreso en su mano, no fijó las pautas progresistas para que fueran votadas?

Él no podría haberlo hecho porque sabe que el universo brasileño es conservador y porque la propuesta de la izquierda sobre despenalizar el aborto y las drogas y permitir el matrimonio igualitario, entre otros, no tiene apoyo nacional.

¿Cuáles son las prioridades del frente parlamentario evangélico?

Establecer leyes para dificultar el aborto, oponerse a la llamada “ideología de género” o a los temas de educación sexual en los colegios. (Ver: La mezcla entre religión y política, ¿inevitable?).

A finales de los años 80 los evangélicos en el Congreso se enfocaron en conseguir canales de radio y televisión para sus iglesias. Hoy tienen una agenda más moralista.

Los parlamentarios evangélicos están más ligados a lo que aquí se conoce como la “Bancada BBB” (bala, Biblia y buey, porque defienden la venta de armas, preceptos conservadores religiosos y la agroindustria). (Ver: La estrategia electorera de estar en contra de las personas LGBT).

Por ejemplo, el actual Ministro de Trabajo, Ronaldo Nogueira, es pastor de la Asamblea de Dios de Río Grande do Sul y está articulado con figuras del Congreso para defender la agroindustria en ese estado del sur del país.

Si la bancada evangélica y los parlamentarios de filiación católica unen fuerzas, ¿son imbatibles?

Esos grupos conservadores saben que es imposible regresar al Brasil de hace unas décadas: los gais no van a volver al clóset, las mujeres no van a volver a la cocina y los negros no van a volver a las barracas de forma pasiva. (Ver: No tenemos miedo).

Los avances sociales de esas luchas son incuestionables y lo que podemos interpretar con tanto escándalo de estos grupos conservadores en el Congreso es el grito del perdedor.

Los jóvenes evangélicos no tienen toda esa oposición a la homosexualidad ni a la libertad sexual de las mujeres.

Yo tengo una investigación con pastores de la Asamblea de Dios y 23% de ellos respeta la homosexualidad. La nueva generación ya nació en otro mundo y va a considerar todos esos temas cada vez menos importantes.

¿Hay condiciones en Brasil para que quien practica el protestantismo defienda valores progresistas?

Sí, porque nuestra base es el disenso. Si no existiese pluralidad, disparidad entre las iglesias protestantes, no serían protestantes porque disentir es nuestra esencia.

Hoy tenemos iglesias muy progresistas en temas de derechos humanos que aprueban el matrimonio homosexual y el ministerio femenino. Pero dentro de eso hay variedad de opiniones y niveles de progresismo.

En la iglesia metodista hay grupos extremadamente liberales y otros visceralmente reaccionarios. ¡Esto es Brasil! Se ha avanzado en derechos civiles, pero aún se trata de una minoría dentro de la sociedad protestante brasileña.

¿Se puede practicar una fe y defender los derechos sexuales y reproductivos sin sentir que se está traicionando el propio credo?

La idea de Lutero de la reforma protestante del siglo XVI, de que cada persona pueda tener su propia Biblia e interpretarla y tener acceso directo a Dios abrió, queriéndolo o no, un precedente complejo dentro del protestantismo: la posibilidad de que cada quien pueda tener su interpretación.

Lo que vale en el universo protestante es la interpretación que cada uno haga de las escrituras. Por eso hay grupos diferentes. Esa es la gran diferencia con la Iglesia católica, porque entre un franciscano y un salesiano puede haber diferencias, pero ambos continúan siendo católicos ligados al vaticano. (Ver: ¿Qué dice la Biblia realmente sobre la homosexualidad?).

Dentro del protestantismo, si un pastor carismático interpreta algo diferente, se separa y funda otro grupo.

¿Cómo se interpretan las escrituras para condenar a los homosexuales, por ejemplo?

Tomemos el ejemplo de la mujer: usted puede leer el texto bíblico legitimando el machismo y diciendo que Dios encarnó como Jesús, que Jesús solo tenía apóstoles hombres y que los hombres tienen exclusividad en el ministerio.

Sí, usted puede hacer esta interpretación pero el mismo texto habla de las mujeres que acompañaron a Jesús, de la importancia y el respeto que él les dio, de la forma como ellas empezaron a asumir posiciones. Es decir, es cuestión de escoger qué tipo de interpretación quiero dar.

A veces alguien me dice: “yo sólo acepto el matrimonio bíblico que es el formado por hombre y mujer” y yo digo: “no, matrimonio bíblico no es hombre y mujer, el casamiento bíblico es hombre y mujeres porque el mundo bíblico es poligámico“.

Una persona me respondió: “sí, pero la poligamia era algo cultural“. ¡Ah! entonces yo acepto que la poligamia sea permitida en la Biblia porque era una cuestión cultural pero no acepto que  la mujer esté en el ministerio porque es una cuestión cultural. Una vez más, la interpretación depende de la conveniencia.

Es decir, ¿puede haber una interpretación feminista?

Tomemos el texto clásico de Pablo diciendo que la mujer tiene que ser sumisa al marido. Ese mismo texto dice que los hombres tienen que amar a las mujeres como Cristo amó a la iglesia.

En aquel mundo la mujer no significaba nada, era apenas un objeto de cama y mesa, servía para dar hijos y cuidar la casa. Entonces, es tremendamente revolucionario que Pablo diga que los hombres tienen que amar a la mujer como Cristo amó a la iglesia. Recordemos que Cristo dio la vida por su iglesia.

