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Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico

Género, diversidad sexual y cambio social.

Desconocer que Colombia es un Estado laico pone en riesgo la política y las convicciones religiosas de quienes profesan una fe. Un Estado laico es la figura más apropiada para creyentes y no creyentes. Entrevista a Rodrigo Uprimny. 

Fotos: Walter Gómez Urrego

Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico
Rodrigo Uprimny es abogado e investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia), entidad de la que fue director. También es columnista del periódico El Espectador.

El preámbulo de la Constitución política de Colombia (1991) dice: “en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios…”. (Ver: Lo que le aportó la Constitución de 1991 a la población LGBT).

El hecho de que este aparte incluya la palabra “Dios” ha sido suficiente para que algunas personas asuman que Colombia no es un Estado laico, sino confesional. Es decir, uno donde no existe una separación formal entre Estado e iglesias.

No es así. La Corte Constitucional de Colombia ha dejado claro que un Estado que se define como pluralista y que reconoce la igualdad entre todas las religiones, como es el caso de Colombia, es laico, sin que sea necesario especificar este concepto en un artículo o norma constitucional. (Ver: El camino para que Colombia sea un Estado laico).

De ahí que la invocación a Dios en el preámbulo de la Constitución tenga un carácter general y no esté vinculado con ningún credo particular, algo compatible con la pluralidad de creencias propias de la sociedad.

Aunque en la teoría no hay duda de que Colombia es un Estado laico o de que hay una separación formal entre Estado e iglesias, en la práctica ese argumento es cada vez más desestimado.

Un ejemplo de esto son los esfuerzos de algunos sectores evangélicos y pentecostales por ocupar cargos públicos para oponerse desde allí a cualquier proyecto de inclusión y no discriminación de personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). (Ver: La mezcla entre religión y política, ¿inevitable?).

A lo anterior se suma que en tiempos electorales las creencias de qué es y no es un Estado laico salen a relucir con más fuerza.

Para aclarar qué es el principio de laicidad y por qué beneficia a todas las personas, sean o no creyentes, Sentiido habló con Rodrigo Uprimny, abogado con maestría en socioeconomía del desarrollo y con una especialización en sociología jurídica. También es doctor en economía.

Uprimny ha sido magistrado auxiliar y conjuez en la Corte Constitucional, profesor de derecho, perito de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ha escrito artículos y libros sobre derechos humanos, derecho constitucional, democracia y administración de justicia, entre otros.

Actualmente se desempeña como investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia), entidad de la que fue director y es columnista del periódico El Espectador.

1. Si el preámbulo de la Constitución invoca a Dios, ¿es Colombia un Estado laico?

En la sentencia C-350 de 1994 la Corte Constitucional refutó la tesis de que Colombia no es un Estado laico porque en el preámbulo de la Constitución se invoca a Dios.

La Corte señaló que en la Constitución de 1991 se adoptó el principio de laicidad entendido como la separación entre Estado e iglesias para proteger la libertad religiosa y la igualdad entre todas las confesiones.

Y si la Constitución establece que todas las religiones son iguales, el Estado no puede ser confesional porque le estaría dando prioridad a una religión.

Ese fue el argumento para señalar como inconstitucional que el país estuviera consagrado al Sagrado Corazón de Jesús. En ese entonces, algunas personas señalaron que esa consagración no afectaba la libertad religiosa y que, además, la religión católica es la que tiene más fieles.

La Corte respondió que aunque dicha consagración no afecta la libertad religiosa, sí rompe la igualdad entre las confesiones, porque al consagrarse el país al Sagrado Corazón la religión católica quedaría como la oficial. (Ver: A Dios solo lo que es de Dios).

“Colombia es un Estado laico que reconoce que algunas personas encuentran la espiritualidad en las religiones y otras en unas formas particulares de vida”.

