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Primero, normas de atención para personas trans

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Antes de adentrarnos en el debate de la despatologización trans, es fundamental negociar estándares de cuidado que nos garanticen un verdadero derecho a la salud. 

Por: Simón Uribe Durán

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Las personas trans estamos atadas a catalogarnos como enfermas mentales para acceder a tratamientos que garanticen nuestro bienestar. Foto: Gaelx con Creative Commons.

En días pasados fui invitado al II Simposio Internacional de Sexología Clínica organizado en la Universidad de Caldas, para hablar sobre mi perspectiva de la situación trans en Colombia.

Esta oportunidad surgió cuando el psicólogo sexólogo Bernardo Useche, me conoció en julio justo un mes antes de comenzar mi terapia hormonal.

Como en nuestras conversaciones yo había sido enfático en la necesidad de visibilizar los problemas trans, sobre todo con el sector de la salud, él me dio el espacio y el público indicado para comenzar a debatir el tema. Este simposio reunía a diversos profesionales de la salud en torno al estudio clínico de la sexualidad humana.

Si bien no soy un vocero de las personas trans y no las represento en su totalidad, pensaba que este era un espacio ideal para abogar porque las voces transgénero y transexuales en Colombia sean escuchadas a la hora de construir las políticas y prácticas que enmarcan su salud.

El mensaje central fue simple: se requiere socializar los estándares de cuidado para las personas trans, a la par que se aboga por su despatologización.

Quería trasmitir este punto a los endocrinólogos, psiquiatras, psicólogos, médicos generales, enfermeras y demás interesados en la sexología que allí se reunían, porque estos profesionales son el puente necesario para la socialización de los estándares de cuidado en un marco de respeto y reconocimiento de la diversidad humana.

Si partimos de las diferentes trabas y estigmas que enfrentan las personas trans en Colombia a la hora de acceder a la salud, como las que ya han apuntado activistas en Sentiido, resulta crucial resaltar esta problemática.

Es preciso incentivar el acceso de las personas transgénero y transexuales a servicios de salud brindados por profesionales capacitados y empáticos.

Ese objetivo no podrá alcanzarse sin poner esta reflexión sobre la mesa a nivel nacional y de manera interdisciplinar. Es preciso, principalmente, un diálogo entre las personas trans y las entidades y profesionales competentes involucrados en sus procesos de cuidado.

Parecería obvio que para llegar a estos protocolos deberíamos ser consultados como los usuarios directamente involucrados.

Sin embargo, la transexualidad ha dependido de la validación de los expertos, en especial de la psiquiatría y del Manual de Estadística y Diagnóstico (DSM) publicado por la Asociación Psicológica Estadounidense.

Patología vs Identidad

Para la aprobación de la terapia hormonal y/o reasignación sexual estamos supeditados a reconocer una enfermedad: la disforia de género. En este momento las personas trans estamos atadas a catalogarnos como enfermas mentales con un “desorden de identidad de género” para acceder a tratamientos que nos permitan nuestro bienestar.

Es por ello que activistas y personas trans abogan por la despatologización, con el fin de reevaluar el actual estigma de enfermedad mental que enfrentamos.

Esta acción sería reivindicatoria y política, al dejar de reconocer la identidad trans como una enfermedad o anormalidad de género y verla como una expresión de su diversidad.

La discusión sobre la despatologización es crucial para reivindicar los derechos de personas trans y con variabilidad de género, pero hay quienes argumentan que la patologización se debe mantener momentáneamente.

El argumento es que este diagnóstico, a pesar de ser patologizante e implicar un reconocimiento peyorativo de nuestra condición, es por ahora la herramienta que nos garantiza tratamientos.

seguimos dependiendo de la patologización para garantizar una atención médica.

Lo importante de este punto es reconocer que no podremos adentrarnos en el debate de la despatologización en tanto no negociemos estándares de cuidado específicos para las personas trans que garanticen su derecho a la salud en condiciones plenas y respetuosas.

La Asociación Mundial de Profesionales en Pro de la Salud Transgénero (World Professional Association for Transgender Health – WPATH), publica e incentiva el uso de las Normas de Atención (NDA) para las personas trans a nivel mundial.

Su objetivo es “(ser) una guía clínica para que los profesionales de la salud puedan ayudar a las personas trans y con variabilidad de género a transitar por rutas seguras y eficaces para el logro de confort personal duradero con sus identidades de género, permitiéndoles maximizar su salud general, su bienestar psicológico y su realización personal”.

