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Racismo, marchas LGBT y cubrimiento periodístico

Género, diversidad sexual y cambio social.

Una foto publicada en Sentiido que forma parte de una galería de imágenes del día de la marcha LGBT de Bogotá, generó un interesante debate. ¿De qué se trata?

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Imagen tomada durante la marcha LGBT o por la ciudadanía plena que tuvo lugar el pasado 29 de junio en Bogotá.

Hace unos días, a propósito de una foto publicada en las redes sociales de Sentiido, se originó un interesante debate que consideramos importante compartir, para que más personas se enteren, participen o reflexionen al respecto.

Después de su cubrimiento periodístico de la marcha LGBT de Bogotá, Sentiido compartió una galería fotográfica con algunos de los momentos que vio allí.

De inmediato, recibimos varios mensajes, públicos y privados, que señalaban a este medio de ser racista por registrar y compartir esta foto:

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Este fue uno de los mensajes recibidos:

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A pesar de que públicamente lamentamos lo sucedido, pues el propósito no era otro que mostrar parte de lo ocurrido en la marcha sin emitir juicios ni comentarios al respecto, Sentiido consideró oportuno no quedarse en los señalamientos sino ahondar más en el asunto, teniendo en cuenta el contexto colombiano y en el que fue registrada la imagen.

Con el ánimo de darle mayor visibilidad al debate y de presentar otros puntos de vista, consultamos distintas fuentes. Una de ellas es Ray Charrupi, abogado y director de Chao Racismo, organización colombiana creada en 2011 con el propósito de erradicar las prácticas racistas cultural y socialmente aceptadas.

Según Charrupi, lo primero que habría que agregar es que Sentiido, como medio de comunicación, realizó un cubrimiento periodístico. “Su objetivo era presentar lo que vio en la marcha LGBT. Y la persona de la foto estaba allí. Uno podría preguntarse: ¿por qué esa persona participó vestida de esa manera? Pero no es obligación del medio formularle esa pregunta”, señaló Charrupi.

Franklin Gil Hernández, investigador de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional (Bogotá), no considera racista el hecho de que un medio de comunicación realice un registro fotográfico y seleccione para publicar una foto como esa. Sin embargo, agrega, en ocasiones ciertas elecciones se convierten en algo natural y vale la pena reflexionar si esa imagen que parece una más, tiene un significado adicional.

“Es interesante que la gente reaccione ante este tipo de fotos. Hace unos años eso no sucedía. Las personas en general, incluidas las afro, no estamos exentas de prejuicios racistas. Finalmente uno forma parte de una sociedad racista, es un tema profundamente instaurado”, completa Gil Hernández.

Para Diana Navarro, activista transgenerista, directora de la Corporación opción por el derecho a ser y el deber de hacer y quien se define como “negra, marica y puta”, esa foto corresponde a una puesta en escena que personifica y exalta lo afrodescendiente. Quizás a una mujer transgénero afro.

Marcha de la libre expresión

“No le veo racismo. Esta marcha es para expresarse como cada quien quiera y si una persona tuvo a bien mostrarse caracterizada como afro, no lo considero discriminatorio”, enfatiza Navarro.

En esto coincide Wilson Castañeda, director de la Corporación Caribe Afirmativo. “No me parece que participar en la marcha LGBT de esta manera sea un acto racista porque no siento que se esté agrediendo a la población afrodescendiente. No percibo que la persona busque ridiculizar sino participar en una movilización”.

Para Castañeda, la persona que aparece en la fotografía pareciera estar inspirada en las denominadas “Negritas Puloy” del carnaval de Barranquilla, quienes se destacan por reivindicar los cuerpos como vehículos portadores de mensajes.

“Su cabello, aretes, labios, moño, abanico y postura, evocan a estos personajes. La única diferencia es que ella lleva un vestido verde y estas mujeres acostumbran usar uno rojo”, dice Castañeda.

La similitud de la persona de la foto con las “Negritas Puloy” es una percepción que también comparte Gil Hernández. “En principio, podría pensarse que estos personajes se basan en un prejuicio racista, pero en un contexto de carnaval habría que mirarlos de otra manera. Especialmente, porque este es un espacio de transgresión y en el que no solamente se parodia lo negro”.

Es algo muy distinto, continúa Gil Hernández, de lo que sucede en un programa de televisión como Sábados Felices, con imitaciones claramente racistas de lo afrodescendiente.

Según Castañeda, las “Negritas Puloy” demuestran en festividades y carnavales -eventos que representan la identidad cultural de una región- que la presencia afro es importante y también construye sociedad.

En los territorios colombianos con predominio de población afro, la gente aprovecha las fiestas y carnavales para resaltar la raza negra. “Los historiadores cuentan que tiempo atrás, cuando las autoridades decretaban la llegada del carnaval, los esclavos del Caribe tenían libertad para sentirse igual al resto de ciudadanos porque podían juntarse con las personas blancas”, agrega Castañeda.

Con el paso del tiempo, muchas personas en las festividades del Caribe y el Pacífico tienden a resaltar la raza negra. “Y quienes no son afro tratan de que sus cuerpos así lo parezcan, como una manera de evocar que las festividades rompían las dimensiones de razas”, enfatiza.

