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Personal de seguridad discrimina a pareja del mismo sexo

Género, diversidad sexual y cambio social.

Una vez más una pareja del mismo sexo es obligada a salir de un centro comercial. ¿Por qué se censuran las manifestaciones de cariño entre personas homosexuales?

casos de discriminación a homosexuales en Avenida Chile Bogotá
Esta parece ser la imagen que algunos centros comerciales quisieran tener en sus entradas.

Está circulando por las redes sociales un evento llamado “Besatón, plantón y flashmob en pro del cariño en Avenida Chile”. Su organizador, Alejandro Aristizábal, explica allí que lo está liderando debido a que el miércoles 19 de febrero, entre las 8:30 y las 9:00 de la noche, él y su novio fueron maltratados en el Centro Comercial Avenida Chile, en Bogotá.

El motivo: darse algunos besos y abrazos, tal como acostumbran hacerlo un buen número de parejas en estos espacios,  independiente de su orientación sexual o identidad de género.

Allí, Alejandro relata que dos guardias y el jefe de seguridad les pidieron que se salieran del lugar porque esos “espectáculos” ponían en vergüenza al centro comercial.  Les dijeron que para darse besos y abrazos entre ellos, tenían “las esquinas y la clase de bares que frecuentaba gente como ellos”.

Alejandro cuenta que les preguntó si también se comportaban así cuando una pareja heterosexual se manifestaba cariño. Ellos respondieron que no, argumentando que “es algo completamente diferente”. ¿Por qué considerar que cuando lo hacen unas parejas no es censurable y cuándo lo hacen otras sí? ¿Esto no es discriminación?

A pesar de informarles que su comportamiento violaba sus derechos, ante la insistencia de los guardias, Alejandro y su novio no tuvieron más alternativa que abandonar el centro comercial como si en realidad estuvieran haciendo algo indebido.

“Porque creo que las expresiones de cariño entre todas y todos en una relación mutua y consensuada deben ser celebradas y libres, les propongo una protesta pacífica frente y dentro del Centro Comercial. Si tienen pareja, los invito a besarse y abrazarse. No quiero que esto se quede así”. El evento está convocado para el próximo jueves 27 de febrero a las 6:00 pm.

No es la primera vez que un hecho de esta naturaleza sucede en este espacio. De hecho en Facebook, algunas personas recordaron episodios similares que también tuvieron lugar en éste, uno de los centros comerciales más frecuentados por personas homosexuales y cuyos ingresos corresponden, en buena medida, al consumo de esta población.

Elizabeth Castillo, activista, abogada y aspirante al Congreso de Colombia, dijo que hace seis años pasó lo mismo y que de ahí nació la campaña “Besos con derecho”. Explicó que, en ese entonces, llevaron a la pareja a la oficina de seguridad, allá agredieron a uno de los jóvenes y posteriormente los hicieron ir al Centro de Atención Inmediata (CAI) más cercano.

Un asunto sin importancia

“Como era vocera de la Mesa LGBT de Bogotá, le dirigí una carta a la administración reclamando por el tema. Me respondieron que en sus libros no había constancia del asunto”, señaló.

Tampoco es la primera vez que un acto de discriminación de esta naturaleza tiene lugar en un espacio como estos y, mucho menos, que personal de seguridad considere que entre sus funciones está evitar las manifestaciones de cariño entre personas del mismo sexo.

Es más, buena parte de estos funcionarios también están convencidos de que deben impedir el ingreso, al sitio que sea (llámese edificio, organización, empresa, restaurante, etc.) de personas transgeneristas.

Son numerosos y de público conocimiento los casos en que “el primer filtro de seguridad de un lugar” cree que parte de sus responsabilidades es prohibir la entrada de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgeneristas que lo manifiesten.

En estos casos, parte de los acuerdos que la administración del establecimiento normalmente acepta, ante las amenazas de tutela o de difusión del hecho en medios de comunicación, es la organización de  talleres con el personal de seguridad.

Allí seguramente les hablarán de orientación sexual, identidad de género, diversidad sexual, derechos fundamentales, tutela, ley antidiscriminación y demás términos y expresiones que para muchos de estos funcionarios son nuevas e incomprensibles.

Aunque estas propuestas son válidas, es claro que los prejuicios producto del desconocimiento sobre un tema y la firme creencia de que aquello que se salga de la heterosexualidad está mal, no se solucionan con talleres de un par de horas. Posiblemente durante algunos meses se “controlarán” para no sacar a estas parejas, pero tiempo después volverán a hacerlo o simplemente llegarán nuevos guardias que no participaron en dichos encuentros.

Esto continuará de manera indefinida mientras en las instituciones educativas no exista una verdadera educación en diversidad sexual y de géneros o mientras las directivas y padres de familia se nieguen a incluirla.

De ahí la importancia de continuar presionando para que ésta tenga lugar con los diferentes actores de la comunidad (estudiantes, padres de familia, docentes y personal administrativo) lo más temprano posible.

De manera paralela, vale la pena seguir apuntándole a que no solamente las empresas de vigilancia o las administraciones de los centros comerciales, sino todas las organizaciones en general, tengan políticas o lineamientos incluyentes, especificando la no discriminación por ningún motivo.

Mientras se avanza en esto, bienvenidos sean eventos como el organizado por Alejandro Aristizábal que buscan reivindicar derechos y visibilizar a las personas LGBT a través del baile, la música y el afecto.

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