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“La familia y la escuela, donde más se vulneran los derechos de niños y niñas”

Conocer de cerca las historias de vida de sus estudiantes, llevó al profesor Luis Miguel Bermúdez a diseñar un proyecto escolar que, respetando los derechos sexuales y reproductivos de los menores, resolviera situaciones preocupantes como el embarazo adolescente y la violencia de género.

En junio de 2017 Luis Miguel Bermúdez, docente de Ciencias Sociales de la Secretaría de Educación de Bogotá y profesor del colegio Gerardo Paredes, fue noticia. ¿El motivo? Había diseñado un currículo de educación sexual que redujo a cero el número de embarazos adolescentes en esta institución educativa donde, en promedio, 70 menores daban a luz cada año.

Por esta razón, ese año recibió el Premio Compartir Gran Maestro y, en 2018, estuvo en el top 10 del Global Teacher Prize. De hecho, la educación siempre ha sido lo suyo. “Aunque no era el plan favorito de mis hermanos y mis primos, yo jugaba con ellos a ser profesor”. Y más grande no cambió de vocación.

El problema fue que a su papá no le gustó la idea de que su hijo estudiara para ser docente: “¡eso no le va dar plata!” y “¡esa es una carrera de mujeres!”, le dijo. Así que duró un semestre en Ingeniería Forestal para después pasarse a lo que realmente quería: licenciatura en Ciencias Sociales.

Ser profesor le ha cambiado la vida. El punto, dice el profesor Bermúdez, está en entender que no es cliché la idea de que los profesores tenemos mucho que aprender de niños, niñas y adolescentes. “Tenemos que dejar de lado esa arrogancia de que todo debe ser a mi manera porque yo soy el profesor y punto y dejar de pensar que si el menor no me obedece está poniendo en tela de juicio mi autoridad, lo que significa que estoy fallando como docente”.

Luis Miguel Bermúdez es licenciado en Ciencias Sociales, magister en investigación social interdisciplinaria y doctor en educación. Se desempeña como docente de Ciencias Sociales de la Secretaría de Educación de Bogotá.

“Cuando abrimos nuestra mente, nuestro corazón y nuestros oídos a aprender de los estudiantes, nos volvemos mejores docentes y mejores seres humanos”.

“Es triste que hasta que uno no conoce esas historias marcadas por la violencia, no entiende la realidad de las mujeres”.

Otro reto a superar, explica, es la idea de pretender mejorar la calidad de la educación pero sin cambiar los métodos de enseñanza tradicionales. “Es muy nociva la creencia de que si el estudiante no memoriza un montón de datos y no sufre con la educación, no está aprendiendo”.

El camino para llegar a ser un docente con enfoque de género ha sido largo. Al principio de su ejercicio profesional, el profesor Bermúdez fue de los que en algún momento dijo que el feminismo le parecía “demasiado radical”. Todo cambió cuando asumió la dirección de grupo de un grado séptimo y conoció de cerca las historias de vida de sus estudiantes. “Todas, absolutamente todas, estaban marcadas por el maltrato y la violencia”. Ahí se enfrentó, por primera vez, a un caso de abuso sexual de una alumna de 12 años.

El paso a seguir: dejar de enseñar los programas de ciencias sociales tradicionales con la certeza de que esa información no era la que sus estudiantes necesitaban aprender.

“A la niña de 12 años, víctima de abuso sexual, no le iba a servir de mucho conocer todo sobre las Invasiones Bárbaras. De hecho, recuerdo muy bien las respuestas que respecto a su caso me daban, muy relacionadas con el performance ‘el violador eres tú’, propuesto por Las Tesis de Chile: ¿pero ella dónde estaba? ¿Cómo iba vestida? ¿Y por qué estaba con él? Es decir, la responsabilizaban de lo sucedido”.

Profesor Luis Miguel Bermúdez
Cuando el profesor Luis Miguel Bermúdez empezó a interesarse por solucionar los problemas de violencia sexual de sus estudiantes, se encontró con frases de colegas como “no se meta con esos temas”, “lo van a amenazar” o “usted va a terminar metido en un problema”.

¿En qué consiste el proyecto que ha logrado reducir el embarazo adolescente, la violencia de género y el bullying en la institución educativa donde usted trabaja?

La mayoría de proyectos de educación sexual de todo el mundo, sin importar el país, señalan que uno de los principales errores de las instituciones educativas es reducir la educación sexual a un par de talleres al año. Lo recomendable es que sea una materia pero la mayoría de colegios no lo hacen argumentando que no hay espacio para incorporar nuevas asignaturas.

