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“Pido perdón por el bullying que hice”

A propósito del lanzamiento de la encuesta de bullying contra estudiantes LGBT, una aliada de Sentiido cree que llegó el momento de pedir perdón a quienes afectó y ofendió con su comportamiento. Únete en redes a la campaña #PerdonPorElBullying.

Por: María Paula Ariza.

El 2 de noviembre se presentó en la Universidad de los Andes (Bogotá) la “Primera encuesta de bullying escolar por orientación sexual, expresión e identidad de género en Colombia“, realizada por Sentiido y Colombia Diversa.

He sido una aliada más de las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT) en este país tan conservador y religioso. Me considero una mujer de mente abierta que ha encontrado un espacio interesante en las redes sociales para opinar, debatir y aprender.

Sin embargo, un sentimiento de arrepentimiento y culpa siempre me acompaña: yo no fui víctima de bullying, yo era bully. En los colegios, como en todos los espacios sociales, existen jerarquías y aunque en el “escalafón de matoneo” yo no fui la más mala ni discriminé a alguien por su orientación sexual o identidad de género, sí participé en esta epidemia social que afecta a tantos niños, niñas y jóvenes alrededor del mundo.

“Entre burlas y comentarios crueles, ofendí a personas que jamás me habían hecho algo malo”.

Tengo claro que no lo hacía por estar triste, brava, ni por venir de un núcleo familiar negativo. Todo lo contrario. Mi familia, a través de su ejemplo, me orientó a seguir el camino del respeto y la comprensión.

Por eso cuando culpan a los padres por el comportamiento de sus hijos, sé por experiencia propia que no siempre es así. En mi adolescencia fui autónoma pero también egoísta, inmadura e irrespetuosa, por eso quiero pedir perdón a todas las personas que afecté con mi comportamiento injustificado.

Escribo esto 17 años después de haberme graduado del colegio, porque cuando defiendo a las minorías, me encuentro de cara con mi propia hipocresía y vergüenza.

Concluyo este testimonio con una reflexión personal. Siento que si en mi colegio hubieran existido políticas claras y puntuales contra el bullying, entre esas involucrar a mis papás, otra sería la historia.

En mi caso, esa combinación habría sido suficiente para que se me acabara el “chistesito”. Sin embargo, soy consciente de que hay situaciones más complicadas: familias disfuncionales con poco interés por la educación integral de sus hijos y jóvenes con personalidades y necesidades más complejas, entre otras.

Por esta razón, las relaciones entre alumnos necesitan de un acompañamiento real y continuo por parte de la institución en la que estudian.

Por último, no dejen que un adolescente inmaduro e injusto los defina. Tristemente encontrarán ese bully en la universidad, en el trabajo o en su espacio familiar o personal. El problema no son ustedes, el problema somos los otros.

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