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¿Victimismo gay? 8 voces opinan

Género, diversidad sexual y cambio social.

Lina Céspedes-Báez

Abogada y docente universitaria.

Lina Céspedes- Báez
Lina Céspedes-Báez. Foto: archivo particular.

La crítica que plantea el columnista Mauricio Rubio a Mauricio Albarracín, director de la ONG Colombia Diversa, me parece sesgada: no abarca una visión integral de su trabajo.

Albarracín no solamente ha escrito las dos o tres columnas que Rubio menciona y sus posiciones políticas y su trabajo como activista y académico son más variados de lo que allí se describe.

Albarracín no solamente ha denunciado todo lo malo que les sucede a las personas LGBT, sino que también ha destacado aspectos positivos del movimiento como sus logros y avances.

Por otra parte, la crítica que Rubio llama “victimismo gay”, no es algo nuevo. Se viene planteando de manera sistemática desde, al menos, los años ochenta.

Se trata de un cuestionamiento que han enfrentado todos los movimientos que basan su agenda en el fortalecimiento de la identidad y que están atravesados por una contradicción: subrayar las diferencias para lograr la igualdad.

Las personas LGBT, por ejemplo, exigen ser tratadas como iguales y, para lograr esto, resaltan las diferencias que tienen con las demás. Y la estrategia más usada para esto, es mencionar las fallas del Estado, así como la violencia y la discriminación que sufren. En otras palabras, se acude al lenguaje del daño.

Cuando una persona solamente se queda con los informes de derechos humanos, donde se acude al lenguaje de las violaciones, puede terminar con la idea de que la población LGBT únicamente se presenta como víctima. Y estoy de acuerdo en que es necesario ir más allá del sufrimiento y del daño para formular preguntas que procuren encontrar la raíz del asunto.

Rubio cierra su columna diciendo que se debe pasar a la discusión, pero en ningún momento especifica cuáles son los puntos necesarios de abordar. Sin embargo, hay preguntas importantes de resolver como: ¿por qué en las democracias contemporáneas necesitamos cada vez más de grupos identitarios como LGBT, mujeres, indígenas, afrocolombianos, para interactuar con el Estado y exigir igualdad de derechos? ¿Quién o quiénes crean esas identidades y por qué les interesa mantenerlas?

Cuando se les reconocen derechos a esas poblaciones, esa identidad se refuerza, entonces la duda que queda es: ¿a todas esas personas les interesa que esa identidad se refuerce o, por el contrario, que se diluya? ¿Nos interesa mantener la diferencia en la ley o queremos que desaparezcan a través de la ley? ¿Reforzar o eliminar la identidad en la ley?

¿Es buena estrategia realzar las diferencias si queremos que la ley nos reconozca como grupos LGBT o como mujeres, o será mejor que la ley no le preste atención a esas diferencias? ¿Las personas LGBT deberían buscar que sus derechos sean reconocidos como LGBT o más bien que sean reconocidos por el hecho de ser ciudadanos?

¿Por qué algunos de los grupos históricamente discriminados necesitan encontrar el nombre de su comunidad de manera explícita en la ley? Por supuesto, también está el tema de que cuando la ley no es explícita, el intérprete puede decir cualquier cosa.

Estos movimientos a veces se pierden en detalles de creación de la identidad y dejan a un lado una visión macro de las estructuras. Entonces, ¿es posible que esta crítica al victimismo pueda convertirse en una oportunidad para preguntarse  qué cuestionamientos estructurales está planteando el movimiento LGBT de Colombia, más allá de pedir el matrimonio para parejas del mismo sexo?

¿Qué se está perdiendo el movimiento LGBT del panorama macro al estar articulándose en aspectos que refuerzan más la identidad que cualquier otra cosa?

Cada vez que se plantea la discusión del peligro de la política de la identidad, pienso en quiénes ganan y en quiénes pierden con reforzar esto y qué parte de la discusión se están perdiendo estos grupos por estar enfocados en reforzar la identidad. ¿Por qué desde que vivimos en un mundo más democrático se requiere más de estos grupos identitarios para tramitar demandas de derechos?

Sería interesante unir las políticas del daño con unas que también realcen lo que se ha ganado. Aunque esos ejercicios se hacen, no son tan notorios como señalar el número de víctimas y de personas a quienes se les vulneran sus derechos.

Por último, también es importante señalar que los activistas deben enfrentarse con personas y problemas reales, a los que deben darles solución rápidamente, sin tener muchas veces tiempo de preguntarse si vale la pena o no resaltar esas diferencias.

Continúa en la página siguiente…

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