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Hay muchas formas de ser mujer

Género, diversidad sexual y cambio social.

El género es un amplio espectro que cada quien construye a lo largo de su vida. No es necesariamente estático ni un título fijo que un tercero le asigna a otro. Quinta entrega #GéneroParaDummies de Sentiido.

Fotos y vídeo: @andresgofoto de @goteam.media

Liberarte LGBT
Carolina Herrera, psicóloga clínica, señala que en Liberarte asumen un rol de acompañamiento hasta que cada quien encuentre sus propias respuestas según sus objetivos.

Para muchas personas es muy útil reconocerse como “hombre” o como “mujer”. Sin embargo, el género es un amplio espectro que cada quien construye y que puede variar a lo largo de la vida.

Según Carolina Herrera, psicóloga clínica de Liberarte -organización psicológica para personas LGBTI o sexualmente diversas- el problema es que existen parámetros muy rígidos sobre la expresión de género o sobre cómo deben verse, vestirse y comportarse un hombre y una mujer.

Por esto, a muchas personas aún les resulta difícil comprender que hay infinidad de formas de ser hombre, de ser mujer y de construir el género y que salirse de unos parámetros sociales no significa tener un trastorno o una enfermedad.

“Liberarte es un espacio terapéutico para que quienes así lo quieran, vayan más allá de una visión estática del género”.

Sin embargo, muchas veces no cumplir con los llamados “mandatos sociales” es suficiente para ver a alguien con recelo o tratarlo de manera violenta o discriminatoria. En el fondo hay desconocimiento, prejuicios y baja interacción con quienes tienen una expresión de género que se sale de lo tradicional.

Liberarte LGBTI
Según Carolina Herrera, psicóloga clínica, no existe una única forma de construir el género sino que existen infinitas manera de vivirlo de manera satisfactoria.

Sentiido: Algunas personas evitan la palabra “género” y acuden a eufemismos como “derechos de las mujeres”. ¿Por qué cree que en algunos sectores existe ese miedo o rechazo por esta palabra?

Carolina Herrera: La diversidad en el género siempre ha sido un tabú. Y para quienes no están familiarizados con el tema, ver a una persona con una expresión o una identidad de género distinta a la esperada por la sociedad puede resultarles difícil y hasta chocante. Ahora, abordar el género como una “ideología” es como si fuera posible manipular el género de otros o como si la igualdad de derechos fuera una batalla de ciertos sectores para obligar a que todas las personas sean LGBT, cuando esto ni es posible ni es el objetivo.

S: También hay miedo a cuestionar la feminidad y la masculinidad como asuntos biológicos. ¿Por qué?

C.H.: Buena parte de la cultura occidental pretende explicar muchos aspectos de la experiencia humana a partir de perspectivas biológicas y médicas, lo que termina por convertirse en una estrategia de control de los cuerpos y en hacer ver como amenaza ciertas comprensiones socioculturales de la realidad.

Hay una trampa muy grande en seguir entendiendo todo lo que nos ocurre a partir de causas biológicas o genéticas porque en temas como las orientaciones sexuales e identidades de género no existe un único factor biológico para entender estas variaciones. Otro riesgo es considerar una enfermedad lo que no se considera “normal” o “natural”, desconociendo la diversidad como algo que ocurre para comprenderla como un trastorno.

S: A algunos sectores les molesta que se diga “no se nace hombre ni mujer”. ¿Cómo explicarles que ningún menor nace prefiriendo el color rosado o el azul?

C.H.: Al nacer, el médico y las personas que reciben al bebé le asignan un sexo según unas características físicas visibles. El “pero” está en darles a esas características físicas tantas implicaciones en la vida de una persona. Es decir, el hecho de que una persona nazca con pene y con testículos no implica, necesariamente, una forma de crianza particular o un trato distinto en la familia, en el colegio y a lo largo de la vida. Darle tanta relevancia a esa asignación al nacer resulta particularmente difícil para quienes esa categoría no corresponde con lo que sienten.

“Cada persona va identificando su identidad y cómo quiere insertarse en la sociedad de la que forma parte”.

Además, hay mucha evidencia de que en los seres humanos no existen solamente dos sexos sino muchas variaciones. Valdría la pena que cada quien pudiera construirse como prefiera, independiente de sus características físicas.

Liberarte
Según Carolina Herrera, es reduccionista entender la construcción de la identidad únicamente como algo biológico.

