Inicio A Fondo El amor libre de Jorge y Esteman

El amor libre de Jorge y Esteman

Género, diversidad sexual y cambio social.

El actor mexicano Jorge Caballero y el cantante colombiano Esteman se conocieron en Ciudad de México en 2018 y desde entonces viven un amor libre. Los une su pasión por el arte, el baile, los tacos, el ajiaco y su perro Benito Alejandro.

Fotos: Archivo particular.

Jorge y Esteman
Jorge Caballero nació en 1992 en Ciudad de México y es actor. Esteban Mateus -Esteman- es cantante y nació en Bogotá en 1984. Intervención foto: Sebas Santafe.

Octubre de 2018. Ciudad de México. Una fiesta. En un lado está el cantante colombiano Esteman. En otro, el actor mexicano Emilio Cuaik. Más allá su colega Jorge Caballero, quien interpretó a Matías en la serie El club de Netflix. Emilio y Esteman se saludan, finalmente los dos protagonizaron los vídeos de las canciones Noche sensorial y Fuimos de amor de Esteman.

Después, Emilio saluda a Jorge y, de paso, pregunta: “¿ustedes se conocen? Él es Jorge, él es Esteban o Esteman”. Jorge le da la mano sabiendo perfectamente quien es. Viene un breve saludo y ya. Poco después sucede la siguiente conversación entre Emilio y Esteman:

– “¿Quién es él?”- pregunta Esteman.
– “Jorge es actor y anda soltero”- responde Emilio.

A los dos meses de ese encuentro, Jorge ya estaba de paseo con Esteman por Colombia conociendo a su familia y disfrutando del ajiaco, el patacón y el arroz con coco, sus platos preferidos.  

No era difícil imaginar que la relación iba a funcionar, no solo por sus profesiones y la sensibilidad que los caracteriza, sino por sus historias de vida. En el colegio, por ejemplo, a ninguno de los dos les gustaba hacer lo que la mayoría de sus compañeros hacía. Preferían las artes a los deportes y estar al margen de la masculinidad tradicional. (Ver: Nada más frágil que la masculinidad).

En el vídeo que Esteman grabó para It Gets Better Colombia, en enero de 2019, cuenta que desde niño le gustaba escribir canciones y obras de teatro, pararse frente al espejo a imitar a artistas y bailar como Michael Jackson, pero no compartía nada de esto en el colegio por miedo a que lo señalaran de “gay”, como ya pasaba. (Ver: Bullying: ni inofensivo ni normal).

Jorge y Esteman
En 2019 Jorge y Esteman participaron en la marcha del orgullo de Ciudad de México.

Jorge, por su parte, trataba de ser lo más masculino posible, al punto de intentar cambiar su forma de caminar -que ni siquiera sabía cómo era- tratando de imitar a otros para que no le dijeran “mariquita”. De hecho, pasaba buena parte de su tiempo con la gente que despectivamente se denomina “rechazada” porque sentía que ese era su lugar.

Quizás como mecanismo de supervivencia pensaba que a esas otras personas las señalaban más que a él y que podía ocultarse detrás de ellas. “Eso lo descubrí hace poco en terapia y me causó culpa”, dice Jorge, pero el maltrato diario lleva a buscar todas las estrategias posibles para hacer más vivible la cotidianidad. (Ver: El bullying por homofobia debe salir del clóset).

“¿Cuántos casos no conocemos de chicos que acosan a compañeros gais para que no noten que ellos también lo son?”, Jorge.

También se acuerda de que los profesores no hacían nada para detener el bullying. Incluso, muchas veces se reían de los comentarios de los compañeros. “Yo me sentía desprotegido”, afirma. (Ver: Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino).

En una ocasión tuvo una clase de educación física en la que los estudiantes aprovechaban para hacer lo que querían. Pero para el papá de Jorge, era importante que su hijo hiciera deporte en esa clase. Así que fue al colegio a hablar con el maestro. Cuando eso pasó, el profesor les dijo a los estudiantes que, como lo habían regañado, ahora sí los iba a poner en cintura. 

