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Cambio de planes

Género, diversidad sexual y cambio social.

Está claro que en un buen número de bares y discotecas les niegan el ingreso a ciertas personas sin explicación alguna. Entonces, ¿por qué seguir frecuentándolos?

¿Es verdad que en Theatron discriminan a la entrada?
Bajo esta premisa algunos bares y discotecas le impiden el ingreso a ciertas personas sin justificación alguna.

De vez en cuando se difunde la noticia de que en un determinado bar o discoteca se le negó el ingreso a una persona por su raza, clase social o apariencia física.

La verdad, sin embargo, es que cada fin de semana se conocen menos casos de los que en realidad tienen lugar.

Los argumentos para impedir la entrada no son ninguno de los anteriores. Suelen venir disfrazados en frases como: “esta noche hay fiesta privada”, “necesitan una tarjeta VIP”, “el establecimiento está lleno” o “se requiere reserva”.

Lo extraño es que para muchas de las personas que están adentro o que continúan llegando, después de negarles el ingreso a otras, no hay fiesta privada, ni tarjetas VIP, ni reserva, sino solamente el pago de un consumo mínimo o de un cover.

Aún no está muy claro si los responsables de la puerta han recibido instrucciones precisas sobre quiénes pueden ingresar y quiénes no o si es una misteriosa voz, al mejor estilo Gran Hermano, la que se encarga de decirles, directamente al oído y desde el anonimato, quiénes son los “afortunados” para entrar, según su parecer.

Los propietarios de estos establecimientos acostumbran decir que ellos no se reservan el derecho de admisión sino que tienen unas políticas de ingreso. Lo curioso es que, en estos casos, no suelen citar la norma que los posibles clientes violaron o el motivo por el cual los apartaron de la fila.

El problema es que, muchas veces, por evitar la “vergonzosa tarea” de reconocer públicamente que la administración de un bar consideró que no se cumple con los cánones estéticos y sociales esperados por ellos, algunas personas prefieren ocultar la situación. “Ya vendrá la revancha”, dicen para sus adentros.

“No me rendiré…”

Pero en numerosas ocasiones la sanción a este comportamiento excluyente no suele ser una acción de tutela o un reporte en la Superintendencia de Industria y Comercio, sino intentar ingresar de nuevo. Acudir a prendas de vestir o a la compañía de personas que se ajusten más al gusto de los propietarios, de manera que en esta nueva oportunidad se corra con “mejor suerte”.

Se conocen casos de personas que aceptan abiertamente que cuando les han impedido ingresar a un bar, lo visitan nuevamente con la esperanza de que esta vez el filtro de la puerta considere que sí cumplen con la imagen “requerida”.

Además de hacer públicos los episodios en que un establecimiento niegue el ingreso sin una causa justa y de tomar las acciones legales correspondientes, el siguiente paso debería ser no frecuentarlos más, no permitirles a sus administradores seguir pisoteando la dignidad de sus clientes. Cuesta trabajo creer que el único plan existente sea ir a los bares que discriminan.

Se han llegado a situaciones tan lamentables como personas que acuden en grupo a un bar. Allí, la persona de la puerta le impide el ingreso solamente a una de ellas, sin explicación alguna. Sin embargo, como sus acompañantes han hecho fila durante un buen tiempo, deciden entrar y dejar sola a quien ha sido excluida. ¿Dónde queda la empatía y la solidaridad? ¿De malas los que no reúnen los requisitos sociales, raciales o estéticos esperados por la administración?

Si bien es censurable que cualquier persona asista a sitios donde tiene la certeza de que se discrimina, lo es aún más en quienes se consideran defensores de los derechos humanos. Se trata de renunciar a un privilegio propio por el maltrato que cometen contra otros.

Se han conocido casos de personas a las que les niegan la entrada con excusas como “fiesta privada” que, en vez de denunciar al establecimiento en redes sociales y medios de comunicación y estudiar las medidas legales correspondientes, optan por decirle al vigilante o al administrador: “Usted no sabe quién soy yo”.

Un asunto de dignidad

Lo más grave, sin embargo, es que una vez el responsable de la puerta comprueba que dicha persona es “importante” y le permite ingresar, ¡ésta acepta! ¿Dónde queda su dignidad? ¿Qué pasa con quienes no puedan demostrar un cargo alto?

Si lo que le preocupa es pasar la vergüenza de que le nieguen el ingreso a un bar de moda, ¿no le parecerá más vergonzoso usar su posición laboral para que le permitan hacerlo?

Además de la denuncia pública y de las acciones legales, el paso a seguir debería ser no gastar un solo peso en estos establecimientos y lograr que más gente conozca estos casos. No volver hasta que aclaren públicamente sus políticas de ingreso.

La oferta de entretenimiento permite optar por otros espacios o, simplemente, cambiar de plan. Buscar espacios más abiertos y amables con los clientes, así no estén de moda, armar la propia fiesta o buscar otras formas de diversión.

Los usuarios deben demostrar que rechazan y condenan estos actos excluyentes y que mientras los empresarios no actúen de otra manera, no están dispuestos a frecuentar estos espacios. No puede ser que ir a un bar de moda sea más importante que la dignidad y el amor propio.

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