Inicio A Fondo 9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

9 miradas a las marchas LGBT de Colombia

Género, diversidad sexual y cambio social.

Andrés Alegría Polanía

Periodista, candidato a magister en estudios culturales de la Universidad Javeriana de Bogotá.

Andrés Alegría. Foto: archivo particular.

¿Qué opina de las marchas LGBT que anualmente tienen lugar?

Las marchas son un acto político, entendiendo este término como la posibilidad de ser visibles y de mostrar que existen otras realidades distintas a la heterosexual. En Bogotá, hay personas que la ven como un espacio de entretenimiento. Falta tener más claro lo que realmente es: un espacio de visibilización importante de aprovechar.

¿Qué le cambiaría, agregaría o quitaría a estos eventos?

Le agregaría más espacios para que, más allá de salir a marchar vestidos como cada uno quiera, se tuviera conciencia de por qué y para qué se hace eso. Yo pondría un componente académico durante la semana de la marcha que incluyera discusiones, debates y conocer otras experiencias. El primer tema sería “por qué nació la marcha y cuándo fue la primera en Bogotá”. El objetivo sería que la gente supiera que nació con la idea de exigir unos derechos, de ser visibles, más allá de ser un espacio de entretenimiento para caminar con amigos.

Trataría también de buscar un formato que fuera más agradable. A las marchas que he asistido en Bogotá he visto algo de desorden que evidencia la desarticulación del movimiento. Hay grupos y organizaciones que nacen con la idea de hacer una lucha política y de defender los derechos de las personas con orientaciones sexuales o identidades de género diversas, pero que se desvirtúan por el camino. Sería importante que todos nos sentáramos y nos organizáramos, para lograr un trabajo más articulado y aprovechar mejor este espacio.

¿Qué opina de los desnudos y del consumo de bebidas alcohólicas y de sustancias psicoactivas durante estas marchas?

El cuerpo es una herramienta para transmitir emociones y estimular los sentidos. No critico los desnudos. Me parece que el tema de fondo son más los medios de comunicación porque generalmente representan este evento con mujeres transgeneristas para crear polémica y vender más.

En cuanto al consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, yo creo que en cualquier espacio que tenga un objetivo político y social, incluso un cambio cultural, no hay lugar para esto. Además, no es necesario.

¿Cómo ha visto la transformación de las marchas en Colombia?

Desde 2003 que llegué a Bogotá, procedente de Cali, quedé asombrado con las primeras marchas a las que asistí. Allá no existían ese tipo de movilizaciones. Me pareció un escenario muy importante. Esto vino de la mano del nacimiento de organizaciones que buscaban el reconocimiento de derechos como Colombia Diversa y del papel de las feministas.

Para mí fue gratificante encontrar un escenario político muy bonito que proponía un cambio importante. Me parece que después de 2006 el asunto cambió, se volvió más un espacio de socialización, entretenimiento y rumba y, de cierta manera, se perdió el sentido que tenía.

La marcha cumple con uno de sus objetivos que es visibilizar y se debería aprovechar más para dar a conocer otras apuestas. Falta recuperar su sentido, sentarse a pensar para qué la hacemos y sacarle mayor provecho para enfrentar los paradigmas y estereotipos que existen y, más aún, cuando en el contexto político hay personas que todavía discriminan a quienes tenemos identidades de género u orientaciones sexuales no normativas.

4 Comentarios

  1. A medida que haya mayor participación por parte de la comunidad de LGBTI las marchas cambiaran. Sin embargo, lo importante es la participación activa de la comunidad para mostrar su existencia en pro de defender los derechos humanos.

  2. En el mundo se están generando cambios importantes ante la visión de la comunidad LGBTI, este momento el indicado para unirnos y hacerles sentir al mundo que somos personas que caminos unos junto a otros, trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, vivimos en una sociedad y por tanto lo único que pedimos es que se nos trate como a cualquier otro ciudadano que tenga una nacionalidad Colombiana sin ningún tipo de violación a nuestros derecho y mas aun sin ningún tipo de restricción en nuestra libertad.

  3. A la marcha le sobran gays y le hace falta más presencia de distintas organizaciones culturales, políticas, comerciales, etc. Fui a una marcha en Bogotá y fue muy triste como habían “carrozas” que eran camiones de trasteo con “reinas” mandando besos. Aunque me sorprendió la cantidad de jóvenes, fue triste también verlos a todos tomando cerveza, medio ‘trabados”. ¿Creen ustedes que esa es la imagen que deberían proyectar? Dirán que precisamente lo importante es “rechazar las normas heteronormativas”, pero pues, verse como unos alcohólicos, drogadictos, con looks poco favorecedores no tiene nada que ver con una lucha de ideales, de igualdad. ¿Quizá en realidad es muy poca la gente dentro de la comunidad lgbti que está informada sobre su historia, quizá deberían educar primero dentro de la comunidad antes de salir a proyectar cosas fuera? Ojalá, como lo dice una invitada, marchara la policía, el ministerio de cultura, avianca, ecopetrol, la ópera de colombia, el museo nacional.

  4. Muy interesantes las opiniones en general, las cuales plantean puntos de vista diversos y bien argumentados. Sin embargo, pienso que una docente universitaria que es entrevistada para dar su opinión debería fundamentarse mejor. La antropóloga hace aseveraciones fuertes que desconocen el movimiento social – conflictivo y diverso, es cierto – que ha dado sentido a estas expresiones. Hay numerosas contradicciones e historias frente al tema, pero me parece ligero afirmar cosas como “Me parece que la marcha en Bogotá, la ciudad donde vivo, está vendida a la Alcaldía. Le hace campaña al alcalde de turno.” Y remata con: “Me parece que participar en esa marcha es hacerle propaganda a una administración y estoy en desacuerdo con que miles de personas sean usadas para justificar o avalar una administración distrital”.

    ¡Qué tal la cachetada!. Su opinión es la de alguien que no participa en la marcha y que tampoco la ha estudiado (cosa que salta a la vista por su desconocimiento y porque, de haberlo hecho, lo habría mencionado para reforzar su imagen de autoridad). Le recomiendo a la profesora leer el artículo “Hacerse sujetos políticos. A propósito de la marcha de la ciudadanía LGBT en Bogotá”, de su colega José Fernando Serrano, publicado por la Revista Javeriana. Es de fácil acceso para usted, ya que trabaja allá. Después de eso sería interesante escuchar su opinión y poder decir con alivio “Hemos bajado los índices de ignorancia, un poquitico profesora”.

    Soy médico de profesión e historiador por afición. Aprendí de mis maestros la importancia de la rigurosidad en el conocimiento: así se salvan vidas y se protegen mentes. También soy marica y la marcha es para mí el momento para recordarle al mundo que amo a quien me da la gana. Como médico tengo claro que la normalidad no es sinónimo de felicidad, sino de mayorías. Muchos colegas no lo saben pero yo sí. Tal vez porque soy marica y me pienso un poquito las cosas antes de prescribirle moralidades caducas a mis “pacientes”. Además, la experiencia clínica me ha mostrado, una y otra vez, la profunda infelicidad de esas mismas mayorías. No soy más feliz por ser marica, claro, pero sí me siento más pleno el día que salgo y le recuerdo al mundo quien soy. No soy tan valiente para hacerlo todos los días en la calle, pero la marcha es mía porque soy un anónimo protagonista de mi propia liberación. Esa clave es importante: ¿por qué se hablaba tanto de “liberación” en el movimiento guey por allá en los años setenta?. Interesante ¿no?

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