Inicio A Fondo Orgullosamente trans

Orgullosamente trans

Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.

Cris Campos siempre supo que era una mujer y que fueron otros quienes se equivocaron clasificándola como “hombre” al momento de nacer. Cris es geóloga y lleva más de diez años vinculada al sector petrolero. También es mamá y una amante de la moda, el fútbol y los carros. Y es orgullosamente una mujer trans.

Fotos: @andresgofoto de @goteam.media

Orgullosamente mujer trans
Cris Campos tiene 37 años, es geóloga con una maestría en exploración y producción de hidrocarburos y con estudios en ingeniería de petróleos.

Tenía siete años la tarde en que pasó frente al televisor de su casa y vio a Madonna en pleno show. Por primera vez lo tuvo claro: “así quiero ser cuando grande”. Y empezó a desearlo con tanta fuerza que durante muchas noches le rezó a Dios que un día se levantara viéndose como una mujer. (Ver: Diferentes formas de ser trans).

El milagro se cumplió 27 años más tarde cuando, después de mucho aplazarlo, Cris tomó la decisión de hacer los cambios físicos necesarios para que frente al espejo se reflejara la mujer que siempre había sido. “Nunca quise ser el ‘macho’ que la sociedad pretendía que fuera ni pude apropiarme de la masculinidad tóxica con la que nos educan, tan evidente en los colegios de hombres cuando se compara quién tiene el pene más grande o quién se acostó con más mujeres el fin de semana. A mí me costaba mucho tener que ajustarme a una imagen que no compartía”, recuerda Cris.

“Siempre he sido una mujer, lo que pasó fue que durante años no pude expresarlo”.

Desde que tiene uso de razón, Cris se ha identificado con lo femenino. Muy rápido se dio cuenta de que le gustaba mucho más la ropa que le advertían “es de mujer”, pero no encontraba espacio para vivir alternativas distintas a la masculinidad tradicional. Por eso cada vez que podía se ponía a escondidas la ropa de su hermana o la de su mamá.

En 2016, una vez Cris inició su tránsito de género de masculino a femenino, sus amigos del colegio le decían: “yo a usted nunca le noté nada raro” o “nunca se me pasó por la mente que fuera trans”. Finalmente Cris encajaba en el patrón del niño al que le gustaban el fútbol y los carros, pero adentro suyo lo tenía clarísimo: “sabía que era una mujer”.

“Yo estoy cambiando mi apariencia, pero sigo teniendo la misma experiencia de vida”

De hecho, un primo suyo al enterarse de que Cris iniciaría un tránsito de género le preguntó: “¿pero vas a seguir jugando fútbol?”. “¡Por supuesto!”, respondió ella: “Yo seguiré siendo la misma persona y siempre que me inviten a un partido, iré feliz”.

Y lo ha cumplido. Hace unos meses durante un viaje de trabajo, cuando varios de sus compañeros se alistaban para jugar fútbol, Cris se sumó sin dudarlo. “Pasé delicioso. Finalmente este no es un deporte para hombres o mujeres sino para quien le guste”.

“Yo no desconozco mi historia. Soy producto de mis 37 años de vida y celebro todo lo que he vivido”.

A algunos de sus compañeros de colegio les tomó tiempo entender su tránsito de género porque Cris siempre ha sentido atracción por las mujeres. Cuando ellos se enteraron de que era una mujer trans lo primero que le preguntaron era que si alguna vez se había fijado en uno de ellos. Su respuesta fue contundente: “¡nunca!”. (Ver: “¿Cómo es tu nombre real?” y otras preguntas impertinentes).

El problema es que, tal como les sucedió a ellos, mucha gente confunde la identidad de género (cómo una persona se percibe a sí misma) con la orientación sexual (personas por las que se siente atracción sexual y afectiva) pero son conceptos distintos.

“Hay quienes creen que yo tengo reprimido un gusto por los hombres, pero yo tengo muy clara mi orientación sexual: ¡me encantan las mujeres!”.

Cris siente que durante años cumplió con sus roles de hijo, hermano, estudiante y amigo, pensando siempre en satisfacer las expectativas ajenas y muy poco las suyas. Y aunque tenía claro que era una mujer, ocultaba esa parte de su vida para evitarse conflictos. “Yo veía la transición de masculino a femenino como una barrera laboral, familiar y social, así que una y otra vez la aplacé”. (Ver: La libertad de ser quien uno es).