En el preámbulo de la Constitución no se invoca a un Dios particular sino la idea de que Colombia reconoce la dimensión espiritual de las personas. Desde entonces, la Corte ha sostenido de manera invariable que Colombia es un Estado laico.

2. Cuando el papa Francisco visitó Colombia, el exprocurador Alejandro Ordóñez insinuó que con tanta gente creyente, este país no podía ser laico. ¿Qué opina?

El error del exprocurador es creer que un Estado laico no reconoce a los creyentes. Todo lo contrario. Por un lado, el principio de laicidad protege al Estado y a las personas no creyentes de que la política se afecte por convicciones religiosas.

Por otro, protege a quienes profesan una fe de que la política y el Estado interfieran en sus creencias o convicciones religiosas. Por tanto, no hay ninguna contradicción en que Colombia sea un Estado laico y en que la mayoría de su gente siga una religión. Esto no afecta la separación entre Estado e iglesias consagrada en la Constitución. (Ver: Vivir en un Estado laico favorece a todas las personas).

“Dios sería el primero en defender la laicidad. Pediría no mezclar los temas religiosos con política”.

Quien incurre en una contradicción es el exprocurador Ordóñez al creer que si en una sociedad hay religiosidad, esta debe formalizarse en un Estado confesional. Es decir, un Estado a favor de una religión y donde las creencias minoritarias o son perseguidas o están en desigualdad. (Ver: Así viví un foro sobre Matrimonio Igualitario).

3. ¿En qué le afecta a una persona, sea o no creyente, vivir en un Estado laico?

Las ideas fundamentales de la laicidad son: el Estado está separado de las iglesias, respeta la libertad religiosa y trata de igual manera a todas las religiones y a quienes son y no son creyentes.

Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico
Según Rodrigo Uprimny, el principio de laicidad protege la discusión política de fundamentalismos religiosos y protege a las convicciones religiosas de la interferencia política.

Una manera de entender lo que significa vivir en un Estado no laico, es recordando lo que pasaba en Colombia cuando era confesional (estaba en vigencia el concordato y la Constitución de 1886): todos los estudiantes estaban obligados a tomar clase de religión, donde solamente se enseñaba la doctrina de la Iglesia católica.

4. Si Colombia es un Estado laico, ¿significa que están permitidas las manifestaciones y procesiones religiosas en el espacio público?

Cada Estado tiene grados de laicidad. Hay unos que permiten las expresiones religiosas en espacios públicos y otros, como Francia, que consideran que esos signos afectan el principio de laicidad.

Existe una tensión entre el principio de laicidad y ciertas expresiones religiosas. Si el primero se extrema, puede afectar la libertad religiosa de alguien que, por ejemplo, quiera expresar públicamente su religión.

Otra tensión es con las tradiciones culturales. En sociedades donde la religión ha sido importante hay una cierta mezcla entre lo cultural y lo religioso.

Adoptar la laicidad no resuelve todos los conflictos, pero es el principio correcto: permite la coexistencia de visiones religiones y espirituales no religiosas, en sociedades plurales, multiculturales y multirreligiosas.

 “Por el principio de laicidad no debería otorgarse ningún subsidio estatal a ceremonias de contenido religioso”.

La Corte Constitucional ha enfrentado discusiones complejas como mantener o no los días festivos por motivos religiosos. La Corte los mantuvo argumentando que eran una conquista laboral y una tradición nacional más que religiosa. En otros países, por ejemplo, el jueves y el viernes de Semana Santa no son festivos porque tienen un principio de laicidad más estricto.

En cuanto a las procesiones y ceremonias públicas religiosas, el problema es cuando tienen el apoyo de una alcaldía u otro organismo público porque puede romperse con el principio de Estado laico.

La Corte ha dicho que las procesiones de Semana Santa son patrimonio cultural, pero en otras ocasiones ha encontrado que ciertos eventos rompen con la separación que debe existir entre Estado e iglesias.

