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Un bautismo con apariencia de igualdad

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).
qué dice la iglesia católica sobre las personas homosexuales
Karina Villarroel y Soledad Ortiz, la pareja del mismo sexo que recientemente llevó a su hija Umma para ser bautizada por la Iglesia Católica en Argentina. Foto: mexico.cnn.com.

El pasado sábado 6 de abril la Iglesia Católica Argentina bautizó por primera vez a la hija de una pareja de lesbianas.

La celebración se hizo con bombos y platillos porque fue autorizada y organizada por Carlos José Nánez, arzobispo de la provincia de Córdoba.

La madrina fue la mismísima presidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien fue elegida por las madres porque su Gobierno impulsó la ley que reconoció el Matrimonio Igualitario en el país.

Muchos católicos han tomado esto como signo de los supuestos vientos de cambio que soplan en el Vaticano. Sin embargo, hay que ser cautos. En 2010 el arzobispo Náñez no sólo se opuso al matrimonio entre personas del mismo sexo, sino incluso promovió un juicio canónico contra un sacerdote que se había pronunciado a favor.

Más aún, en 2012, dos años después de aprobada la legislación a favor del matrimonio civil igualitario, Jorge Mario Bergoglio, el entonces arzobispo de Buenos Aires, hoy papa Francisco, continuaba oponiéndose al amor no heterosexual al tiempo que motivaba a sacerdotes y fieles a bautizar a todos los niños, fueran estos hijos de homosexuales o no.

En este contexto, el bautizo de la pequeña Umma es un gesto paradójico que aumenta el poder y prestigio de la misma institución que discrimina a sus madres, como mujeres y como lesbianas.

La Iglesia que hoy dice acoger a Umma es la misma que niega la autonomía corporal de las dos mamás de la bebé, la misma que las tilda de pecadoras—por actuar siguiendo sus deseos “antinatura”— y la misma que se niega a reconocer su unión.

Es más, la Iglesia a la que entró a formar parte la pequeña Umma es la misma que se opondrá a que salve su vida si, en unos años, Umma tiene que recurrir a un aborto terapéutico y la que calificará a su amor de abominable si, como sus mamás, algún día ama a una mujer.

Bautizar a los hijos de las parejas gais y lesbianas sin reconocer el derecho que tienen las personas homosexuales de amarse, es ajustarse al dogma católico, no transformarlo.

De hecho, insistir en ser parte de una institución que acoge un niño con el argumento de que éste no puede ser culpado—y en consecuencia excluido—por la sexualidad de sus padres no cambia la dinámica de exclusión impuesta por la iglesia que comanda Francisco: la ratifica.

El niño es “inocente”, no tiene la culpa del “pecado” de sus progenitores, es lo que nos está diciendo el arzobispo Ñáñez.

El bautizo de la pequeña Umma, transmitido en directo por la página oficial del Gobierno argentino, es un espejismo, paños de agua tibia que pretenden solucionar un problema de fondo sin cambiar el profundo sexismo ni cuestionar la homofobia que lo originan.

Como en otros momentos de la historia, la Iglesia Católica se lava sus manos y nos da el veneno de siempre en una botella pintada de arcoiris.

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