Inicio A Fondo “Quiero ser la misma persona adentro y afuera de la oficina”

“Quiero ser la misma persona adentro y afuera de la oficina”

Género, diversidad sexual y cambio social.

Adriana Mantilla, country manager de Booking.com para Colombia, Ecuador y Perú, está convencida de que una persona debe ser la misma adentro y afuera de la oficina. También sabe que expresar su orientación sexual libremente invita a quienes la rodean a vivir sin miedo.

"Quiero ser la misma persona adentro y fuera de la oficina"
Adriana Mantilla es administradora de empresas. Empezó su carrera profesional en una cadena hotelera en la parte de inteligencia de mercados, después fue gerente de mercadeo en un hotel y más adelante trabajó en Despegar.com.

La última prueba que Adriana debía superar para ser contratada en la empresa de sus sueños era el polígrafo. No la pasó. ¿El motivo? El único posible: no decir la verdad. “Me dio miedo contar quién era yo realmente. Estaba inventando un esposo que no tenía”, señala Adriana Mantilla, 35 años, de Bogotá. (Ver: Ser LGBT en el mundo laboral).

Tiene sentiido. No es fácil reconocer ser una persona lesbiana, gay, bisexual o trans (LGBT) en un entorno laboral. En muchos casos, esto puede implicar cerrarse las puertas de una empresa, obstaculizar un ascenso o encasillarse como “la lesbiana” o “el gay” de la compañía.

En otras palabras, el miedo que Adriana sintió frente al polígrafo no es injustificado. Hay razones de peso para, en caso de ser una mujer lesbiana, hablar de un esposo que no existe en un proceso de selección de personal.

“Las políticas de inclusión de una empresa deben sentirse desde que una persona entra en contacto con la compañía”.

Ahora su situación es otra. Desde hace cinco años, Adriana es country manager de Booking.com para Colombia, Ecuador y Perú. Llegó a esta empresa después de pasar por un riguroso proceso en el que nunca le hicieron preguntas que sus empleadores consideran irrelevantes como “con quién vives”, para determinar el estado civil o la orientación sexual del aspirante. (Ver: El camino de Google hacia la igualdad).

Nunca se las formularon porque Booking.com es una multinacional –su sede central está en Holanda– con políticas explícitas de inclusión donde la persona que cumpla con el perfil requerido para un cargo –independiente de su raza, edad, orientación sexual o identidad de género– es contratada.

“Desde el proceso de selección fue evidente que Booking.com es una compañía incluyente, que no hace preguntas innecesarias”.

En la empresa se enteraron de que Adriana era lesbiana cuando ya estaba contratada y, en una charla casual, un jefe le preguntó: “¿y tu esposo qué hace?”, asumiendo, como les pasa a tantas personas, que todo el mundo es heterosexual y que si Adriana estaba casada debía ser con un hombre. (Ver: La obligación de ser heterosexual).

La libertad o el clóset

“Ahora o nunca” pensó al momento de responder una pregunta que para muchas personas resulta de rutina, pero que para Adriana representaba la libertad o el clóset. “No es esposo. Es esposa”, dijo. Y trabaja en tal compañía, agregó. La conversación continuó como si nada.

Parece sencillo de decir pero pocas personas se imaginan la fuerza que requiere responder con la verdad. Lo que para la mayoría es una pregunta más, para una persona LGBT puede significar poner en riesgo su futuro laboral.

“Es importante que más líderes y figuras públicas sean abiertamente quienes son. Hay vicepresidentes de empresas llevando una doble vida”.

Ahora, para Adriana, la pregunta “¿y tu esposo qué hace?” no tiene ningún misterio. Desde hace mucho tiempo aprendió a responderla con la verdad. Por un lado, no quería vivir en una mentira y, por otro, no le parece justo engañar a quienes poco o nada les importa si ella tiene esposa y no esposo.