S: Se habla de “sexo asignado al nacer”, pero quienes no son expertos en el tema, no entienden esta frase. ¿Cómo explicarles que el sexo sí fue asignado a pesar de que a quienes nacen con vagina se les llama “mujeres” y a quienes nacen con pene, “hombres”?

C.H.: Cuando una persona nace son otros quienes, de acuerdo con ciertas características corporales, le asignan un sexo. Por eso se habla de “sexo asignado”. Pero luego viene la identificación de la persona con uno u otro género o con otra posibilidad.

“Existe una diferencia entre lo que un observador externo ve y asume y lo que la persona reconoce de sí misma”.

A los 3 o 4 años niños y niñas ya tienen una primera noción sobre el género: empiezan a diferenciar “estos son los niños”, “estas las niñas” y a establecer dónde se ubican. Cada quien decide si se siente o no conforme con esa categoría a la que le dijeron que pertenecía o si coincide o no con su identidad de género.

S: Algunos estudios proponen que categorías como “hombre” o “mujer” o “heterosexual u “homosexual” limitan y son innecesarias. ¿Qué opina?

C.H.: Para muchas personas es muy útil reconocerse como “hombre” o “mujer”. A otras les produce bienestar hacer un tránsito de género para ser reconocidas de la manera en que se identifican. Pero también están quienes no necesitan o no quieren definirse ni como hombre ni como mujer sino que prefieren vivir con mayor fluidez. Para estas personas, tener que clasificarse como “hombre” o como “mujer” es difícil porque ahí no encuentran su lugar.

De hecho, es limitante pensar el género solamente como esas dos opciones, como un concepto necesariamente estático o como algo que un tercero le asigna a otro desde muy temprana edad y donde la persona obligatoriamente tiene que quedarse. El género es un amplio espectro que puede variar a lo largo de la vida y que cada quien construye, sin desconocer, por supuesto, que mucha gente se siente cómoda identificándose toda su vida como hombre o como mujer.

S: Muchas personas entienden el género como una categoría estática y no como un espectro. ¿Cómo explicar esto?

C.H.: Lo primero es tener claro que existen muchas maneras de ser hombre y de ser mujer. Pero también están quienes se identifican como género fluido, no binario o de alguna otra manera que va más allá de “hombre” o “mujer” porque esto les permite mayor libertad en cuanto a su expresión de género, los roles que asumen y cómo son percibidos. Son personas que esperan ser tratadas como seres humanos pero sin etiquetas ni categorías.

La idea de que solo existe una sola forma de ser hombre o de ser mujer resulta muy dolorosa para muchas personas trans porque pareciera que tienen que ajustarse a una serie de requisitos que a veces por sus características físicas no pueden cumplir. Sin embargo, sienten que tienen que lograrlos para ser reconocidas como mujer o como hombre, según el caso, y evitarse comentarios como “todavía no pareces una mujer” o “te falta mucho para verte como hombre” cuando en realidad hay una identidad de género femenina o masculina muy marcada.

Carolina Herrera
Según Carolina Herrera, definir el género de una persona trae muchas consecuencias en cuanto al trato cotidiano.

S: Hay quienes les exigen a las personas trans cuestionar el género con frases como “identifícate como mujer pero no uses hormonas” o “identifícate como hombre pero no te hagas cirugías”. ¿No es esto injusto, teniendo en cuenta la violencia que puede representarles?

C.H.: Para una persona cisgénero -o que no es trans- puede ser muy sencillo pedirle a una que sí lo es que “cuestione el género”. Es fácil señalar desde afuera que las personas trans están reproduciendo estereotipos al buscar ser “hiperfemeninas” o “hipermasculinas” pero detrás de esas construcciones hay historias de supervivencia.

“Las personas trans no son las responsables de hacer una revolución del género y de cuestionar los roles y estereotipos al respecto”.

La cotidianidad de muchas personas trans, al igual que el resto de la población, implica salir a la calle, estar en espacios públicos y compartir con mucha gente y resulta muy desgastante recibir a diario comentarios ofensivos, enfrentarse a miradas violentas o tener que explicar de manera permanente si es una mujer o un hombre. Muchas veces una mujer trans no quiere maquillarse pero sabe que si no lo hace tendrá dificultades. Adicional a los procesos de tránsito de género y de tener que sobrevivir a tanta hostilidad, es injusto imponerles a las personas trans que lideren el “cuestionamiento al género”.

S: A mucha la gente le causa ansiedad no poder identificar rápidamente si una persona es hombre o mujer y se codea y se pregunta entre sí “¿es hombre o mujer?”. ¿Por qué?