En el contexto del Imperio Romano, el soldado da la vida por el otro soldado porque ellos confían absolutamente en el otro y porque la guerra es mano a mano.

Así que en ese momento, el concepto de dar la vida por el otro era enorme. Decir eso es más revolucionario que afirmar que la mujer tiene que ser sumisa al marido.

Todo depende de la interpretación del texto y el protestante tiene esa posibilidad. ¿Qué se hizo en el periodo del Calvinismo? Se usó el texto bíblico para legitimar la esclavitud y el mismo grupo después uso el mismo texto bíblico en contra de la esclavitud.

¿En algún aparte la Biblia condena la diversidad sexual?

Un alumno alguna vez me dijo: “según el Apocalipsis no se salvarán los hechiceros, los sodomitas, los mentirosos, etc“. Yo le pregunté: “¿usted va a tomar literalmente ese texto?“.

Si lo hace, quiere decir que estarán fuera del reino de los cielos no sólo los sodomitas, los mentirosos, los hechiceros sino todas las personas que hayan cometido un pecado (asumiendo la postura que él plantea de que la homosexualidad es un pecado).

Es una interpretación simplista. Recordemos que la poligamia era aceptada por cuestiones culturales, como la homosexualidad fue aceptada en la cultura Griega y luego fue rechazada cuando se necesitaba tener muchos hijos para la agricultura. Por ese mismo motivo era tan despreciada la mujer estéril.

Mencionaba la llamada “ideología de género” como uno de los caballitos de batalla de los evangélicos. En Colombia existe algo similar. ¿Por qué cree que sucede esto?

En la medida en que se legitiman diferentes tipos de expresión de la sexualidad y de la identidad, se retira el dominio tradicional del macho y en un momento de relativización y de secularización, las personas buscan verdades absolutas.

En medio de la pluralidad de ideas, la gente necesita certezas y más si se le quita dominio al macho.

¿Por qué las iglesias católica y evangélica no aceptan el ministerio femenino? Porque se pondría de tú a tú a la mujer y al hombre y entonces ¿qué se hace con el macho dominador, absoluto, que lo puede todo y que siempre manda?

Una reacción muy visceral se dio contra la visita de la filósofa estadounidense Judith Butler a Brasil, ¿por qué?

En el caso de Butler hubo un rechazo a sus críticas contra Israel -por lo que hace en Palestina- porque el mundo evangélico vive deslumbrado con Israel.

Si una persona critica a Israel, es sospechosa. Entonces en Butler se juntaron varias cosas: mujer que tiene relaciones afectivas con personas de su mismo sexo, judía, académica de los estudios de género y crítica de Israel. ¡Satanás! (Ver: Queer para dummies).

De hecho, hicieron una caricatura de ella como si fuera el demonio. Y en momentos como este, se encuentra un chivo expiatorio para cualquier problema. ¿Cómo alguien -como ella- se atreve a cuestionar al macho, quien está por encima del bien y del mal? Y esto es así en el universo católico y protestante. (Ver: Feminismo: de dónde viene y para dónde va).

¿Por qué tanta dificultad de algunas iglesias para aceptar la homosexualidad?

Las iglesias son machistas. El gay es una figura muy compleja para mucha gente, porque en términos muy simples, algunas personas se cuestionan: ¿es macho o hembra?

Y tenemos mucha dificultad en lidiar con algo que no es una cosa ni otra, la gente quiere un punto central porque es más cómodo tener esa idea absoluta.

La genealogía bíblica es muestra de ello: Abraham engendra a Isaac, Isaac a Jacob y así hombres engendrando a hombres en una genealogía extensa en donde la mujer no existe, porque no tenía importancia alguna.

Como las mujeres ahora tienen protagonismo no sabemos qué hacer con el macho, porque si igualamos los géneros ¿qué hacemos con el hombre que siempre fue central, absoluto, definidor, rey, dominador y depredador?

Esta es la historia de una sociedad que tiene dificultad de aceptar a la mujer adúltera pero que no tiene problema en aceptar a un hombre asesino.

¿La mujer no puede ser adúltera, pero el hombre puede ser asesino porque el macho puede ser lo que quiera? Si usted iguala los géneros -ni siquiera se trata de quitarles los derechos a los hombres- viene toda la maquinaria reaccionaria.

La pregunta es: ¿Jesús legítima esa sociedad que apedrea a la mujer adúltera pero acepta al hombre asesino? Jesús no apoyó el apedreamiento de la mujer adúltera, dijo que el que estuviera libre de pecado podía tirar la primera piedra.

Y ahí yo me voy de nuevo al texto del Apocalipsis que habla de los sodomitas, los mentirosos y los hechiceros. Todo el mundo es pecador. Si Dios perdona, perdona a todos.

¿Cómo es el Jesús que usted interpreta en la Biblia?

El que da atención a las mujeres, que son marginales en la época; el que atiende y toca al leproso, que es una transgresión social absoluta; el que defiende a una mujer adúltera; el que ubica al samaritano como benefactor cuando el samaritano era un ser marginal.

El Jesús de la Biblia está del lado de los marginados de la sociedad. El Dios bíblico es el que cuida del huérfano, la viuda, el migrante y el pobre. El Dios bíblico está a favor del  excluido, el pobre y todo el que tenga sus derechos violados. Eso para mí es cristianismo.

#ReligiónMásDiversidad es un proyecto apoyado por la Fundación Open Society Institute en cooperación con el Programa para América Latina de Open Society Foundations.

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*Periodista.