Para dirimir este conflicto, en algunos países se han desarrollado tests que permiten indagar qué expresiones religiosas -incluso apoyadas por el Estado- afectan la laicidad del Estado.

Según La Corte Constitucional, el fundamento esencial de la política en Colombia debe ser secular (no religioso).

Para tal fin, se revisa si esas expresiones tienen un objetivo puramente religioso o si contemplan otros valores constitucionales como la recuperación de una tradición cultural o si afectan otras religiones, a personas de otros credos o que no profesan una fe.

El test Lemon en Estados Unidos establece tres puntos clave: revisar si el propósito de la expresión es secular (no religiosa); que no pretenda promover o bloquear una confesión religiosa y que no implique una interacción excesiva entre Estado y religión.

5. Antes de la Constitución de 1991, las religiones distintas a la católica estaban en desventaja. Ahora que adquirieron igualdad, varios de sus líderes pretenden discriminar a minorías como la LGBT. ¿No es así?

Es contradictorio que esas iglesias que lograron expandirse, en parte gracias al ambiente de libertad religiosa y de laicidad propio de la Constitución de 1991 y a la jurisprudencia de la Corte Constitucional, ahora usen esa libertad religiosa y su igualdad como iglesias para perseguir a otras minorías. (Ver: La creciente y preocupante influencia de la religión en la política).

El argumento del proyecto de referendo de Viviane Morales para evitar que las personas solteras, viudas o separadas así como las parejas del mismo sexo pudieran postularse a procesos de adopción, era que ese tema debía decidirlo la sociedad colombiana, según opinión de la mayoría. (Ver: 9 razones por las que el referendo de Viviane Morales sí discrimina).

Yo le preguntaba a Morales, quien es cristiana, qué habría pasado si décadas atrás se hubiera sometido a referendo si las parejas no católicas pudieran postularse a procesos de adopción. Tanto la propuesta de ella como esta son discriminatorias, pues se trata de someter los derechos de minorías a la decisión de mayorías.

6. Viviane Morales señala que la igualdad de las minorías religiosas la consiguieron por voto popular y no por litigio estratégico como se ha avanzado en la igualdad LGBT. ¿Qué tan cierto es esto?

El peso de los representantes cristianos –dos– de los más de 70 constituyentes elegidos para promulgar la Constitución de 1991 fue mínimo. No fue por su participación que en Colombia se logró la igualdad religiosa.

La Asamblea Nacional Constituyente tuvo un espíritu igualitario, no por la presencia de una minoría cristiana, sino por su propósito de eliminar exclusiones autoritarias de la Constitución de 1886 como su carácter católico. Esto a pesar de que la mayoría de constituyentes profesaban esta religión.

Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico
Rodrigo Uprimny es partidario de un laicismo moderado que permita expresiones religiosas. Aunque si esas convicciones aspiran a volverse políticas deben transformarse en argumentos públicos y debatibles.

La Constitución de 1991 eliminó algunas desigualdades de los pueblos indígenas, a pesar de que los representantes indígenas eran minoría. Estos y otros cambios se debieron al espíritu predominante durante la constituyente y a la jurisprudencia de la Corte Constitucional, entidad que ahora tanto critican algunos sectores religiosos.

“La igualdad religiosa se debe especialmente al espíritu incluyente de la Constitución de 1991 y a la Corte Constitucional”.

En la sentencia T -700 de 2003 la Corte estableció que las exenciones tributarias propias de la Iglesia católica debían extenderse al resto de iglesias para garantizar el principio de igualdad entre las confesiones.

Es acertado que todas tengan el mismo trato tributario. Lo que viola el principio de laicidad es que las confesiones religiosas, cualquiera que sea, tengan exenciones tributarias. Esto hace que quienes no tengan convicciones religiosas sean de alguna manera discriminados.

Yo admitiría un principio de exención tributaria a aquellas actividades de las confesiones religiosas relacionadas con un interés general y no por el hecho de ser una religión. En países con una laicidad estricta, las iglesias no tienen esos beneficios.

