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Teoría queer y feminismo

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Es probable que la teoría queer se parezca menos a lo que nos gustaría que fuera, pero si queremos que las cosas sean distintas, podemos ser parte del cambio. 

Por: Moira Pérez *

teoria queer y feminismo
Foto: Marion Schreiber con Creative Commons

Hace un tiempo circula por Facebook una imagen en la que se comparan distintos feminismos y se considera el grado de compatibilidad entre ellos. El cuadro es simplificador pero podemos usar lo que nos ofrece e ir más allá:

teoria queer y feminismo

Sin considerar estas divisiones como algo tajante, como si no hubiera mezclas entre ellas, podemos hacer un análisis comparativo sin necesariamente afirmar que alguna de estas corrientes existe en un “estado puro”.

En otras palabras: aunque estas clasificaciones tienden a perder de vista entrecruzamientos y contradicciones, pueden ser aprovechadas para hacer un análisis comparativo.

Dado que tiene que ver con mi campo de trabajo, presté especial atención a lo que dice sobre el feminismo queer: “opuesto” a ninguno, “incompatible” con el feminismo liberal, el feminismo marxista y el feminismo radical, “desencuentros” con el feminismo negro, “compatible” con el anarco feminismo y “se complementa” con el trans feminismo.

Ver: Queer para dummies

Además, en los comentarios al post mucha gente se sorprende de que el feminismo queer y el feminismo marxista se presenten como incompatibles: ¿acaso no existe el marxismo queer? La idea del marxismo queer se ha ganado un lugar en espacios políticos comprometidos con la lucha de clases y la diversidad sexual a la vez.

debemos preguntarnos si no estamos deduciendo una compatibilidad entre dos corrientes por nuestra afinidad personal con una y otra causa”.

La imagen, los comentarios en Facebook y el recuerdo de algunos debates políticos en los que he participado, me llevaron a pensar en qué es la teoría queer y en qué pretendemos que sea.

Ver: Diez dudas básicas sobre teoría queer

Se trata de una pregunta tabú ya que desde sus inicios este campo siempre ha girado en torno a la idea de lo “queer” como algo indefinible, que no debe ser circunscrito so pena de traicionarse a sí mismo.

Pero también es cierto que tenemos años de prácticas y de propuestas hechas bajo este nombre y que muchas han sido criticadas por “no ser queer”. Aunque los límites son difusos, hay ciertas propuestas desde la teoría o el activismo que no pueden ser entendidas como queer.

Veamos: en principio cualquiera puede llamar “teoría queer” a lo que se le ocurra. Es más, como toda corriente de pensamiento, esta se reinventa de manera permanente. Pero llamar a algo “teoría queer” implica que pueda ser reconocible por una cantidad considerable de quienes se mueven dentro de ese campo produciendo teoría, leyendo, criticando o aplicándola a sus iniciativas.

Además, indagar en esta corriente teórica implica entender qué se hace y se ha hecho bajo ese nombre y no de decir qué nos gustaría que fuera o qué creemos que debería ser.

No se trata de pensar qué características tendría la teoría queer en un mundo ideal. Sería hermoso poder decir que la teoría queer acepta y valora por igual todas las formas de diversidad corporal existentes y que tiene un compromiso anticlasista.

Ver: No soy un hombre ni una mujer, ¿entonces qué soy?

Pero no estamos en condiciones de decir que esas son cualidades “necesarias”: hay producciones ampliamente reconocidas que no tienen estas perspectivas y que no han sido por ello excluidas del campo.

Así que, nos guste o no, no podemos decir que algo “no es teoría queer” por carecer de esos nobles compromisos. Tal vez la pregunta es: ¿qué características deben estar presentes para que algo sea considerado “teoría queer”? Se me ocurren cinco:

  • Compromiso con una visión constructivista de la identidad, entendida como un fenómeno dinámico, político e histórico. Es decir, la idea de que las identidades no son esenciales, innatas y permanentes sino que son inestables, son producto de procesos culturales y podrían ser de otra manera.
  • Rechazo a la idea de que existe un vínculo necesario entre sexo, género y sexualidad o de que cualquiera de ellas tiene alguna raíz biológica necesaria.
  • Compromiso con detectar, desentrañar y combatir los mecanismos sociales de normalización, particularmente los vinculados con las sexualidades y también con cuerpos y géneros.
  • Interés en la sexualidad y muy particularmente en la llamada “homosexualidad”, como categorías de análisis para interpretar fenómenos sociales.
  • Rechazo a las narrativas históricas lineales, incluyendo ideas de progreso, orgullo y revolución (entendidas como un cambio radical de un orden social en todos sus aspectos).

