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Freddie Mercury: Queen y Queer

Cofundadora y directora de Sentiido. Profesional en Estudios Literarios y Doctora en Historia de la Universidad de Los Andes. Lectora, periodista empírica y aprendiz de ilustración.
Conocí a Freddie Mercury como cualquier adolescente de los noventa: aplaudiendo y golpeando el piso con “We Will Rock You”. Segunda entrega del especial Queer con plastilina.
ejemplos de personas queer
Recuerdo de Freddie Mercury impreso en una pared. Foto: Ashly Burton.

He sido una fiel oyente de la banda británica Queen y principalmente de Freddie Mercury, quien ha acompañado buenas noches de canto a grito herido, reuniones familiares y horas de contemplación a través de la ventana que solía tener el altillo donde dormí durante una buena parte de mi adolescencia.

En algún momento, cuando empecé a descubrir otros sonidos como New Order o Depeche Mode me atreví a afirmar, con mi pobre conocimiento musical, que Queen había sido una banda famosa pero no tan buena como otras.

Aunque ahora no sé mucho más de música que en aquel entonces, me arrepiento de haber afirmado algo tan injusto, especialmente sabiendo que cada vez que pongo una canción de Queen no puedo parar hasta haberlas oído todas mientras me imagino que yo también estoy en el escenario con ellos.

Envidio apasionadamente a aquellas personas que tuvieron la oportunidad de ir a un concierto de la banda y pudieron ver a Freddie Mercury con su trusa blanca, pelo en pecho o su famosa chaqueta amarilla, propia de la época del álbum A Kind of Magic.

Cambiaría todos los conciertos a los que he ido por un minuto en vivo de Queen con la voz de Mercury.

Ahora que he demostrado que no soy melómana, que no puedo citar en qué año Freddie Mercury lanzó su primer disco como solista o que no sé cómo se llamaban los grandes amores de su vida, debo decir que Freddie Mercury me hizo entender lo que significa ser queer: cuestionar las identidades de género, las tradiciones y los roles sociales. Ser lo que el individuo quiere ser independientemente de las etiquetas que se le ponga.

Uñas pintadas y pelo en pecho

Cuando se discutió con algunos colaboradores de Sentiido varios meses atrás la posibilidad de hacer un especial sobre la cultura y la teoría queer, pensé que no podría más que dedicarme a entrevistar especialistas y buscar en la red algunas pistas.

Dado que tampoco soy amplia conocedora en estos estudios, tuve que empezar por entender el significado de la palabra y conectar algunas manifestaciones culturales con lo que implicaba pensar en lo queer.

Sin embargo un día, desprevenidamente, algún amigo de Sentiido en Facebook compartió una canción de Freddie Mercury que había oído alguna vez y cuyo video no conocía. La canción la compuso Mercury en su etapa de solista, para un álbum llamado Mr. Bad Guy (Sr. Chico malo).

El video me hizo recordar por qué, cuando empecé a ver los videos de Queen en las reuniones de mi familia extensa, me llamaba la atención que un hombre tan extraño cantara canciones tan geniales. Una de las favoritas de uno de mis tíos era la clasiquísima “Bohemian Rhapsody”, que da para cantar a grito herido y ponerla a todo volumen. De otra manera no funciona.

Como en esa época, a principios de los 90 (cuando ya Freddie Mercury estaba cerca de la muerte y yo no tenía ni idea qué era el VIH) no existían los canales de videos por Internet, no supe cómo se vestían los integrantes de la banda, cómo llevaban el pelo y qué gestos hacían al tocar los instrumentos.

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Freddie Mercury en una de sus etapas iniciales, cuando usaba trusas al estilo “burlesque”. Foto: queenonline.com

Unos pocos años después se puso de moda el fracasado formato Video Láser, un intento de CD del tamaño de un LP, y pude deleitarme entonces con mi etapa favorita de Mercury, aquella de finales de los 70: pelo largo abajo de las orejas, anillos y uñas pintadas, piernas y brazo menudos, casi a punto de partirse y trusas blancas, negras o arlequín con un escote que dejaba ver todo el pecho del cantante hasta el ombligo.

No había visto nada parecido y ahora que lo pienso, creo que lo queer en Freddie Mercury no radicaba en la forma como se vestía para sus videos (haciendo oficio en la casa vestido con una minifalda en “I Want to Break Free o el abrigo de piel y las pulseras de plata mientras acaricia el soporte del micrófono en “Killer Queen”), sino en lograr que tantas personas con una educación tradicional, como la generación de mis padres y mis tíos, admiraran su música “a pesar” de esto.

Solo con su soledad

Pero volviendo a su canción de solista, “Living on My Own” (“Viviendo por mi cuenta”), fue ambientada en una fiesta de estilo “burlesque”: todos los asistentes parecen haciendo teatro de comedia mientras pasan una noche loca en un bar en algún lugar del mundo.

Hay hombres cubiertos de maquillaje, mujeres que andan con la cola al aire y drag queens. Irónicamente, Mercury habla de la soledad mientras mueve al ritmo de la música las chatarreras de su chaqueta militar (de nuevo y como muchas veces, con su pecho al aire).

Vi el video muchas veces y entonces pensé que esto era la definición de lo queer en un artista de los años 80, cuando el término no era tema de discusión en las academias (o por lo menos no en las latinoamericanas).

Pero después volví a mi vieja práctica de sentarme a oír las canciones que más me gustaban de Queen: “Lilly of the Valley”, “Innuendo”, “These are the Days of Our Lives”, “Under Pressure” y “Somebody to Love”.

Todas estas canciones me revelaron algo que va más allá de un vestido para filmar un video o para hacer un concierto. La actitud del artista.

El carácter profundo de la sensibilidad musical que caracterizó siempre a Freddie Mercury, su tono rebelde sin tener que romper guitarras en el escenario, el impresionante registro de su voz y, por supuesto, su inconfundible mostacho de los ochenta que, como dijo algún comentarista en un video de Youtube, podría haber firmado contratos con casas discográficas por sí mismo.

Realmente lo que siempre disfruto y disfrutaré de las canciones compuestas y/o interpretadas por Mercury es la autenticidad y la pasión con las que logró siempre crear una identidad con ellas.

No solo la historia del macho al que unas señoritas encueradas le rompen la camiseta en “Crazy Little Thing Called Love”, sino también la del cantante que se entrega “alma, corazón y vida” a crear un mundo posible en el que un hombre con VIH (infección que generaba pavor y repulsión), con una creatividad exacerbada y un movimiento de caderas irrepetible logra reunir a más de 200.000 personas en Budapest o Tokio para que hagan lo que él les pide.

Creo que siempre conservaré en mi imaginación la hipotética escena de Mercury con su pantalón blanco, cubierto con la capa de monarca y su corona muy dorada (y el pelo en pecho), diciéndole a los asistentes de los multitudinarios conciertos de Wembley en Londres, “en realidad, la reina soy yo”.

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Queer para dummies.

 

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