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“Pelea de viejas”

Género, diversidad sexual y cambio social.

La polémica sobre el presunto plagio por parte de la periodista Catalina Ruíz-Navarro, era una oportunidad para reflexionar sobre ética en la red. Sin embargo, el debate quedó reducido a una “mechoneada” virtual.

plagio de la periodista Catalina Ruíz-Navarro

El 30 de noviembre la bloguera Sandra Suárez (@SandSuarez) publicó en su cuenta de Twitter que, Catalina Ruíz-Navarro columnista de El Espectador y docente universitaria, habría puesto como propias afirmaciones tomadas de un escrito de Lisa Wade, docente de sociología de Occidental College.

Suárez señaló que Ruíz-Navarro hizo esto en la columna titulada “La demoledora”, publicada el 26 de noviembre en el agregador de noticias Pulzo.com. La protagonista del escrito era la polémica cantante estadounidense Miley Cyrus.

Después de la acusación, Ruíz-Navarro procedió a agregar las comillas que, según dijo, pasó por alto y a citar a la fuente original de las ideas que expresó como propias. En el post en el que pidió excusas por lo sucedido, escribió: “estas citas han debido precisarse con claridad y por un terrible descuido no fue así”. También agregó que jamás hubo intención de plagio.

En su cuenta de Twitter dijo:

Todo este episodio reunía el material suficiente para discutir sobre derechos de autor en Internet, el uso del parafraseo y ética periodística. Tal como lo sugirió el tuitero Julián López de Mesa, era una oportunidad para reflexionar sobre asuntos relevantes del ámbito digital y profesional.

Resultaba pertinente discutir hasta qué punto decir: “falta aclarar que la presentación de las ideas es traída desde un tercero”, como lo hizo Ruíz-Navarro, puede o no llamarse plagio. O si el hecho de que advirtiera que no tuvo mala intención era suficiente para señalar que no hubo plagio.

¿Cómo saber cuál fue la intención que la motivó y qué tan pertinente resulta esto en la discusión? En todo caso, el debate se centró más en ataques personales y señalamientos que poco vienen al caso.

La persona que, de lejos, le dio más “palo” a Ruíz- Navarro, fue la bloguera y tuitera Elsy Rosas Crespo (@ensayista) quien a través de Twitter dijo, una y otra vez, que seguramente los hombres que justificaban a la periodista era porque “le tenían ganas”.

Aunque posteriormente eliminó los tuits, Rosas Crespo llegó incluso a dividir en dos la discusión: quienes estaban de acuerdo con sus cuestionamientos y los que “le tenían ganas” a Ruíz-Navarro. Respecto a los tuits que Rosas Crespo borró, el tuitero López de Mesa escribió:

En el post  que Rosas Crespo escribió sobre el presunto plagio por parte de Ruíz-Navarro (el que más ha circulado sobre el tema) dijo: “tiene su club de fans, gente que está dispuesta a hacerse matar por ella especialmente porque es una mujer muy deseable…”.

Incluso, ilustró esa nota con una imagen que nada tenía que ver con el asunto: una foto utilizada para un artículo sobre una cata de condones que Ruíz-Navarro escribió para la revista SoHo.

Así, una interesante discusión sobre el ejercicio periodístico, quedó reducida al plano sexual. Otra de las personas que contribuyó a esto fue Virginia Mayer, periodista del portal KienyKe, quien dijo:

Uno de los comentarios de la sección de lectores del post de Rosas Crespo contra Ruíz-Navarro dice: “Gurrecito, qué ternurita usted pidiendo que le definan qué es cuquioxidada, qué negación de la realidad tan marcada tiene usted.

Le voy a dar una manito porque se la merece, en más de una forma. Una mujer cuquioxidada es la que ante la falta de sexo recurre a formas perversas de autoestimulación, como involucrarse en prácticas sadomasoquistas de múltiples formas y vertientes.

Por ejemplo, el estado de hiperexcitación que le causa la lapidación de Catalina Ruiz. Dado su cuquioxidamiento se autosatisface usted con unas pajillas en forma de lapidación”. En la entrada “¿Plagio o no plagio?: trepando y cayendo de la Torre”, el bloguero Pablo Medina, de La Silla Vacía, incluyó un tuit que María G. de la Torre (@Caidadelatorre) publicó: “el nombre de un columnista no se construye mostrando las lolas y plagiando.

Ese camino sólo se usa para pasar del anonimato al desprestigio”. Fue tan evidente que el debate empezó a tomar visos de rivalidades personales o lo que algunas personas llamarían “pelea de viejas” para restarle importancia al tema, que un tuitero escribió:

 

El caso de Ruíz-Navarro llegó a Blu Radio. Allí, el periodista Néstor Morales señaló de manera equívoca que la bloguera Elsy Rosas Crespo había sido quien descubrió el presunto plagio. Lo curioso fue que ella, una de las personas que lideró una especie de persecución contra Ruíz-Navarro, no rectificó la información dicha en la emisora.

Al respecto, un tuitero escribió:

Elsy Rosas Crespo respondió lo siguiente aunque después borró el tuit:

¿Me arman este “homenaje” entre ellos y yo soy la culpable? http://www.bluradio.com/50097/el-de-catalina-ruiz-navarro-plagio-o-error …

Todo este episodio demostró que, en efecto, el debate era mucho más de fondo. Iba más allá de ser o no “cuquioxidada”, de “mostrar o no las lolas” y de “ser o no deseada” y, lastimosamente, se quedó en una “peleas de viejas”.

Habría sido más pertinente abordar cuántas columnas de opinión bien argumentadas está en capacidad de producir una persona semanalmente sin necesidad de recurrir a ideas ajenas, la presión de los editores o qué tan ético resulta que tuiteros como Rosas Crespo (@ensayista) eliminen los tuits en los que alguien cuestiona sus opiniones.

También, el dilema sobre la originalidad de las ideas. Si bien es cierto que casi todo está dicho, la autenticidad radica más que todo en el enfoque y en el planteamiento propio sobre el tema.

Por esta razón, tanto en el caso de Ruiz-Navarro con su columna, como en el de Rosas Crespo con la nota en Blu Radio, el problema está en el reconocimiento de las posiciones y aportes de los demás, así esto implique aceptar que otra persona lo dijo antes y mejor que uno.

Por último, sería interesante conocer por qué algunas personas y periodistas influyentes que normalmente se pronuncian en situaciones como estas, que lideraron las acusaciones en casos como el de Hernando Gómez Buendía, prefirieron mantenerse al margen.

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