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Me siento fea

Me siento fea, ¿qué hago?

Para que la insatisfacción con el físico no se convierta en una obsesión ni en una tortura, el paso a seguir es trabajar en los vacíos internos detrás de esa relación con el cuerpo. Aunque el problema parece externo, es interno.

Sentir incomodidad con el físico que se tiene, no es un tema menor. Primero, porque puede llevar a que la persona destine buena parte de su tiempo intentando ocultar lo que no le gusta, evite participar en actividades sociales y acuda a dietas restrictivas por la asociación que socialmente se ha hecho entre “delgadez” y “belleza”. (Ver: “Soy fea”).

Una de las primeras señales de alarma de que se tiene un problema al respecto, es cuando principalmente niñas o adolescentes -porque la insatisfacción aparece desde muy temprano- empiezan a decir: “me siento diferente”, “en mi curso no me quieren, ¿será por gorda?”, “me tengo que arreglar más para gustarles a otros” o “¿será que me rechazan por fea?”. (Ver: Cuando el mundo se divide entre bonitos y feos).

Otras veces la persona empieza a preguntarles con insistencia a quienes le rodean: “¿te parezco atractiva?” o “¿será que me pongo Botox?”. O también a comentar que quiere, por ejemplo, unos glúteos más grandes y definidos, pero sin pasar años en el gimnasio. Y acude a prácticas o procedimientos estéticos o quirúrgicos para intentar ajustarse, rápidamente, a ese estereotipo físico. (Ver: 90-60-90 suman 240).

En otros casos puede decir: “siento que mi pareja ya no me mira igual” y asume que esto cambiará si acude a este tipo de intervenciones.

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“Nos cuesta mucho pararnos desnudas frente al espejo, un ejercicio muy bonito de reconocimiento y de amor”, Isabel Cristina Sánchez, psicóloga.

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Muchas veces son personas que si un día no pueden hacer ejercicio, sienten angustia y no dejan de pensar en eso. O se sienten mal si en un cumpleaños se comieron una tajada de ponqué. O si un día no pudieron arreglarse como siempre porque creen que la gente las va a ver menos por eso. “Todos estos son indicadores de que algo está pasando”, señala Ana María Torres, psicóloga, psicoterapeuta y consteladora familiar. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

Lo que suele haber detrás de esas historias de inconformidades con el físico son frases que la persona escuchó en su infancia o adolescencia por parte de papás, mamás, abuelos, tíos o de su círculo más cercano, tales como: “¡con ese pelo suyo, mijita, no hay nada que hacer!”, “con esa nariz le va a quedar duro conseguir pareja” o “venga a ver cómo le disimulamos esas orejas”. (Ver: La obligación de ser “bonita”)

Para evitar que el físico se convierta en una obsesión, el trabajo debe empezar desde temprana edad. El primer paso, fortalecer la autoestima de niños y niñas, teniendo en cuenta que esta se va construyendo en las primeras interacciones y experiencias con la mamá, el papá, los abuelos o el círculo más cercano del menor.

“Muchas mujeres tienen una relación difícil con su cuerpo por sobrepeso, porque no se sientes sexis, por su pelo o por el color de su piel. El nivel de exigencia social que viven ellas es determinante en esto”, Ana Lucía Jaramillo, psicóloga.

Si en esas primeras interacciones la niña, por ejemplo, se sintió rechazada, que nadie acudió a ella cuando lo necesitó o donde todo el tiempo le decían: ‘usted no es bonita’ o ‘usted debería ser diferente’, esta información se almacena y se refleja en la adolescencia, etapa en donde se ven los aprendizajes que hubo en la familia y en donde el qué dirán importa mucho”, explica Maryi Andrea Rincón, psicóloga clínica, con una maestría en sexología clínica y un doctorado en ciencias humanas y sociales.

De ahí que en esta etapa de la vida sea fundamental que las personas sientan libertad de hablar de lo que sienten, quieren y piensan. “También es clave permitirles ser. Si se quieren pintar el pelo de morado o poner un piercing, dejarles, validarles como son”, agrega Isabel Cristina Sánchez, psicóloga, con un máster en Intervención Psicosocial con línea de investigación en género.