Hay muchas lecturas posibles de la teoría queer y es probable que algunas no consideren uno o más de estos puntos como fundamentales o agreguen otros. Pero volviendo al cuadro, desde la lectura que propongo me resulta evidente que:

  • La teoría queer y el liberalismo no son totalmente incompatibles. Dentro de la teoría queer encontramos por ejemplo el llamado “giro negativo”, una corriente que, si bien contiene fuertes críticas al liberalismo (por ejemplo, a las violencias contra las minorías sexuales en órdenes liberales que se llaman “incluyentes”), también conlleva una apuesta a la retirada de la esfera pública y de las intervenciones colectivas para el cambio social, ideas afines al liberalismo. De cualquier manera, también es posible pensar escenarios en los que la teoría queer sirva para dar un barniz “cool” a un liberalismo que necesita reinventarse para subsistir.
  • A diferencia de lo que sugerían los comentarios al post, la teoría queer y el marxismo sí parecerían incompatibles. Por supuesto, decir “el marxismo” ya es un poco traicionero, porque hay multitud de corrientes en ese campo. No obstante, como filósofa de la historia entiendo que la crítica a las nociones de cambio radical, progreso y sentido de la historia (que resumí más arriba) se opone a gran parte de las lecturas marxistas de la historia y de los procesos políticos. Por otro lado, como alguien que se dedica a la teoría queer entiendo que esta -fiel a su genealogía norteamericana- no se ha destacado por un interés en las reivindicaciones de clase.
  • El feminismo queer y el transfeminismo no son tan amigos como aparecería en este esquema. Desde una perspectiva trans suele criticarse que la teoría queer, al poner el foco en la sexualidad como eje de opresión y de resistencia, parecería olvidar otras formas de opresión que van más allá de lo gay-lésbico y de las formas en que los sujetos pueden ser “no normativos” más allá de su orientación sexual, por ejemplo las identidades trans o no binarias. Esto, además, pasa por alto la manera en la que esos sujetos gay lésbicos cisgénero son beneficiados por las prácticas sociales que oprimen y excluyen a las personas trans. Incluso muchas personas trans que trabajan desde la teoría queer han reproducido esta jerarquía.
  • “Feminismo radical” puede decir muchas cosas, pero si lo incluyen en el cuadro haciendo referencia a las “radfems” surgidas en la década de los 70, me resulta incompatible (en los términos del cuadro sería “opuesto”) con un feminismo queer. El feminismo radical distingue de manera tajante género y sexo y considera que el primero es una construcción social (al igual que hace la teoría queer) pero el segundo no. Entonces, mientras que para aquel tipo de feminismo el sexo es un dato biológico (sobre el cual luego se construyen esas identidades, roles y expectativas que solemos llamar “géneros”), desde una perspectiva queer el sexo también se entiende como una construcción cultural.

Es probable que la teoría queer se parezca menos a lo que nos gustaría que fuera y que se acerque a ciertas corrientes que nos causan rechazo. Pero pretender que el mundo es como quisiéramos puede tener un efecto paralizante: si la teoría queer es antirracista, anticlasista y tantas otras cosas, ¿qué queda por hacer?

Por eso creo que este ejercicio -el que propone el cuadro y el que invito a hacer- es enriquecedor: nos permite saber qué es lo que efectivamente ofrecen nuestros recursos teóricos, cuál es su alcance y entender que si nos gustaría que las cosas fueran distintas, podemos ser parte de ese cambio.

* Moira Pérez, doctora en Filosofía (Universidad de Buenos Aires, Argentina), docente e investigadora. Su trabajo se desarrolla en las áreas de la filosofía práctica, la teoría queer y los estudios de género, enfocándose en fenómenos vinculados con la constitución de la identidad, la violencia y las instituciones. www.aacademica.org/moira.perez @moirapez

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