“No creo que el espacio de culto de una iglesia deba estar exento de un impuesto predial. Debería tener los mismos impuestos de cualquier otra propiedad”.

Por otra parte, el litigio estratégico -que ha permitido avanzar en la igualdad de las personas LGBT- protege los derechos de minorías que tienen dificultades para hacerse representar en el espacio público. (Ver: La Corte Constitucional de Colombia y los derechos de las personas LGBT).

A las minorías, por definición, les queda difícil garantizarse sus derechos en el debate público porque son minoría. Si en los años 70, por ejemplo, se hubiera aprobado que solamente las parejas católicas -no de otra confesión- pudieran adoptar, las minorías religiosas no habrían podido cambiar esa norma discriminatoria en el debate político porque eran minoría. (Ver: La estrategia electorera de estar en contra de las personas LGBT).

En una democracia es legítimo que las mayorías no puedan tomar decisiones sobre los derechos de quienes no tengan opción de ganar políticamente por ser una minoría.

7. Pareciera que el argumento “Estado laico” fracasó: cada vez hay más líderes con una agenda religiosa participando en política. ¿Qué opina?

Algunos argumentos del Estado laico como “las creencias religiosas son del ámbito privado y deben quedarse en la casa” o “en el espacio público no debe existir ninguna connotación religiosa“, son muy valiosos para evitar las guerras, metafóricas y reales, por religiones.

Sin embargo, para muchas personas sus convicciones religiosas son lo más importante de su vida y no están dispuestas a renunciar a ellas cuando van a intervenir en política.

A mí ahora me convence más la tesis que desarrolló el filósofo alemán Jürgen Habermas de que los argumentos religiosos pueden llevarse al debate público, siempre y cuando su contenido religioso se traduzca en uno debatible por quien no tenga sus mismas convicciones. Es decir, se transforme en un argumento propio de una discusión pública, ciudadana y racional. (Ver: Hay muchas voces religiosas que no son “antiderechos”).

“El argumento no puede ser ‘la Biblia dice…’, pero sí es posible transformarlo en uno útil para un debate público”.

Así, si lo que está en discusión es la interrupción voluntaria del embarazo, la persona no podría citar una encíclica papal que condenó esta práctica. Si quiere utilizar esa idea en el debate público deberá traducirla en una que permita una discusión racional entre creyentes y no creyentes. (Ver: Aborto en Colombia: lo que se dice vs. Lo que es).

Esto, en teoría, le permitiría a la religión salir de la esfera privada y llegar transformada a la discusión pública. Finalmente estamos en sociedades pluralistas donde las personas tienen diferentes convicciones religiosas.

8. ¿A qué le atribuye que los discursos religiosos estén ganando tanto terreno en espacios políticos?

El ser humano no puede vivir sin ciertas identidades grupales de pertenencia. En los últimos años unas identidades se debilitaron y algunas personas encontraron refugio en las religiones.

En los años 60 y 70, por ejemplo, hubo identidades políticas o de clase muy marcadas. Europa tenía identidades obreras y sindicales muy fuertes. Con la globalización y el mundo neoliberal que fragmentó los sindicatos y llevó a condiciones de trabajo precarias, esa identidad se debilitó.

En ciertos países árabes, el ascenso del islam está ligado al fracaso de su proyecto nacionalista y a la identidad de nación.

Tener identidades religiosas no sería grave sino se volvieran identidades políticas fundamentalistas que impiden una ciudadanía democrática. El problema no es la identidad religiosa sino llevar a la política su cariz fundamentalista. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

9. ¿En Colombia estará gestándose una tendencia religiosa antidemocrática?

Colombia está en un período de incertidumbre o de bifurcación. Es decir, cuando un fenómeno ha avanzado en una cierta dirección y llega un momento en que le falta poco para irse por el lado A o por el lado B.