"Quiero ser la misma persona adentro y fuera de la oficina"
Abrir la oficina de Booking.com en Colombia ha sido para Adriana una de sus mejores experiencias profesionales y personales.

En Booking.com saben que su familia está conformada por su esposa Carolina y su hija Emilia. “Si negaba esa parte de mí, ¿cómo podía animar a los demás a que sintieran que en esta compañía pueden ser quienes son?”. (Ver: Matrimonio igualitario en Colombia, paso a paso).

Adriana tenía muy claro que su primera responsabilidad al ocupar un cargo de liderazgo en una empresa con unos valores tan claros de inclusión, era vivirlos. “Y si está el rumor de que yo tengo una esposa y una hija pero nunca hablo del tema, puedo estar comunicando que eso está mal”.

 “las personas que trabajan en Booking.com saben que en nuestra compañía pueden ser quienes son”.

Años atrás su situación era otra. En sus trabajos anteriores -en el sector hotelero y de turismo- Adriana se había convencido de que la vida personal va por un lado y la laboral por otro. “De manera errónea creía que cada una iba por separado pero ahora estoy convencida de que somos una sola persona en todos los espacios”.

La frase “es mi vida privada” es la manera en la que algunas personas LGBT evitan salir del clóset en entornos laborales. Finalmente, la sociedad les ha hecho creer que la heterosexualidad es pública y que todo lo que se salga de ahí es privado.

Siempre se sabe

En un trabajo Adriana tenía muy buenas amigas, pero cuando surgían las típicas propuestas de salir a comer con las parejas, ella decía que su novio estaba de viaje o que habían terminado. “Lo hice y no está bien porque uno no puede ser una persona en un espacio y otra distinta en otro”.

Lo mejor fue cuando les contó la verdad. “Siempre lo supimos y nunca nos importó”, fue la respuesta de ellas. Esa frase la motivó a no seguir ocultando una parte de su vida.

“Este año es la primera vez que participo en una marcha LGBT, una oportunidad para celebrar la diversidad y un espacio de reafirmación”.

Además, normalmente “la información confidencial” o aquella que se intenta ocultar termina por convertirse en un secreto a voces en la que la persona LGBT es la única que cree que las demás no la saben. Para completar, dice Adriana, quien se complica la vida es la persona LGBT “porque la gente que nos rodea nos quiere como somos”. (Ver: “Lo de menos es que mi hijo sea gay, lo importante es él como ser humano”).

Sin embargo, Adriana es partidaria de no juzgar a las personas que poco interactúan con sus compañeros de trabajo, que evitan cualquier espacio para socializar y quienes muchas veces son calificados de “antipáticos” o “tímidos”.

Pueden estar ocultando información de su vida porque simplemente no han podido dar ese paso. Hay personas que incluso pueden estar dejando descubiertas del servicio de salud a sus parejas o por fuera de un seguro de vida porque, por la razón que sea, les cuesta decir la verdad”, explica Adriana.

 “Las empresas tienen la responsabilidad de construir mejores ambientes laborales”.

Y muchas veces no han podido dar ese paso de decir abiertamente quienes son porque no encuentran un ambiente propicio para hacerlo. “Hay una diferencia evidente entre trabajar con empresas que tienen políticas de inclusión con aquellas que no las tienen”, agrega. (Ver: Decálogo de las empresas incluyentes).

La primera y más notoria es que las personas LGBT saben que tendrán las mismas oportunidades que las demás, sin miedo a que su orientación sexual o identidad de género obstaculice su desarrollo profesional.

Por otra parte, uno se siente más tranquilo para interactuar con los compañeros. Ser una persona aislada, que oculta una parte de su vida, termina por ser una barrera para crecer personal y profesionalmente“, señala Adriana.

De ahí que en empresas como Booking.com, los valores de inclusión estén presentes en el entrenamiento de quienes ingresan a la compañía. Y el código de conducta especifica que los comportamientos discriminatorios son causal de despido.

