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El tramoyero: un hombre tras bambalinas

Género, diversidad sexual y cambio social.

El tramoyero es la primera novela del sociólogo y director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Fabián Sanabria. Es también la primera de cuatro obras que verán la luz progresivamente.

Quién es Fabián Sanabria
Portada de la primera novela de Fabián Sanabria, El Tramoyero.

“Nuevamente su imagen en la ventana. Retrato de perfil a blanco y negro Costado derecho hasta el límite de la nariz Sólo el costado derecho”.

Así empieza El tramoyero, primera novela del sociólogo colombiano Fabián Sanabria, publicada en 2012 por el Taller de Edición Rocca.

Es una novela que combina en H, el protagonista, a un ser primordialmente racional que se mueve en el mundo del intelecto y de las artes, con un hombre en busca del erotismo, siempre tratando de no involucrar sus sentimientos, aunque no pueda evitarlo al recordar a otro hombre, F.

A lo largo de las 212 páginas que componen este relato, los narradores permiten ver cómo H es, por un lado, un hombre dominante y seductor con las mujeres, quien busca constantemente someterlas a su virilidad.

Mientras tanto, busca en el recuerdo de F y en los encuentros con otros hombres la posibilidad de realizarse sin necesidad de demostrar que es un “macho alfa” según los estándares de la sociedad tradicional colombiana.

H, El tramoyero, es también un hombre que busca estar tras bambalinas en sus relaciones, al no apegarse a ninguna mujer así tenga la certeza de que todas lo seguirán, no importa cuánto las maltrate ni cuántas veces las abandone.

Su refugio es en la mayoría de los casos el arte: ver películas del director ruso Andréi Tarkovski, evocar obras teatrales del dramaturgo Samuel Beckett, observar la estética de las iglesias o escuchar salsa.

La novela de Sanabria hace una propuesta narrativa que utiliza recursos como el manejo propio de los signos de puntuación. Aunque esta estrategia ya se conoce de autores como Saramago, Mario Vargas Llosa o Laura Restrepo, en este caso el autor propone no incluir el signo de la coma y reemplazarlo por las mayúsculas.

Al principio esta técnica pueda parecer un tanto engorrosa, pero con el tiempo se va descubriendo que hace parte de la construcción de una voz fluida que, como en el pensamiento, no requiere de la corrección de la puntuación para construir las ideas.

Por su parte, la historia trae a colación también hechos de la historia reciente de Colombia, como el caso de las pirámides financieras representadas por DMG (en la novela se llama JPM) o el uribismo, combinado con la experiencia de H en ciudades opuestas y a la vez caóticas: París, Cartagena y Bogotá.

Es así como el protagonista recorre las calles mientras evoca episodios de su pasado, y vincula algunos de los espacios que vuelve a pisar con experiencias que le trajeron satisfacción o soledad.

El erotismo está atado a un lugar escondido en Cartagena, a una habitación alquilada en el Centro de Bogotá y al confesionario de una iglesia. Esta es la línea principal de la trama y por esto mismo es difícil encontrar un vínculo sólido entre la narración y la exploración sentimental del personaje.

En general, casi todo se resuelve con la razón, con alguna lectura del pasado, con el fragmento de una canción o con nuevas experiencias eróticas que amplían la brecha entre el protagonista y el eventual compromiso de los sentimientos en alguna relación presente o futura.

Como bien lo dice Sanabria en el prefacio de la novela, El tramoyero es el preámbulo para las tres obras por venir (la segunda, ¿Profesor? salió a principios de 2013). Es un inicio literario que propone un estilo propio, en ocasiones un poco repetitivo, pero en suma propio, en busca de una autenticidad del autor.

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