C.H.: Por un lado, porque estamos acostumbrados a que la idea de “ser hombre” o de “ser mujer” marca muchos comportamientos: cómo voy a saludar a esa persona, cómo la voy a tratar y cómo voy a relacionarme con ella. Muchas veces por el hecho de ser una mujer, la otra persona la mira de cierta manera, pero si es un hombre lo hace distinto.

A veces, también, las personas con una estética más andrógina o que no son fácilmente reconocibles como hombre o como mujer, despiertan mucha curiosidad en una cultura como la nuestra. Está la idea de “cómo puede ser que alguien no quiera comunicar su género fácilmente”.

Algunas personas que han vivido en países europeos o en Estados Unidos cuentan que en Colombia se sienten mucho más observadas y que reciben más comentarios sobre su aspecto, su ropa o su manera de comportarse. La gente se siente con más derecho a decirles cosas o a cuestionarlas porque están poco acostumbradas a ver expresiones de género distintas a “femenino” y “masculino”. Acá todavía hay una necesidad de encasillar rápidamente a las personas como hombre o como mujer.

S: ¿Será que en otros países la diversidad en raza, expresión de género, creencias religiosas etc., es evidente, mientras que en Colombia, por ejemplo, se tiende más bien, a la homogeneidad?

C.H.: Hay ciudades donde la gente sabe que siempre se encontrará con personas muy distintas y que no va a pasar nada. Esa es la cotidianidad. Pero en países como Colombia no es tan frecuente que de manera permanente nos encontremos y compartamos con personas muy distintas a nosotros. Y cuando eso pasa, está la tentación de mirar fijamente a quienes “se salen de lo establecido”, evidenciando dificultad en reconocer que es un ser humano, no importa si se define como hombre o como mujer o como ninguno de los dos y que, de hecho, qué más da saber cuál es su género.

Como la identidad es algo que se construye con los demás, parte de la ansiedad que despierta ver a una persona distinta a mí y de la que no puedo identificar rápidamente su género, tiene que ver con el hecho de que si yo pienso que las mujeres deben ser de una determinada manera y los hombres de otra, cómo puede ser que esta persona ande por la vida tan tranquila sin dejar claro fácilmente cuál es su género: ese otro nos confronta sobre cómo yo expreso mi género y sobre cómo lo vivo.

S: ¿Por qué a algunas personas les incomoda el hecho de que una mujer se vea “masculina” y que un hombre se vea “femenino”?

C.H.: El hecho de que la persona a la que estoy viendo no asuma la masculinidad o la feminidad según los parámetros sociales tradicionales, puede confrontarme de manera inconsciente sobre mi historia, sobre cómo he construido mi género y si he entendido que para ser mujer o para ser hombre debo vestirme y comportarme de una determinada forma. Ver, por ejemplo, que otra mujer no se viste ni se comporta como yo esperaría puede causarme incomodidad, miedo, la sensación de no saber cómo tratarla y hasta un deseo de cambiarla para poder volver a la tranquilidad de mi mundo. En esto influyen la desinformación, los prejuicios y una baja interacción con personas distintas.

S: Muchas personas homosexuales son más relajadas con su expresión de género. ¿Por qué algunas mujeres lesbianas optan más por elementos que tradicionalmente se consideran “masculinos” y algunos hombres gais por elementos que se consideran “femeninos”?

C.H.: Entre las mujeres lesbianas y los hombres gais hay mucha diversidad en cuanto a la manera de vestirse y de comportarse. Quizás años atrás o en otros contextos había  mayor homogeneidad en esta población: mujeres más masculinas y hombres más femeninos, pero eso ha cambiado. Entre nuestros consultantes en Liberarte, la variedad en expresiones de género es inmensa.

También hay personas lesbianas, gais o bisexuales que sienten mayor libertad a la hora de expresar su género y otras que tienen clara su orientación sexual pero siguen patrones más tradicionales en cuanto a su manera de vestirse o de comportarse. En últimas, el hecho de ser homosexual o bisexual no implica obligatoriamente cuestionar el género. Finalmente un tema es la orientación sexual y otro la expresión de género.

“Hay hombres gais que rechazan a otros hombres gais femeninos, lo que a veces tiene que ver con la propia aceptación”.

Pasa, también, que para muchas personas reconocerse como LGBT ha sido un proceso difícil y sienten miedo de que si “se les nota” en su cuerpo, en su forma de vestir o de expresarse, recibirán más rechazo o que si se relacionan con personas visiblemente diferentes, puedan recibir un juicio social más fuerte.