Sin embargo, la ley nacional de autonomía institucional de Colombia permite adecuar los currículos siempre y cuando el Consejo Académico esté de acuerdo. Esto nos permitió tomar una materia de ética y agregar el currículo de ciudadanía sexual para garantizar dos horas semanales de formación al respecto. De esta manera se cambió un contenido curricular para resolver necesidades específicas de las estudiantes como la reducción del embarazo temprano, respetando los derechos sexuales y reproductivos de las adolescentes.

“En clase se recibe la teoría y en el proyecto se enseña a ejercer y a defender esos derechos”.

En esa materia garantizamos un aprendizaje sobre derechos. Pero se hizo necesario crear otro espacio para saber cómo ejercerlos, cómo defenderlos. Ahí nació el proyecto de educación integral para la ciudadanía sexual. El proyecto se articula con entidades del Estado que tienen entre sus objetivos la promoción y defensa de los derechos sexuales y reproductivos de la población joven.

¿Cómo disminuir el bullying LGBTI?

Se tiende a creer que el bullying por orientación sexual e identidad de género solamente afecta a las personas LGBTI, pero las violencias de género en la escuela son el mecanismo por el cual la cultura fortalece el machismo y los estereotipos de género. O la idea de que los hombres deben comportarse de una determinada manera y las mujeres de otra.

En el ámbito escolar son comunes las riñas entre hombres porque, por ejemplo, un chico se fue al colegio con una camisa rosada. Y como socialmente esto no se considera masculino pero tampoco se le puede quitar la camisa, entonces se acude a la homofobia con frases como “ayyy tan linda la niña con esa camisa”.

“Los comentarios homofóbicos también los reciben hombres heterosexuales”

Esta situación pone a los hombres en dos posiciones: defender su camisa teniendo que enfrentar bullying por no ajustarse a esos mandatos de masculinidad. O para evitar esa situación, obligarse a usar camisas azules que simplemente no quiere llevar.

Y cada vez que un joven recibe estos gestos homofóbicos reafirma las expresiones machistas para que no lo molesten. De ahí la importancia de enseñar desde temprana edad cómo la homofobia es la causante de que la mayoría de hombres estén con frecuencia metidos en líos de violencia para defender su masculinidad.

La educación permite que cuando estos niños lleguen a la adolescencia y algún joven trate de regularlos con un comentario homofóbico, puedan decir: ese otro quiere que yo pelee cuestionándome mi masculinidad y no le voy a seguir el juego.

Algo similar les sucede a las mujeres cuando dicen que no quieren tener hijos, que no quieren tener novio o que se visten de una manera relajada. De inmediato vienen los “seguro es lesbiana”. La homofobia pretende regular los cuerpos y comportamientos tanto femeninos como masculinos.

Por tanto, es fundamental enseñar a niños y a niñas que existen muchas formas de ser hombre y de ser mujer. Esto hace que los menores se enfoquen más en ser felices que en complacer modelos de feminidad y masculinidad impuestos por los adultos.

Otro punto importante es el gobierno escolar, una figura muy importante en una institución educativa. Es como el Hollywood del colegio porque hacen campañas y los pequeños tienen una mirada especial de admiración hacia el gobierno escolar.

“El gobierno escolar contribuye a volver cotidianas las diferencias sexuales en la cultura escolar”.

Como parte del gobierno escolar creamos el “Movimiento Diverso Gerardista”. Empezamos a empoderar a las personas LGBT a que participaran de ese espacio, no porque fueran LGBT, sino para que desde ese lugar se apropiaran y defendieran la diversidad. Fue, entonces, cuando salió la primera personera abiertamente lesbiana y los primeros aspirantes a este cargo que se identificaban como homosexuales, no a modo de campaña, sino para hacer público a la comunidad educativa una parte de su identidad.

Eso llevó a que las próximas generaciones dijeran: “el personero de mi colegio es gay” y “la contralora tiene una identidad de género diferente y esto es normal”.

El tercer elemento para contrarrestar el bullying es revisando los manuales de convivencia para cambiar los artículos que promuevan el odio y la discriminación, algo muy en sincronía con la sentencia del caso Sergio Urrego, un buen ejemplo de cómo el bullying empieza desde estos manuales de convivencia. Hay muchos artículos de estos documentos que pretenden regular el cuerpo y la estética de las estudiantes y otros que a nombre de “la moral y las buenas costumbres” atropellan o niegan el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de los estudiantes.