La primera información que tuvo sobre ser una persona trans la encontró en Internet. “Yo hacía las búsquedas a toda velocidad para que en mi casa nadie me viera y después borraba el historial. Alguna vez también vi en la prensa una nota de una mujer divina que presentaban como ‘travesti’ o ‘transgénero’. ‘¡Esto es lo mío!’, pensé”.

Con el tiempo, Cris aprendió más sobre el uso de hormonas y conoció protocolos médicos al respecto. Sin embargo, fue hasta los 23 años que le puso nombre al sentimiento que desde siempre había tenido: se reconoció -pero solo para sí misma- como una mujer trans. (Ver: “Una mujer más, eso es todo lo que quiero ser”).

En la práctica, el giro empezó cuando se graduó de Geología en la Universidad Nacional en Bogotá, se casó con su novia de toda la vida y se fueron a España a estudiar. El mundo se le abrió. Pero una vez más pospuso la idea de iniciar un tránsito de género. “Me dije que primero tenía que establecerme”. Y se quedó dos años más trabajando allá.

Me acuerdo que con mi esposa nos íbamos de compras y yo le aconsejaba qué le quedaba mejor y la asesoraba en su imagen. Mi tristeza era que toda esa ropa que me encantaba era para ella y la de mujer que compraba para mí, se quedaba, literalmente, en el clóset. Ahora soy feliz de saber que todo lo que compro lo uso”.

Orgullosamente mujer trans
En diciembre de 2018 Cris asistió a la reunión de los 20 años de egresados de su colegio. Llegó orgullosa de ser quien es.

Nada de culpa ni pecados

En España siguió asistiendo a misa los domingos tal como lo hacía en Bogotá. “Pero uno de esos días al cura le dio por hacer proselitismo político, señalando de manera específica por quién había que votar”. Ahí empezó su ruptura con las religiones. (Ver: Diversidad sexual y nuevas alternativas espirituales).

Después, cuando Cris y su esposa se fueron tres años a Noruega no encontraron iglesias cerca. Tampoco la buscaron. Ahí la ruptura religiosa fue total. A esto se sumó que parte de su familia entró en un proceso de renovación carismática y empezó a explicar la cotidianidad con un “Dios quiere esto” o “Dios no quiere esto”. “Todo lo acomodaban a los designios de un ‘Dios todopoderoso’, dejando de lado la lógica, la ciencia y las decisiones que cada quien toma, así que un día les dije: “¡dejen de atribuirle todo a Dios y actúen!”.

“Me cuesta mucho entender la falta de razonamiento de algunos creyentes porque esto muchas veces implica juzgar a las personas LGBTI por ser quienes somos”.

A Cris le molesta que las religiones se usen para manipular a la gente a partir del miedo. “Soy más afín a las prácticas espirituales que propenden por una búsqueda continua y que pretenden que seamos mejores seres humanos fundamentados en el respeto, la dignidad y la honestidad”.

Y para quitarse la idea de que su identidad de género era “pecado”, entendió que con esto no le hacía daño a nadie y, en cambio, se sentía plena. “¿Por qué, entonces, no iba a poder ser quién soy?”, se preguntó. (Ver: “Cuando acepté que ser homosexual no era enfermedad ni pecado, mi vida cambió”).

Fue así cuando estando en Noruega, Cris sintió mayor libertad para experimentar con su apariencia. Usó ropa femenina y se dejó el pelo más largo. “En unas vacaciones en Malta estuve cien por ciento mujer y me sentí espectacular”. Tenía 28 años. “Esto es lo mío”, volvió a decir, al punto de que por primera vez consultó a un médico para conocer más sobre el tratamiento hormonal. Pero una vez más el tema quedó ahí.

En 2012, cuando regresó a Colombia, la excusa para aplazar su tránsito de género fue que ahora debía establecerse nuevamente. Además, justo en ese momento, su esposa quedó embarazada. “Yo deseaba profundamente iniciar el tránsito pero me preocupaban los miles de obstáculos que viven las personas trans en Colombia”.

El detonante para decir “lo voy a hacer” fue una crisis económica que tuvo cuando perdió sus ahorros de 10 años de trabajo. “Un día de esos mi hija se me acercó y me dijo ‘te quiero mucho'”. Eso para mi fue un llamado a despertar, a entender que en la vida había cosas más importantes”.

Orgullosamente mujer trans
“A mí siempre me ha atraído lo que socialmente se considera ‘femenino’. Tanto así que las mujeres me encantan”.

