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“Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”

Género, diversidad sexual y cambio social.

A Lina Monsalve, católica, practicante y mamá de Emilio, un hombre trans, le cuesta entender a quienes se enorgullecen de ser creyentes y de ser los mejores papás y mamás, pero no aceptan a sus hijos LGBT.

Fotos y video andresgofoto de goteam.media

"Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT"
Lina Monsalve invita a papás y a mamás a ponerse en los zapatos de las personas LGBT: “para muchas de ellas la vida no es fácil por lo que socialmente implica la diversidad sexual y de género”. En la foto Lina junto a sus hijos mellizos Juanita y Emilio de 18 años. Faltó Iván, el papá. Viven en Medellín (Colombia).

El 8 de abril de 2018 Emilio Patiño, en ese entonces de 15 años, alistó una comida especial para Iván y Lina, sus papás. Les arregló una mesa en la terraza del apartamento, les puso una botella de vino, dos copas y les dejó su computador con un video listo para reproducir. Al lado, puso una carta que le tomó horas escribir. Les dijo: “buen provecho” y se fue para su cuarto. (Ver: ¿Cómo salir del clóset?).

Sus papás vieron el vídeo titulado “carta de un chico trans a sus padres”. Después leyeron la carta. Allí, Emilio les decía que los amaba y que se sentía privilegiado de su hogar, pero que necesitaba contarles algo: “soy un hombre trans”. Finalmente, había puesto en palabras algo que tenía muy claro: su identidad de género. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

Lina lloró profundamente, pero los dos tuvieron tiempo de admirar la madurez y la valentía de su hijo. Así que se pararon de la mesa, fueron a buscarlo y lo abrazaron mientras le decían cuánto lo querían.

“¿Entonces no me van a echar de la casa?” , les preguntó Emilio llorando.
¡Cómo vamos a echarte si tú eres el hijo que amamos! Fue su respuesta.

“A las personas LGBTI les recomiendo que se informen con argumentos de calidad para hablar con sus familias y debatir cuando sea necesario”, Emilio Patiño.

Lina e Iván le pidieron a Emilio que les diera tiempo para entender lo que estaba pasando. “Pero vamos para adelante”, concluyeron. Lina no sabe muy bien qué le pasó porque su reacción fue muy distinta a cuando Emilio, años atrás, les dijo que era bisexual. (Ver: La bisexualidad existe y no es una etapa).

Una noche entró a nuestro cuarto diciéndonos que tenía algo que contarnos. Lo primero que pensé fue que nos iba a decir que era lesbiana. Sentí que me moría”, recuerda Lina. Pero Emilio no les dijo que era lesbiana sino bisexual, “para suavizar el golpe”, dice. La respuesta de Lina fue la típica: “tienes 13 años, seguramente estás confundida, es una etapa que vas a superar. Tú eres heterosexual”. (Ver: Aceptar a los hijos LGBT).

“Yo siempre fui visto como ‘la masculina del curso’ o ‘el muchachito’ de un colegio femenino”, Emilio Patiño.

Emilio empezó a identificarse como una mujer lesbiana masculina cuando no sabía que existían las identidades de género trans. “Pero aun así no estaba conforme. No encajaba. Por ejemplo, para las fiestas de 15 años no me sentía a gusto con los vestidos ni con las pintas que se supone las mujeres deben llevar. Yo no quería maquillarme ni mucho menos usar tacones. Me estresaba mucho, era horrible”.

Así que empezó a indagar y a investigar. Fue así como encontró que además de la orientación sexual, también existe la identidad de género y que una posibilidad es ser un hombre trans. “Inmediatamente reconocí lo que sentía”, recuerda Emilio. (Ver: El género desde una perspectiva trans).

“Una verdadera espiritualidad implica respeto, humildad y aceptación del otro”, Lina Monsalve.

Desde que Emilio tenía cinco o seis años, Lina sospechaba que podía ser lesbiana. “Me acuerdo de un día, cuando vivíamos en una casa campestre, en el que lo vi jugando con un vecino a las espadas, volando patadas para acá y para allá. Ese día me pregunté: ¿será que es lesbiana? ¡Qué horror! Pensé”.