¿Cómo han afectado los discursos de que existe una tal “ideología de género” la calidad de la educación sexual?

En 2016, antes de que estallara la supuesta “ideología de género”, la revisión de los manuales de convivencia de las instituciones educativas para evitar la discriminación y reconocer el enfoque de género, estaba avanzando bien. Veníamos negociando con quienes se oponen a la diversidad.

Infortunadamente cuando el tema saltó a los medios de comunicación, se empezó a tergiversar lo que se estaba haciendo con mentiras como que se pretendía acabar con el modelo de familia de papá, mamá e hijos.

Los discursos conservadores se fortalecieron. De hecho, hubo quienes intentaron sacarme de la institución porque se sentían respaldados. Yo vivía con angustia, me sentía perseguido. Los profesores que estaban en contra de mi proyecto, empezaron a animar a padres y madres a oponerse a lo que yo enseñaba. Hubo estudiantes que me expresaron: “mi director de grupo le dijo a mi mamá que yo perdí tres materias por formar parte del proyecto de educación sexual del colegio”.

Pero a largo plazo todo esto nos permitió identificar los aspectos a fortalecer en el currículo como la educación en género para papás y mamás. Fue, entonces, cuando creamos las escuelas de familia dentro de la institución con un currículo de educación sexual.

“Una pregunta que nos surgió fue por qué tantos papás y mamás cayeron en esa trampa de que se pretendía imponer una ‘ideología de género’”.

Entendimos que el gran miedo que tiene buena parte de las familias tradicionales es a que sus hijos hombres sean homosexuales y a que sus hijas mujeres no vayan a ser esposas y mamás. Persiste la idea de “si tú hijo no es marica y es todo un macho” y “si tú hija se casó y tuvo hijos después de posponer hasta el matrimonio su vida sexual”, hiciste un buen trabajo como papá y mamá. Esos dos miedos tan profundos son parte de la raíz del machismo en el que vivimos y movilizan a padres de familia que por otros temas no lo hacen.

Fueron varios los padres y madres que se acercaron a decirme: “usted quiere volver homosexual a mi hijo porque él ya cumplió 17 años y no ha llevado novia a la casa y cuando uno le pregunta por qué responde que él no va a tener novia por presión porque eso refuerza unos estereotipos de género”.

Un día un papá me dijo: “¿usted qué es lo que le está enseñando a mi hijo que ahora cuestiona la manera como yo trato a su mamá? Me dice que soy machista. No le enseñe eso a mi hijo porque me lo está mariconeando. ¿Cómo así que uno ya no le puede decir nada a la mujer?”.

También están las estudiantes que me dicen que ellas asumían en sus casas los roles que creían que les correspondían como lavar y planchar, mientras sus hermanos hombres no hacían nada de eso. Después de mis clases empezaron a cuestionar a sus papás sobre por qué les asignaban esas tareas y la mamá les decía: “porque usted es la mujer de la casa”. Y la respuesta de su hija era: “esa es una violencia de género”.

Por más ocupadas que estuvieran, esas mamás me buscaban para decirme: “profesor yo no quiero que usted maleduque a mi hija”. “¿Cómo así?”, les respondía. “Ella ya no quiere hacer el oficio de la casa y qué va a pasar cuando se case. En mi casa, las mujeres hacen el oficio y punto”.

“Hay que invertir todos los recursos posibles en formación y fortalecimiento de las mujeres y la primera infancia”.

Cuando las mamás llegan con esos cuestionamientos, lo primero que yo hago es agradecerles que se hayan tomado el tiempo de ir a hablar conmigo. Las felicito por cuestionar lo que se enseña y les digo que estoy ahí para escucharlas. Eso baja la guardia. Después, por lo general me dicen: “profesor, usted le está enseñando a mi hija tal cosa y a mí me pasó tal otra…” y empiezan a contarme apartes de su vida infortunadamente marcados por múltiples problemas.

La mayoría de esos problemas son causa de violencias de género. Así se los hago ver: “esto que usted ha vivido es lo que yo quiero evitarles a sus hijas con una educación sexual de calidad”.

¿Qué responder al argumento de la “autonomía institucional y familiar” de los sectores conservadores para oponerse a la educación sexual?

Cada postura que existe en la sociedad debe tener unos mínimos éticos como, por ejemplo, que no nos vamos a matar entre unos y otros. Es entender que son más los más aspectos que nos unen que los que nos diferencian y poner sobre la mesa los derechos humanos que garantizan la dignidad de todos los seres humanos, un derecho que está por encima de cualquier creencia.