En ocasiones, incluso, es frecuente la pregunta: “si usted es gay y le gustan los hombres, ¿por qué sale con un hombre femenino?”, como si se tratara de una contradicción, desconociendo que quien les atrae sigue siendo un hombre solo que con una expresión de género femenina. Pero ese tipo de comentarios hacen que muchos hombres gais compartan solamente con hombres masculinos así no lo quieran. Todo esto forma parte de una cultura binaria que hace este tipo de exigencias.

Carolina Herrera
“No tendría sentido que una marcha de la diversidad solo se ajustara a lo que la mayor parte de la sociedad quiere ver y no a la diversidad propia de la realidad”.

S: Cuando se acerca la marcha del orgullo LGBTI es frecuente leer o escuchar comentarios como “hay que asistir bien presentados” o “cómo van a exigir igualdad si salen como unas locas”. ¿Por qué?

C.H.: Tiene que ver con la discriminación y con un temor a formar parte de un sector de la sociedad que no es acogido por los grupos más tradicionales. Finalmente muchas personas LGBTI han sido rechazadas por vestirse o comportarse de una manera. Es como si existieran “identidades LGBTI decentes”: el hombre gay que se viste muy bien, tiene buen cuerpo, es exitoso, tiene una pareja estable y otra serie de requisitos que lo asemejan a la “heterosexualidad”.

Pensar en la marcha del orgullo como un evento en el que cada quien puede vestirse y comportarse como quiere, rompe con esa idea de los “LGBT de bien” o aquellos que la sociedad “acepta”. De hecho, no tendría sentido que quienes ya se escaparon de la “heterosexualidad obligatoria”, pasen ahora a ajustarse a otra serie de normas y a pretender silenciar a quienes no cumplen con esos parámetros.

S: ¿Qué podría decirles a quienes creen que “las mujeres son por naturaleza delicadas y femeninas” y los “hombres protectores y proveedores”?

C.H.: Por naturaleza todos somos seres humanos autónomos. Y algunas personas no encajan en los referentes tradicionales de ser hombre o de ser mujer. No se sienten cómodas cumpliendo esos roles sociales y quieren vivir su género a su manera: poder llorar tranquilamente sin que les digan “parece una nena” o vestirse con los colores que prefieran y no con los que sean “masculinos” o “femeninos”. Hablar de seres humanos es entender que no existe “lo natural” en cuanto al género sino múltiples formas de vivirlo y de construirlo, así como también es válido acogerse a las normas de género tradicionales, solo que esto es una posibilidad y no un mandato por naturaleza.

S: Pero ¿cómo liberarse de la presión social?

C.H.: Hay personas que acuden a recursos legales para garantizar el reconocimiento de sus derechos, otras se sienten a gusto como son independiente de lo que los demás piensen o digan. También están quienes acuden al humor para responder.

La música a través de los audífonos aísla a mucha gente de lo que les dicen en la calle, simplemente van en su burbuja. Finalmente no siempre van a poder responder y, si lo intentan, será una tarea desgastante: es importante elegir las batallas porque como son tantas y tan frecuentes, es mejor saber qué responder y qué dejar pasar.

S: ¿Cómo contribuye Liberarte a que cada quien pueda vivir el género a su manera?

C.H.: Nuestros consultantes son autónomos en la forma como quieren vivir, así que les ayudamos a ampliar esa autonomía y a que decidan cómo quieren construir su género. Acompañamos a las personas en esa exploración y les damos herramientas para que encuentren su camino. Nosotros, como psicólogos, no determinamos si una persona es o no trans o si debe o no hacer un tránsito de género, sino que cada quien, con apoyo de su terapeuta y posiblemente de su entorno social, irá encontrando su camino para sentirse más a gusto.

S: ¿Cuáles son las preguntas o miedos más frecuentes que Liberarte ha identificado en cuanto al género, entendiendo esta palabra en un sentido amplio que incluye expresión, identidad y roles de género?

C.H.: Por un lado, están las personas que no se sienten identificadas con el género que les dijeron que era el suyo. También hay otras que aún no tienen claro si su camino es hacer un tránsito o cómo sentirse más a gusto con su identidad. Hay unas más que tienen una expresión de género que se aparta de los mandatos sociales y esto les implica retos específicos. Es decir, se sienten a gusto como son pero conviven con gente que las rechaza o las presiona para que se encasillen en las expresiones tradicionales.

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El especial #GéneroParaDummies fue posible gracias a la Fundación Friedrich Ebert Stiftung Colombia. 

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