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¿Queremos un movimiento LGBTI que copie lo heterosexual o que sacuda a la sociedad?

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¿Qué tan revolucionarios somos como movimiento LGBTIQ y como seres diversos? ¿Qué es aquello por lo que hemos decidido luchar después de Stonewall? A veces pareciera que quisiéramos repetir la concepción de familia bajo el modelo opresor y buscar ser la versión 2.0 de la cosmovisión heterosexual.

Por Joshua Arteta González*

¿Queremos un movimiento LGBTI que copie lo heterosexual o que sacuda a la sociedad?
Las protestas de liberación sexual del “Orgullo Crítico” de Madrid han incluido reclamos anticapitalistas y antimercantilistas, así como marchas antirracistas, antixenófobas y antitransfeminicidas. Foto Alvaro Minguito tomada de Saltamos.net.

En homenaje a los 50 años del nacimiento del movimiento LGBTIQ, desde junio hemos venido celebrando con banderas arcoíris, cantando Lady Gaga, bailando en tacones y lanzando gritos callejeros en marchas del orgullo en todo el mundo. Sin embargo, paralelo a ellas, hubo protestas más pequeñas y menos mediáticas: marchas que conmemoraron los disturbios de Stonewall pero desde otra perspectiva. (Ver: La importancia de las marchas LGBTI).

Con un primer evento en 2006 y bajo el lema “orgullo es protesta”, nació en Madrid (España) el “Orgullo Crítico”, una manera de hacer contrapeso a la despolitización del movimiento LGBTIQ contemporáneo “con la intención de recuperar el origen combativo y político del orgullo”. Porque la marcha es revolución, no una guachafita. Sus protestas de liberación sexual han incluido reclamos anticapitalistas y antimercantilistas, así como iniciativas con enfoque interseccional: marchas antirracistas, antixenófobas y antitransfeminicidas. (Ver: La verdadera diversidad LGBTI).

“El Orgullo Crítico articuló la lucha de los derechos para minorías sexuales con todo lo demás que está mal en este mundo”.

De manera similar, este año nació una coalición de varios grupos LGBTIQ en Nueva York llamada “Reclaim Pride”. En esta ciudad la marcha alternativa se llamó “Marcha de Liberación Queer” (Queer Liberation March). Asistieron alrededor de 45.000 personas pero nada comparado con la tradicional marcha del orgullo LGBTIQ de la Gran Manzana. (Ver: Queer para dummies).

Sin embargo, la marcha de la liberación queer tuvo lugar sin la injerencia de financiación por parte de empresas privadas, no sólo por estar en contra de la mercantilización de la manifestación, sino por el hipócrita “capitalismo rosa”. También mantuvo fuera a la policía, argumentando que se muestra como una institución que acepta la diversidad, mientras que la reprime con actos violentos, especialmente contra las personas afro y trans.

LGBTIQ en sus inicios

El movimiento de liberación homosexual, posterior a los disturbios de Stonewall en los Estados Unidos y en Reino Unido, era distinto al movimiento LGBTIQ que hoy conocemos. El Frente de Liberación Gay (Gay Liberation Front) que tomó su nombre evocando el Frente de Liberación de Vietnam, fue una organización efímera (1969 y 1972) que defendía una sociedad sin la existencia del matrimonio y separada de la tradición impuesta de concebir la vida con una única pareja suprema y absoluta. Aborrecía la monogamia. (Ver: Poliamor: Mucho más que tener varias parejas).

Inspirado por los movimientos de antes de los 50, también defendía una vida que le diera rienda suelta al placer sin moralismos culturales o religiosos, buscando abolir instituciones sociales y económicas como el capitalismo, el racismo y lo militar. Buscaba transformar la realidad para ser un sistema alternativo a lo heterosexual.

Luego emergió el término queer. Esta palabra tenía (y tiene) una carga política, social y cultural poderosa. Busca desmenuzar y reconstruir el mundo de la sexualidad, del placer y de la vida a través de ideales que se alejan de todo lo vigente. Una sensación casi anárquica. Abarca identidades sexuales no heterosexuales y no cisgénero aunque hay que decir que es un término “perrateado” porque ahora todo es queer – rompe con lo binario (hombre/mujer, heterosexual/homosexual o masculino/femenino) y entiende el mundo como un cúmulo de identidades que van más allá del género y del sexo. (Ver: 10 dudas básicas sobre la cultura queer).

La indignación que puede sentirse al leer el panfleto Queer Read This del orgullo neoyorquino de 1990 permite descubrir un movimiento “putérico” que detesta a la a Iglesia católica, a algunas figuras políticas y a quienes reprimen su existencia queer.

