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Se necesitan más políticos abiertamente LGBT

Género, diversidad sexual y cambio social.

A propósito del tercer curso de gestión de campañas políticas para personas LGBTI en Colombia, surge la pregunta de por qué es importante que el país cuente con más políticos abiertamente LGBT.

políticos gays y lesbianas
Imagen tomada durante el tercer curso de gestión de campañas políticas para personas LGBTI que tuvo lugar en Bogotá entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 2014. Foto: Caribe Afirmativo.

El 20 de noviembre de 2012 es una fecha difícil de olvidar.

Ese día, el senador Roberto Gerlein, quien ocupa su curul desde 1974, dijo: “El catre compartido por dos varones, merece repulsión. Qué horror. Es un sexo sucio, excremental, asqueroso, que merece repudio. No puedo convertirme en vocero de esa clase de uniones”.

Ninguno de los senadores presentes le exigió respeto o moderación en sus palabras.

El rechazo vino a través de las redes sociales. Pero ¿qué habría pasado si algunos de sus colegas fuera abiertamente gay? Lo más posible es que Gerlein hubiera tenido que morderse la lengua o que hubiera encontrado una oposición directa en ese escenario. Pero no fue así.

El 26 de mayo de 2013, el concejal de Bogotá Jorge Durán Silva expresó en un debate: “que manden una dama para que me recoja, pero que a esa dama le gusten los hombres porque está de moda que a muchas no les gusten y a mí no me gusta esa clase de mujerzuelas”.

Una de las primeras personas en protestar por estas declaraciones fue su entonces colega Angélica Lozano, hoy representante a la Cámara por Bogotá. La primera congresista abiertamente lesbiana de Colombia.

Es un hecho que por el Congreso y el Concejo de Bogotá, entre otros escenarios, han pasado más senadores, representantes y concejales LGBT, pero Lozano es la primera que lo ha reconocido públicamente y desde antes de llegar a la Cámara. No cuando tuvo garantizada su curul.

Estos dos episodios, el del senador Gerlein y el del concejal Durán Silva, muestran una notoria diferencia cuando hay políticos que no ocultan ser homosexuales.

Según Wilson Castañeda, director de la Corporación Caribe Afirmativo, es importante que el país cuente con más políticos abiertamente LGBT, para que se evidencie cómo una lucha de un movimiento social se transforma en una agenda política. “Finalmente son en estas instancias donde se toman las decisiones y se puede contribuir a disminuir la desigualdad y la exclusión”.

Proyectos LGBT noqueados

“También hacen falta más políticos abiertamente LGBT por los malos resultados que han tenido los proyectos de igualdad de derechos en los escenarios políticos. El Congreso los ha noqueado. Han tenido más fuerza los argumentos homofóbicos”, afirma Castañeda. Adicionalmente, con el auge de una participación política de personas LGBTI, la mesa de género que tiene el Congreso podría ampliarse a diversidad sexual.

Para hacer política, ninguna persona está obligada a salir del clóset, pero es importante que una población que ha vivido en carne propia la ausencia de políticas públicas y la falta de garantías legales, asuma una participación directa en política.

Esto no quiere decir que las personas LGBT busquen llegar a estos escenarios solamente para trabajar en sus derechos. La idea es que tengan presente las luchas de movimientos como el de mujeres y de aquellos que proponen una transformación social. No se trata de LGBT trabajando exclusivamente para LGBT.

La participación en política podría considerarse como una tercera fase del movimiento LGBT de Colombia. La primera fue la lucha por organizarse. La segunda, la presión por leyes como el Matrimonio Igualitario, las sentencias de la Corte Constitucional y la búsqueda de políticas públicas.

La tercera fase, explica Castañeda, es la participación directa en cargos de elección popular para garantizar una toma de decisiones que propenda por la igualdad.

Los pioneros en Colombia en intentar participar en cargos de elección popular siendo abiertamente LGBT son Manuel Bermúdez, en Medellín, Mauricio Garcés en Cali y Manuel Velandia, Edgar Robles y Germán Humberto Rincón en Bogotá. Aunque no ganaron, generaron precedentes muy significativos.

Una segunda generación llegó cuando partidos como el Polo Democrático o figuras como el exalcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón le apostaron a la garantía de los derechos de las personas LGBT. Aparecen así nombres como Angélica Lozano, Juan Sebastián Romero, quien fue elegido edil de la localidad de Chapinero y Blanca Inés Durán, exalcaldesa de esta localidad.

Un tercer grupo está conformado por quienes han construido un liderazgo político sin identificarse públicamente como LGBT. Acá también cabrían aquellas personas LGBT de territorios apartados como Orito (Putumayo) o Chaparral (Tolima), que han empezado a participar en escenarios políticos.

En todas partes

“En Chaparral (Tolima), por ejemplo, hay un concejal que empezó su tránsito para construirse como una mujer transgenerista. Y estamos hablando de Chaparral, donde nacieron las FARC y donde aún hay una fuerte presencia del conflicto armado”. En Pasto está Darla Cristina González, una mujer trans que fue candidata al Concejo por Cambio Radical, partido político que no ha sido muy cercano a los temas LGBT.

