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El activista espiritual

Género, diversidad sexual y cambio social.

Fidel Mauricio Ramírez está convencido de que detrás de muchos estereotipos y falsas creencias que existen sobre las personas LGBT, pesan ideas religiosas. Tercera parte del especial de Sentiido sobre diversidad sexual y búsqueda interior.  

cómo ser católico y gay
Fidel Mauricio Ramírez es licenciado en Teología y Filosofía y está cursando un doctorado en Educación.

“¿Final a lo Romeo y Julieta de dos gais en Bogotá?” Fue un titular publicado en el periódico El Tiempo a finales de 2006. Aunque para muchas personas la noticia no tuvo mayor trascendencia, resultó definitiva en la vida de Fidel Mauricio Ramírez, quien en ese entonces tenía 24 años.

Ahora tiene 32 años, es licenciado en Teología y Filosofía y está cursando un doctorado en Educación. Se desempeña como docente en un colegio público en Bogotá donde lidera el proyecto “degenero” que busca reformular los roles que la sociedad les ha asignado a hombres y mujeres.

Desde hace cinco años también trabaja medio tiempo en la facultad de Teología de la Universidad Santo Tomás en Bogotá. “No enseño dogmas ni verdades de fe, sino teología del cuerpo o cómo este es un lugar de revelación de Dios”.

“¿Qué lleva a una pareja a suicidarse un domingo a las 9 de la noche al frente de la iglesia de Lourdes en Bogotá?” Se preguntó Fidel Mauricio cuando leyó la historia publicada en El Tiempo. La nota contaba que los dos hombres fueron encontrados abrazados después de consumir alguna sustancia. Se sintió identificado con el dolor que ellos sintieron y que los llevó a tomar esa decisión.

“Yo sentía que detrás de esto había una profunda frustración por una institución religiosa que los excluía. De ahí justamente que hubieran elegido ese lugar y la noche para hacerlo”.

Fidel Mauricio nació en Manzanares, un pueblo del oriente de Caldas (Colombia), en una familia tradicional y conservadora. Estudió en un colegio católico liderado por padres dominicos. Su vida incluía ir temprano y muy bien arreglado a la misa dominical, recibir todos los sacramentos, ser monaguillo y formar parte de los grupos juveniles de la iglesia.

“A los 11 años entré en conflicto porque, por un lado, estaba la idea de que Dios es bueno y generoso pero, por otro, que se equivocó conmigo porque empiezo a sentir que los hombres me atraen”. No sabía que a eso se le llamaba ser gay, solamente se daba cuenta de que todos los niños de su curso, excepto él, hablaban de niñas.

¿Un Dios que pone pruebas?

Decidió entonces confesarse. Los sacerdotes le repetían, una y otra vez, que eso estaba mal y que era una prueba que debía superar. “Entonces me pregunto por qué me pasa esto, por qué lo que yo siento es pecado y ahí es cuando surge ese conflicto interno que me llevó incluso a contemplar el suicidio”.

Ahora que es docente de futuros sacerdotes siente pesar de que algunos de ellos estén ahí para ocultar su homosexualidad y tengan que reproducir un discurso contrario a lo que sienten y, en algunos casos, viven.

Sin embargo, nunca se creyó del todo la idea de que un Dios que se supone tan bueno quería ponerlo a prueba. Así que una vez terminó bachillerato, decidió irse de su conservador pueblo a estudiar Psicología en Bogotá.

Estando allí una profesora le preguntó a él y a sus compañeros por qué escogieron esa carrera. “Muchas personas respondieron que para ayudar a la gente, pero ella nos dijo que uno lo hace porque necesita entenderse a sí mismo”.

Esa respuesta lo llevó a pensar que su problema era el sentimiento de culpa que había desarrollado por su orientación sexual, así que decidió pasarse a estudiar Teología. Su propósito era encontrar una explicación de lo que sentía, pero desde un punto de vista religioso.

Hacia el año 2004, Fidel Mauricio escuchó hablar de los “movimientos de transformación gay” o “tratamientos para dejar de ser homosexual” y decidió ingresar a uno llamado Coraje Latino, con sede en Chile. “Si alguien le dice a uno que eso tan malo tiene cura, uno lo intenta”.

Coraje Latino se definía como una comunidad terapéutica para quienes la homosexualidad es una conducta aprendida que va en contra de la naturaleza, pero que puede modificarse. “Diariamente había que reunirse en un círculo para declarar públicamente si uno soñó, deseó o tuvo alguna tentación homosexual”.

Cuando la terapia terminó, Fidel Mauricio concluyó que fue una experiencia abominable y que Dios no se equivocó con él, sino que lo amaba tal como era. Decidió asumirse abiertamente como un hombre homosexual.

