Inicio Blogs Él y yo

Él y yo

Diseñadora de formación y tramposa por vocación, nunca aprendió las tablas de multiplicar. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

Suele creerse que un hombre y una mujer solo pueden estar juntos si tienen una relación o un amorío, porque la amistad con el sexo opuesto es vista como algo prácticamente imposible.

cómo proponerle ser solamente amigos no novios
No estoy tan segura de que una relación entre un hombre y una mujer deba tener siempre un componente sexual. Foto: Lila Forero.

Rodolfo es un hombre, un varón. Un publicista, que además estudió teatro conmigo. Yo soy una mujer. Una diseñadora que estudió teatro con Rodolfo, también. Rodolfo y yo nos tomamos una fotografía, que el 31 de diciembre de 2013 subí a mi perfil de Facebook.

Esta acción, hablando nuevamente en términos matemáticos, como en mi entrada anterior, produjo un resultado lógico: 1 hombre + 1 mujer + 1 foto juntos = él y yo tenemos “algo”.

A pocas horas de haber subido esta nueva imagen de perfil, ya habían aparecido comentarios y mensajes privados preguntándome acerca de la naturaleza de mi relación con “Rodo”.

“¿Estás de novia?, ¿quién es ese tipo?, ¿cómo se llama tu novio?”. Entonces me apresuré a contestar las inquietudes, más que todo las públicas porque no quería poner en una situación incómoda a mi amigo.

Y una vez aclaradas las dudas, pensé: ¿por qué suponemos, que los vínculos entre un hombre y una mujer tienen que tener un sólo sentido?

Como una autopista, con dirección y destino únicos, mi fotografía apuntó a que éramos una pareja, descartando por el camino cualquier vía distinta. Podría ser un artista que yo admirara, un compañero del trabajo, un profesor, un alumno o lo que es: un amigo.

Esta posibilidad me lleva al pantanoso terreno en el que se encuentra uno de los conceptos más discutidos en materia de relaciones: la amistad entre un hombre y una mujer.

Irán no está tan lejos

Mientras el 20 de julio en Colombia se agitan las banderas conmemorando la Independencia, en Argentina se celebra el “Día del amigo”. Y como parte de una campaña que iba a utilizarse en la fecha, mi amigo Carlos tenía que diseñar un aviso de revista.

Utilizando como recurso las calcomanías que ahora se usan en la ventana trasera de los carros, que representan a la familia que viaja en su interior, él propuso  adaptar el diseño a un grupo de amigos. Así fue como hizo el montaje de la ventana, con varias figuras masculinas y al final una femenina.

Cuando su jefe se acercó para aprobar el arte, le preguntó: “pero… ¿esto qué es?”- señalando la figura de la mujer. -“Pues, una amiga”- contestó él. Ante lo que su jefe replicó: “¡No, no! aquí a las mujeres nos las ‘garchamos’” (lo que en Colombia correspondería a: “aquí nos las comemos”).

Este cuadro, afortunadamente, no representa el pensamiento de toda la población masculina, aunque desde mi experiencia podría decir que aquí es bastante usual que hombres y mujeres interactúen en grupos separados.

Sin embargo, creo que estas escenas pueden repetirse en cualquier lugar, dejando en evidencia que el extremismo ideológico de países como Irán, donde hombres y mujeres deben permanecer cotidianamente separados, no está tan lejos.

En Bogotá, el primo de mi exjefe María anunció en una reunión familiar que se iba a un crucero con una amiga. “¡Uy! Pero debe ser buena amante la amiga!” le decían sus parientes, incrédulos ante la posibilidad de que compartieran el viaje siendo amigos.

¿Qué es lo que alimenta el pensamiento que una mujer y un hombre no pueden estar juntos para intercambiar opiniones, conocimientos, ideas o simplemente compartir vivencias?

La burka de Occidente

El Corán proclama que las mujeres deben ocultarse de las miradas masculinas, evitando que en los hombres se despierten deseos impuros.

Tal vez el equivalente occidental de esta sentencia son los comentarios que crecimos escuchando: “A los hombres solo les interesa eso”, “los hombres no se pueden controlar”, “es que los hombres son igualitos, todos quieren lo mismo”.

El género masculino se dibuja, o mejor aún se imagina, como un animal al asecho, que espera el momento oportuno para atacar e ir por lo que quiere: la satisfacción de su deseo.

Y esta naturaleza, construida con prejuicios, es lo que supuestamente justifica sus acciones: “Pero, ¿cómo quiere que no la manoseen en la calle, si va vestida así?”,  “¡si le andas sonriendo a todos, después no te quejes de que te irrespetan!”.

A pesar de todo, sigo creyendo que la amistad entre un hombre y una mujer es posible. Simplemente porque la vivo: tengo muy buenos amigos que comprueban que la teoría del hombre-animal no es real.

Soy una mujer bastante afectuosa y me encanta abrazar a la gente que quiero: hombres y mujeres por igual. Pero estos gestos de cariño me han costado varias aclaraciones también, ya que para algunos son invitaciones sexuales.

Y es que bajo la mirada que ha migrado inexplicablemente desde Irán, para anidarse en mentes monocromáticas, hay que evitar darle un abrazo a un amigo, tomarse una foto con él o viajar a su lado en un crucero porque tal vez detrás de todo eso no haya más que un animal buscando saciar su instinto.

Así que a veces, no queda otra que ponerse la burka imaginaria.