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Una persona flotando en el espacio

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).

La película Gravedad, que se estrenó recientemente en América Latina y cuyas ganancias han sido históricas en Estados Unidos, muestra la lucha de una mujer por sobrevivir en el espacio.

críticas a la película Gravedad con Sandra Bullock
Los encantos Sandra Bullock que suelen mostrarse en otras películas, en Gravity quedan envueltos en un traje espacial. Foto: gravitymovie.warnerbros.com

En general no me gustan mucho las películas en 3D. Mi instinto de nerd me lleva a desconfiar de ellas. Si tienen tantos efectos especiales, me digo, debe ser porque no tienen nada más, nada de profundidad.

Seguro que el guión es simplón, dice dentro de mí el adolescente que se pasaba los fines de semana leyendo Crimen y Castigo, y que toda la gracia se debe a un monstruo pavoroso que en tres años se verá ridículo y anticuado.

Además, tan pronto me pongo las gafitas empiezo a temer el desgraciado momento en el que Keanu Reeves saldrá esquivando balas y matando extraterrestres, seres del futuro o japoneses, según convenga (como en su próxima película 47 Ronin).

Sin embargo, vale pagar el dinero extra para ver Gravedad. La película, dirigida por Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Harry Potter y el prisionero de Askabán, Hijos de los hombres), es una obra maestra de los efectos visuales, una experiencia novedosa y aterradora.

Cuarón, como un Lars Von Trier mexicano, muestra un total dominio de los elementos puramente cinematográficos para contar historias: la inmensidad de la pantalla, el desconcierto visual, el silencio, la música y las muchas referencias a clásicos del género como 2001 odisea al espacio, Aliens, Apollo 13 y hasta Wall-E.

El espacio sin extraterrestres

La trama es bastante simple: un grupo de astronautas, entre los que se encuentra la ingeniera biomédica en su primera misión al espacio Ryan Stone (Sandra Bullock) y el jefe de la misión Matt Kowalski (George Clooney), están reparando el telescopio Hubble cuando son atacados por una lluvia de residuos espaciales.

Aunque en un principio Stone cuenta con la ayuda del experimentado Kowalski, eventualmente quedará sola y deberá encontrar la manera de sobrevivir y regresar a la tierra por sí misma.

A la simplicidad del guión le corresponde la del elenco. No vemos a más de tres personajes en toda la película y durante cerca del 80% solo contamos con la presencia de Sandra Bullock. La gran mayoría de los planos consisten en la Doctora Stone flotando en el vacío, intentando desesperadamente sujetarse en un mundo sin asideros, luchando por respirar con calma para conservar oxígeno.

La fotografía explora la dificultad de realizar cualquier tarea en un lugar tan inhóspito para el ser humano. Así, hace uso extensivo de imágenes que contrastan la inmensidad sideral y la pequeñez del personaje —y del ser humano en general— con escenas que contraponen la agorafobia radical del espacio con la claustrofobia del casco de astronauta y la estación espacial.

Este contraste crea una tensión entre una imponente sensación de la insignificancia de la vida y los esfuerzos humanos frente a la tenacidad y el valor de la lucha individual.

Nuestro desconcierto como espectadores no es solo visual sino también existencial; como Stone —y gracias a nuestras gafas 3D— rebotamos de un lado a otro del espacio, pero también oscilamos constantemente entre sentirnos descorazonados y llenos de fuerza; entre la seguridad de salir adelante, la duda por la utilidad de la empresa y la certeza de la derrota.

En estas imágenes recae también la fuerza evocativa de la película. Literal y metafóricamente, Gravedad se trata de un tremendo esfuerzo por poner los pies sobre la tierra, por desprenderse de lo que nos impide avanzar, dejar ir lo que debe irse y ser por fin capaces de lanzarse al vacío sin ayuda de nadie para lograr la ardua tarea de levantarse nuevamente, esta vez en tierra firme.

Así, la idea de la película es sencilla y brillante. Aquí no hay extraterrestres ni terroristas. El enemigo es el espacio mismo, el silencio absoluto, la incomunicación total, la imposibilidad de anclarse a nada y la tremenda irrealidad que produce la ausencia de gravedad.

En ese sentido es una lástima que en ocasiones la obviedad del diálogo hollywoodense se imponga al poder de las imágenes e interrumpa con ramplonería de moraleja la ambigüedad de la metáfora.

Más allá de esto, otro de los aspectos más valiosos de Gravedad son sus personajes. Es de resaltar, por ejemplo, que una película con George Clooney y Sandra Bullock rehúya la temática amorosa y aunque haya un ligero coqueteo al comienzo, termine sin un solo beso ni declaración de amor, centrándose enteramente en el desarrollo del personaje principal, la Doctora Ryan Stone.

