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Mauricio Arévalo: Podemos aprender a vivir con la diferencia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Además de ser profesor de español, Mauricio Arévalo lidera con éxito iniciativas de inclusión LGBTI en el colegio donde trabaja. Su objetivo, aportar a la construcción de sociedades en las que quepan todas las personas.

Mauricio Arévalo ha sido profesor en dos colegios y en varias universidades. Actualmente además de ser docente de español en un colegio privado en Bogotá, lidera allí procesos de inclusión y no discriminación de estudiantes LGBTI.

Tenía seis o siete años cuando Mauricio vio un comercial de televisión de talcos que le llamó la atención. Pero no por el producto sino por el joven papá que aparecía sin camisa. Cuando lo vio, sintió mariposas en el estómago que, en ese momento, no entendió muy bien, pero que más grande volverían una y otra vez. (Ver: Nace o se hace, ¿importa?).

Ese comercial fue el primer indicador de que eran los hombres –y no las mujeres– quienes le atraían. Pero pasaba que él vivía en un entorno social que rápidamente le hizo saber que no estaba bien sentir atracción por los hombres.

Así que en su adolescencia empezó a hacer lo que se esperaba de él: salir con mujeres y ser uno más en su grupo de amigos. Pero pasó, como suele pasar, que llegó un punto en el que las mentiras se volvieron insostenibles. (Ver: El plan B de Mauricio Toro).

“Quería algo más, algo distinto a la manera como me estaba relacionando con el mundo”.

A manera de escape, a los 14 o 15 años, le pidió a su papá que le pagara un curso de actuación para teatro. En ese espacio empezó a sentir de manera más clara lo que en realidad deseaba. “Me frustraba que yo quería andar con novias, como mis amigos, pero no me fluía. Eso me afectó mucho”.

Pero un día, en unas vacaciones antes de empezar once grado, su mamá entró a su cuarto preocupada por sus estados de ánimo:

Mauro, ¿qué te pasa? – le preguntó.
Necesito un psicólogo, alguien que me ayude porque no aguanto más esto – respondió él.
Pero ¿qué es “esto”? – le dijo ella.
Yo se lo digo al psicólogo – le respondió él.
Si estás sufriendo porque a ti te gustan los niños y no las niñas, no sufras más porque no pasa nada. No te preocupes – concluyó ella.

Después de oír esas palabras, todo se volvió más fácil para él. Y ya con el apoyo de sus papás, el resto del mundo no importaba. (Ver: La vida y Dios me premiaron con un hijo gay).

“El apoyo de mi familia fue vital para estar seguro de mí mismo”.

Además, pasar del colegio a la universidad en 2006 le facilitó no tener que volver a salir del clóset: entró afuera, sin sentir que tenía que dar explicaciones. Y empezaba Literatura en una universidad laica y liberal, donde pudo hacer investigaciones sobre género.

Después, por una feliz casualidad de la vida terminó de profesor. Un profesor abiertamente gay. Acá es cuando vale la pena recordar que hasta 1998 el artículo 46 del decreto que regula la profesión docente en Colombia, establecía “el homosexualismo” entre las causales de mala conducta, equiparando la homosexualidad con “aberraciones sexuales”. (Ver: De estudiante homosexual a maestro marica).

Fue por esto que ese año el abogado Germán Humberto Rincón Perfetti presentó una demanda de inconstitucionalidad contra dicho artículo. Como respuesta, la Corte Constitucional estableció que la orientación sexual forma parte del derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad. (Ver: Germán Humberto Rincón Perfetti: me mueve la búsqueda de la justicia).

“La homosexualidad no es una enfermedad ni una anormalidad sino una orientación sexual legítima”, Corte Constitucional de Colombia.

La Corte señaló que la presencia de profesores con distintas orientaciones sexuales contribuye a formar a los estudiantes en un mayor espíritu de pluralismo, muy en sintonía con el objetivo de la educación de formar en el respeto por los derechos humanos, la paz y la democracia.

“Es preocupante que todavía la orientación sexual o la identidad de género pueda poner en riesgo la vida profesional de una persona LGBTI”.

Mauricio Arévalo ha sido profesor en dos colegios y en varias universidades. Actualmente además de ser docente de español en un colegio privado, lidera allí procesos de inclusión y de competencias interculturales. “Mi objetivo es aportar a la construcción de sociedades donde quepamos todas las personas”.