Este documento plantea los más altos estándares de atención en salud para personas trans, en la búsqueda de un acompañamiento que reconozca su identidad de género y su bienestar total.

En suma, requerimos de una herramienta que oriente tanto a personas trans como a profesionales de la salud, pues la exclusión y la revictimización surgen en gran parte por la desinformación. Podríamos pensar que la tarea ya está hecha, que estas normas de atención estandarizadas nos ahorran el trabajo.

Sin embargo, es preciso adaptar estos lineamientos a las particularidades médicas, legales y culturales colombianas, y para hacerlo se debe establecer un diálogo activo entre los usuarios trans y los especialistas involucrados. Por ello, las Normas de Atención son planteadas como una guía clínica flexible.

Romper prejuicios y estigmas

Creo que además esta conversación es lo más enriquecedor del proceso, pues solo a través de encuentros entre los profesionales y las personas trans podremos romper los prejuicios y estigmas asociados a esta expresión de género.

Es importante cambiar el paradigma del paciente (en todo el sentido de la palabra) que acata mandatos médicos. Las NDA enfatizan que si bien el experto brinda su conocimiento para esbozar cuáles son los más altos estándares de salud disponibles, es la persona trans la que da su consentimiento para autorizar las terapias que considere apropiadas a su expresión de género y a su bienestar.

Si asumimos el reto de construir unas normas de atención, este proceso más que una conferencia de especialistas, debe ser una conversación, un ir y venir entre las personas trans y los expertos interdisciplinares involucrados.

Por lo anterior, el interés de los profesionales de la salud es clave, pues en el momento hay un número limitado de profesionales y poca profundización en el tema. A raíz de mis dificultades de acceso a tratamientos apropiados, he conversado con médicos que están familiarizados con el tema en Colombia.

Desde sus respectivas especialidades — la endocrinología, la psiquiatría, la psicología o la sexología, entre otras— manifiestan que el interés sobre el tema de la transexualidad y lo transgénero es muy bajo.

Si bien es una dificultad que el tema no se aborde extensamente, hay muchos médicos que han creado sólidos grupos de trabajo de salud trans.

Por ejemplo, la doctora Liliana Arias expuso durante el Simposio su trabajo exitoso con la comunidad trans en Cali. Esto para resaltar que sí hay esfuerzos, creo más bien que lo importante es intensificarlos y parte de ello es a través de su visibilización.

Sin embargo, las posturas ideológicas predominantes en nuestra sociedad hacen de la salud transgénero algo poco digno de tratar: pacientes de segunda categoría.

Por ello, como enfatizan las NDA, no solo se trata de una buena atención clínica, sino “también de un ambiente social y político que proporcione y asegure tolerancia social, igualdad de derechos y ciudadanía plena.”

Si no enfrentamos activamente las trabas causadas por las resistencias, tabúes y desinformación en el sector de la salud, al igual que motivamos a los profesionales a interesarse y abrirse al tema, no podremos dar alternativas a las personas trans en Colombia.

La tendencia seguirá siendo recurrir a la hormonización sin control médico apropiado, a intervenciones caseras o ilegales y a otro tipo de actividades al margen del sistema de salud.

No creo que llegar a este punto sea caprichoso, sino más bien sintomático de un sistema de salud que no ha integrado las necesidades y manejo de los cuidados transgénero.

El campo que se debe cubrir es extenso. La asistencia para las personas trans y con variabilidad de género incluye: la atención primaria, la atención ginecológica y urológica, opciones reproductivas, terapias de voz y comunicación, servicios de salud mental, tratamientos hormonales y quirúrgicos, entre otros. Es un reto interdisciplinar a nivel de salud y con una sensible temática social.

Con todo este camino por recorrer, mi invitación final es buscar voceros y tácticas para sensibilizar al sistema de salud, a través de la contextualización y la socialización de normas de atención ya existentes.

La táctica a la que llegamos con algunos participantes del Simposio, es la creación de un directorio de profesionales de la salud amigables con el tema en las diversas ciudades y municipios del país.

Idealmente, se deberían establecer las normas de atención consensuadas en Colombia, luego hacer procesos de certificación sobre estas normas de salud transgénero y, finalmente, alimentar el directorio con profesionales certificados. Tomará tiempo y esfuerzo, pero con este texto les hago una invitación a comenzar el camino.

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