En ese momento, Lina no sabía que las identidades trans existían. “Yo pensaba que lo único que había era personas travestis que para mí eran hombres gais, peluqueros en su mayoría. Si a mí alguien me hubiera enseñado que las personas trans existen, me habría planteado esa posibilidad, pero la educación nos quedó debiendo mucho”. (Ver: Travesti, una breve definición).

Lina no tiene la menor duda de que en esa deuda educativa radica el hecho de que la mayoría de papás y mamás no quieran que sus hijos sean LGBT. “Toda la vida nos han enseñado que lo correcto es ser heterosexual y no ser trans. Nos han repetido por todos los medios que las personas LGBT son ‘distintas’, son lo ‘otro’, entendiendo estas palabras como algo malo. Las personas heterosexuales cisgénero son una parte de la realidad pero no la única. Mientras no entendamos esto, vamos a seguir jodidos”. (Ver: La obligación de ser heterosexuales).

“Ni siquiera tendría por qué existir el concepto LGBT: somos seres humanos y punto”, Lina Monsalve.

De hecho, aunque Lina e Iván, su esposo, tienen muy buena comunicación y son de las parejas que se cuentan todo, ella prefirió no expresarle la sospecha que tenía sobre la orientación sexual de Emilio. “Era una manera de negar que yo la estaba viendo masculina, algo que me aterraba. Entonces, me acostumbré a decir que yo tenía unas mellizas: Juanita, la reina del glamour y Sara, una hippie que solo usa jeans, camisetas y tenis”.

Pero en la vida real Lina tenía confrontaciones muy profundas porque ella, al igual que su mamá, es muy vanidosa. “Yo me preguntaba por qué Sara no se arreglaba, por qué no se pintaba las uñas y se resistía a ponerse las pintas que yo le armaba. Me acuerdo que se moría de la ira de que yo quisiera que se pusiera falda y yo no entendía por qué. Pero mi corazón de mamá me decía que había algo que yo no sabía”. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

Si no se dejaba maquillar, Emilio no podía ir a la fiesta. “Y yo hasta me lo aguantaba con tal de no perderme la rumba. Cuando íbamos a comprar ropa mi mamá me decía que tenía que abrir mi mente y no solamente comprar jeans y camisetas. Eso era muy difícil para mí”, recuerda Emilio.

"Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT"
Desde que empezó el tránsito y a ser percibido como hombre, el trato social hacia Emilio cambió. “Una vez, antes de empezarlo, me metí con unos niños a jugar fútbol. Ninguno me pasaba el balón. Ahora cuando juego soy uno más. También siento que uno como hombre puede ser más suelto”.

Después de la noche en la que Emilio les dijo a sus papás que era bisexual aunque se reconocía como lesbiana Lina tomó la decisión de llevarlo a una psicóloga para que le quitara “esas ideas locas” de la cabeza. Como era de esperarse, fracasó en su intento. “Con el tiempo supe que lo que Emilio necesitaba era una persona que lo fortaleciera para entender su identidad de género y que le diera las herramientas para hablar con nosotros”. (Ver: Miguel Rueda y su apuesta por el amor).

Esa etapa fue para Lina de negación total. Después pasó a la fase de prohibición: “no vas a jugar más fútbol porque estás aprendiendo a ser una marimacha. Pero lo único que logré con ese intento de que Emilio no fuera quien es, fueron más días de sufrimiento para él y más riesgos de que se hiciera daño”.

“Las amenazas solo sirven para amargarles la vida a los hijos y retrasar procesos que tarde o temprano se van a dar”, Lina Monsalve.

Se convirtió en la mamá tirana que le impedía a su entonces hija que se viera con su novia. “Yo veía a esa niña y me quería morir hasta que un día, en noviembre de 2017, ella me mandó un mensaje hablándome bellezas de Sara, contándome que se había enamorado de su solidaridad y de su nobleza. Así que pensé: tocará aceptar –muy a regañadientes– esa relación para que esto no se me convierta en un problema familiar”.

Dijo: “esa niña puede venir a la casa”. “Pero si la novia venía y yo tenía que salir, le decía a la empleada del servicio doméstico que no les quitara el ojo de encima y les advertía que la visita solo podía ser en la sala. Me moría de pensar que se iban a dar besos y ¡lógico que se los iban a dar!”.