La creencia de que por el amor que les tienen a sus hijos, papás y mamás siempre les dan lo mejor, ha sido entendida por algunas familias como sinónimo de que niños y niñas son de su propiedad. Algo así como no tienen derechos sino que deben hacer lo que papá y mamá digan.

Bajo ese concepto de propiedad, empezaron a justificarse vulneraciones a los derechos de los menores al punto de que fue necesario crear un documento que especificara los derechos de niños y niñas. El humorista Jaime Garzón, asesinado en 1999, decía que era el colmo haber tenido que llegar al punto de escribir los derechos de los niños, como si no se dieran por hecho.

“La autonomía institucional no está por encima de la dignidad de los seres humanos”.

Las cifras de abuso sexual infantil y el embarazo a temprana edad también han demostrado que los adultos pasan por encima de los derechos sexuales y reproductivos de los menores. El camino es enseñarles a niños y niñas desde temprana edad que sus cuerpos son suyos, que son seres autónomos y a defender sus derechos y sus cuerpos de las violencias de los adultos.

¿Cuáles son los principales obstáculos para impartir una educación sexual de calidad?

Una educación de calidad es cuando se educa en contexto. Es decir, teniendo en cuenta las necesidades reales de los estudiantes y las habilidades que necesitan desarrollar. En este sentido, en la educación sexual falta que se respete el enfoque de derechos. El problema es que hay una fuerte resistencia a reconocer los derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes y se requiere que los estudiantes los reconozcan y sepan cómo hacer uso de ellos.

Esto hace que muchas veces -así lo concluyó una investigación que evaluó los proyectos de educación sexual de Bogotá- la pedagogía en educación sexual esté centrada exclusivamente en el aspecto reproductivo y en el miedo. Se requiere una educación que reconozca la dimensión erótica y placentera de la sexualidad.

Así a algunos adultos no les guste, el motivo principal por el que los adolescentes inician su vida sexual es por placer, no por intereses reproductivos. Y desconocer esto en el marco de la educación sexual, conduce a cometer muchos errores como dejarle a la pornografía la manera como se debe tener una relación sexual porque ni la familia ni la escuela se atreven a enseñarlo.

“La educación sexual debe ser laica”

El currículo de educación para la sexualidad tampoco debe centrarse en conceptos médicos o religiosas o en lo que quieren papás y mamás: se debe construir con y para los estudiantes. Pero la mayoría de los adultos considera que los aportes de los jóvenes son errados, desconociendo lo que realmente necesitan niños, niñas y jóvenes.

“En este país una mujer que conoce sus derechos y decide sobre su cuerpo, es considerada lo opuesto a la mujer ideal”.

Otro de los obstáculos son ciertos discursos religiosos como la idea de que las mujeres deben ajustarse al modelo mariano (de la Virgen María) donde la pureza sexual es fundamental. En el ideal mariano, los principales roles de la mujer son esposa (de un hombre) y madre. Por tanto, se les niega a las menores una educación sexual de calidad y el acceso a métodos anticonceptivos.

En Colombia, la mayoría de mujeres son educadas con sentimientos de culpa. Si son mamás y sienten que sus hijos se equivocan, asumen que fallaron como mamás. Si una mujer queda embarazada joven, está mal, pero si no quiere tener hijos, también porque es una egoísta que no se va a realizar como mujer. Incluso se sienten culpables de no tener el cuerpo que la sociedad espera de ellas.

¿Los manuales de convivencia rechazan de manera explícita la violencia por orientación sexual e identidad de género?

Los manuales de convivencia se revisan anualmente con representantes de los diferentes actores de la comunidad educativa. Ahí entran a jugar las diferentes posturas al respecto y la mejor manera de dirimir conflictos es preguntarse qué dice la ley.

“Es importante que los manuales de convivencia especifiquen que respeta los derechos humanos, sexuales y reproductivos”.

Hay profesores que todavía consideran que si un estudiante hombre es autorizado para llevar el pelo largo, arete o piercing, se vuelve una mala persona. En estos casos hay que revisar que han dicho las sentencias de la Corte Constitucional que están por encima de nuestras respectivas posturas.

¿Ha recibido insultos o señalamientos por ser un docente que aborda la educación sexual con un enfoque de derechos?

Sí. Ser educador sexual dejando de lado las ideas de que las mujeres están obligadas a ser esposas y mamás, así no lo quieran, despierta mucha resistencia en este país. Por eso tantos profesores se resisten a sumarse a iniciativas pedagógicas con enfoque de género porque temen ser señalados y atacados.

