Celebración de lo que soy

Celebración de lo que soy

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Cofundadora y directora de Sentiido. Candidata a doctorado en Historia.
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Dos Bailarinas, de Toulouse Lautrec

Esta litografía del pintor francés Toulouse Lautrec llamada Dos bailarinas puede no tener nada de diferente si la comparamos con otras obras del mismo autor. Como en muchos de sus cuadros, aparecen personas bailando y celebrando en el Moulin Rouge. En esta ocasión resultan ser dos mujeres. Sin embargo no es al cuadro al que me quiero referir directamente. No quiero hacer en este momento un análisis estético de la obra ni del contexto del artista. Quiero contar por qué este cuadro, a partir de hoy, se ha convertido en algo fundamental en mi vida.

Hace tres meses mi mamá emprendió un largo viaje que la llevó por diferentes ciudades de Francia y Alemania. Este viaje, además de ser una bella oportunidad para recorrer lugares mágicos y nuevos para ella, significaba también un momento importante de su vida por razones que no entraré a especificar. Por lo pronto, sólo debemos saber que no era un viaje de rutina, de repetición o solamente de recreo. Era algo más.

Ayer la recogimos en el aeropuerto y hoy he procurado pasar la mayor cantidad de tiempo posible con ella. Como suele suceder cuando una persona cercana se va de paseo, llega el momento en que la desempacada de la maleta traerá algunas sorpresas. En esta ocasión fueron chocolates, mazapán, una bolsa de té, una bufanda y algunas tintas de estilógrafo. Sin embargo lo que más me llenó de sorpresa fue un tubo de cartón que mi mamá me entregó con un sentimiento especial. Con un suspiro y una alegría.

Era una reproducción facsimilar del cuadro de Lautrec. Un afiche para enmarcar. Ella me contó cómo, en su visita al museo de Orsay en París, lo vio por primera vez y supo que quería traérmelo de regalo. Como no lo consiguió en la tienda del museo, tuvo que ir hasta el museo de Lautrec para comprarlo y cargarlo el resto del viaje para que llegara hasta mis manos.

Ahora miro el cuadro una y otra vez y descubro que no es un afiche más de un pintor de renombre. No es un afiche de Van Gogh o de Renoir, aunque estos artistas también tengan obras muy bellas. Es lo que representa para mi mamá. Es toda la carga emocional de ver a estas dos mujeres bailando juntas y sentir que mi novia y yo nos podemos ver representadas en ellas. Es el momento en que mi mamá me ha dicho, de esta forma tan sutil, que ella no sólo acepta mi homosexualidad sino que la celebra por medio de una escena que un pintor, hace más de 100 años, quiso inmortalizar.

Toda la carga sentimental no está en buscar si las dos mujeres que bailan son lesbianas o no. Está en que mi mamá, al ver ese cuadro, comprendió (quizás esto desde mucho antes) que en el mundo no es extraño que dos mujeres se aproximen para bailar, no sólo como una práctica cultural, sino también como un acto de afecto y de cariño.

Siento ahora que mi novia y yo somos esas dos mujeres y que no fue Lautrec sino mi mamá quien nos ha inmortalizado en ese cuadro para celebrar la vida tal como es, sin prejuicios ni temores de ningún tipo. Ella es la artífice de esta escena porque de pronto nos ha imaginado como las modelos que posaron para el pintor no sólo en calidad de modelos, sino de seres humanos que se aman y que tienen algo que expresar en ese instante justo, en ese segundo en el que fueron retratadas.

Es la celebración de lo que soy y, aunque no aparezca, también de lo que mi mamá es.

[Quiero agradecerle a Juana B. por las ideas compartidas para este post]

 

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