Los compañeros la emprendieron contra Jorge. Le dijeron que por su culpa esa clase dejaría de ser “hora libre”. Desde entonces el bullying que siempre había estado presente aumentó. “Yo ya sentía pavor de tener que jugar fútbol porque cuando corría me decían que lo hacía como una niña y me insultaban porque me daba miedo el balón. Pero a esto se sumaron balonazos, mientras que el profesor decía en voz baja ‘no más’”. (Ver: Bullying y homofobia en el colegio: hablamos mucho pero hacemos poco).

Jorge y Esteman
Justo el día en que empezó la cuarentena por cuenta del COVID-19, Jorge se fue a vivir con Esteman. El aislamiento social y pasar tanto tiempo juntos no les ha resultado difícil, respetan sus momentos juntos y los espacios de cada uno.

Todo lo que Jorge vivió en el colegio tuvo consecuencias en su cotidianidad. Cada insulto, cada balonazo que recibía eran un recordatorio de una parte de su identidad que le costaba reconocer. “Desde muy niño supe que me gustaban los hombres. Pero como rápidamente la sociedad nos hace saber que eso no puede ser, yo bloqueé lo que sabía”. (Ver: El plan B de Mauricio Toro).

En otras palabras, dice, él creció pensando que en la vida solo había dos posibilidades: ser un hombre o una mujer heterosexual. Y de niño no tenía herramientas para cuestionar esto. “Además, uno se acostumbra a ver en las series y en los programas de humor, al hombre gay afeminado que no tiene una vida propia y del que todos se burlan y para uno eso se vuelve algo normal y a la vez lejano: yo no quiero ser eso”.

“En mi casa nunca escuché comentarios homofóbicos, la dificultad era más de salir a un mundo que impone la heterosexualidad como norma”, Jorge.

Jorge se escondía, no quería que nadie lo viera. “Yo trataba de huir de mis compañeros. Fui un adolescente que se la pasaba encerrado en su casa. Era el espacio en donde me sentía en paz, a salvo”. Su otro lugar seguro eran las clases de actuación los fines de semana. “Ahí no me sentía juzgado, ahí sí tenía amigos y no estaba el ‘Jorge seguro es gay’”.

Su pasión por la actuación empezó desde muy niño, en unas vacaciones familiares donde sus papás lo llevaron a ver un show que estaban presentando en el hotel en el que se estaban hospedando. “Ellos dicen que yo me quedé con la boca abierta, que estaba hipnotizado y que al día siguiente les dije a mis papás que quería volver a verlo. Finalmente estuvimos allí una semana y todos los días me llevaran a ver el show”.

Jorge y Esteman
Amor Libre es un álbum que Esteman fue construyendo desde el principio de su carrera y con en el que muchas personas LGBT se sienten representadas.

Desde entonces sus papás lo matricularon en diferentes escuelas de actuación. Nunca pensaron que esta era una actividad de “niñas”. De hecho, nunca intentaron limitarlo. Un día, por ejemplo, Jorge encontró una Barbie y se puso a jugar con ella. En algún momento le preguntó a su papá: “¿te molesta que juegue con una Barbie?”. La respuesta de él fue: “para nada, ¿qué va a tener de malo que juegues con una Barbie?”. Es un juguete y punto”. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

“Yo siempre fui más sensible que mi hermano, pero cuando lloraba mis papás nunca me dijeron ‘llorar es de niñas’”, Jorge.

Esteman, por su parte, cuenta en el vídeo de It Gets Better Colombia, que llegó a la adolescencia pensando que para que la gente no lo juzgara ni señalara, debía hacer lo que la sociedad esperaba de él. Así, en 2003, año el que se graduó del colegio, era una persona muy distinta a la que hoy es. Finalmente entró a estudiar arte, espacio en el que retomó el baile, el canto y el teatro.

