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Mónica Fonseca

Mónica Fonseca: si nos sumamos a las causas LGBTIQ, el mundo será mejor

La periodista y podcaster Mónica Fonseca asumió como una de sus causas de vida crear puentes para que más gente aprenda sobre feminismo y diversidad sexual.

Hace unos años cuando la periodista y podcaster Mónica Fonseca vivía en Colombia –ahora vive en California (Estados Unidos)– vio en un chat que una mamá indignada decía: “¿cómo les parece que una profesora me escribe ‘todes’? ¡Es el colmo que estén adoctrinando a nuestros niños de esa manera!”. La mayoría de mamás del chat estuvo de acuerdo con ella. (Ver: Lenguaje incluyente para todas, todos y todes).

Mónica intervino: “Es muy posible que en ese salón haya uno o varios estudiantes no binarios (que no se identifican ni como hombre ni como mujer), cuyo pronombre sea elles y por fin una profesora quiere incluirles y decirles que está bien ser como son. Esos estudiantes, además, pueden ser nuestros hijxs. Es bueno saber que les respetan”. (Ver: Ni hombre ni mujer: persona no binaria).

Más adelante, la “mamá indignada” le escribió a Mónica para decirle que cada vez estaba sintiéndose más cómoda con el lenguaje incluyente porque estaba entendiendo su importancia. Mónica aprovechó para agregarle: “fue a nosotras a quienes nos adoctrinaron asumiendo el ‘todos’, masculino, para nombrar a todas las personas. Durante años yo solamente utilicé el ‘nosotros’ que no me incluía ni tampoco a las personas no binarias”. (Ver: Existencia y resistencia no binaria: consejos para aliados).

Mónica Fonseca es periodista y podcaster. Está casada con el actor y productor Juan Pablo Raba y es mamá de Joaquín de 9 años y de Josephine de 3 años.

“Tenemos una gran misión con las infancias: que vayan más allá de lo que nosotras aprendimos”, Mónica Fonseca.

Lo que más le gustó a Mónica de esa situación fue saber que hay personas dispuestas a aprender de temas de los que antes no se hablaba. Ser mamá, dice, le ha enseñado, entre muchas otras cosas, a ponerse en los zapatos de quienes son papás y mamás, antes de juzgarlos. También, a hacer más visibles temas que se creen invisibles, como las identidades no binarias. “Como mamás tenemos que desaprender muchas cosas que aprendimos”. (Ver: Nix: mi lucha es ser yo, mi esencia).

Hay periodistas que le dicen: “yo no puedo con el todes”, frase que a Mónica no le molesta. “Por el contrario, quiere decir que algo le está haciendo cortocircuito a esa persona, que al menos se está preguntando sobre temas que antes simplemente ignoraba”. (Ver: “Yo no soy gay, soy marica, una loca de Montería”).

De hecho, ella muchas veces saluda a un auditorio diciendo: “todos, todas y todes” y no falta quienes le dicen: “Mónica con el todos es suficiente”. Pero su respuesta es: “déjenme incluir a todas las personas y respetar los pronombres de cada quien”. (Ver: Jess: soy yo sin pedir permiso ni dar explicaciones).

Poner estos temas sobre la mesa, abrir la conversación, escuchar y resolver dudas, agrega, son gestos que podrían tener no solamente las personas LGBTIQ sino todas las que consideran que la igualdad no es un asunto de “minorías”, sino de construir un mundo mejor para todas las personas.

Esta es, justamente, una de las causas que Mónica asumió, particularmente a través de sus redes sociales, teniendo en cuenta que su audiencia es más tradicional y que ella podría lograr que más gente aprenda sobre feminismo y diversidad sexual y de género. “Me gusta la idea de crear puentes a través de la comunicación para llegarles a las personas que les cuesta entender el tema”. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

En ocasiones hay quienes le dicen: “Moni, tú tan especial entrevistando a personas trans”. Ella responde: “¿por qué te parece eso especial?”. “¡Pues por darles la oportunidad!”. “La oportunidad me la estoy dando yo de aprender de su vida y de su conocimiento. Para mí la posibilidad de hacer lives y de entrevistar gente, es como ir a una clase”. (Ver: 6 respuestas para los opositores a la educación sexual).

Es más, dice, la conversación en estos temas debe partir de que no hay un “ellos” (las personas LGBTIQ) y un “nosotros” (quienes no lo son), como muchas veces se asume cuando se habla de “LGBTIQ”, sino entendiendo que la palabra “diversidad” engloba la amplia diversidad que existe entre los seres humanos.