Actualmente, un buen número de mujeres transgeneristas asiste a las marchas LGBT de Colombia, especialmente a las del Caribe, vestidas de “Negritas Puloy”. “Y en el carnaval de Barranquilla, algunas lucen de esta manera porque es la representación que mejor les permite reivindicar sus derechos a través de sus cuerpos”, afirma.

Cuerpos que comunican

Según Castañeda, algunas de las personas que interpretan a las “Negritas Puloy”, afirman que su cabello representa la búsqueda de la libertad, que su cuerpo muestra la resistencia a ser violentado y, su caminar seductor, es una manera de decirle al blanco que son iguales.

“Pero más allá de que la persona de la foto esté o no inspirada en una ‘Negrita Puloy’, es un cuerpo que evoca a los grupos afrocolombianos y que parece estar diciéndoles a las personas mestizas y blancas predominantes en la marcha de Bogotá, que las afrodescendientes también pueden ser LGBT”, agrega Castañeda.

Desde su cuerpo afro, continúa, además de exigir igualdad de derechos, demuestra estar preguntándose de qué manera el movimiento LGBT se está articulando con otros y cómo marchas como la LGBT se están abriendo a distintos sectores sociales.

“Sin conocer a la persona de la foto, percibo un interés de enviar el mensaje de que entre las personas LGBT también hay afro, quienes sufren un proceso de discriminación más fuerte porque no solamente son víctimas de homofobia, sino también de racismo”, afirma  Castañeda.

Esta foto tiene una relación cercana a la manera como en las movilizaciones, especialmente en el Caribe y en el Pacífico, se ponen en escena cuerpos afro, como una manera de comunicar que en los procesos de reivindicación también debe estar presente lo étnico racial.

“Que una persona en Bogotá, siendo de raza blanca, se caracterice de raza negra en un espacio de reivindicación de derechos como la marcha LGBT, puede obedecer, por un lado, a un ejercicio de solidaridad con las mujeres trans afro, quienes sufren un alto nivel de violencia”, agrega Castañeda.

También, puede intentar romper con la creencia de que en Bogotá solamente pueden marchar las personas LGBT mestizas o blancas. “Me pregunto si las personas que critican la fotografía no tendrán miedo de reconocer que cuando una mujer trans de Bogotá se sale de los estereotipos de ser blanca y voluptuosa, se cree que deja de formar parte de las luchas cotidianas de esta población”, añade.

En el Caribe como en otras tantas ciudades de Colombia, las marchas LGBT tienen un alto componente de carnaval donde los cuerpos, la música y el color son fundamentales. Cada movimiento -el indígena, el campesino, el sindical y el LGBT entre otros- tiene sus propias dinámicas.

La cultura al servicio de la movilización

“Más que satanizar este tipo de movilizaciones, habría que entender que son una manera de exigir reivindicación de derechos. Muchas puestas en escena y acciones colectivas de las personas LGBT, están acompañadas por manifestaciones propias de carnaval porque eso forma parte de la identidad: la cultura se pone al servicio de la movilización”, señala Castañeda.

En su opinión, mal se haría en regular o en señalar una determinada manera de participar en las marchas LGBT. Cuando el cuerpo se convierte en un vehículo de comunicación es una forma tan válida y significativa de participar como se hace en cualquier otro movimiento social.

Al buscar definir lo que es y no políticamente correcto en un evento como estos, no se permitirían muchas cosas. “Así como la persona de esta foto es calificada de cometer un acto racista, podrían cuestionarse por sexistas otras representaciones que tienen lugar en las marchas LGBT de Colombia”, afirma Gil Hernández.

Es importante entender, agrega, que esta no es la movilización del día del trabajo. “Hay mucha gente que quisiera que fuera así, pero no es la misma historia. Para mí la marcha LGBT o por la ciudadanía plena, tiene un sello carnavalesco”, dice Gil Hernández.

Según Diana Navarro, a esta marcha en Colombia se le está intentando dar una connotación de lo que la sociedad considera político y moralmente correcto. “Se critica a cualquier persona que trata de expresarse desde su propio ser, no se están permitiendo las libertades por las que tanto estamos luchando. Lucho por mi libertad para expresarme pero se la niego al otro”.

Franklin Gil Hernández considera que sería interesante aprovechar este debate para reflexionar y ahondar en otro tema que se ha dejado de lado: el racismo en la diversidad sexual, las políticas LGBT y la socialización en lugares gais.

“Además de los prejuicios racistas a la hora de escoger pareja estable, en los espacios gais están en juego otros tantos de raza, clase y género, lo que se evidencia en que en algunos de estos lugares les nieguen la entrada a algunas personas. Este debería ser un asunto más discutido”, concluye.

Este debate abre las puertas para abordar temas que generalmente han estado al margen de la diversidad sexual y de géneros. La intersección entre lo étnico, lo racial y las identidades sexuales es un asunto tan amplio y con muchas posibilidades de análisis, que sin duda Sentiido tendrá en cuenta.

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