Sentiido: ¿Qué le ha implicado ser un profesor abiertamente gay en Colombia?

Mauricio Arévalo: Yo tengo una relación afectiva estable desde hace ocho años, el mismo tiempo que llevo como profesor, así que cuando me preguntan con quién vivo, lo digo. No niego a mi familia.

Lamentablemente en muchas partes, esta información todavía es motivo para no contratar a una persona. Aunque en las instituciones educativas en las que yo he trabajado, la orientación sexual no es un impedimento para contratar a una persona. (Ver: Ser LGBTI en el mundo laboral).

Lo cierto es que la mayoría de personas LGBTI hemos experimentado angustia al pensar cómo será la reacción de colegas, de estudiantes y de papás y mamás cuando les compartamos nuestra identidad de género u orientación sexual. Las personas heterosexuales no suelen pasar por esta situación. (Ver: Decálogo de las empresas incluyentes).

Uno sí se pregunta: ¿será que puedo contar que tengo esposo y no esposa? Y también si va a tener el apoyo de la institución donde trabaja”.

En mi caso, ese miedo lo fui superando gracias a los estudiantes, a esas nuevas generaciones que están viviendo en un mundo distinto y que ya vienen con una estructura mental más flexible hacia la diferencia.

Lo importante es que uno esté seguro de quien es y quitarle la connotación de insulto a palabras como gay, lesbiana o trans. Mi orientación sexual, por el contrario, ha sido un plus para relacionarme mejor con otras personas. La seguridad de ser yo mismo, sin sentir vergüenza, me permite establecer relaciones honestas con mis estudiantes: me perciben como un ser auténtico y valoran esto. En todo caso, el apoyo institucional es clave.

S: ¿Ha recibido señalamientos por ser un profesor que entiende y respeta la diversidad sexual y de género?

M.A.: Si una persona decide ser profesor y ama su carrera, significa que está dispuesta a apoyar, a escuchar y a aconsejar a sus estudiantes. Pero las preguntas de fondo son: ¿cuántos colegios están formando a su comunidad educativa en diversidad sexual y de género? Y ¿están los profesores capacitados para saber qué hacer cuando, por ejemplo, un estudiante sale del clóset con él o ella? (Ver: Colegios: les llegó la hora de reconocer la diversidad).

Yo entiendo que si ese estudiante decidió confiarme esa información, no tengo que obligarlo a que se la cuente a sus papás si no lo considera oportuno. Muchas veces el profesor le responde: “tienes que hablarlo con tus papás” o “tienes que decírselo al personal de psicología del colegio”. De ahí la importancia de tener unos lineamientos claros sobre cómo actuar en estos casos.

“Muchos profesores tienen un familiar o un amigo LGBTI y eso sensibiliza mucho sobre el tema. Lo sé por experiencia propia”.

Lo importante es tener presente que quienes juzgan o señalan la diversidad sexual y de género pueden aprender. Uno no es profesor solamente de los estudiantes a quienes les va bien académicamente sino de todas las personas que quieran -y necesiten- aprender. (Ver: Diversidad sexual y de génerlo: lo que se dice vs. lo que es).

Los contenidos curriculares son importantes, pero también trabajar en la inclusión. Por supuesto, para poder hacer esto, es fundamental sentir el apoyo de la institución y saber qué tan respaldado está uno legalmente. Pero cuando los estudiantes se sienten cómodos en su entorno, todo funciona mejor. (Ver: “La familia y la escuela, donde más se vulneran los derechos de niños y niñas”).

La educación debe ser incluyente en todo el sentido de la palabra, lo que implica revisar a profundidad las formas de evaluación, los currículos y cómo se forma a quienes se van a dedicar a ser profesores. Es entender que no todos los chicos aprenden y se comportan de la misma manera, que hay unos más visuales o unos menos hábiles socialmente, y no pretender que sean distintos.

Para Mauricio Arévalo es importante que los estudiantes aprendan a desarrollar un sentido crítico para que sean capaces de crear espacios de debate. Espacios para ser y desafiar.

S: En su etapa escolar, ¿vivió bullying por ser homosexual?

M.A.: A mí me molestaron mucho porque no me gustaba jugar fútbol debido al mandato social de que ese es el deporte de los hombres. Pero siempre tuve compañeros que decían que uno no debía molestar a otro por ser gay. A mí lo que más me costó fue no poder ser abiertamente yo durante tantos años: salí del clóset en undécimo.