No es un capricho

Era tan profunda la necesidad de que su imagen coincidiera con su identidad que empezó a tomar hormonas por su cuenta, aunque con la certeza de que automedicarse no era lo correcto. “Ingenuamente pensaba que sería la mujer que quería sin que nadie más, excepto yo, notara el cambio. Hoy digo ¡qué estaba pensando! Pero sentía que si alguien se enteraba sería terrible”.

Una vez empezó a notar los primeros cambios en su cuerpo no cabía de la dicha, pero solamente tres años después decidió que buscaría un endocrinólogo adscrito al seguro médico que tenía. Pero esto implicaba poner el tema sobre la mesa con sus entonces jefes y colegas. Y además, en una empresa petrolera.

“Más que ser una mujer, quiero ser yo. Y eso implica tener una apariencia femenina”.

La primera persona a quien se lo comunicó fue a una funcionaria de recursos humanos. Su respuesta fue “adelante” y le confirmó que el seguro de la empresa no cubría procedimientos quirúrgicos de transición de género pero sí algunos de los medicamentos que necesitaba.

Sus jefes sabían que la decisión de Cris implicaría ajustes importantes en el ambiente laboral como un cambio en la manera de nombrarla, así como el hecho de que empezaría entrar al baño de mujeres. Pero fue justamente este tema el que despertó la molestia de algunas de sus compañeras, quienes se quejaron en recursos humanos. “Mi respuesta fue: yo entro al baño de mujeres a hacer exactamente lo mismo que ellas hacen allí. Ni más ni menos”. (Ver: “Quiero ser la misma persona adentro y afuera de la oficina”).

“Mientras los baños sigan estando separados entre hombres y mujeres, cada quien entrará al que se sienta identificado”.

Cris recuerda que también le contó a un amigo de la compañía que iniciaría un tránsito de género. “Fuimos a tomar algo y en algún momento le dije ‘yo siempre he pensado que usted es gay’ porque era muy reservado con su vida personal. Él me dijo ‘sí y no me siento cómodo evidenciándolo en este espacio laboral'”. (Ver: Decálogo de las empresas incluyentes).

En medio de esa conversación, Cris sintió que era su momento de salir del clóset. “Pero a diferencia de él yo tenía muy claro que no podría ocultar mi identidad. Fue muy conmovedor saber que llevábamos tanto tiempo compartiendo en la empresa y que nunca habíamos hablado de una parte tan importante de nuestras vidas por la presión social y el miedo al rechazo que nos obliga a andar con máscaras”.

Orgullosamente mujer trans
“Yo no desconozco mi historia. Soy producto de mis 37 años de vida y celebro todo lo que he vivido”.

El año del cambio

En 2016, Cris empezó formal y abiertamente su transición de género. El primer paso: asistir a consulta en psiquiatría, requisito indispensable para empezar este proceso. El siguiente: hacer todo lo necesario para empezar a proyectar una imagen femenina. Así, a través de su Entidad Promotora de Salud (EPS) se realizó la primera cirugía: feminización facial. “Mi cara es lo primero que veo cuando me miro al espejo y lo primero que la gente ve de mi”.

A Cris, como a tantas otras mujeres trans, con frecuencia le preguntan “¿para cuándo el cambio de genitales?”. Su respuesta es clara: “Mucha gente cree que esto es lo primero que las personas trans queremos cambiarnos cuando a veces ni nos interesa porque los genitales no definen si uno se identifica como hombre o como mujer”.

También le preguntan: “¿por qué las mujeres trans se arreglan tanto? O ¿por qué se aumentan tanto el tamaño de los senos o de los glúteos?”. “Porque ese es el modelo de mujer con el que muchas crecimos y el que, por tanto, nos gusta. Hay unas que prefieren otro y está bien. Cada quien decide”, responde.

Cuando empezó su transición, a Cris le preocupaba no pasar como mujer ante los ojos de los demás. “Ese fue un factor de estrés durante mucho tiempo, un miedo que le complica a uno la vida, pero que ya superé. Ya no vivo dando explicaciones y no me doy cuenta ni me fijo de si en la calle la gente me mira o no”.

“Hacer un tránsito de género no es un tema de rebeldía, un capricho ni una etapa: es lo que soy”.

Me siento muy orgullosa de mi proceso. ¡Por algo lo hice! Si al conductor del taxi le parece que mi voz es muy gruesa para ser de mujer, ese es su problema, no el mío. Y en los almacenes no pregunto ‘¿esto es de hombre o de mujer?’ sino que me pruebo y compro lo que me gusta. Ya sé que no tengo que darle explicaciones a nadie”.