Así soy y punto

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Adriana Mantilla nació en Bogotá, tiene 35 años y es hija única de una mamá caleña y de un papá santandereano.

Aceptar que era lesbiana nunca fue un problema para Adriana. No fue algo que le preocupó ni que siempre supo. De hecho, cuando era estudiante de administración de empresas tuvo un novio tres años y medio y fue después que descubrió que le gustaban más las mujeres. (Ver: ¿Dónde están las lesbianas?).

Pero nunca le puso misterio al tema. “Si uno vive su orientación sexual con tranquilidad hace que los demás lo vean así. Además, si le daba vueltas al asunto, ella sería la única que se trasnocharía. “Es lo que es y punto”, fue su conclusión. (Ver: Aceptarse).

Alguien podrá hablar del tema 10 minutos, un familiar podrá llorar una hora, otra persona podrá decir ‘lo sospechaba’ o ‘nunca lo imaginé’, pero yo soy quien vive conmigo misma todo el tiempo y si no estoy bien, yo soy la única que se verá perjudicada. El resto seguirá con su vida”, señala Adriana.

“Las instituciones educativas deben ser más abiertas a la realidad, más incluyentes y reconocer la diversidad”.

Ese temperamento directo y práctico también le resultó de gran utilidad durante su vida escolar cuando jugaba fútbol, al punto de formar parte de la selección Bogotá. Poco le importaron los dos o tres “marimacha” que escuchó. “A mí eso no me afecta. No voy a dejar de hacer algo que me gusta porque a unas pocas personas no les parezca”. (Ver: Lesbiana, pero femenina).

Cuando tuvo claro que era lesbiana se lo contó a sus amigos, quienes lo tomaron muy bien. Su preocupación eran sus papás. “Uno siempre espera la aceptación de ellos, no quiere defraudarlos, y como hija única, estaba el miedo de no ser lo que ellos esperaban”. (Ver: Aceptar a los hijos LGBT).

Decidió hablar con sus papás cuando llevaba un año con Carolina. “Lo hice cuando empecé con mentiras, a sentir que les estaba ocultando una parte de mí y que no podía ser yo misma en mi casa”. Tenía 26 años y quería que ellos supieran que estaba pasando por un momento muy feliz de su vida.

“Hubo un consejo que en ese momento me resultó muy efectivo: tú ya viviste tu proceso ahora permite el de tus papás”.

Por no ser una persona religiosa, Adriana tampoco pasó por la etapa de creer que su orientación sexual era pecado. “No tuve que cargar con esa cruz con la que viven tantas personas LGBT creyentes que han crecido escuchando que su orientación sexual o su identidad de género no están bien”. (Ver: “Cuando acepté que ser homosexual no era enfermedad ni pecado, mi vida cambió”).

Por todo esto, Adriana se siente bien de aportar para que en los espacios laborales esas personas puedan quitarse esa carga de encima. “Tenemos que aportar a la inclusión y a la promoción de la diversidad en las compañías”.

Espacios de inclusión

De ahí que Booking.com forme parte de Pride Connection Colombia -red de empresas que nació en 2017 para promover políticas de inclusión LGBT- y que Adriana se haya sumado al grupo LGBT B Proud de su compañía. “Los espacios de trabajo, donde la gente pasa tanto tiempo, deben permitir que cada quien reafirme su identidad”.

“El qué dirán no debe ser relevante en nuestra vida. Lo realmente importante es ser leal a quienes somos. Ser siempre la misma persona”.

Adriana y Carolina se han casado tres veces: en 2012, cuando se fueron a vivir juntas firmaron la unión marital de hecho. Un 31 de octubre se casaron en Nueva York. Y en diciembre de 2016, una vez aprobado en Colombia el matrimonio para las parejas del mismo sexo, se casaron en Bogotá. “Nos casó el notario suplente, un hombre gay, quien hizo la ceremonia mucho más especial”. (Ver: La Corte Constitucional de Colombia y los derechos de personas LGBT).