Incluso, a veces era yo quien decía “ser homosexual es malo”, sabiendo que lo era, y eran mis amigos heterosexuales los que me cuestionaban: “eso no tiene nada” y escuchar eso me fortaleció.

“Los estereotipos que se presentan como verdades son muy peligrosos. Requiere tiempo y esfuerzo superarlos”.

Nunca nadie me dijo “eso está mal” o “usted es un pecador”, pero sí escuché comentarios que me infundieron miedo como “cuidado porque los homosexuales se mueren de SIDA” o “los gais se quedan solos para toda la vida” y como yo me identificaba de esta manera caía en esas generalizaciones. Cuando uno es chiquito se cree esos prejuicios y los guarda como verdades.

A mí ahora me preocupa mucho el cyberbullying, todo lo que pasa en las redes sociales. El primer reto es que los adultos sepamos qué hacen niños, niñas y adolescentes en el mundo virtual. (Ver: Acoso escolar virtual, ¿un mundo sin límites?).

Mauricio Arévalo: Inclusión LGBTI
Según Mauricio Arévalo, la inclusión debe ser una política del Ministerio de Educación para que la comunidad educativa aprenda a manejar la diferencia.

S: ¿Son las nuevas generaciones más abiertas a la diversidad?

M.A.: Depende mucho de la familia de cada niño, niña o adolescente. Es muy fácil reconocer lo que un estudiante repite de lo que escucha en su casa. El pensamiento crítico es una buena herramienta para que cada quien pueda reflexionar sobre por qué, por ejemplo, el papá o la mamá pueden pensar de una manera y él o ella de otra.

Mi experiencia docente ha sido con adolescentes y estoy acostumbrado al conflicto en el buen sentido de la palabra. O a esa idea de que el mundo no es como me lo pintaron o el mundo va más allá de las paredes que me construyeron en la casa o en el colegio.

“En el entorno educativo el pensamiento crítico es fundamental”.

Respecto a la orientación sexual y a la identidad de género, la clave está en que cada quien pueda ser la persona que es y amar tranquilamente. Y que si esto implica desafiar creencias de los adultos que los rodean, puedan hacerlo. Lo que niños, niñas y adolescentes sienten es lo que sienten y punto, y poder expresarlo y vivirlo permite que sean personas más felices y seguras. (Ver: “A mi yo de 12 años le diría: eres perfecta como eres”).

Para la mayoría de papás y mamás lo más importante es el bienestar de los menores, lo que implica entender que sus hijos/as viven en un mundo distinto al que ellos/as crecieron.

También es cierto que la exposición a la diferencia forma mejores ciudadanos, y niños, niñas y adolescentes deben tener la oportunidad de estar en contacto con personas distintas a ellos/as. Hay que buscarles esas posibilidades y enseñarles competencias que les permitan interactuar con la diferencia.

En Colombia todavía se utiliza la palabra “indio” con el ánimo de insultar a alguien o se sigue tratando a los niños en femenino como una manera de insinuar que son débiles. Tenemos todas las posibilidades de cambiar esto.

S: ¿Qué tanto ha afectado a la educación sexual, la idea de unos sectores conservadores de que existe una “ideología de género”?

M.A.: Es muy posible que lo que sucedió en 2014 con Sergio Urrego se haya presentado más veces en otros colegios, pero que no haya salido en medios. Pero esa historia, lamentablemente, fue un cimbronazo tan fuerte que cuestionó políticas excluyentes que estaban súper naturalizadas en los colegios. (Ver: Dos años después, Sergio Urrego vive).

Era común encontrar que los hombres no podían tener el pelo largo porque “eso no es de hombres” o que las niñas debían llevar la falda a cierta altura porque más arriba es indecencia. Ahora suele pasar que cuando estos abusos se hacen evidentes, viene la reacción de quienes se resisten al cambio. (Ver: Los pasos de gigante de la avanzada conservadora).

Esos eslóganes de “no te metas con mis hijos” parten de la idea de que los hijos les pertenecen a los papás. Lo más importante es mostrarles a esos niños, niñas y adolescentes que pueden ser lo que son, algo que a muchas familias les da miedo porque en ocasiones implica estar en contra de las creencias que les han enseñado. Las reta.

