Nuestro sitio usa cookies de terceros para permitirnos elaborar estadísticas sobre las visitas y gestionar el envío de nuestras newsletter. Más información aquí.
ACEPTAR
Nix

Nix: mi lucha es ser yo, mi esencia

La primera salida del clóset de Nix fue para decir que le gustaban los hombres. La segunda, cuando empezó a usar vestidos y, la tercera, para decir “soy todo lo que se me dé la gana y no me jodan”. Más que masculino o femenino, Nix se reconoce muy arcoíris. Especial de Sentiido #SoyYo.

Nix empezó su vida escolar en un colegio de monjas, en el mismo en el que estudiaba su hermana Gia, justo el año en que el colegio se volvió mixto. Pero solo entraron tres hombres, así que Nix estaba en su salsa, finalmente su familia es un matriarcado y siempre se sintió una más.

Eran los tiempos en los que Nix era una persona extrovertida y relajada. “Yo le decía tranquilamente a otra niña: ‘tú no bailas bien’ o ‘tú eres chévere’”. Pero el karma existe, dice, y cuando su mamá decidió cambiarlo a un colegio masculino en el que llevaban un par de años admitiendo mujeres –no eran más de cinco por salón– la historia cambió: apareció el bullying. Pero el que vivió, dice, no fue nada comparado con el de un compañero al que tiraron por las escaleras. Con Nix estaban los comentarios burlones: “¿por qué hablas o caminas así?”, mientras lo imitaban. (Ver: Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino)

Nix no le prestó mayor atención a la situación hasta que la niñera de una amiga suya empezó a llamar a su mamá para decirle que, en el colegio, “su niño se la pasa con niñas y se mueve raro”. Desde entonces, “no te pares así” y “no te muevas así”, fueron frases que Nix escuchó muy seguido de su mamá, quien decidió inscribirle en clases karate. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

“El autoconocimiento debería ser una materia en el colegio para entender lo que uno siente sin miedo ni tabú”.

Esto fue el sufrimiento total, pero, aun así, se ganó el premio a mejor karateca en un campeonato en Cuba. “Yo, la florecita del bosque, me esforcé mucho por hacerlo bien. Lo sufrí, pero me dio disciplina”. Todo esto en Venezuela, donde Nix nació y creció, aunque sus papás son colombianos. “Yo me crié entre Caracas, el Caribe y Las Antillas”.

Ante la “policía del género” que vigilaba cada uno de los movimientos de Nix, el paso a seguir fue inscribirse en el equipo de fútbol del colegio. “Eso fue un desastre porque no me gusta ese deporte y por más esfuerzo que hacía, no le pegaba a una. Además, mi colegio era muy bueno en fútbol y, en una final, metí un autogol y el equipo perdió. El entrenador empezó a gritarme, mi mamá bajó a pelear con él. Uno termina creciendo con miedo a todo”.

Pasó, entonces, por una etapa de aislamiento, de darse palo y de cero autoestima. “Tenía una actitud de no me miren, no me hablen. Y por supuesto, no tenía amigos”. Su mamá no sabía qué hacer. “Yo nunca quise ponerme ni la ropa de mi hermana ni la de mi mamá y seguramente ella decía: ‘bueno, al menos no se quiere vestir como mujer’. Yo tenía carritos y a veces jugaba con ellos, pero me aburría rápido y me iba a jugar con las barbies de mi hermana. También amaba a mi Pequeño Pony y a Rosita Fresita y en los videojuegos siempre escogía ser la princesa”. (Ver: Ni hombre ni mujer: persona no binaria).

Era entonces cuando su mamá se estresaba y le decía: “no, como hombre”. Y Nix pensaba que, si ella se lo decía, era por algo. Tampoco tenía las herramientas para responder: “yo soy así y punto”. Pero llegó un momento en el que sintió tanta presión que decidió ignorar el tema y dedicarse de lleno a su gran pasión: la naturaleza. “Desde muy chiqui tuve claro que yo quería trabajar en pro de la naturaleza”. Y aunque no fue muy cercano a su abuelo, se parecen mucho. “Siento que tengo que terminar una tarea que él empezó cuando trabajó con sanación de plantas en el Chocó”.

Así, una vez se graduó del colegio, Nix se fue a vivir a Bogotá. Estudió Biología en la Universidad de Los Andes, donde también hizo teatro y vio materias de antropología, arte, ingeniería ambiental y lenguajes y estudios socioculturales. Apenas se graduó, se fue a París a estudiar pastelería, otra de sus pasiones.