Lo que no es normal es que en algún momento nos hayan dicho que el mundo es blanco o negro, desconociendo los colores. Los seres humanos fluimos, nos movemos, somos organismos vivos”. (Ver: “Me liberé del género”).

A ella, dice, muchas personas pueden ponerle las etiquetas “heterosexual” y “cisgénero” por lo que ven. “Pero nadie tiene idea de quién soy o de cómo me identifico hasta que yo lo digo. La conversación no es lo que la otra persona asume de mí sino lo que yo soy en realidad. A mí no me interesa asumir nada de nadie sino conocer quién es cada quien”. (Ver: Diversidad sexual y de género: lo que se dice vs. lo que es – I parte).

“El feminismo debe ser transversal en la vida”.

“En mi casa, la diversidad y la diferencia siempre se han celebrado”.

Su visión de mundo viene de su casa. “Mi mamá murió cuando yo era muy chiquita, pero recuerdo a mi papá enseñándome lo que debía aprender sobre educación sexual en cada etapa de mi vida”. Ya más grande, él le contaba que cuando su mamá falleció tuvo algunas novias antes de casarse nuevamente y que una de ellas le terminó porque se había enamorado de otra mujer. Mónica lo entendió perfectamente. (Ver: La educación sexual es un proceso, no una charla de un día).

Su papá aprovechaba esas conversaciones para contarle que una prima suya era lesbiana o que tal otra persona de la familia era gay. “La educación, las emociones, mis sentimientos, mi sexualidad, eran temas importantes en mi casa”. Por esto para ella nunca fue un tema si una persona era o no LGBTIQ. De lo único que ha tenido que aprender es sobre identidades no binarias porque, aunque estas personas siempre han existido, el concepto es relativamente nuevo. “Y en mi familia, como en muchas, también hay personas no binarias”. (Ver: Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer).

También le enseñó sobre diversidad vivir de cerca el tránsito de género de su amiga Ophelia Pastrana. “Fue muy bonito ver su renacer. También conocí el tránsito de otra persona de mi infancia. Fue muy especial reencontrarnos porque nada cambió, solo que ya no era un músico sino una música. Y en mi casa está muy claro que cada quien es como se presenta. Mis hijos viven rodeados de la diversidad propia de la realidad”. (Ver: “Una mujer más, eso es todo lo que quiero ser”).

Sus hijos Joaquín, de 9 años, y Josephine, de 3, le han permitido a Mónica fortalecer sus conocimientos sobre diversidad. Por ejemplo, cuando Joaquín estaba en kínder tenía una compañera que, con tres años y medio, no se identificaba con nada femenino, así cuando nació le dijeran que era una niña y se esperaba que le gustara todo lo que se considera “de niña”. (Ver: El género desde una perspectiva trans)

Lo que habría pasado 10 o 20 años atrás es que sus papás le habrían obligado a hacer lo que el statu quo dice, pero acá fue diferente. Los papás le permitieron ser. Finalmente, ¿quiénes somos los adultos para obligar a otra persona a ser quien no es?”. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBTIQ”).

Situaciones como estas le han enseñado a ella y a su familia a ver más de cerca la diversidad del mundo. “Por supuesto, vivir en California marca una gran diferencia porque acá es natural ver a dos mamás o a dos papás con su hijo. No sienten que tienen que esconderse. Mi hijo estudia con hijas e hijos de dos papás o dos mamás”. (Ver: Madre no hay sino dos y Matías lo sabe).

Además, Joaquín tiene el pelo largo como la mayoría de sus compañeros. “Y le pasa que cuando está fuera de Estados Unidos, le dicen: ‘mija’ o ‘niña’ porque en muchos países está el mandato de que los niños llevan el pelo corto”.

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“Me parece sensacional que cada vez existan más plataformas feministas. Nos ayudan a formarnos opiniones fundamentadas”.

Algo que Mónica tiene muy claro es que no es obligación de las personas LGBTIQ enseñar sobre diversidad sexual y de género o resolver las dudas de todo el mundo. “No podemos coger a la gente como si fuera un alien o un marciano para que nos explique quién es. Si la persona está dispuesta a enseñar qué es ser una persona no binaria, ¡qué maravilla! Pero esto no significa que permanentemente nos tenga que explicar todo. Podemos buscar la información. No es tarea de los grupos LGBTIQ, necesariamente, educar sobre el tema”.

