Una nueva generación de activistas

Una nueva generación de activistas

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Periodismo, opinión y análisis LGBT.
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No tiene nada de malo usar pulseras de arco iris ni poner en Facebook una foto mostrando un six pack que deje claro que el sujeto en cuestión no es ningún pasivo bota plumas. Puede resultar hasta divertido emprenderla en las redes sociales contra todo lo que se parezca a la orientación sexual mayoritaria.

Y entre más agresivos sean los comentarios y menos argumentos tengan, mucho mejor. Algo así como lo que se ve en algunas redes sociales y opiniones de los periódicos virtuales: “más ignorante y estúpido será usted que no tiene idea de que la homosexualidad no es ninguna enfermedad”.

Mucho mejor si el blanco de ataque es la iglesia católica. “Curas pedófilos, ustedes no digan nada que son la peor plaga que hay en el mundo” se lee en las redes sociales. O, en su defecto, el Procurador Ordoñez. Es más, qué out se está si no se acude a la marcha por la ciudadanía plena o del orgullo gay sin un cartel que diga “no queremos a su Santidad Ordoñez” o sin memorizarse alguna arenga en su contra.

Aunque cada vez hay más movimientos y jóvenes comprometidos en conseguir la igualdad de derechos entre población LGBT y heterosexuales, valdría la pena que aumentara el número de activistas que, como homenaje a quienes iniciaron la carrera hacia el reconocimiento por la igualdad, no respondieran con agresividad sino con argumentos cuando alguien, por ejemplo, ignora la diferencia entre transgénero y transexual o duda de que la bisexualidad pueda existir. Si nunca nadie se los ha explicado ¿por qué tendrían que saberlo?

Quizás asistir a la marcha por la ciudadanía plena o del orgullo gay en compañía de amigos con poca ropa o sosteniendo en la mano una cerveza, haga más divertida la jornada. Mucho mejor, también, si se tiene algún reconocimiento público y es posible aparecer en la revista Jet Set dándose un beso con su pareja.

Aún faltan más activistas que sientan que su mayor preocupación va más allá de lograr que los periodistas digan ‘buenos y buenas días’, que se preocupen más por el análisis y menos por agredir, más por la inclusión y menos por la exclusión, más por explicar y menos por enredar a la gente con términos como “heteronormatividad” u “homolesbobitransfobia”. Que no vean en cualquier gesto un acto de discriminación y que entienden que el humor también es una forma de hacer crítica.

Más activistas que no vean en cada heterosexual una amenaza y que no sientan que lo suyo es una lucha contra esa orientación sexual. Es más, que no crean que lo suyo sea una lucha sino la búsqueda legal y pacífica del reconocimiento de la igualdad de derechos. Aquellos que no crean que su orientación sexual los hace diferentes, que estén lejos de asumirla como un gesto de rebeldía o que crean que todas sus conversaciones deben girar en torno a temática LGBT.

Los que entienden que diversidad también es pensar distinto y que es respetable que una persona no esté de acuerdo, por ejemplo, con la marcha por la ciudadanía plena. Bienvenidos sean los activistas que asisten a este evento luciendo con orgullo una bandera de arco iris pero que en la noche, durante la rumba, no censuran a los hombres cuyo abdomen deja en evidencia su poco interés por cultivar su físico.

En realidad no es ni bueno ni malo utilizar como foto del perfil de Facebook la imagen de Shane, una de las protagonistas de la serie The L World, pero mucho mejor si quien la pone no hace sentir mal a otra mujer cuando está lejos de cumplir con los estereotipos físicos que la serie muestra.

Insultar a quienes profesan alguna religión no parece ser un mecanismo efectivo para abrir diálogos.

Lo que proponemos hoy es continuar con la búsqueda del reconocimiento por la igualdad de derechos hasta lograr que no exista la más mínima diferencia entre la población heterosexual y la LGBT.

De hecho, al mirar para atrás y revisar lo que se ha logrado desde que la homosexualidad masculina era un delito y la femenina ni siquiera se contemplaba, es claro que se ha ganado mucho terreno. El paso a seguir es lograr que las instituciones y los funcionarios permitan poner en práctica lo logrado. Conseguir que en los colegios se enseñe que la homosexualidad no es ni buena ni mala sino que simplemente es.

Es lograr que quienes tienen carro no contemplen la posibilidad de comprar letreros como “si es gay pite” porque simplemente no le encuentren la gracia. Es conseguir que en los centros comerciales y demás espacios públicos no censuren a una pareja del mismo sexo por algún gesto de cariño a menos de que esta sea, por absurda que parezca, una prohibición para cualquier persona.

Llegó el momento de dejar atrás expresiones como “salir del clóset” para vivir como cada quien quiera sin necesidad de darle explicaciones al mundo. Es momento de que quienes se lancen al ruedo político no utilicen como principal argumento que son LGBT ni que se escuden en un rol de víctimas para aumentar su votación.

Es hora de que en los chats donde a diario suelen ponerse cita infinidad de hombres gay se deje a un lado el afán de describirse como ‘muy masculino y activo’ como si esto fuera garantía de que es un buen candidato. Es momento de dejar atrás expresiones como “es muy gay” porque, ¿qué es ser muy gay?

Hoy es el día de empezar a abandonar el rol de show en los medios de comunicación (con titulares como “10 gays nos cuentan cómo viven”) que para vender más se esconden en el argumento de ser incluyentes. Dejar de asumirse como seres distintos es la mejor lección que se les puede dar a quienes ignoran o censuran qué es tener una orientación sexual diferente a la heterosexual.

Finalmente, es hora de dejar de asistir a bares que se anuncian como LGBT pero que no permiten el ingreso de población transgénero o de hombres y mujeres que le resten “estética” al ambiente de chicos six pack, activos y con diseño de sonrisa que quieren promover.

¿Algún candidato se suma al movimiento?

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