Fue el momento en el que todo fluyó hacia un mismo norte y empezó a entender mucho más quién era él realmente. “Todo eso que tenía de niño y que en algún momento quise ocultar era mi tesoro para construirme como artista. El arte, la música, el baile fueron la salida”. Salió del clóset y nació Esteman.

“Mi vida se divide entre un antes y un después de salir del clóset”, Esteman.

Jorge también había incorporado en su vida la idea de que en algún momento debía tener novia. Pero a medida que iba creciendo, se fue dando cuenta de que eso que la sociedad quería imponerle, no iba con él. Aún así tuvo un par de novias que no le pasaron de una o dos semanas. Entonces su hermano terminaba de novio de ellas.

Todo cambió cuando supo que uno de sus primos era gay. Eso le permitió decirse “quizás yo también lo soy”. “Sin embargo, me molestaba que mi primo fuera tan abierto con el tema. Obviamente el problema no era de él sino mío porque me negaba a aceptar mi orientación sexual y él me estaba poniendo el tema de frente. Mi respuesta fue tratar de alejarme aún más de lo que yo era, me daba miedo”. (Ver: Aceptarse).

Pero su primo se sentaba a hablarle de sus novios mientras Jorge buscaba la manera de irse o de cambiar de tema. Poco a poco empezó a notar que nadie había dejado de querer a su primo y que él seguía teniendo una vida común y corriente. Fue cuando dijo: “¿por qué las cosas tendrían que ser diferentes conmigo?”.

“Uno no puede ir en contra de su naturaleza. El tema sale. No hay duda. No hay forma de bloquear una parte de uno como es la orientación sexual”, Jorge Caballero.

Además, durante mucho tiempo, Jorge se había repetido: “me pueden atraer los hombres, pero seguramente esto es una etapa que se me pasará. Si me llego a enamorar de uno, ahí sí me preocupo, pero antes para qué”. Entonces, entró a la universidad a estudiar comunicación social y conoció a un chico del que se enamoró.

Ahí, dice, decidió lanzarse al vacío. “Salté y el trayecto fue muy corto. Caí en un lugar seguro”. Un día, llorando, le dijo a su mamá: “me gusta un compañero”. Fueron años de tener esa información reprimida que lo llevaron a pasar por una lucha interna muy fuerte y dolorosa.

“Mis papás siempre se esforzaron para que mi hermano y yo fuéramos felices. Nos alimentaron el amor propio”, Jorge.

Tanto su mamá como su papá recibieron bien la información, en parte, porque son ateos y no creen que la homosexualidad sea un pecado o una enfermedad. “Cuando le conté a mi papá el bullying que viví en el colegio y de que para evitarlo intentaba no caminar como camino, mi papá se puso a llorar. Me dijo: ‘siento mucho que hayas pasado por esto’. Esa conversación creó un lazo más cercano entre nosotros y me dio paz y tranquilidad”. (Ver: “Cuando los hijos salen del clóset, los papás entran en él”).

Desde entonces, Jorge empezó a salir con amigos, a tener más vida social, a conocer gente y a experimentar. “Cuando yo me asumí abiertamente como un hombre gay, entendí muchas cosas de mi pasado. Fue cuando dije: ‘ah, claro, a mí me gustaba ese compañero del colegio’”.

Empezó a llevar novios a la casa. Mientras tanto, sus papás se acoplaban a esta realidad. “Cuando uno sale del clóset, necesita reeducar a los papás, enseñarles sobre diversidad sexual y de género porque nunca nadie les habló del tema. Diez años después de mi salida del clóset, mi mamá me dijo: ‘gracias por la paciencia que nos tuviste’. Y adoran a Esteban”. (Ver: “Dejemos de decir que no queremos hijos LGBT”).

“Esteban es sensible, inteligente, creativo, cariñoso, muy humano y sabe lo que quiere. Me gusta que cuando se equivoca no tiene ningún problema en decir ‘discúlpame’”, Jorge.

