En los últimos años el término “travesti” ha tomado fuerza y reconocimiento gracias al trabajo de activistas, intelectuales, artistas y personas travestis en Latinoamérica.
En términos generales, la palabra “travesti” forma parte de las categorías utilizadas para hablar de identidad de género, no de orientación sexual. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).
De manera similar a “trans”, “transexual” y “transgénero”, “travesti” es un término que reúne a un grupo diverso de personas que no se identifican con el sexo asignado al nacer. (Ver: Travesti, transexual, transgénero… Algunas definiciones útiles).
Sin embargo, más allá de nombrar una identidad personal, en muchos lugares de Latinoamérica, particularmente en Argentina, el término travesti designa una identidad política que reivindica el derecho a autodefinirse más allá del binario de género.
Como lo explicó la activista argentina Lohana Berkins en “Travestis: una identidad política” (2006): “Las travestis somos personas que construimos nuestra identidad cuestionando los sentidos que otorga la cultura dominante a la genitalidad. La sociedad hace lecturas de los genitales de las personas y a estas lecturas le siguen expectativas acerca de la identidad, las habilidades, la posición social, la sexualidad y la moral de cada persona. Se considera que a un cuerpo con un pene seguirá una subjetividad masculina y a un cuerpo con una vagina seguirá una subjetividad femenina.
“El travestismo irrumpe en esta lógica binaria de las sociedades occidentales que oprime a quienes se resisten a ser subsumidas y subsumidos en las categorías ‘varón’ y ‘mujer’”. (Ver: El género existe y no es una ideología).
Más adelante Berkins resume de manera más sencilla: “gran parte de las travestis latinoamericanas reivindicamos la opción de ocupar una posición fuera del binarismo y es nuestro objetivo desestabilizar las categorías varón y mujer”. (Ver: Alanis Bello: no quiero ser un hombre ni una mujer).
Etimológicamente, la palabra “travesti” viene de las palabras latinas “trans” que quiere decir “cruzar” o “sobrepasar,” y “vestite”/“vestire” que quiere decir “vestir’.
A principios del siglo XX el término “travesti” fue apropiado por discursos científicos patologizantes que, particularmente desde la psiquiatría (especialmente Magnus Hirschfeld y Harry Benjamin), nombraban la discordancia entre el sexo asignado al nacer y la identidad y la expresión de género como trastornos de la identidad y/o la conducta sexual.
Esta concepción médica del travestismo ha tenido consecuencias devastadoras para las personas travestis pues sus identidades fueron invalidadas al ser erróneamente concebidas como el resultado del deseo temporal de vestirse con prendas asociadas al género contrario (a esto se le conoce como cross-dresser).
Esta noción tuvo un impacto importante en códigos de policía y normativas que prohibieron (y en varios lugares continúan prohibiendo) el uso de prendas asociadas al género contrario. Este acto era percibido como un comportamiento individual (no como una identidad viable) vinculado a una perversión sexual que, en el mejor de los casos, debía permanecer en el ámbito de lo privado y lo nocturno.
Por esto, Berkins señala: “un análisis del travestismo necesariamente debe dar cuenta de la criminalización de la identidad travesti y de las consecuencias de esta criminalización en la vida cotidiana y sobre la subjetividad de las compañeras travestis”.
Teóricas, militantes y artistas travestis de toda la región han denunciado la manera en la que el término ha sido usado para definir a las personas travestis como enfermas, criminales y sin derechos. En contraposición, resaltan y movilizan el carácter transgresor y político de las identidades travestis particularmente en materia de derechos y equidad social.
En consecuencia, las demandas políticas del movimiento travesti denuncian y buscan transformar las estructuras sociales, económicas, políticas, jurídicas y judiciales que han producido y continúan reproduciendo violencia y exclusión contra estas personas.
“Nosotras decidimos darles nuevos sentidos a la palabra travesti y vincularla con la lucha, la resistencia, la dignidad y la felicidad”, Lohana Berkins.
Una vez más, las palabras de Berkins son esclarecedoras: “El término ‘travesti’ ha sido y sigue siendo utilizado como sinónimo de sidosa, ladrona, escandalosa, infectada, marginal”.
Finalmente, es importante recordar que en algunos lugares “travesti” continúa teniendo una carga negativa y es utilizada peyorativamente para invalidar y ejercer violencia contra las identidades trans y travestis. Además, muchas personas no se identifican con este término y prefieren “trans”, “transexual” o “transgénero”.
Independientemente de las diferencias en terminología, lo más importante es tener una escucha activa, prestar atención a la manera en la que las personas y colectivos se identifican a sí mismos y tratarlos con el respeto y dignidad que todos merecemos. (Ver: Lenguaje incluyente para todas, todos y todes).
Para más información, ver: “Un itinerario político del travestismo” y “Las travestis siempre estuvimos aquí” de Lohana Berkins, “Travesti: Una teoría lo suficientemente buena” de Marelene Wayar, “Reivindico mi derecho a ser un monstruo” de Susy Shock y “El museo travesti del Perú” de Giuseppe Campuzano, entre otros.
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Precioso artículo donde te presenta y te enseña la verdadera realidad del concepto travesti y de los maravillosos seres humanos que son los travestis y los transexuales. Que mucho aprendí y despertó en mí mayor conciencia hacia los travestis y los TRANS.