Las personas que hacen activismo, dice, no son bibliotecas andantes. “Si alguien genuinamente pregunta ‘qué es cisgénero’ y uno tiene la información, puede explicarlo. Aunque, por supuesto, cualquier persona puede googlear”. Cuando Mónica puede y siente que tiene el conocimiento suficiente, intenta resolver las dudas que identifica porque quiere aprovechar esa oportunidad. (Ver: Cómo y para qué apostarle al activismo)

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Mónica tiene una visión de mundo progresista a pesar de que creció asistiendo a misa todos los domingos y una vez por semana en el colegio. Además, como se sabe, la posición oficial de la Iglesia católica no es muy amigable con la diversidad sexual y de género. Pero ella aprendió un catolicismo en el que caben todas las personas y en el que la base es el respeto por el otro, sea quien sea, y no solo por quien uno percibe igual a uno. (Ver: ¿A quién hay que pedirle permiso para amar a Dios?).

Mi abuela, una mujer muy católica, me enseñó a ver a Jesucristo como una persona compasiva y empática y a aprender que la Biblia está compuesta de interpretaciones hechas por seres humanos, pero que el mensaje central del cristianismo es el amor”.  (Ver: La Biblia no discrimina pero sí las interpretaciones fuera de contexto).

“No hay preguntas bobas. Y ojalá las respuestas se hagan con amor. En temas de diversidad y género hay mucho mucho por aprender”.

Mónica Fonseca
“Mis hijos viven rodeados de la diversidad propia de la realidad”, Mónica Fonseca.

Mónica creció con mucha libertad porque en su casa la palabra “libertad” nunca fue vista como un problema o una amenaza. “Yo no crecí pidiéndole permiso a mi papá para ir a una fiesta y que él me respondiera: ‘sí, pero si sacas buenas notas’. Yo le contaba a dónde iba, me pedía el teléfono de la persona con la que iba a estar y ya. Siempre le decía la verdad. Una vez le dije una mentira, él se dio cuenta y me recordó: ‘yo soy tu papá, no hay necesidad de esto’”. (Ver: “Dejemos que nuestros hijos vivan su vida y no nuestros sueños”).

De su época de colegio recuerda que creció con compañeras lesbianas y otras que se salían de lo que se considera “debe ser” una mujer, quienes no podían expresarse libremente, un tema que muchas veces el colegio no supo cómo manejar. (Ver: Hay muchas formas de ser mujer).

Ahora, de adulta, también ha entendido que a pesar de todas las oportunidades que ha tenido en la vida, ha pasado como la mayoría de mujeres por situaciones que la limitaron. Entonces, “¿cómo no me va a importar que otras mujeres pasen por el doble o el triple de lo que yo viví?”. (Ver: Decir “no”: un privilegio de los hombres).

“Me encanta saber que hay empresas llamado a gente experta para que les enseñe y asesore en sostenibilidad, diversidad, inclusión y género”.

“No hay que ser LGBTIQ para sentir conexión con esta causa”.

Por esto le parece fundamental que las mujeres trans participen en los espacios y discusiones feministas. “Me cuesta creer que haya mujeres que quieran negarles ese espacio replicando la historia de exclusión que vivieron las mujeres afro y lesbianas. Es bueno recordar que el feminismo no busca la equidad de ‘unas’ mujeres, sino construir mejores sociedades para todas las personas”. En ese sentido, también le parece clave sumar más hombres aliados para, en últimas, educar infancias que entiendan conceptos como equidad e igualdad. (Ver: Gloria Careaga: el feminismo transformó mi vida).

Sabe que, para algunas personas, los reclamos feministas y LGBTIQ les resultan agresivos, pero para ella lo realmente importante es entender su mensaje. “‘Es que gritan mucho’, dice la gente. Bueno, es que no nos han oído por años, entonces es necesario alzar la voz”. (Ver: Feminismo: Lo que se dice vs lo que es).

También le parece que cualquier persona, independiente de su orientación sexual o identidad de género, debería poner estos temas en conversaciones cotidianas. “Empezando por las personas que tenemos más cerquita. Este el primer paso para sumar más voces aliadas. De hecho, cómo no sumarse a las causas LGBTIQ conociendo tantas historias de personas que no pueden vivir como son porque a su familia ‘no le parece’. La causa LGBTIQ nos compete a todas las personas para construir un mundo mejor. El argumento va más allá de ‘tenemos que pensar en los demás’ o ‘amar al prójimo’, es que si nos sumamos a la causa LGBTIQ, vamos a estar en un mejor lugar”. (Ver: Diálogo entre opuestos, ¿cómo lograrlo?)

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