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Sobre el protocolo de cambio de sexo

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Antes de contemplar las intervenciones quirúrgicas, debería plantearse un protocolo para desmitificar la intersexualidad como una situación que debe corregirse mediante cirugías.

Por Tiffany Andrea Botero*

que es la intersexualidad
El protocolo que sugiere la Corte Constitucional, debe incluir la alternativa de no decidir una intervención quirúrgica hasta una edad prudente o no decidir nada al respecto.

Quiero hablar aquí de lo que el diario El Espectador llamó una “decisión sin precedentes”.

El protocolo de cambio de sexo que la Corte Constitucional le pidió diseñar a la comunidad médica y al Ministerio de Salud es sin duda, uno de los hitos más significativos en materia de intersexualidad en Colombia.

El año pasado, cuando con una compañera investigadora decidimos tratar el tema, identificamos escenarios, investigaciones, casos y colectivos.

De manera casi sobrenatural, estas iniciativas se alinearon con nuestra investigación. Pareciera que las fuentes hubieran estado predestinadas a que recurriéramos a ellas. Fue algo maravilloso no solo por nuestro trabajo sino por la población intersex del país.

La realización de un seminario de intersexualidad en la Universidad de Antioquia, el primer estudio de intersexualidad en Bogotá, casos comentados  tímidamente por entidades locales (con la confidencialidad del caso) y  el primer colectivo de personas intersexuales en Colombia, fueron algunas de las coincidencias que encontramos en este proceso. Todos, hitos maravillosos llevados a cabo por iniciativa de esta misma comunidad.

Sin embargo, desde la institucionalidad municipal y departamental en Medellín y Antioquia se evidenció desconocimiento o incursión tímida en el tema, asunto que se notaba con las respuestas a los derechos de petición en los cuales les solicitábamos información acerca de este grupo poblacional.

El pronunciamiento de la Corte Constitucional era el espaldarazo que les hacía falta a las personas intersexuales para animarse a articular todas estas iniciativas y plantearse tal vez una visibilidad más activa y una construcción de demandas claras para el Estado y la sociedad.

Quienes hemos estudiado el tema, sabemos que lo anterior es un canto a la bandera para ustedes –sí, ahora me dirijo a las personas intersexuales de Colombia– por la dignidad que les han arrancado desde que nacieron, pero difícilmente van a lograr dignificar sus vidas y sanar sus heridas subestimando el brazo político que le hace falta a la comunidad.

Las circunstancias están dadas, es el momento para hacerlo, continuaremos trabajando desde la academia y la individualidad para que sus demandas sean visibles, pero los necesitamos a ustedes. Piensen en el número de intervenciones quirúrgicas arbitrarias que podríamos evitar si comenzamos a trabajar juntos.

Volviendo al protocolo que sugiere la Corte, este debe incluir la alternativa de no decidir semejante asunto hasta una edad prudente o no decidir nada en absoluto.

Solo en casos muy particulares la intersexualidad genera problemas de salud. Por el contrario, las intervenciones quirúrgicas para asignar un órgano sexual “no ambiguo” pueden ser causa de complicaciones que deben tratarse por el resto de la vida, cercenando la vida sexual de la persona y dejando cicatrices.

El debate que debemos dar mediante las redes sociales y los medios de comunicación no debe dirigirse hacia la favorabilidad del Estado frente a estas intervenciones sino a cuestionarse por qué la intersexualidad debe corregirse o por qué debe considerarse una patología que un clítoris mida más de tres centímetros o un pene menos que eso.

Si observamos más allá del castigo social frente a los estereotipos de género, no existen razones de peso -y con esto me refiero a la conservación de la vida- para infundir rechazo en los menores y sus familias, a formas de sexualidad alternativas.

Si el deseo de un paciente intersexual es realizarse una intervención quirúrgica, debería plantearse que fuera a una edad prudente, después de pasar por una pedagogía oportuna sin sesgos binarios y tradicionales, donde se evidencie una conciencia fuerte sobre sí mismo y el futuro de su vida sexual. Pero antes que esa posibilidad, debería tenerse en cuenta un protocolo para desmitificar la intersexualidad en las familias y en la sociedad.

Ahora que se habla de buenas prácticas en el tema, y se toma a Argentina para justificar la creación del protocolo, es importante dar una mirada a Alemania, donde existe la opción de registrar un tercer sexo . Caso que también merece reflexión en cuanto a que tampoco sería conveniente la proliferación de categorías sexuales para seguir encasillando la expresión de género de los individuos.

* Estudiante de último semestre de Ciencia Política de la Universidad Nacional (Medellín).
@boterotiff
http://baracunata-na.blogspot.com
trabajoinvestigativointersex@gmail.com

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