En Hollywood en general, y el género de la ciencia ficción en particular, los papeles de las mujeres suelen estar limitados al de damiselas en aprietos, amante esposa esperando que el valiente marido regrese (o no) de su aventura, o fantasías adolescentes de mujeres de trajes ceñidos y enormes armas tipo Angelina Jolie en Tomb Raider.

Por el contrario, la Doctora Stone es una mujer brillante que pasa la gran mayoría de la película en un abullonado traje de astronauta. Casi todas las tomas nos muestran solo su cabeza, sus ojos aterrados y su casco empañado por su respiración.

Bullock no lleva maquillaje y cuando la vemos de cuerpo entero, con sus hot pants y su top militar, más que una mirada sexual, lo que vemos es, o bien la vulnerabilidad de un ser humano ante un espacio y una situación que escapa de su control, o la determinación de alguien que hace todo lo posible por sobrevivir.

La astronauta educada “como hombre”

Gravedad nos ofrece la rara posibilidad de disfrutar de un personaje fuerte y complejo que, entre otras cosas, es mujer. Su género es casi irrelevante, lo que nos mantiene pegados a la pantalla no son sus curvas sino su situación, los obstáculos que debe enfrentar, su lucha.

Y digo “casi” porque es una lástima que una película que se aventura tanto cinematográfica y narrativamente, en varios momentos caiga en la reproducción de manidos estereotipos irrelevantes para el desarrollo de su historia.

Por ejemplo, desde el comienzo se nos aclara que la Doctora Stone tiene nombre “masculino” (Ryan) porque su padre quería un niño y la educó como tal.

Además, se nos dice que la razón por la que se hizo astronauta es porque no tiene a nadie en la Tierra. Su única hija murió en un accidente escolar y desde entonces se ha refugiado en el trabajo, aislándose de las relaciones humanas.

¿Debemos suponer entonces que si Stone hubiera sido educada “como mujer” por su padre, no sería la brillante ingeniera biomecánica que es, o que si tuviera un matrimonio exitoso y un par de hijos —como uno de los tripulantes hombres de la misión— no estaría en el espacio sino, quizás, cuidando de marido y sus retoños?

Más aún, si bien la trama apunta a que Stone debe convencerse a sí misma de que quiere vivir y aprender a defenderse sola, resulta decepcionante y casi risible que sea George Clooney, ¡aún después de muerto!, quien le salve la vida.

Al presentar a los personajes se hace obvio que el comandante Matt Kowalski personifica la calma, la razón y la experiencia, mientras que Stone pasa los primeros 15 o 20 minutos presa del pánico.

A Kowalski la muerte no lo intimida; como el buen caballero que es, marcha gustosa e incluso poéticamente —comenta la belleza del amanecer— hacia el infinito para que la damisela sobreviva.

Pero más tarde este gesto se vuelve ridículo cuando Stone está nuevamente a punto de morir y al director no se le ocurre nada mejor que traer al fantasma de Kowalski para que una vez más le explique a Stone lo que debe hacer.

De acuerdo: el Kowalski  que vemos no es ni un fantasma, ni una regreso triunfante del héroe desaparecido sino el producto del cerebro sin oxígeno de la protagonista, pero incluso así la necesidad de una voz masculina que tome el control en las situaciones más extremas resulta chocante.

Si quisiéramos apostarle a una interpretación más sofisticada, podríamos decir que Kowalski es aquí una proyección del machismo internalizado de Stone. Sintiéndose incapaz e insegura, construye un alter ego masculino para que tome la responsabilidad que ella, en tanto mujer, se siente incapaz de asumir.

Siguiendo este argumento, podríamos decir que la película hace una crítica a la profunda inseguridad que incluso las mujeres más inteligentes y fuertes tienen y que señala un camino para superarlo. Sin embargo, creo que esto sería darle demasiado crédito a la película o, como diría mi mamá, buscarle la quinta pata al gato.

Pese a lo anterior, en la poderosa secuencia final de la película se eleva al personaje de Bullock a una representación universal del ser humano.

Su tránsito evolutivo: primero pez, después anfibio que permanece aún entre el agua y la tierra, y finalmente humano, hace que, a diferencia de lo que sucede en la gran mayoría de casos, esos valores que tanto respetamos como la valentía, la tenacidad, la inteligencia y la resiliencia tengan por fin cuerpo de mujer.

Por todo lo anterior, y pese a las objeciones, Gravedad nos lleva a un viaje extraordinario, y abre posibilidades de representación visuales y de género que sin duda vale la pena explorar.

Este es el tráiler de la película:

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