Otro aspecto fundamental para fortalecer la autoestima es compartir tiempo de calidad con los hijos e hijas, escuchar qué les pasa, tener actividades en familia y hacerles sentir importantes para ese entorno.

También, procurar espacios amorosos, libres y seguros donde cada quien se sienta valorado como es. Si la persona tiene buenas relaciones en su hogar, eso será lo que replicará por fuera”, afirma Sánchez.

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“Los medios y las redes sociales idealizan físicos tan poco susceptibles de ser alcanzados que se vuelve un tema muy complicado”, Juanita Gempeler, psicóloga.

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Otro aspecto importante son las expresiones de afecto, el contacto físico, validar las cualidades y fortalezas de los menores y decirles lo bueno que les ven, más que centrarse en lo que les falta. Es clave respaldarles cuando algo les angustia o les da miedo, reconociendo sus sentimientos.

Un aspecto más es que papás y mamás estén atentos a lo que les pasa a sus hijos e hijas en el colegio y a la relación que establecen con sus pares y profesores porque esto también influye en la autoestima. “Si la niña o el niño está viviendo bullying, no hay que decirle: ‘¡defiéndete como puedas!’, sino revisar qué hay de fondo y que el menor se sienta acompañado y respaldado”, agrega Torres. (Ver: Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino).

Según Juanita Gempeler, psicóloga clínica especializada en terapia cognitiva comportamental y quien trabaja en Equilibrio, programa dedicado a los trastornos de la conducta alimentaria, afectivos y de ansiedad, un tema importante es no “marcar” el cuerpo con frases tipo: “¡cómo eres de linda!” hasta “¡cómo eres de fea o de gorda o de flaca!” porque se hace énfasis en las características físicas como si fueran un referente de valor o como si existiera un modelo al cual ajustarse.

Es fundamental que papás y mamás no hagan énfasis en si su hija está gorda o flaca, en si ganó o perdió peso, algo que con frecuencia pasa.

Lo más recomendable, agrega, es exaltar las características físicas de manera funcional, algo así como: “tú que tienes tanta fuerza, ven y me ayudas” o “tú que eres bien elástica, métete acá debajo”.

No se trata de no hablar del físico porque este no puede ser un tema tabú, pero hacerlo valorando las características de cada quien. Eso ayuda a que la persona no se enrede con su cuerpo”.

También, decirles al niño o a la niña que tiene el pelo crespo: “ven y buscamos que tus crespos se vean divinos”. Si son lisos, “ven y buscamos el mejor peinado para ti”, sin pretender cambiarlo.

La marcación del cuerpo también se hace, por ejemplo, cuando a una niña o un niño toda la vida les han dicho que son divinos, que tienen los ojos hermosos, la cara más linda y de repente cambian y ya nadie les dice nada. Les resulta complicado no poder mantener lo que en un momento dado les fue tan valorado.

Muchas veces nos enfocamos en el físico cuando podemos enfatizar en otras capacidades y fortalezas como la inteligencia, la creatividad o la habilidad con los números, por ejemplo”, señala Ana Lucía Jaramillo, psicóloga clínica y profesora de la Universidad de los Andes.

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“La idea no es que nos fascinemos, la idea es que nos aceptemos y aprendamos a leer en nuestros cuerpos nuestra historia familiar”, Juanita Gempeler, psicóloga.

Yo una vez le compré un vestido a mi hija, amarillo, espectacular y, cuando se lo ponía, no podía gatear. Me di cuenta de que hasta en las cosas más insignificantes les enseñamos a las mujeres a relacionarse con su propio cuerpo, limitándolo. Algo así como ‘para que te veas bonita, entonces no puedes jugar’. Y péinate y sé delgada”, afirma Ángela María Báez Silva, filósofa y psicóloga, con maestrías en literatura feminista y en Biología Cultural. (Ver: Juguetes sin barreras de azul ni rosado).

También es clave, desde temprana edad, hablarles a niños y niñas de los discursos que socialmente se imponen sobre cómo deben ser los cuerpos, porque además de ser injustos, muchas veces les impiden sentirse a gusto con ellos mismos.