Jorge no tiene la menor duda de que es importante que las personas LGBT que puedan, sean visibles. “Estamos en un momento clave en los derechos de las mujeres y de las personas afro y LGBT y es cuando más debemos aprovechar la efervescencia que existe. Si uno tiene la posibilidad, debe dejar claro que es una persona lesbiana, gay, bisexual, trans, no binaria o demás”. (Ver: Guillermo Vives: tenemos que ser visibles).

Una que otra vez Jorge y Esteman han recibido comentarios homofóbicos, pero los ignoran porque son frases de odio a las que no vale la pena prestarles atención.

En el vídeo de It Gets Better Colombia, Esteman dice que lo bueno es que las nuevas generaciones son cada vez más despiertas y no creen en todo lo que los medios y los papás les dicen: le apuestan al disenso. “En todo caso, el primer paso es ser auténticos, saber que está bien ser diferentes, ser uno y tener la fuerza suficiente para no dejarse llevar por los demás”. (Ver: “La música me salvó la vida”).

En esto coincide Jorge. “Es fundamental que uno se quiera y se acepte como es. Ser LGBT no le hace daño a nadie, es una parte de la identidad y punto. Quienes tienen que trabajar en sus miedos son las personas que creen que la diversidad sexual y de género no está bien, no nosotros. Ellas son quienes tienen que resolver sus inquietudes”.

“No se dejen presionar por la gente que les dice ‘sal ya del clóset’. Esa es una decisión de cada quien”, Jorge.

El paso a seguir, dice Jorge, es apostarle a la educación. “Ese es el camino para seguir cambiando los estereotipos de que los hombres son así y las mujeres asá. Si decido tener hijos nunca les diré: como tú eres niña, tienes que usar chaquetas rosadas. O como eres niño, una azul. Ya está más que claro que la educación machista y binaria no funcionó”. (Ver: Mauricio Arévalo: Podemos aprender a vivir con la diferencia).

En esta tarea, agrega, los medios son determinantes. “Cada vez más series incluyen la diversidad sexual y de género de una manera respetuosa, pero falta mucho. El espectro de la sexualidad y del género es muy amplio y solo se aborda una parte muy pequeña”.

El reto, dice, está en ir más allá de reducir las tramas de estos personajes a su salida del clóset, desconociendo las diferentes dimensiones de una persona como sus momentos de alegría, de tristeza, sus crisis, como todo el mundo. (Ver: Ana Piñeres: la televisión no debe reforzar estereotipos).

“Antes de participar en la serie de Netflix trabajé en producción, pero la actuación es lo que me apasiona”, Jorge.

Jorge considera que hasta cierto punto los estereotipos han ayudado a poner sobre la mesa realidades de las que muchas familias y colegios no hablan y han permitido que una persona que esté viendo esa serie, se sienta de alguna manera representada. “Pero la idea es que no sea necesario acudir a esos estereotipos para mostrar que la diversidad existe”.

En la serie Euphoria de HBO, dice, hay un personaje trans y otro que está explorando su atracción por las mujeres. “Pero lo interesante es que el tema no es ser trans o lesbiana: es una historia que reúne amor, drogas, amistad, sexo y salud mental”. Este es justamente el camino, dice Jorge, incluir la diversidad como parte de un todo, no como una realidad aparte o en una dimensión propia. Tal como es en la vida real.

Enlaces relacionados

Bullying homofóbico en el colegio: esta fue mi experiencia
Bullying escolar LGBT: más fuerte y dañino
Bullying y homofobia en el colegio: hablamos mucho pero hacemos poco
El bullying por homofobia debe salir del clóset
El camino para decirle “no” al bullying por homofobia

El colegio de Sergio Urrego, reflejo de la sociedad
El “matoneo” escolar no se detiene
El acoso escolar virtual, ¿un mundo sin límites?
Él / Ella / Nosotros
Modelos para prevenir la intimidación por homofobia en Colombia
El comienzo del fin del bullying por homofobia
Bullying: ni inofensivo ni normal

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here