Con el ánimo de asesorar a las personas abiertamente LGBT de Colombia interesadas en participar en escenarios políticos, hace dos años la Corporación Caribe Afirmativo y el Gay & Lesbian Victory Institute, con sede en Estados Unidos, organizan en Colombia los cursos de gestión de campañas electorales.

Hasta la fecha han llevado a cabo tres encuentros. Este último tiene lugar en Bogotá desde el viernes 28 de noviembre hasta el lunes 1 de diciembre, con la participación de 27 personas de 12 ciudades del país. Un cuarto curso tendrá lugar en febrero de 2015 en Cali. Después de éste, estarán formadas alrededor de 100 personas.

Para el reciente curso en Bogotá se convocaron especialmente a jóvenes, sin poner un límite de edad, pensando en que en los anteriores se contó con una importante presencia de activistas de larga trayectoria. “Tratamos de ser coherentes con el liderazgo juvenil del movimiento LGBT en Colombia”.

Los cursos tienen una parte teórica y otra práctica. En esta última se hacen ejercicios de cómo se hace una campaña y cada participante, según lo que vaya viendo, decide a qué cargo apuntarle, con qué partido y bajo qué agenda.

Sin embargo, es un hecho que no todos se presentarán a elecciones. Finalmente, todavía hay temores, restricciones en los avales y es difícil competir con candidaturas de amplio reconocimiento. “Lo único que esperamos es que quienes opten por hacerlo no pierdan su rol de ser líderes visiblemente LGBTI y portadores de un mensaje de igualdad.”.

En la anterior campaña al Congreso (2014), Julio César Mancera, quien fue candidato al Senado, pasó por este proceso de formación. No obstante, un momento crucial para evidenciar cuántas personas en realidad están interesadas en participar en política, serán las elecciones del año entrante. El 25 de octubre de 2015 se elegirán gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las juntas administradoras locales (JAL).

Todo empezó…

En 2008, Victory Institute decidió abrirles las puertas a personas de otros países, interesadas en aprender sobre estrategas de campañas políticas. Blanca Inés Durán fue una de las primeras personas de Colombia en viajar a Estados Unidos para participar de esta formación.

El problema era que el curso estaba enfocado en el contexto norteamericano, muy distinto al colombiano. Por esto y para que en vez de invitar líderes latinoamericanos a Estados Unidos pudieran organizarse cursos en otros países, en 2012, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) le entregó recursos a Victory Institute.

Desde entonces los cursos se construyen en cada país. El gran propósito es que las personas que se inscriban estén realmente interesadas en dar un salto del liderazgo LGBT a la participación política directa.

“Victory no viene a enseñar cómo hacer liderazgo ni a informar sobre qué es la participación política. El curso está dirigido a personas interesadas en participar de forma directa y concreta en la construcción de una campaña política para proponer sus nombres en cargos de elección popular”.

Es importante que quienes participen tengan liderazgo. Esto les permitirá, cuando salten al ruedo, recoger el apoyo de sus simpatizantes.

Otro de los temas centrales del proceso es el acercamiento a los partidos políticos, debido a que el sistema colombiano obliga a hacer campañas dentro de los partidos o movimientos políticos establecidos. “Aunque algunos partidos han asumido compromisos de inclusión, se han quedado solamente en mujeres y grupos étnicos. Por esto, hay que mirar cómo dan un salto a personas LGBTI”.

Tampoco se trata de que los partidos se conformen con darles un aval a estas personas, sino que se comprometan a acompañarlas en todo el proceso. “No hacemos nada entusiasmando a la gente para que se presente, si los partidos no les den un aval, los ponen en la cola de las listas o no hacen reformas estructurales en sus programas para incluir los temas LGBT”.

Hacer política en Colombia no es un propuesta atractiva. De ahí la importancia de que el programa incluya un componente de motivación. Finalmente este sigue siendo el único escenario en la democracia que puede cambiar una realidad legislativa, política y administrativa. “Aunque la política está desprestigiada, permite una oportunidad para aportar al cambio”.

Todo este proceso de formación política permitió la consolidación del observatorio de participación política de personas LGBTI en Colombia que, entre otras cosas, se encargará de hacer un seguimiento para evaluar qué tan efectiva fue la capacitación. La idea es construir unos indicadores que nos permitan medir la efectividad de la formación, corregir errores y proponer nuevos escenarios.

También se busca revisar cuántas personas de las que fueron formadas se presentaron a elecciones, cuántos llegaron a cargos, cómo va a ser su papel, cuáles son los temas que van a trabajar y cómo es su articulación con los partidos políticos y qué tan respetuosos fueron los partidos con los avales.

“Quisiéramos que muchos líderes dieran el salto a la política, pero entendemos que esta también es una vocación y que no todas las personas tienen habilidades para esto. Sin embargo, es una oportunidad de conseguir aquellos derechos por los que tanto se ha luchado”, concluye Wilson Castañeda

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