Su hoja de vida también incluye haber trabajado con Jane Goodall, la inglesa pionera en el estudio de chimpancés. “Es una mujer de una gran sabiduría y con la que estoy en contacto permanente, al punto de que una vez nos pusimos a tomar juntos en Santa Marta”. Nix trabajó en Colombia para la organización de Goodall, pero percibió tantos egos que no se sintió gusto. “Yo vengo de un contexto mulato, mestizo, donde no nos importan los apellidos sino lo que cada quien sea y sus ganas de hacer cosas”.

“Siempre me pareció que las niñas podían hacer cosas más chéveres que los niños”.

Nix
A veces mi papá no sabe cómo dirigirse a mí, pero así llegue vestido como sea, nunca me dice nada porque él es de la política de que cada quien viva como prefiera”.
Cómic: Matildetilde para Sentiido.

“Lo que uno espera de la vida no se lo va a dar una ley o una organización. Así suene cliché, si uno quiere ver un cambio, uno tiene que ser ese cambio”.

Así que renunció y se fue a Australia a visitar a su hermana. Y estando allá se volvió vegano. En 2016 regresó a Colombia y con una amiga empezaron a vender postres y yogures veganos en el Parque El Virrey en Bogotá. Un día, alguien le invitó a formar parte de un mercado orgánico y ahí fue cuando empezó a vender en forma sus productos en el que cada ingrediente que usaba era producido en una fundación de niños huérfanos.

Pero pasó que el canto, el teatro y el baile le llamaron. Así que, con los ahorros de vender postres y yogures, se fue a Londres a presentar audiciones en escuelas de actuación. Pero el proceso era tan demandante que se estaba afectando su salud física y emocional.

Desanimado y desubicado regresó a Bogotá. Poco después también lo hizo su hermana, quien rápidamente se encontró con los menjurjes que Nix preparaba para su cuidado personal y el de su mamá: desodorante, champú y exfoliantes naturales. “Yo sé que el arte es importante para ti, pero yo veo en todo esto que estás haciendo algo muy importante”, le dijo Gia, su hermana, quien es médica especializada en mercadeo digital.

Se asociaron. Nix puso las fórmulas y ella montó el negocio. Así nació De planta, empresa que le recordó a Nix su propósito de vida: la sanación a través de las plantas. De paso, le ha permitido aprender de amor propio y disfrutar de su diversidad, en el sentido más amplio de esta palabra.

De hecho, su primera salida del clóset fue cuando dijo que le gustaban los hombres. La segunda, cuando empezó a usar vestidos. Y la tercera para decir: “soy todo lo que se me dé la gana ser y no me jodan”. El reconocimiento de su identidad no binaria fue parte de este proceso. “Yo tengo tres mejores amigas y a una de ellas que trabaja en derechos humanos sentí la confianza para decirle: a veces me siento ella”. Aunque al comienzo fue algo tímidodespués vinieron los vestidos, el pelo más largo y el maquillaje. “Fue muy chévere darme esa oportunidad”. (Ver: Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer).

En algún momento se frenó pensando en lo que su mamá le diría, pero eso quedó atrás. Empezó a vivir como quería sin sentir que debía dar explicaciones o pretendiendo que la gente sea más abierta con la diversidad sexual y de género. “Esas no son mis batallas. Yo lo único que quiero es ser yo y así seguramente tendré más impacto”. (Ver: Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT).

“En 2019 fui por primera vez a la marcha LGBT en Hogotá y me pareció espectacular. Fui con un vestido de flores”.

Con los niños le pasa que, como ellos van sin filtro por la vida, de repente le dicen:
“qué bonitas estás” y Nix no sabe cómo reaccionar. Videoandresgofoto de goteam.media

“Hacer teatro me impulsó a salir de todos los clósets en los que estaba, porque también era una persona muy tímida. Dejé la pendejada y empecé a ser yo”.

Lo cierto es que el amor todo lo puede y su mamá pasó del rechazo al “mejor ponte este vestido, te luce más”. “Yo vivo feliz como soy sin importar lo que la gente piense de mi”. Si algún día alguien le dice: “eso tuyo es una moda o una etapa”, su respuesta será: “cuando se me pase la moda, te aviso. Me parece una visión de mundo tan cerrada como para entrar en discusiones”. 