Rodrigo Uprimny: Dios sería el primero en defender el Estado laico
Para Rodrigo Uprimny hay temas en los que Colombia ha avanzado. Hace 30 años había una profunda discusión sobre el divorcio, hoy la gente se casa y se divorcia sin problema. Con el Estado laico, todavía hay tensiones.

Un momento de bifurcación dramático fue agosto de 1914 cuando Europa venía de un periodo liberal de casi 100 años sin guerras, pero donde había tensiones entre las grandes potencias. Eso hubiera podido resolverse de manera diplomática, pero se fue por el asentamiento de las tensiones llegando así a la Primera Guerra Mundial.

Colombia está en un momento de consolidar la paz. Esto podría llevar a una transformación profunda de mayor igualdad y de resolver sin violencia problemas acumulados. El otro camino es que las violencias se acentúen producto de la polarización que vive el país y esto termine en una degeneración del proceso de paz, en una vuelta a la guerra y en una regresión antidemocrática. (Ver: Es un “No” más profundo).

En este periodo de incertidumbre hay que hacer esfuerzos por mantener la prudencia y una movilización democrática para lograr que en esta bifurcación las fuerzas avancen en un sentido de profundización democrática pacífica.

10. Algunos políticos acuden incluso a premisas que hace unos años eran impensables como “Nada sin Dios”. ¿A qué le atribuye esto?

En el mundo se ha visto un ascenso de populismos autoritarios con legitimación democrática y apoyo popular. Algunos están unidos a símbolos religiosos y a la idea de que hoy lo “políticamente correcto” es dejar de serlo y acudir a lenguajes discriminatorios con la idea de que así piensan las mayorías.

 “Yo como agnóstico podría dialogar con personas creyentes moderadas y éstas podrían conversar con otras más radicales. Así podrían empezarse acercamientos”.

Eso se ve en la elección de Trump en Estados Unidos, con el presidente Duterte en Filipinas, con Erdogan en Turquía y en los autoritarismos de Europa central. Ese ambiente también repercute en Colombia. Ahora se ve un lenguaje más agresivo, más de odio.

11. ¿Será que la discusión debe ir más allá de lo político para buscar nuevos marcos teológicos en un contexto de derechos humanos?

Durante mucho tiempo creí que el principio laico duro de neutralidad religiosa del Estado era la solución. Ahora, con el ascenso de tanta gente que quiere llevar sus convicciones religiosas al debate público, ese principio resulta insuficiente.

Uno de los retos de las democracias contemporáneas es preservar el principio de laicidad o de igualdad entre las confesiones religiosas (incluyendo a quienes no las tienen) sin sentir que se debe aplacar a quienes tienen convicciones religiosas.

Es difícil, en la medida en que algunas personas solo están dispuestas a discutir a partir de unos principios de fe, lo que hace que el diálogo parta de marcos conceptuales incompatibles.

Yo creo que, en todo caso, los acercamientos son posibles. Se trata de preguntarle al otro qué entiende por “dignidad” como cristiano, musulmán o judío. Yo le explico mi visión y el ejercicio se repite con las nociones de “libertad” y “justicia”, entre otras. Analizando cómo pueden dialogar los distintos puntos de vista se logran acuerdos respetuosos.

12. ¿Cuál es el gran reto para fortalecer el Estado laico?

Demostrarles a quienes pretenden acabar con la laicidad que esto amenazaría su espiritualidad religiosa. En un Estado laico nos acomodamos mejor las personas religiosas y no religiosas.

Poner en riesgo el principio de laicidad es una apuesta peligrosa para las personas evangélicas, por ejemplo, porque podríamos regresar a un fundamentalismo católico. Y lo mismo para los católicos: las otras iglesias pueden seguir creciendo y los católicos terminar siendo una minoría en desigualdad.

#ReligiónMásDiversidad, es un proyecto apoyado por la Fundación Open Society Institute en cooperación con el Programa para América Latina de Open Society Foundations.

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