Sin embargo, hablar de que se quiere imponer una “ideología de género”, puede ser la excusa perfecta para dar un debate de fondo, que muchas veces papás y colegios prefieren evitar, sobre el tipo de educación que los menores deben recibir, la que realmente necesitan. (Ver: El género existe y no es una ideología).

“Todo esto de la llamada ‘ideología de género’ nos ha abierto las puertas para replantear de fondo la educación sexual en Colombia”.

El tema también está en que papás, mamás y educadores entiendan que una persona no le puede enseñar a otra a ser gay porque una orientación sexual no se aprende. Y que sepan, también, que la información que se le comparte a un niño de 5 o 6 años no es la misma que se le comparte a uno de 14 o 15 años. (Ver: Diversidad sexual y de género: lo que se dice vs. lo que. Parte II).

En todo caso, desde temprana edad se puede enseñar que existen las personas homosexuales, bisexuales, trans y heterosexuales para que desde chiquitos sean seres más empáticos, que entienden que la diferencia existe y que eso no es motivo para juzgar o señalar a otra persona.

“Brigitte Baptiste, una mujer trans, es la rectora de una universidad. No podemos pretender taparles realidades como esta a niños y niñas”.

Es claro que quienes se oponen a la diversidad sexual y a la igualdad de derechos están equivocados, pero no se puede desconocer que estas personas existen, y por eso es importante que estos debates se den en los colegios. Eso es producción de conocimiento que aporta a cambios estructurales. Y los cambios les asustan a los sectores tradicionales. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

Mauricio Arévalo: Inclusión LGBTI
“Cada vez vamos a ver a más parejas del mismo sexo matriculando a sus hijos/as en los colegios. Y esas familias también participan en el tipo de educación que quieren para sus hijos/as”.

S: ¿Cómo lograr manuales de convivencia que rechacen de manera explícita la violencia por orientación, expresión e identidad de género?

M.A.: Muchas veces, cuando se propone que los manuales rechacen de manera explícita la discriminación por orientación sexual e identidad de género, algunas personas preguntan “por qué”, argumentando: “yo no veo color de piel, ni orientación sexual ni identidad de género sino solamente personas” y “no es necesario señalarlo porque acá se respeta a todas las personas por igual”.

Entonces, ¿cuando una niña trans les diga a las directivas del colegio que no quiere usar el pantalón del uniforme ni que la llamen en masculino, lo van a hacer? Por eso es necesario especificar que el colegio respeta las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.

No se trata de ignorar las diferencias sino que no se conviertan en causa de señalamientos o tratos desiguales. Es aprender a ver los colores con equidad. Y más cuando uno está educando.

“Si en los manuales de convivencia no mencionamos el respeto por la orientación sexual y la identidad de género, no estamos siendo completamente incluyentes”.

La mayoría de quienes reconocen su identidad de género trans lo hacen desde temprana edad, así aún no conozcan la palabra “trans”. Asimismo, el despertar emocional y sexual ocurre durante la etapa escolar, no en la universidad. Por eso es importante que las palabras específicas -no las generalidades- estén en los manuales de convivencia. (Ver: Orgullosamente trans).

Los cambios culturales toman tiempo. Pero yo me gradué del colegio en 2005 y ya he visto cambios importantes en las instituciones educativas porque las generaciones han cambiado y los papás y las mamás actuales son distintos a los nuestros.

De hecho, hay unos/as que preguntan: “¿cómo manejan acá la educación sexual o la formación en diversidad sexual?” O por qué sus hijos/as no tienen un solo compañero afro o cómo enseñan sobre desarrollo sostenible y emprendimiento. Es fundamental que papás y mamás hagan esas preguntas.

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2 Comentarios

  1. ¿Por qué no mencionar el colegio?…Seguramente porque es un colegio de élite, en el cual este tipo de conversaciones no chocan con condiciones socioeconómicas paupérrimas. Me gustaría leer iniciativas en las que los profesores observan situaciones de extrema pobreza, miseria, y pobrísimo capital cultural. Sería mucho más ingenioso. Por supuesto que la discriminación es un fenómeno transversal a las clases sociales, pero en las clases altas, desconectadas del conflicto y la extrema necesidad que viven la mayoría de los estudiantes, este tipo de conversaciones se facilitan mucho más.

    • Hola, gracias por comentar. Justamente hace unos días compartimos una entrevista que le realizamos al profesor Luis Miguel Bermúdez, docente en un colegio público, quien menciona parte de lo que acá señalas. ¡Saludos!

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