“Lo único que uno logra con la estrategia de ‘yo no te pago la universidad si sigues saliendo con tal persona’ es perder a los hijos”, Lina Monsalve.

Lina es una mujer católica y practicante. Así que al día siguiente de que Emilio les dijera que era un hombre trans se fue para la Iglesia. “Me tiré al piso y lloraba profundamente mientras le decía a Jesús: si esto viene de ti, muéstrame el camino. Pero si no, ponme todas las trabas para entender el mensaje”. (Ver: La Biblia no discrimina pero sí las interpretaciones fuera de contexto).

De repente, apareció en su vida la organización FAUDS (Familiares y amigos unidos por la diversidad sexual y de género). “Yo llamé a Elvira Arango, de FAUDS, por recomendación de otra persona, me presenté y su respuesta fue: estaba esperando tu llamada. Con paciencia y amor me escuchó llorar tres horas. FAUDS me dio la tranquilidad de saber que yo no era la única en el mundo que estaba pasando por esta situación”. (Ver: “Lo de menos es que mi hijo sea gay, lo importante es él como ser humano”).

“Yo a FAUDS le debo mucho. Por esto soy mamá voluntaria, participo en los grupos de apoyo y voy a dar mi testimonio en donde sea necesario”, Lina Monsalve.

También conoció a la sexóloga Carolina Londoño, a Mario Angulo, médico endocrinólogo de la Clínica de Género de Cali y a la psiquiatra Diana Botero, quienes la orientaron por el camino correcto: acompañar a su hijo en su tránsito de género. “Entonces dije: Jesús ya veo que esto viene de ti, así que para adelante”.

"Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT"
Lina Monsalve e Iván Patiño llevan 20 años de casados. Los dos son católicos practicantes y no tienen la menor duda de que la diversidad sexual y de género es parte de la realidad. Foto Guillermo Ossa, El Tiempo.

Lina siente que en ese proceso de aceptación fue fundamental sentir cerca a su abuela Teresita, quien falleció diez días antes de que Emilio les dijera que es un hombre trans. “Yo creo que por ese amor y esa conexión que nos unía, ella me expresó: es tú hijo y debes acompañarlo. Para mí fue algo sobrenatural pasar de la negación en la que yo vivía a manejar la identidad de género de mi hijo como lo hice”.

Cuando ella entendió que el proceso de Emilio venía de Jesús, el mensaje fue aún más contundente: “Ustedes fueron elegidos por mí para recibir a un niño trans y con su experiencia de vida apoyar a otras familias”.

Así ha sido. Por ejemplo, un médico leyó una entrevista que les hicieron para el periódico El Tiempo. Al sábado siguiente él y su esposa fueron al grupo de apoyo de FAUDS. Al final, él se paró y dijo: “quiero decirle a Emilio y a su familia que son mis superhéroes. Yo soy papá de una niña trans de 18 años y nos ha costado mucho aceptar esto, pero gracias a ustedes vamos a dar ese paso”. “Y nos abrazaba mientras lloraba”, recuerda Lina. (Ver: Orgullosamente trans).

“Un día una mamá nos dijo que su hijo había intentado suicidarse, pero que gracias a nuestro testimonio había decidido asumir su proceso”, Lina Monsalve.

Con su historia también han tocado el corazón de personas muy religiosas como la mamá de Lina. “Un día nos reunimos con ella y con Elvira y Claudia, de FAUDS, quienes le explicaron al derecho y al revés qué es una identidad de género trans. Su respuesta fue: ‘ustedes me pueden poner acá al mismísimo papa Francisco, pero yo voy a seguir rezando para que Sarita siga siendo una niña. Yo no voy a aceptar esto nunca‘”.

Claudia y Elvira le dijeron a Lina que no la presionara. “En algún momento lo entenderá. El amor y el conocimiento todo lo pueden”. Estando un fin de semana en Cartagena, la mamá de Lina empezó a llorar.

