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#MeGustanTrans: En mitad de la noche me dijo “soy trans”

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Hablábamos por teléfono noches enteras. Pero él era muy reservado con su imagen. Me prometí que en todo caso conocería a la persona de verdad, al ser humano, hasta que un día me dijo “soy trans”. #MeGustanTrans. 

Por María.

Me gustan trans
Aunque había oído hablar de las personas trans nunca había conocido alguna y tenía, en mi desconocimiento, un montón de ideas falsas sobre ellas. Foto: Felipe Alarcón para Sentiido.

La gente no suele entrar a un foro digital de historia a levantar pareja. Yo tampoco. Pero necesitaba resolver unas dudas y apenas hice clic me llamó la atención uno de los foristas: su forma de expresarse, sus ideas, lo que sabía… Seguía sus hilos de conversación e intervenía, dando mi opinión o contando lo que sabía.

Yo estaba fascinada con él, pero no pensaba que aquello pudiera ir más lejos. Sin embargo, ocurrió: me escribió por privado. Hablábamos en el foro con los demás y teníamos nuestras conversaciones privadas que seguían girando sobre historia.

Sí, sentía mariposas en el estómago cada vez que recibía uno de sus mensajes. Ya me había dado cuenta de que aunque amable y espontáneo con todo el mundo, era una persona muy reservada con su vida. Por eso casi no puedo creer cuando me propuso intercambiar correos y ¡números de teléfono!

Recuerdo la primera vez que me llamó. Mi hijo estaba con su padre ese fin de semana. Hablé tan deprisa, de puros nervios, que no me entendió nada. Aún nos reímos de aquella primera vez. Desde entonces, las conversaciones se hicieron más frecuentes e íntimas. Una de las primeras informaciones personales que él me compartió fue cuánto medía. Soy una mujer alta y supe que existía una diferencia de talla entre nosotros.

“Cada información que me daba era para mí un tesoro, algo que me permitía conocerlo mejor”.

Todo aquello avanzaba muy rápido. ¡Yo tenía tanto miedo de que desapareciera! Desde que me había divorciado, un montón de años antes, mi vida había girado en reconstruirme, en buscar una situación económica estable y en sacar a mi hijo adelante. A esas alturas sabía perfectamente que no necesitaba una pareja. Estaba bien sola… Pero no quería que se fuera.

Llegaron las fiestas de fin de año. Empezamos a pasar noches enteras hablando por teléfono. Pero era muy reservado con su imagen. Nada de cámara, sólo voz. Sin embargo, le envié una foto mía y a cambio recibí, sorprendentemente, una suya. El momento de descargar el archivo fue de mucha emoción. Me di cuenta de que en una relación así fantasear sobre el otro, creando una imagen idealizada, es muy fácil. ¿Qué iba a encontrar?

Ponerle cara era encontrarme con el hombre real. Me prometí que conocería a la persona de verdad, al ser humano, con sus cosas buenas y malas, como las tenemos todos. Hice clic. Vi un hombre de mediana edad que irradiaba toda la bondad y la serenidad que yo había percibido en nuestras conversaciones.

Y sí, también me pareció atractivo. La intimidad entre los dos iba cada vez más lejos. Una de tantas noches en la que habíamos hablado por teléfono y que nos quedábamos dormidos de puro agotamiento, me desperté de golpe al oír el móvil vibrar. Él acababa de soñar que me buscaba sin encontrarme por una ciudad desconocida. Quería verme por cámara. ¿Qué? ¿En pijama? ¿Con el pelo revuelto? Decidí no preocuparme y conectarme. Era un paso más.

No recuerdo en qué momento hablamos de nuestros sentimientos. Sentía que me quería como yo lo quería, pero también percibía que deseaba estar conmigo y que algo lo frenaba. Aunque seguíamos hablando.

“Tengo esa época como una nebulosa, entre la emoción de conocer a alguien y dormir poco”.

No sé cómo surgió la idea de vernos desnudos. Yo lo deseaba mucho y un día quedamos en encontrarnos. Recuerdo que me decía “mi cuerpo no es como el de los demás”. Todo lo justifiqué en asuntos de complejos. Hasta que poco antes del “gran día”, en mitad de la noche, me dijo: “soy trans”. (Ver: Diferentes formas de ser trans).

Recuerdo muy bien ese momento y cómo esa información sacudió mis neuronas. Acudieron a mi mente un montón de pensamientos, todos al mismo tiempo: “es el hombre al que amo y todo lo demás da igual” o “¿qué pasará cuando nos veamos desnudos?”. Pero sobre todo fue darme cuenta de que aunque había oído hablar de las personas trans, nunca había conocido ninguna y tenía, en mi desconocimiento, un montón de ideas falsas sobre ellas. (Ver: Conocer personas trans).

Darme cuenta de que su cuerpo desnudo me atraía, que me gustaba tal y como era fue cuestión de un segundo, nada más quitarse la ropa. Desmontar las ideas falsas y cuestionarme mis creencias fue un trabajo más largo, pero no por ello menos gratificante. Aún sigo en ello. Ya llevamos casi dos años juntos.

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