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Adiós a la Giuseppe

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

La artista Giuseppe Campuzano, creadora del Museo Travesti del Perú fue más que una provocadora. Su arte mostró otra forma de ver el travestismo en la cultura latinoamericana.

quién fue la artista travesti Giuseppe Campuzano

Hace un mes nos dejó una de mis amistades más preciadas y admiradas. La Giu, le decía yo a Giuseppe Campuzano; nos amistamos en el año 2009 cuando vino a Bogotá al VII Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política.

Sí, señores de los medios masivos: La Giu estaba ahí, como muchas otras personas, aunque a ustedes sólo les haya interesado informar sobre los polvos de la Tania Bruguera: la artista de performance cubana que puso a circular bandejas con líneas de cocaína entre el público asistente, durante su presentación en la Universidad Nacional de Colombia.

Cuando supe que estaba acá quien había creado el Museo Travesti del Perú, rogué para que me la presentaran. Por fortuna La Giu se hospedaba en casa de un amigo,  así que me fui a husmear con cualquier pretexto y, una vez conocidas, me ofrecí a ayudarle en lo que se necesitara.

Lo que conocía del museo me encantaba; lo había visto en un libro hacía meses y era una suerte de descubrimiento de la marikonería exacerbada de la cultura peruana desde lo precolombino hasta nuestros días: Toda peruanidad es travestismo, decía.

Para la presentación en Bogotá, era preciso encontrar alguna persona con la que se pudiera hacer un paralelo entre este travestismo de la imaginería popular que Giuseppe detectó en su país y algo del nuestro.

Recordé a Gerardo Rosero, amigo y colega y les puse en contacto. Fue un flechazo, empezaron a trabajar y planear de una vez lo que tenían que hacer para el lanzamiento en el corredor del auditorio León de Greiff.

Con la relación que descubrieron estos dos, nos dimos cuenta de algo que Giu ya intuía: la cultura andina es travesti; no nos une Bolívar ni el español tanto como el travestismo. Nuestras montañas diosas y creadoras eran deidades travestis como las indumentarias típicas y los maquillajes que se usan en las fiestas de estas montañas…

El museo de la identidad andina debe ser travesti. ¿Será que todo museo debe ser travesti?

Según la Giuseppe, la identidad de nuestros pueblos es un tránsito constante e incluso las imágenes religiosas cristianas que intentaron tapar el carácter trans de lo precolombino, terminaron incorporándolo. Si no es así, no nos aculturan, porque la división de masculino y femenino como dos extremos que nunca se tocan, sólo estaba en las mentes de los colonizadores.

Esto aprendí del Encuentro con Giu. También le presenté a mi club de amigas de aquel entonces: Las Chicas Extraordinarias, quienes acompañaron la apertura y bailaron e hicieron que todo se viera regio.

Hace un mes nos dejó Giu. Se fue después de luchar con toda la braveza y valentía travesti contra una enfermedad crónica, porque somos unas machas pa enfrentar la adversidad; pero a veces nos vencen.

Me enteré de la triste noticia a través de las redes sociales porque la Giu y la Chiki nos volvimos inseparables por internet ya que nos separaban las montañas, que al mismo tiempo nos unían.

Estuve triste, acordándome de nuestras correrías por Bogotá. Yo le mostré esta ciudad a Giu. Fuimos al Noa-Noa, un bar bogotano con los mejores shows travestis, y nos totiamos de risa en las calles. Tenía una linda sonrisa… Con ella se hizo algunos  levantes bogotanos…

Fuimos de compras porque para montar la muestra de su museo en Bogotá se necesitaban varios materiales. La noche anterior al estreno, nos trasnochamos pegando, cosiendo y chismosiando como un par de comadres. Sin hijos ni ahijados pero comadres por la simpatía mutua que nos construimos.

Museo Travesti del Peru
Logo del Museo Travesti del Perú. Foto: Cortesía / La Chiki

El museo travesti

En el trabajo, Giuseppe organizaba objetos, imágenes, textos, archivos… de tal manera que una podía de verdad leer el travestismo en la historia.

También era un trabajo político por el reconocimiento de la movilidad de las identidades.

De esto dan cuenta las fotos que se tomaba en donde aparecía de múltiples maneras. Por ejemplo la foto de documento de identidad que es una de las que más me gusta o una santa que se ubica frente a una montaña sagrada.

El museo travestido es un relato de experiencia que invita a quitar la influencia colonial y religiosa que divide a los seres humanos y sus cosas. La que clasifica para cosificar. En este caso las cosas están vivas… móviles. No son de machos ni de hembras sino que reposan en el doble sexo o en el sexo múltiple.

Sin ser erótico, tiene una carga erótica y además permite varias miradas. La mirada sobre este travestismo descubierto y volcado sobre las caras de quienes miran, se vuelve voyerista; los ojos son ojos lascivos que quieren obtener placer en el objeto mirado.

El objeto en este caso otorga el placer de manera generosa pero se guarda para sí la energía erótica, ancestral. Un par de zapatos de tacón gastado puestos en diálogo con las prohibiciones de los colonizadores sobre el vestuario trans-indígena, pone al descubierto la moralidad política que  censura y marginaliza lo travesti, lo transitorio.

Ante unas políticas y estéticas dominantes de lo fijo, de lo cierto, este museo travestido grita a los ojos con sus imágenes crudas. Acá las normas no pueden contener. Este travestismo es una alegoría de la sociedad: hace que sus signos sean cambiantes.

Visitando a la Giu

Unos años después visité a La Giu en Lima. Me invitó a su casa y me dio de comer papa huancaína, ají de gallina y arroz. También un pisco “sauer”. La casa era la casa travesti, llena de imágenes adorables. La comida también la servimos travestida de colores. Pasé una tarde deliciosa con esta amiga que ya tenía signos de fatiga por la enfermedad. Nos besamos y abrazamos y no le volví a ver sino en las fotos. Esa fue para mí su despedida.

Culata

Un aria de lamentos para mis amigas muertas…

…Qué triste la tarde con sus lamentas tardías, qué triste: sólo sopla un ruego, sólo hay un gran velo que la cubre de ese gris espectral, sólo una mortecina carga de tarde que la hace más triste que un dios muerto; qué sombras te esperan Chiqui, para atravesar este tiempo de tarde que llora.

(José Manuel Freidel – “Ay días, ¡Chiqui!”).

Eso le canto yo ahora a Giu… La pelona que es otra travestida se la llevó con ella. Ya nos veremos y tomaremos otro pisco, mi querida.

A continuación dejo algunas imágenes tomadas de su perfil de Facebook y del libro sobre el Museo Travesti del Perú.

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