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Nosotros también las matamos

Género, diversidad sexual y cambio social.
el caso de Rosa Elvira Cely
Grupo de estudiantes del Colegio Manuela Beltrán

El asesinato de Rosa Elvira Cely ha sacudido al país no sólo por la forma como fue violentada sino por la ratificación de que la violencia contra las mujeres no es considerada un problema social real.

La presunta demora de la policía en la llegada al lugar donde Rosa Elvira había sufrido los vejámenes ha sido una de las críticas más fuertes que han circulado en los últimos días, porque demuestra que en prioridades de atención a emergencias, la agresión contra las mujeres parece no estar dentro de la lista.

El evento convocado por diferentes organizaciones y colectivos para el domingo 3 de junio movilizó a muchas personas indistintamente de su género o su clase social. Se escucharon arengas pidiendo justicia, reclamando por la vida de otras mujeres igualmente agredidas y asesinadas y solicitando una revisión de la reducción de penas para los condenados que cometen actos de violencia contra las mujeres.

Nos gustaría pensar que la manifestación de ayer será un precedente importante para que las instituciones oficiales y privadas tomen cartas en el asunto y decidan iniciar procesos de educación y de transformación social para que este tipo de situaciones disminuyan progresivamente.

Sabemos que las leyes son mecanismos importantes para combatir la violencia, aunque es claro que no son la única ni la más eficaz herramienta para evitarla.

La cárcel y las multas pueden ser un motivo para que alguna persona no decida agredir a otra, pero tal como nos lo recordó una persona en la marcha, muchos criminales andan por la calle tranquilos porque saben que su caso no representa un peligro para “la sociedad”.

También creemos importante señalar que aunque Rosa Elvira estaba validando su bachillerato por las noches, trabajaba durante el día y veía por su hija, eso no significa que su muerte sea más indignante que el de una prostituta que sufre una situación similar.

Las trabajadoras sexuales y las organizaciones que trabajan con ellas sabrán decirnos cuántas veces a la semana ocurren casos como los de Rosa Elvira y nadie les pone atención, ni la policía envía a sus agentes mujeres a que hagan una calle de honor con claveles en mano.

Y a propósito de esto, sería interesante saber qué hace la policía para prevenir la violencia de género en su institución, dado que para nadie es un secreto que ésta y otras ramas de la fuerza pública y armada suele caracterizarse por su alto grado de predilección por el género masculino.

el caso de Rosa Elvira Cely

Es cierto que no podemos esperar a que el cambio lo hagan los influyentes y los que están en el poder político. El cambio tiene que darse desde dentro.

Por ejemplo, por medio de los comentarios que se publican en los foros de noticias, que demuestran una alta intolerancia hacia la opinión y la diferencia de los otros; por medio del comportamiento y el respeto en el transporte público (que no es sólo cuestión de tocar colas sino de empujar para subirse a un bus); en la forma como tratamos a quienes nos prestan un servicio en una caja de supermercado o en un call center.

Un ejemplo diciente lo vivimos antes de llegar al Parque Nacional. Una pareja de novias salía de la estación de Transmilenio tomada de la mano. Detrás de ellas, una señora.

Todos íbamos a la marcha contra la violencia de género. Las novias se abrazaban y se besaban cariñosamente. La señora buscaba a su alrededor personas que, como ella, desaprobaran lo que estaba viendo y que tanto le molestaba. Por fin encontró a un hombre a su lado, a quien le llamó la atención sobre la vulgaridad de las novias. El hombre sonrió y siguió su camino.

Golpear a una mujer con un casco de moto o violarla no es la única forma de agredirla y de matarla. Ignorar un llamado de ayuda o juzgarla por la ropa con que se viste o a quien decide darle su afecto también lo es aunque no nos vayan a meter a la cárcel por hacerlo.

A continuación les compartimos el vídeo del plantón realizado el domingo:

1 Comentario

  1. Lastimosamente en este país sin memoria, sólo nos indignamos cuando cosas tan atroces suceden…pero siguen pasando las cosas…nos faltan pantalones!…nos falta memoria…nos falta tener conciencia sobre el verdadero valor de la vida 🙁

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