¿Qué te pasa? – le preguntó Lina.
Que todo esto me da muy duro – le respondió su mamá.
Mamá, tienes dos opciones: o te sigues ahogando en una pena o te unes al combo de la aceptación – le dijo ella.

Le explicó que su actitud no le ayudaba a ella ni a Emilio, quienes la necesitaban más cerca que nunca. Le preguntó qué dudas tenía y se las aclaró una a una. A partir de ese momento todo cambió: reconoció a Emilio como el nieto que siempre ha querido.

“Yo tengo un hijo con vagina y no pasa nada. Es un hijo feliz”, Lina Monsalve.

Una vez Emilio se practicó los exámenes médicos necesarios, recibió el visto bueno de los especialistas para empezar su tránsito físico de femenino a masculino. El paso a seguir: solicitar por la Entidad Promotora de Salud (EPS) el medicamento que inhibe la producción de estrógenos. Sabía que era posible que su EPS rechazara la solicitud y que sería necesario interponer una tutela. Tal cual.

El nombre Emilio lo escogió porque Lina, su mamá, toda la vida dijo que si tenía otro hijo lo llamaría Emilio.

La abogada de la Personería de Medellín los asesoró y les dijo que se iba a jugar una carta nueva en Colombia: una tutela integral para que de ahora en adelante no fuera necesario interponer tutela para cada medicamento o procedimiento que el tránsito de Emilio requiriera, sino que la EPS de una vez lo cubriera todo.

A la semana siguiente, el juez llamó a Lina. “Lo primero que me dijo es que debía disculparse por llamar a mi hijo Sara porque sabía que él había elegido llamarse Emilio, pero que por motivos legales debía referirse a él como Sara. Nos citó para dictar la sentencia”. Falló a favor de la tutela integral, algo que no solamente benefició a Emilio sino a muchas otras personas trans. Estableció un precedente.

“Las familias son diversas tal cual como los dedos de la mano son diferentes”, Lina Monsalve.

Por su parte, desde que la rectora del colegio de Emilio se enteró de su identidad de género, le expresó su apoyo y demostró su interés en que esta experiencia les sirviera de aprendizaje, no solamente a un colegio femenino como el Marymout de Medellín, sino a todas las instituciones educativas posibles. (Ver: Colegios: les llegó la hora de reconocer la diversidad sexual).

Lo primero que hizo fue reunir a las estudiantes de la promoción de Emilio, explicarles la situación y aclarar sus dudas. También construyeron un baño para hombres, al lado del de niñas y diseñaron un uniforme para él con pantalón, camisa y sudadera con corte masculino. (Ver: Él / Ella / Nosotros).

FAUDS capacitó a los profesores en diversidad sexual y de género y, como es una institución confesional, el sacerdote del colegio les explicó a las estudiantes que Dios es amor y que Emilio no estaba haciendo nada malo, más allá de vivir su identidad de género.

Emilio es muy consciente de que antes de hacer el tránsito vivió acoso callejero y le duele pensar que, ahora, por el hecho de ser hombre, algunas mujeres puedan verlo como un “potencial agresor”.

Entender y aceptar la identidad de género de su hermano mellizo fue un proceso más largo para Juanita. Le preocupaba mucho el qué dirán. En una de las discusiones que Lina tuvo con ella, le dijo: “los índices de suicidio en quienes no pueden vivir su identidad de género son alrededor del 39%. Qué prefieres: ¿darle la bienvenida a Emilio o enterrar el cuerpo de Sara? Yo ya elegí la primera opción y te invito a que tú también lo hagas”.

En agosto de 2018 Juanita aceptó ir a un grupo de apoyo de FAUDS. El tema era cómo la crisálida se convierte en mariposa. Llegaron tarde a la sesión, justo cuando estaban anunciando una rifa. Juanita se la ganó. Era una crisálida. La psicóloga le preguntó qué significaba ese regalo para ella y Juanita empezó a llorar, mientras decía que había perdido a su hermana.

Ahí Juanita empezó su catarsis. Ese día la mariposa salió de la crisálida y se quedó en una rama. Al mes, cuando la mariposa se fue, Juanita dijo: “estoy lista”. Y crearon con Emilio la cuenta de Instagram PatinoX2 donde comparten su historia y su cotidianidad como hermanos.

