Derecho de admisión vs. discriminación en bares LGBT

Cada vez son más frecuentes los reclamos por discriminación en bares y cafés dirigidos a personas LGBT. ¿Qué hacer? Especial de Sentiido sobre “rumba gay”. Primera parte.

Las personas LGBT no quieren sentirse vulnerables en los espacios que, supuestamente, las protegen. Foto: flickr.com/photos/renotahoe/

Muchas personas creen que los bares y cafés que abren sus puertas enfocados en el “mercado” homosexual, tienen por naturaleza un espíritu más incluyente y diverso que aquellos dirigidos a un público heterosexual.

Pero todo parece indicar que la principal diferencia entre unos y otros, no pasa de ser que en los primeros –contrario a los últimos– una pareja del mismo sexo puede tener manifestaciones de afecto sin ser señalada o rechazada por esto.

De resto, todo apunta a que tienen más coincidencias que diferencias entre sí. De esta manera, en algunos de los espacios concebidos para garantizarles privacidad y entretenimiento a los hombres gay –en menor medida a lesbianas, bisexuales y transgeneristas– también se padece discriminación por raza, condición social, apariencia y, lo más paradójico, por orientación sexual e identidad de género.

El hecho de que estos establecimientos hayan sido creados para una población históricamente marginada, llevó a muchos a pensar que en sus instalaciones todas las personas LGBT serían más que bienvenidas: si sabían lo que era discriminación, se suponía que no repetirían estas prácticas.

Sin embargo, en la vida real, el asunto es distinto. A pesar de que hay bares y cafés que se enorgullecen de ser “abiertos”, mantienen prácticas excluyentes. Para la muestra, lo sucedido en noviembre de 2012 en Village Café, ubicado en Chapinero (Bogotá).

Una tarde, César Sánchez-Avella, magister en estudios culturales y cliente habitual de este lugar ingresó en compañía de Jei Alanis Bello Ramírez, socióloga feminista. A pesar de que Daniel Sánchez, administrador del establecimiento, lo define como un espacio friendly (o amigable con todas las orientaciones sexuales e identidades género), ese día César y Alanis fueron expulsados de allí.

¿El motivo? Natalia Benavides, propietaria del negocio y quien ese día los atendió, les dijo: “hay gente que me gusta, otra que no, y esta no me gusta”.

Me gusta, no me gusta…

Al parecer, lo que realmente le incomodó fue que Alanis sea una persona trans, alguien que no se identifica como hombre ni como mujer y cuya apariencia física resulta, de cierta manera, inclasificable como lo uno o lo otro.

César le pidió a la propietaria una explicación de la “echada”, a lo que ella respondió: “derecho de admisión mi amor”. Inconforme con la situación, siguió insistiendo en una justificación satisfactoria. “Natalia se inventó, entonces, que le estábamos rayando la pared”, explica César.

Una vez ellos denunciaron el episodio en las redes sociales, la propietaria les envió una carta de disculpas. Como era de esperarse, en ningún momento mencionó lo de las paredes. Es más, dice que su comportamiento no tiene excusa.

Para el administrador de Village, lo que pasó fue una confusión y nada tuvo que ver la ropa o la apariencia de ellos. “A Natalia le pareció que violentaban las instalaciones del lugar y eso la estresó”. Sin embargo, reconoce que la forma de solicitarles que se retiraran del lugar no fue la indicada.

Además de no compartir dicha versión, César cree que lo sucedido no fue un hecho aislado. “Es una dinámica más frecuente de lo que se piensa. Y no solamente en Village, sino en muchos otros sitios LGBT”.

Alanis recuerda que una vez mientras departía con unas amigas en el bar El Perro y La Calandria, ubicado en Chapinero (Bogotá), hacía mucho calor. “Como unos hombres se quitaron sus camisetas y no pasó nada, nosotras hicimos lo mismo”. El dueño del bar las regañó y las sacó.

La artista visual Andrea Barragán también fue víctima de una situación similar en este lugar. Iba a entrar con su pareja un martes por la tarde, cuando la persona de la puerta les pidió que le mostraran sus cédulas y bolsos. Así lo hicieron y, para su sorpresa, la respuesta fue: “no pueden entrar”, sin dar explicación alguna.