Desde entonces se mantiene al margen de la Iglesia Católica, cuyos sacerdotes le repetían que era un pecador. Ahora se define como un hombre espiritual que en ocasiones disfruta entrando a una iglesia, siempre y cuando no haya misa porque no la resiste.

“Creo en Dios y en una fuerza que va más allá, pero no en una divinidad única. Creo que Dios es infinito y no se agota en una sola religión. Por eso muchas veces cuando hago oración invoco a las divinidades, a los dioses y las diosas y a esos grandes líderes espirituales como Jesús, Mahoma y Buda”.

La entrada al mundo gay

Cuando regresó a Bogotá, después de pasar tres meses en Chile, se abrió a la posibilidad de salir con otros hombres. Su primera relación estable la tuvo a los 23 años, aunque fue frustrante porque todavía estaba muy presente la presión de la religión: se sentía enamorado y culpable a la vez.

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Para Fidel Mauricio Ramírez, el activismo político o aquel que persigue la igualdad de derechos, debe venir acompañado de una militancia religiosa.

Durante ese proceso, dudó entre hablar o no con su familia hasta que un día su mamá le preguntó cuándo iba a casarse y a tener hijos. Decidió entonces reunir una tarde a su papá, a su mamá y a sus dos hermanos, quienes le llevan 10 años.

“Les dije: voy a hablarles de un asunto que no está en discusión. No les vengo a pedir permiso, simplemente quiero expresarles que soy gay, me gustan los hombres, no me voy a casar o al menos no de la manera tradicional”.

Para su mamá la noticia fue devastadora. Fidel Mauricio le preguntó: “¿por qué te parece tan terrible? Tú sigues siendo mi mamá y yo tu hijo, ¿en qué va a cambiar nuestra relación?” Sin embargo, ella dejó de hablarle durante cuatro meses.

“Así como yo tuve que pasar por un proceso para aceptarme, mi mamá también tuvo que hacerlo. En este momento lo asume bien e incluso le cuento de mi vida sentimental”. Su papá nunca dijo nada, no sabe si es porque no entendió o porque no le importó. Simplemente, de “eso” no se habla.

Su hermano mayor, quien es psicólogo, le dijo que siempre lo supo y que con él podía hablar tranquilamente del tema. Su otro hermano, que es militar, se mostró inconforme con la noticia y con él el asunto está vetado.

Una vez se graduó de la licenciatura en Teología, Fidel Mauricio se vinculó al activismo LGBT y formó parte de la consolidación de Stonewall, el grupo de diversidad sexual y de géneros de la Universidad Javeriana en Bogotá.

Sin embargo, algo le hacía falta en su militancia por la igualdad de derechos: abordar el tema religioso. “Mucha gente, por ejemplo, se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo utilizando solamente argumentos religiosos”.

En 2006 se enteró de un evento sobre teología queer. “No tenía idea de qué era eso, pero supe que presentarían nuevas investigaciones en torno a religión y género”.

Allí conoció a John Doner, uno de los fundadores de Otras Ovejas, una organización que nació en Argentina con el objetivo de ofrecer un acompañamiento a minorías sexuales en los procesos de incorporación a sus religiones o grupos de fe.

Iglesias incluyentes

“Líderes de iglesias como la Anglicana, Luterana y Presbiteriana nos contactan para acompañar a las personas homosexuales que siguen alguna de estas religiones, para que no se sientan discriminadas ni marginadas en su vida espiritual, sino que existan prácticas incluyentes”.

Según explica, la Iglesia Católica es reticente a estas iniciativas porque una renovación de este estilo implicaría pasar por una larga serie de procesos.

Estando vinculado a Otra Ovejas es cuando Fidel Mauricio encuentra el titular del periódico El Tiempo con la historia del suicidio de una pareja gay en Bogotá. El impacto que le causó lo llevó a concluir que su trabajo debía ir más allá de las asesorías espirituales y decidió vincularse con la Iglesia Comunidad Metropolitana (ICM), fundada en 1968 en San Francisco (Estados Unidos) y dirigida a personas diversas sexualmente.

Fidel Mauricio asumió la tarea de difundir en Colombia los libros y el material producido por esta iglesia. El primer texto que tradujo fue Dios nos ha hecho libres, una nueva lectura de los textos bíblicos que se han utilizado para condenar la homosexualidad.

Desde entonces, está seguro de que el activismo político o aquel que persigue la igualdad de derechos debe venir acompañado de una militancia religiosa. No tiene la menor duda de que la raíz de la discriminación contra las personas LGBT son las falsas creencias reproducidas por las religiones.

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Este especial fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert:

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