Cuando a Isabella, de 10 años, sobrina de Iván, le explicaron el tránsito de Emilio, lo único que dijo fue: ¡cuánto habrá sufrido mi primo todos estos años!

Lina sabe que en situaciones como el tránsito de Emilio, es cuando más deben salir a relucir esas frases que papás y mamás repiten con frecuencia: “yo por mis hijos doy la vida” o “lo que yo más quiero es que mis hijos sean felices”. “Es el momento de demostrar que esas frases son ciertas y no palabras al aire. ¿De qué sirve decir que quiero un hijo feliz si no puede vivir su identidad de género u orientación sexual?

A la marcha LGBT de 2019 de Medellín, la primera a la que Lina asistió, llevó un cartel que decía “abrazos de mamá gratis”. “Valió la pena solamente por el abrazo que me dio una niña que lloraba mientras me decía que llevaba 10 años sin recibir un abrazo de su mamá”.

Según Lina, papás y mamás deben aprender a poner por encima de su ego, la felicidad de sus hijos. “Es recordar a ese hijo que cuando nació nos hizo tan felices, devolvernos a ese primer llanto, a esa primera conexión, a esa primera sonrisa. Yo les pido que se vayan a ese momento tan especial, de tanto amor, y que piensen qué habría pasado si ese ser les hubiera dicho “soy gay” o “soy trans”. ¿Lo habrían tratado como hoy lo hacen?”.

Lina ya no dice que “enterró a Sara para darle paso a Emilio” porque ha entendido que su esencia sigue siendo la misma. No cambió. “Solamente tiene un ‘empaque’ diferente, pero es la misma persona. Sus valores no han cambiado. Hoy Sara está en mi corazón. Me hice un tatuaje en su nombre porque guardo el recuerdo de una persona que me dio felicidad durante 16 años, pero hoy vivo mí día a día con un hijo que es mi maestro de maestros. Me ha mostrado que la vida va más allá de lo que a mí me habían enseñado”.

“No es coherente decirles a los hijos ‘te acepto pero solo en esta casa’ porque el mundo va más allá de esas cuatro paredes”, Lina Monsalve.

El tránsito de Emilio también ha confrontado a Lina con la doble moral social. Por ejemplo, sus cuatro grandes amigas de la universidad, todas muy religiosas, se alejaron cuando ella les contó. Por una de ellas –quien dice recibir mensajes de la Virgen– Lina se volvió muy mariana. “Me dijeron que yo era una mamá alcahueta que estaba permitiendo que el demonio se apoderara de mí“.

Desde entonces, aunque siguen en familia asistiendo a misa los domingos, se han distanciado de la manera como mucha gente practica la religión. “Veo mucha incoherencia”, dice Lina. (Ver: Los pasos de gigante de la avanzada conservadora).

Juanita quiere estudiar medicina y Emilio comunicación publicitaria.
 

El mejor puente entre religiones y diversidad sexual y de género, señala Lina, es la educación. “Es mostrarles a quienes se oponen a la diversidad sexual que esta no es una elección ni un trastorno sino una realidad científica, si quieren llamarla así. Mi invitación a estas personas es a seguir el ejemplo de Jesús, el ser más incluyente que ha existido. Si las personas religiosas pregonan que le siguen sus pasos, pues que lo hagan como debe ser”. (Ver: La Biblia no discrimina pero sí las interpretaciones fuera de contexto).

“Con el cierre de las iglesias por el coronavirus es aún más claro que Jesús no está en un lugar sino en el corazón de cada quien”, Lina Monsalve.

Emilio también es católico practicante. Hace poco se confirmó. “Pero no puedo negar que en esos años de dudas, miedo y ansiedad porque no sabía qué me pasaba, le echaba la culpa a Dios, le pregunta por qué me hacía eso. Hasta que entendí que lo que debía buscar era el para qué y no el por qué. Y yo estoy acá para ayudar a que más personas puedan entenderse”.

Hoy la familia Patiño Monsalve tiene más claro que nunca que parte de su misión en esta vida es aportar conocimiento sobre diversidad sexual y de género en donde les sea posible. “Vinimos a este mundo a ser felices”.

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