¿Vade retro trans?

El filtro de los censores de la puerta se agudiza cuando quien pretende entrar es una mujer trans. Aunque son más que bienvenidas para espectáculos y reinados, se reclama que en muchos de estos lugares les impiden el ingreso.

Los propietarios del bar Studio 54, sede Barranquilla, fueron acusados por esto. “Otros establecimientos de esta ciudad les prohíben la entrada, especialmente a aquellas que se salen de los estereotipos de mujer bonita y bien vestida”, enfatiza Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo, corporación con sede en la región Caribe que aboga por los derechos de las personas LGBT.

El argumento para evitar su ingreso suele ser que son peligrosas, drogadictas, agresivas, prostitutas y que están armadas. Adicionalmente, muchas veces son los mismos clientes quienes presionan para que no entren.  “En otras palabras, las utilizan para sus espectáculos pero las desconocen como ciudadanas”, completa Castañeda.

Jorge López Polo, propietario de Cavú Bar, señala que, en su caso, se reservan el derecho de admisión con las mujeres trans que no cumplan con el código  de vestuario “o las que traigan ropa que muestre más allá de lo que corresponde”.

En su opinión, gran parte de las personas LGBT excluyen a las mujeres trans porque consideran, al igual que él, que muchas veces tienen comportamientos inadecuados. “Además, llegan con vestimentas poco acordes con lo que nuestro establecimiento quiere mostrar de los homosexuales. Igual, el cover es alto, lo que limita el ingreso a personas con alto poder adquisitivo y con una forma de pensar que difiere de lo que la mayoría de trans vende del mundo gay”, agrega López.

En esto coincide Dila Marín, quien se desempeñó como administradora del bar Romeo hasta diciembre pasado cuando el establecimiento cerró sus puertas. “En una ocasión, una trans cogió su zapato de tacón y se lo puso en la cabeza a un cliente y otra, con sus uñas postizas, hirió a otro”.

Por su parte Juan Andrés Ruíz, gerente de relaciones públicas de El Mozo Club & Bar, ubicado en la Zona Rosa de Bogotá, explica que, contrario a los casos anteriores, ellos no han tenido problemas con mujeres trans. “En todo caso, este es un bar para todas las personas LGBT y no se le niega la entrada a nadie”.

Para Alanis, es evidente que muchos de los lugares LGBT que se presumen de abiertos, reproducen las mismas prácticas transfóbicas propias de la sociedad. Por el comportamiento de unas, se tiende a juzgar a todas.

Yo no soy esa mujer

Federiko Ruiz, director de comunicaciones y prensa de Santamaría Fundación (SF), entidad que propende por los derechos de las personas LGBT (especialmente de las mujeres trans) de Cali, señala que la mayoría de bares y discotecas “diversas” de esta ciudad no permite el ingreso de la población trans. Además de las peluquerías o los sitios de trabajo sexual, solamente pueden reunirse en La barra de Juanchito”.

“Muchos gays mantienen distancia con ellas, no solamente por los imaginarios que existen, sino porque no quieren que las demás personas los vean como mujeres trans. Para algunos, ellas son la parte ‘boleta’ de la sigla LGBT”, completa Ruiz.  

A finales de 2012, Andrea García Becerra, antropóloga, magister en estudios de género y docente de la Universidad Javeriana, quiso entrar con un amigo a Leo’s Bar, ubicado en Chapinero (Bogotá). Al intentar ingresar, la persona de la puerta le dijo: “no pueden entrar”. Ella preguntó: “¿quiénes?” Él no respondió. Ante su insistencia no tuvo más alternativa que decir: “las trans”.

En una ocasión, agrega, casi no la dejan entrar a Theatron, el templo de la rumba gay de Colombia, por ser trans aunque utilizaron el argumento del derecho de admisión. Sin embargo, para Edison Ramírez, propietario de esta discoteca, es mentira que en su establecimiento estas personas no puedan ingresar.