LGBTIQ hoy

Al examinar el movimiento LGBTIQ global de hoy, puede notarse que está liderado por organizaciones de países como Estados Unidos o Reino Unido, donde se encuentran las raíces del movimiento. A los ojos de muchos activistas y evocando los eventos de Stonewall, el movimiento LGBTIQ actual busca la promoción de derechos para minorías sexuales pero en el marco de la heterosexualidad: la posibilidad de unirnos en matrimonio, conformar un hogar bajo la concepción de familia monógama con dos figuras parentales que buscan adoptar hijos. Promueve la concepción de familia bajo el modelo opresor: buscamos ser la versión 2.0 de la cosmovisión heterosexual.

¿Queremos un movimiento LGBTI que copie lo heterosexual o que sacuda a la sociedad?
El Orgullo Crítico de Madrid y la Marcha de Liberación Queer de New York nos permiten pensar sobre algo que busca beneficiarnos como colectivo y como sociedad. Foto Alvaro Minguito, tomada de Saltamos.net

A pesar de que el movimiento LGBTIQ también busca la depuración de masculinidades y feminidades obligatorias, aplicaciones como Grindr y su “clientela”, han sido blanco de críticas por ser una herramienta de socialización homosexual que promueve ideas tradicionales del rol masculino. Allí se rechaza la feminidad: “sólo me gustan hombres que se vean como hombres, y actúen, hablen, caminen, besen, coman y hasta caguen como hombres”. (Ver: ¿Eres masculino?)

Esto pasa mientras las voces y experiencias de mujeres lesbianas, personas trans y de cuerpos diversos se pierden entre los dramas y disputas de un mundo LGBTIQ dominado por hombres gay. Un momento. ¿Dominado por hombres? ¿Dónde he visto eso antes? ¿Les suena familiar?

En el “orgullo LGBTIQ principal” ocasionalmente pueden verse manifestantes abiertos a prácticas sexuales como el sadomasoquismo o el intercambio de roles de género en el sexo. Sin embargo, personas LGBTIQ -realmente hombres gay- califican al mismo “mundo gay” de promiscuo, menospreciando todo aquello que se aleja de lo tradicional, mientras promueve y enaltece un esquema de relaciones sexuales y afectivas “como deben ser”: con una pareja estable, “decente” y “de su casa”.

¿Qué tan revolucionarios somos entonces?

¿Qué tan revolucionarios somos como parte del movimiento LGBTIQ y como seres diversos en la sociedad? ¿Qué es aquello por lo que hemos decidido luchar después de Stonewall? El Orgullo Crítico de Madrid y la Marcha de Liberación Queer de New York nos permiten pensar sobre algo que nos concierne a todas las personas. No se trata de tomar posturas inamovibles o de limitarnos al “dejar hacer, dejar pasar”, sino de reflexionar de manera constante y constructiva sobre lo que implica ser diverso como parte de un sistema político, social y cultural.

Es una invitación a pensar la protesta más allá de su carácter festivo y carnavalesco y de ser críticos sobre el rol de las instituciones públicas o de las empresas privadas en una manifestación política marcada por actos violentos e impunes. (Ver: Disfrutemos la marcha LGBTI pero sin perder su esencia).

¿Queremos un movimiento que adopte ideales heterosexuales como naturales para los diversos o una sociedad sacudida desde sus cimientos, incluyendo lo económico e institucional? Hacerse estas preguntas no implica aceptar, rechazar o desconocer lo que ha obtenido el movimiento LGBTIQ ni las ganancias para nuestra existencia. Por el contrario, busca desarrollar aún más una masa de militantes, activistas y pensadores abiertos al debate puro y duro para beneficiarnos como colectivo y como sociedad.

De cualquier forma, la bandera arcoíris no se guarda ni se esconde (que no se note la puya para las empresas que subieron sus logos en redes sociales con la bandera durante el orgullo y volvieron a los logos regulares un día después). ¡Mantengámosla erguida siempre! Pero con estas reflexiones en mente.

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* Estudió Relaciones Internacionales en Bogotá. Aprendió sobre temas LGBTIQ mientras estudiaba una maestría en Desarrollo Internacional en Suecia. Ha escrito una que otra cosa gay, incluida una de sus tesis. Es costeño, ama comer carimañolas y es abierto al debate. En el colegio se la montaron por su apellido. Ocasionalmente escribe en su blog. E-mail: joshua.artetag@gmail.com

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