Ser mamá era uno de los sueños de su esposa Carolina. “Yo estaba menos segura pero lo hablamos y decidimos que sería por inseminación. En el cuarto intento Carolina quedó embarazada de Emilia quien nació en noviembre de 2017″.

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Una de las principales dudas de Adriana para tomar la decisión de ser mamá era que no quería que su hija creciera en un entorno jurídico desfavorable.

Una vez embarazada, el paso a seguir fue averiguar qué necesitaban para que las dos figuraran legalmente como las mamás de Emilia. En una notaría y una abogada les dijeron que Adriana debía adoptar a su hija porque la burocracia no contempla dos mamás. (Ver: La Corte Constitucional aprobó la adopción igualitaria, ¿por qué esta vez sí?).

Ante la confusión, llegaron a la ONG Colombia Diversa donde les explicaron que no era así, que todo estaba listo para que, como cualquier pareja, ellas pudieran ser legalmente las mamás de Emilia.

“En las marchas del orgullo LGBT es evidente que la diversidad sexual y de género existe, algo que muchas personas prefieren negar”

Es duro ver que las parejas heterosexuales salen de la clínica con su hijo registrado. Nosotras intentamos que fuera así pero no se pudo”. A la semana de nacida fue necesario sacar a Emilia de la casa para llevarla a la registraduría de Chapinero donde finalmente las dos quedaron registradas como lo que son: las mamás de Emilia. (Ver: El derecho a ser legalmente la mamá de sus hijos).

En mi trabajo me dieron la licencia de maternidad equivalente al tiempo que les dan a los hombres. Pero pienso mucho en todas las parejas del mismo sexo que no tienen la ayuda ni el apoyo legal que yo recibí”, señala Adriana.

Toda esta experiencia la motivó aún más para contribuir al cambio social. “Para hacer cambios no necesitamos una gran infraestructura ni millones de pesos, podemos empezar con enseñarles a quienes tenemos al frente a ver el mundo de una manera más amplia”.

“Las personas que tenemos la posibilidad, debemos hablar y poner la cara por quienes no pueden hacerlo”.

Hay que alzar la voz. Siempre que cuento mi historia se me acercan muchas personas a darme las gracias y a decirme que les di fuerza para vivir como realmente quieren”. (Ver: “Venimos a dejar el mundo mejor de como lo encontramos”).

Según Adriana, uno de los grandes retos que tiene Colombia es trabajar con el sector financiero, cajas de compensación, compañías de medicina y todos los espacios de uso frecuente para que en sus procesos internos, lenguaje, papelería y en la atención al público contemplen a las personas LGBT.

En una compañía de medicina prepagada la persona que me atendió no sabía cómo manejar que yo tuviera una esposa y una hija. Quizás nunca le explicaron que a esa compañía también llegan parejas del mismo sexo”.

 “Las personas LGBT no tenemos por qué explicarnos de manera permanente. Todo debe estar diseñado de una manera que nos incluya”.

Es más, aún pasa que en un hospital o clínica el personal de atención al público abre los ojos o no sabe cómo actuar cuando el acompañante de un paciente es su pareja del mismo sexo. “En estos espacios tampoco pueden preguntar ‘nombre del papá’ cuando una mujer va a tener un hijo porque su pareja puede ser una mujer”.

No puede seguir pasando que uno quiera incluir a su pareja del mismo sexo en una compañía de medicina y la respuesta de la persona de servicio al cliente sea ‘no es posible porque solo se aceptan familiares'”, explica Adriana. (Ver: Chao prejuicios)

No. Las personas LGBT no tienen por qué vivir explicándose. Ni la legislación ni las empresas ni la sociedad deben asumir una heterosexualidad obligatoria. Los procesos, la papelería y el servicio al cliente deben contemplar la diversidad propia de la realidad. “Hay que llamar las cosas por su nombre, sin eufemismos”, concluye Adriana.

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