El colegio de Sergio Urrego, reflejo de la sociedad

El colegio de Sergio Urrego, reflejo de la sociedad

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.
Publicado en

Por la triste historia de Sergio Urrego, los manuales de convivencia de las instituciones educativas se convirtieron en un tema de moda. Sin embrago, la solución a la discriminación va mucho más allá. Comparto mi punto de vista como educador y activista gay.

Por: Fidel Mauricio Ramírez.*

cómo actualizar los manuales de convivencia con sentencia caso Sergio Urrego
Las instituciones educativas deben ser espacios de inclusión, no de exclusión, como sucedió con el colegio Gimnasio Castillo Campestre, donde estudió Sergio Urrego. Foto: jglsongs.

En los últimos días he leído cientos de mensajes pidiendo reformar los manuales de convivencia de las instituciones educativas. Sin embargo, debo decir que la solución no es tan sencilla. La escuela es reflejo de la sociedad. Niños/as y jóvenes se forman en este espacio, siguiendo los principios aceptados y promovidos culturalmente.

Quienes nos desempeñamos como educadores, maestros o directivas de instituciones, transmitimos a través de nuestros discursos, prácticas y temarios lo que vivimos en la cotidianidad. Así, difundimos las representaciones sociales que normalmente vemos.

Con tristeza he podido constatar que la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el avance en el reconocimiento de los derechos de los grupos LGBTI e, incluso, las nuevas posiciones del Papa Francisco sobre el tema, no han logrado superar las barreras construidas a lo largo de los años contra esta población. Por el contrario, la discriminación y exclusión a las que muchas personas nos hemos visto sido sometidas aún continúan.

Sin embargo, también es importante resaltar que desde hace algún tiempo, en la Secretaría Distrital de Educación de Bogotá se adelantan procesos muy significativos, que abren posibilidades y permiten vislumbrar mejores horizontes.

Este es el caso del proyecto Educación para la Ciudadanía y la Convivencia, en el cual hay un interesante desarrollo teórico respecto a la diversidad sexual y al pleno reconocimiento de los derechos de los sectores LGBTI. Además, la apuesta pedagógica que acompaña el proyecto es maravillosa, porque a través de talleres lúdicos y actividades en equipo, es posible introducir a los/as estudiantes en un tema aún tabú en nuestra cultura.

Asimismo, leyes como la 1482, también conocida como antidiscriminación, permiten sentir el respaldo estatal contra la homofobia que pueda presentarse en las instituciones educativas.

Pese a lo anterior, la realidad es que la discriminación y el hostigamiento hacia niños/as y jóvenes LGBTI, es frecuente. Hace poco más de tres meses, relaté en Sentiido, una situación que se presentó en el colegio donde trabajo y que gracias a una oportuna intervención logró superarse.

La excepción, no la regla

En este caso, se acordó el compromiso del docente para realizar los cambios necesarios a su plan de estudio en el área de religión y la realización de unos talleres con estudiantes, docentes y directivos sobre derechos de población LGBTI.

Pero lo que ocurrió en este colegio no es la regla general. Podría decirse que es la excepción, producto quizás de la presencia de una persona que tiene el firme convencimiento de que el silencio es cómplice.

Ahora, si el avance en materia legislativa para superar la homofobia y la transfobia no es suficiente para cambiar la realidad de nuestros colegios, para que sean realmente espacios de inclusión y no de exclusión, ¿qué podemos hacer?

Lo primero es reconocer con optimismo que hay esperanza. Hace 20 años la situación de las personas LGBTI era mucho peor que ahora porque no contábamos con los mecanismos que hoy tenemos para defendernos. Las personas homosexuales que pasaron por un colegio a finales de la década de los 80 y en los 90 pueden dar fe, como yo, de lo que estoy diciendo.

Fuimos muchos los que nos vimos sometidos a burlas, sobrenombres, chistes y comentarios hirientes y teníamos que soportar todas esas situaciones en silencio porque no había entidades, activistas y mucho menos leyes que nos ampararan.

Debemos ser optimistas porque gracias al esfuerzo de muchas personas se han logrado avances importantes. Por otra parte, se necesita un mayor compromiso para que las personas LGBTI seamos aún más visibles, lo que permite que la diversidad sexual y de géneros se convierta en algo cotidiano.

Sé que a muchas personas no les interesa que las demás sepan que son gais, y están en todo su derecho. Sin embargo, me gustaría contarles que quienes actualmente son mis mayores aliados en el reconocimiento de las personas LGBTI, antes no soportaban oír la palabra gay.

Cuando les pregunto a qué se debió el cambio, la respuesta es sencilla: “antes no conocíamos a un gay y solo nos movían los prejuicios. Ahora sabemos que ustedes son ‘normales’”.

Es importante comprender que los prejuicios son superables en la medida en que las personas puedan enfrentarse a nuevas realidades que les permitan abrirse a otras distintas a las que daban como únicas.

También es fundamental formar a los maestros y maestras en otras perspectivas. Las facultades de Educación deberían crear una cátedra contra la homofobia para que sus alumnos aprendan a reconocer la pluralidad en la sexualidad y no sigan repitiendo discursos obsoletos.

Formación para docentes

Es clave que los docentes reciban formación permanente sobre diversidad sexual y de géneros y que en las escuelas de padres se aborde el tema. No le podemos seguir sacando el cuerpo a esta situación, por miedo a lo que algunos padres de familia puedan decir. Es responsabilidad de la escuela formar, incluso, a padres y madres de familia que tengan prejuicios al respecto.

Estas estrategias deberían ser implementadas tanto en las instituciones públicas como privadas, con una especial supervisión de los órganos de control y vigilancia. Lastimosamente, mediante la Ley 115 que permitió la autonomía institucional, algunos rectores se sintieron emperadores y es necesario bajarlos de allí. El debate está abierto.

* Licenciado en Teología, filósofo, con estudios en pensamientos político y económico, candidato a doctor en Educación y docente. [email protected]

Enlaces relacionados:

Sergio Urrego
El camino para decirle “no” al bullying por homofobia
El caso de Valerie
Un marco legal contra el bullying
Ser homosexual y ser feliz
Él / Ella / Nosotros
Modelos para prevenir la intimidación por homofobia en Colombia

Comentarios

Comentarios

Powered by Facebook Comments