En ciudades como Bogotá, muchas veces Nix se siente un “bicho raro”. “Antes, en el supermercado, percibía las miradas de estar preguntándose si soy un hombre o una mujer. Ahora ni me doy cuenta”. A muchas partes a las que llega, le preguntan: “¿señorita, en qué le puedo ayudar?” pero no toma el hecho de que le perciban como mujer como un insulto. Estando en París, un día se cayó y un señor que le ayudó a levantarse, le preguntó: “¿está bien mademoiselle?”. Después se quedó mirando mejor a Nix, quien le vio la cara de “ay la embarré”. (Ver: Andy Panziera: no ser un hombre ni una mujer)

En otra ocasión, en un mercado campesino en Bogotá estaba un señor descargando papa. Apenas vio a Nix, le dijo: “buenos día mi amor, siga”. “Yo le respondí ‘muchas gracias’. Luego, cuando salgo, me dice: ‘¿le ayudo en algo señorita?’. Yo le respondí ‘bueno, gracias’. De repente, le vi la cara de ‘ay no es mujer’. Pero le aclaré: ‘tranquilo, para mí no es una ofensa que usted haya pensado que soy mujer y rematé con un ‘es que ya no sé ni qué soy’”. Se despidieron muertos de la risa. “Yo siento que cuando uno se aproxima a estos temas con amor, uno se crea una protección muy fuerte y se rodea de una vibración muy positiva”. 

Por eso siente que su trabajo es doble: ser como es y al mismo tiempo mostrarles a muchas otras personas, más posibilidades de ser. “Amaría no tener que hacerlo, hay veces en las que me preguntó por qué, pero normalmente termino respondiendo: bueno, puede ser parte de estar acá. Si yo puedo ser esa Miss Colombia para muchas personas que son como yo, ¿por qué no serlo? Además, esto no es un nuevo, están las muxes, las personas dos espíritus. Esto es un regalo divino”.

Pero pasa que muchas veces las miradas no son de curiosidad sino de reprobación, de incomodidad. “El problema es que hay mucha gente que no se relaja. Sienten unas ganas desaforadas de mantener un control. Si uno cede en ese sentido, la vida nos da más sorpresas”, dice Nix, quien siente que por su trabajo en De planta mucha gente le respeta y valora, pero al mismo tiempo experimenta un rechazo pasivo como de “no te me acerques, no me vayas a cuestionar mi orientación sexual o mi identidad de género”.

Una vez conocí a un cantante y de la nada me escribe: solo quiero que sepas que a mí me gustan las mujeres para que no nos confundamos. Yo creo que el que se confundió fue otro, pero pasa que por mi energía, despierto ese tipo de frases”. Nix ama su cuerpo como es, aunque sí se ha preguntado si para estar más a gusto necesita algún tipo de cirugía o cambio físico. Su conclusión: es feliz con su cuerpo masculino y su energía femenina.

“Uno siempre lucha con uno, pero cuando encuentra otras personas con un camino de vida parecido, el corazón se abre y uno dice somos del mismo parche”.

Nix

Yo creo mucho en la astrología y yo siento que mi Tauro me dice que permita que la gente me llame como prefiera: él, ella o elle, lo que tengo claro es que soy Nix”. A veces le intimida que hombres que no conoce le traten en femenino porque no sabe cómo tomarlo, pero no le molesta.

Para Nix, más que las palabras, lo más importante es la forma de aproximarse. “Nada de quiubo bro. De inmediato pienso qué tan poco perceptivo eres”. Por supuesto tampoco han faltado los machitos que le han dicho: “para estar contigo, yo prefiero una vieja”. De hecho, las relaciones afectivas que ha tenido han sido, no con hombres gais, sino con hombres heterosexuales. (Ver: Por qué #MeGustanTrans).

A mí siempre me han atraído los hombres masculinos, pero una vez conocí a un hombre femenino que me gustó. La vida nos sorprende. En últimas, ¿cuál es la necesidad de controlar todo, todo el tiempo, como para darse un parte de tranquilidad?”. Las relaciones afectivas, dice, no son un tema fácil en su vida, no solo por el contexto machista en el que estamos, sino por temas de autoestima. “Uno atrae lo que uno es y he aprendido que no importa donde uno esté, si uno se siente bien con su esencia, llega la persona que a uno le corresponde: hombre, mujer, un ser humano. El cuerpo es muy sabio y si le gusta algo, sus razones tendrá. Hay que escucharlo”.

Nix es una persona comprometida con su espiritualidad. “Algo que admiro de mi familia es el respeto absoluto por las creencias de cada quien. Yo creo en una energía creadora, en una conciencia universal”. Nix decidió dejarse guiar por su esencia.

El especial #SoyYo identidades no binarias, fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung Colombia.

Escrito por
María Mercedes Acosta
Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.
Ver todos los artículos

Deja un comentario

¿Qué piensas sobre este artículo?

Newsletter Sentiido