Cris Campos

Sin embargo pasa que a pesar de presentarse como mujer hay quienes se resisten a tratarla de esta manera. “Evidentemente sería mejor si la gente reconociera y respetara mi identidad pero, en últimas, esta no depende de los demás. La gente que realmente me importa me reconoce como soy. Entonces, que el resto me diga como quiera”.

 “Yo sé quién soy independiente de cómo me reconozca la gente”.

Desde muy temprano en su relación de pareja -que duró más de 20 años- su esposa supo de su identidad de género e inicialmente lo tomó como una etapa o un fetiche. “Quizás no se imaginaba la dimensión de lo que yo le decía. Para ella el shock fue cuando dije ‘no más clóset'”. Con el tiempo decidieron separarse.

A los papás de Cris también les ha costado entender su decisión. Por eso sabe que si en su adolescencia le hubiera explicado a su papá lo que realmente pasaba, posiblemente no habría podido estudiar ni prepararse académicamente. “Lamento mucho no haber pasado mi juventud como quería y por eso animo a que quienes puedan, empiecen su tránsito lo antes posible, sin dejarse influir por la opinión de los demás, sino que se abran su camino siendo siempre quienes son”. (Ver: “Nuestra estrategia es el amor”).

“No tenemos por qué vivir en un clóset ni resignarnos a esa idea de que ‘las cosas siempre han sido así y no pueden cambiar’”.

Mi mamá ha querido entender más este proceso, a pesar de que durante mucho tiempo pensó que todo era producto de un trauma de infancia o de algo que me había pasado y que yo no le había contado. Pero poco a poco ha ido aprendiendo que no se trata de eso sino de algo que yo tenía muy claro desde muy temprano y que no había podido vivir”. (Ver: “La vida y Dios me premiaron con un hijo gay”).

El proceso de su mamá ha sido tan positivo que en algún momento concluyó que debió haber sido muy duro para Cris vivir tantos años teniendo que mostrar una imagen que no correspondía con quien ella es. “Mi mamá se ha dado cuenta de cómo ahora me gozo mi imagen y de lo feliz que soy conmigo misma, al punto de que el día de la mujer me mandó un mensaje de ‘feliz día’. ¡No podía creerlo!”.

“Ahora estoy proyectando la manera como siempre me quise ver. Ese sentimiento de felicidad le llegó a mi mamá”.

Con su hija de seis años no ha tenido el menor problema. “Un día me preguntó ‘¿papi por qué te estás poniendo la ropa de mi mamá?’. Yo le respondí ‘es mía’ y le expliqué por qué. Ella siguió jugando como si nada porque los niños no juzgan, no condenan ni le ponen esa malicia al tema que sí le ponen algunos adultos”.

Ahora Cris también ha sido consiente de los privilegios masculinos que perdió. “Antes no los veía, pero claro que existen. En muchos espacios laborales son los hombres quienes lideran y dominan las conversaciones y hay que pararlos. Los hombres, en general, no tienen problema en dar a conocer sus opiniones, mientras que ellas se cuidan más o se disculpan antes de hablar, algo que viene muy de la crianza”.

También se ha dado cuenta de lo frágil que es la masculinidad a pesar de lo fuerte que la sociedad quiere venderla. “Me he encontrado con hombres que les cuesta hablarme o saludarme de beso porque pensarán que su masculinidad se pone en entre dicho”.

“Cada quien vive su feminidad o su masculinidad a su manera. Yo tengo muy claro la mujer que quiero ser”.

En 2018 Cris asistió por primera vez a la marcha del orgullo LGBTI de Bogotá, una de las experiencias más lindas de su vida. “Por primera vez sentí que me celebraba a mí misma. Fui feliz sintiendo que ya no tenía que esconderme, que podía mostrarme como soy. Fue liberador. Toda esta experiencia ha sido un renacer y quiero que más gente LGBTI pueda vivir la paz que yo experimenté cuando acepté abiertamente quien soy”.

Enlaces relacionados

El género desde una perspectiva trans
Brigitte Baptiste, una navegante del género
El género existe y no es una ideología
Conocer personas trans
“¿Cómo es tu nombre real?” y otras preguntas impertinentes
La libertad de ser quien uno es
El decreto para el cambio de sexo: un paso más para las personas trans
Diferentes formas de ser trans
¿Nacer en el cuerpo equivocado?
El renacer de Eliana
Los retos de la población trans
Marcha ¿al desnudo?

1 Comentario

  1. Eso es un idiota.. sus genes nunca dejarán de ser hombre.. le toca empezar por cambiar ese rostro de
    Hombre que lo delata..

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here