“Entran muchísimas trans y otras tantas trabajan acá. Pero hay unas que vienen a esculcar y a robar a los clientes. Le pasan el objeto al cómplice con el que vienen. Así, cuando el cliente grita ‘ella me robó’ no se les encuentra nada. A esas ya las tenemos fichadas y no las dejamos entrar”, señala. Y agrega que no es algo en contra de ellas, sino de todo aquel que va a delinquir a su establecimiento.

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  • DIANA NAVARRO SANJUAN

    Es una conducta típica de muchos establecimientos no solo en Bogotá, en la que lleva el liderazgo de rechazos no solo a mujeres trans si no a otras personas de acuerdo al estado de ánimo del dueño o administrador del establecimiento THEATRON, los procedimientos policivos para la captura y posible judicialización de presuntos delincuentes está regulada por el marco normativo colombiano y con la excusa de ello no se pueden seguir vulnerando los derechos de las personas.

    Les recomiendo la lectura del siguiente reportaje: http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_accion_de_tutela_abre_las_puertas/la_accion_de_tutela_abre_las_puertas.asp

  • andres felipe suarez

    Bastante ilustrativo el artículo, me gusta cómo termina aludiendo a los derechos del consumidor, categoría amplia en la que, si al menos tienes con qué entrar, tienes derecho a gozar del espacio que el mercado oferta como cualquier otro.

    “Algunos LGBT son más iguales que otros” parafrasenado a Orwell, es interesante percibir cómo algunos de los que se identifican con alguna letra van de rumba con menores preocupaciones que otros que se identifican con otra. La “comunidad LGBT” ha demostrado ser más bien un mito, o a lo mínimo una consigna política más o menos útil para los que la conforman: más para hombres gays masculinos y menos para lxs demás.

    Es cierto que hay personas peligrosas y que roban pero los bares deben encontrar métodos de ingreso que los excluyan sin incurrir en prácticas discriminatorias. Poner reglamentos claros y públicos donde le quede claro al cliente cómo no debe ir vestido por ejemplo, o si hay fiesta privada puede ser útil. Premiar a los que se comprometan a ello y castigar a los que se valgan del “derecho de admisión” para discriminar a la ligera.

    Con los reglamentos de ingreso sería más fácil ante un tribunal probar discriminación, algo que a veces no es sencillo.

  • Andreina Andrea

    El Link anexo de Diana Navarro es muy ilustrativo, pues son muchisimas las veces que he escuchado de personas a las que les han negado el ingreso al Bar theatron, lo que es bastante humillante por cierto, dado que no dan mayor explicación que la del “DERECHO DE ADMISIÓN”, en cuanto a mi experiencia personal afortunadamente he ido solo una vez a theatron en la inauguración de un ambiente y aunque hay un control bastante estricto que incluye requisa y solicitud de documentos ¡pase!, sin embargo tenia dudas de que me dejaran entrar debido a que utilizo una protesis en mi pierna entonces pense… quiza no me dejen entrar, pues como dijeran alguna vez la gente “LE TEME A LO DESCONOCIDO” Y esto me da la oportunidad de comentar en un estudio reciente de infraestructura, espacios y otros de la ciudad, dio a conocer que CHAPINERO es una de las localidades que No tiene espacios y/o adecuaciones fisicas que permitan la integración de las personas con discapacidad y/O limitaciones fisicas lo que es bastante triste ya que hay gente que anda en muletas, silla de ruedas, que usa baston, que tambien quiere escuchar música, conocer gente o lo que sea pero no esta incluida en este tipo de ambientes, adecuaciones e instalaciones ¿NO ES ESTO DISCRIMINATORIO?

  • DivaX

    Que tal esa gamina de la dueña de Village??? Vieja estupida…ridicula…pero asi es ese cafesucho…por ejemplo insultan a los clientes si no les dejan un monton de propina y cosas por el estilo y de Theatron ni hablemos…esa porqueria ya a superado todos los limites en lo que se refiere a mal servicio y discriminación.

  • http://www.facebook.com/tvnataly Nataly Mani

    HOLA SOY DE MEDELLIN, TV CLOSET, QUISIERA CONOCERTE , SER TU AMIGA ERES MUY HERMOSA