“Hay sectores de la comunidad educativa que confuden empatía con alcahuetería”.

Algunos de mis colegas me dicen: “lo más bonito que le puede pasar a una mujer es ser mamá y esposa”. “Y si ella quiere otra cosa, ser presidente o científica por ejemplo”, les pregunto. Su respuesta es: “que lo sea, pero sin dejar de ser mamá y esposa. Profe no les dé rienda a que no se realicen como mujeres”. Y así, tal cual, pretenden especificarlo en el currículo.

Parte de la solución es que currículo de educación sexual sea nacional para que no se convierta en lo que a cada quien se le ocurra enseñar. Pero a los gobiernos les da miedo defender esta idea por la importancia del capital político –los votos– que aportan los sectores conservadores.

¿Son las nuevas generaciones más incluyentes y el problema es el choque con los adultos que se resisten a reconocer la diversidad?

Sí son más incluyentes, pero esto no quiere decir que las nuevas generaciones ya no sean homofóbicas, racistas ni xenofóbicas. Pero sí tienen mayor predisposición a aprendizajes muy distintos a los de generaciones pasadas. En parte, porque son más empáticos por la violencia que ha rodeado sus historias de vida. Quieren ser más abiertos a los aprendizajes del respeto hacia las diferencias.

En esto también tienen que ver las industrias culturales. Nuestra generación creció viendo películas como Blanca Nieves, que nos fijaban expectativa de vida de casarnos con el príncipe y la princesa y de vivir felices eternamente. Nos enseñaron que los finales felices solo son para determinadas personas: el blanco, el príncipe y la princesa y el resto son unos ogros que no lo merecen.

En cambio, películas como Sherck o Valiente le están diciendo a los niños desde temprana edad que las personas que se salen de esos estereotipos también merecen finales felices. Esto ha contribuido a que las nuevas generaciones crezcan con una mayor apertura a la diversidad.

¿Qué hace falta para impartir una educación en diversidad sexual de calidad?

Hay quienes creen que se debe enseñar que existen personas homosexuales, bisexuales y demás, clasificando así a los seres humanos según sus comportamientos sexuales y afectivos. Yo prefiero enseñar diversidad sexual y de género desde una perspectiva queer o enseñarles a los estudiantes que no importa como cada quien ame. 

¿De qué le sirve a alguien saber que fulanito es homosexual o bisexual? Categorías que normalmente se han utilizado para discriminar.  Lo más importante es enseñarles a los estudiantes desde temprana edad el respecto por las diferencias, cualquiera que sea. El foco debe ser que ningún tipo de discriminación está bien.

“Una habilidad que se debe enseñar en la escuela es el respeto por las diferencias”.

Por eso me acojo más a la Teoría Queer, para enseñarles a niños, niñas y jóvenes a conectarse con el ser humano y a no clasificar sino a reconocer las diferencias para no solamente aceptarlas sino celebrarlas. 

Sí hace falta enseñar más sobre qué es la identidad de género porque este es un tema aún desconocido para mucha gente, incluso para muchas personas trans que entienden su situación y le ponen nombre a lo que sienten cuando lo ven en una clase. Este sí es un tema que se debe abordar más en los currículos.

¿Son las directivas de las instituciones educativas reacias o abiertas a impartir una educación sexual de calidad?

En las instituciones educativas pasa como en la sociedad y en las redes sociales: hay directivas a favor y otras en contra. Por esto, el éxito de cualquier proyecto de educación sexual implica una negociación. El primer paso para hacerlo es tener en cuenta que a pesar de que quienes se oponen no tienen la razón, uno no puede desconocer sus creencias.

Lo segundo es que la educación sexual es obligatoria por ley. Pero lo que muchas instituciones educativas hacen es impartirla desde un ángulo tradicional: enseñando que lo mejor es la abstinencia o no tener relaciones sexuales. Pero si no negociamos con quienes se oponen a una formación de calidad, la educación sexual seguirá reducida a que una o dos veces al año una enfermera les imparta un taller sobre anticoncepción a los estudiantes más grandes y uno de prevención del abuso sexual a los más pequeños.

La mejor manera de resolver esas divisiones es a través del comité de convivencia, teniendo presente que la información que al respecto se enseñe, tanto en casa como en las instituciones educativas, no puede ir en contra de los derechos humanos ni de los derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes.

Lamentablemente la educación sexual en Colombia todavía está estigmatizada y rodeada de tabús. “Todavía persiste la idea de que si uno promueve el respeto por la diversidad es porque es un alcahueta o un corruptor de menores”

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