Es importante que papás y mamás o el círculo más cercano del menor sean muy conscientes de los comentarios que hacen sobre los cuerpos de otras personas a la hora de ver televisión o cuando van por la calle”, afirma Jaramillo.

Niños y niñas aprenden observando y escuchando. Por ejemplo, pueden ver que su mamá se arregla mucho porque cree que esa es la manera de ser aceptada. “También están las palabras que los adultos usan o la manera como se relacionan con la comida”, añade Jaramillo.

Desde la infancia se hace énfasis en la belleza física como un supuesto valor de las mujeres.

Un aspecto clave, señala Ángela María Báez Silva, es exponer desde temprana edad a niños y niñas a la diversidad estética existente y hablar de esta variedad. “Yo me he dado cuenta de que mi hija ha empezado a valorar más a las mujeres blancas de ojos claros y a descartas otras posibilidades”.

En conclusión, para fortalecer la autoestima desde temprana edad es fundamental: 1. Revisar cómo los adultos cercanos a los menores se relacionan con su propio cuerpo y cómo se refieren al de las otras personas delante de ellos. 2. Reforzar y reconocer lo positivo y las habilidades de cada quien. Y 3. Explicarles a niños y niñas que los discursos sobre la “perfección física” no son ciertos.  

Para Ana María Torres, el paso a seguir cuando una persona siente inconformidad con su físico es intentar mirar cuál es su verdadero vacío interior, qué le está haciendo falta en realidad y desde hace cuánto y con quién empezó esa sensación, para trabajarla en donde es, que puede ser en la relación con la mamá o con el papá.

“El concepto de belleza cambia cuando uno empieza a mirarse adentro y descubre lo que en realidad tiene que sanar”, Juliana Reina, economista.

Mientras las personas más se familiarizan con su mundo interior, más desarrollan una relación de afecto consigo mismas y pueden empezar a tener más gestos de amor propio y a hacerle contrapeso a lo negativo que les pasó y a dejar de pensar que fue su culpa porque había algo malo en ellas”, agrega Torres.  

Entonces, cuando salga ese niño o niña interior atrapada en el pasado, diciendo: “haces las cosas mal”, puede surgir otra voz señalando “no es verdad, no hago las cosas mal”. Así, poco a poco, esa voz irá tomando fuerza recordando todo lo bueno y lo bonito de la persona y fomentando esa relación de amor consigo misma.

El reto, señala Gempeler, es aprender a vivir con el cuerpo que se tiene y saber que uno se va a parecer a papás, hermanos, primos y abuelos en la estatura, en la forma del cuerpo, en si tiende o no a subirse de peso o en el color de los ojos o del pelo porque son características genéticas.

Una persona puede llevar una alimentación balanceada y hacer mucho ejercicio y el cuerpo que resulte de estas prácticas será el de ella, no el que quiera tener, sino el de él o ella”.

Desde la infancia muchas veces se hace énfasis en la belleza física como un valor de las niñas tal como la responsabilidad o la honestidad.

Hay personas que dicen: “a mí no me gusta mi cuerpo”. “Ante eso, la respuesta es: ‘puede que no te guste, pero esta eres tú. Miremos cómo puedes sentirte lo más cómoda posible porque el objetivo es aceptarnos como somos incluido lo que no nos gusta y aprender a vivir con eso”, agrega Gempeler.

Este mensaje, por supuesto, tiene que coincidir con el que envía el círculo más cercano porque si, por un lado, a la persona le están hablando de la importancia de aceptarse, pero por otro escucha que estas mismas personas se preguntan: “¿cómo hago para que mi piel sea más blanca o mi pelo más liso?”, estaría en contravía del mensaje de que uno es valioso como es. Y esta es la realidad. 

“Es importante evitar poner sobrenombres basados en el físico”, Juanita Gempeler.

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Este especial fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung Colombia.

One thought on “Me siento fea, ¿qué hago?

  1. Hola mi nombre es anggie este artículo me hizo llorar me siento igual habeses no tengo ni ganas de salir por miedo a que me critiquen y me digan cosas orioles como lo dice mi familia boy todos los días a hacer ejercicio y siempre que boy me siento tan triste y deprimida por qué hay muchas chicas hay que son delgadas y me miro a mi y no lo puedo creer que soy un monstruo .

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