Inicio A Fondo “A los hombres no les dicen ‘zorro’ ni ‘malcogido’ para insultarlos”

“A los hombres no les dicen ‘zorro’ ni ‘malcogido’ para insultarlos”

Género, diversidad sexual y cambio social.

Ser una periodista visible en Twitter implica recibir insultos y agresiones, lo que pone en riesgo la libertad de expresión. Así lo demostró la investigación “Ser periodista en Twitter: violencia de género digital en América Latina”, liderada por Sentiido y Comunicación para la Igualdad.

violencia de género Twitter
La investigación “Ser periodista en Twitter: violencia de género digital en América Latina”, fue liderada por Sentiido (Colombia) y la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad (Argentina). Ilustración: Sebas Santafe

Ser una periodista con cierta visibilidad en Twitter implica recibir 10% más de comentarios que ponen en duda su capacidad intelectual, 20% más de expresiones sexistas y 30% más de comentarios asociados con su físico.

En 2006, cuando Twitter nació, rápidamente se posicionó como una red social muy novedosa. Mucha gente sintió que, por primera vez, podía hablar directamente con las personas que admira, compartir sus ideas con un público más amplio y debatir con argumentos, pero los niveles de agresividad que a diario se ven en esta plataforma reducen cada vez más estas posibilidades. (Ver: No. La culpa no es de las redes).

Para la muestra, la reciente investigación “Ser periodista en Twitter: violencia de género digital en América Latina”, liderada por Sentiido (Colombia) y la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad (Argentina), con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (Ver: Ser periodista en Twitter: una investigación sobre violencia de género digital).

En Twitter se ha ido perdiendo la capacidad de debatir con argumentos.

La investigación –que incluyó 28 entrevistas a periodistas (tres mujeres y un hombre de Argentina, Colombia, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela), así como el análisis de cuentas de 66 periodistas– demostró que hombres y mujeres reciben agresiones en Twitter.

Pero mientras que a los hombres les dicen “¡cuánto te pagaron!” o “periodista arrodillado”, a las mujeres las insultan con frases relacionadas con su aspecto o con el tamaño de alguna parte de su cuerpo, tales como “eres fea”, “gorda”, “narizona”, “bocona” o con expresiones con connotaciones sexuales como “frígida” o “¿a quién se lo diste?”. (Ver: Feminismo: de dónde viene y para dónde va).

“A hombres y mujeres los atacan con palabras tóxicas, la diferencia está en el tipo de insultos contra unos y otras”, Ángela Duarte, investigadora.

Según Ángela Duarte, investigadora de Sentiido y quien participó en el análisis de los datos desarrollado por Linterna Verde, en la investigación no se identificaron diferencias sobre la cantidad de palabras que se usan para insultar a una persona, pero sí sobre el tipo de palabras que se usan para atacar a hombres y mujeres, dejando en evidencia el machismo imperante y la percepción social de que lo masculino es superior a lo femenino. (Ver: Es feminismo: no humanismo ni “igualismo”).

Esto es evidente en el tipo de insultos que reciben periodistas como María Jimena Duzán, muy relacionados con su apariencia o subestimando sus capacidades, a través de palabras como “falta de cerebro” o “bruta”. “A los hombres también les dicen frases desobligantes, pero no los mandan a la cocina ni les hacen mayores referencias a su cuerpo”, señala Duarte.  

Una periodista uruguaya consultada para la investigación afirmó que, a las mujeres, además de decirles “facha”, como también se los dicen a los hombres, las califican de “eres una gorda malcogida” o las señalan de que les “falta sexo”. Para Lina Cuéllar, directora de Sentiido, esto sucede porque culturalmente todavía está validado que a las mujeres se les puede insultar por su cuerpo o por su edad. (Ver: Machismo y feminismo no pueden coexisitir).

A los periodistas que reciben insultos no les dicen: “eres un malcogido”. A ellos les preguntan: “¿cuánto te pagaron?”.

Además, muchos de los insultos hacia los hombres apelan a otra forma de sexismo al asociar lo femenino con debilidad y al hacer referencia a las mamás con expresiones como: “hijueputa”, “la concha de tu madre”, “la madre que te parió”, “malparido”, “chinga tu madre” y “coño de tu madre”.

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La investigación “Ser periodista en Twitter: violencia de género digital en América Latina”, aborda la violencia digital en Twitter hacia mujeres periodistas en siete países: Argentina, Colombia, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

Para completar, en muchos casos las etiquetas utilizadas para agredir a las periodistas incluyen diminutivos de sus nombres, infantilizándolas o tratándolas con condescendencia por el hecho de ser mujeres (como cuando usan “Camilita” para referirse a la periodista Camila Zuluaga). Esto significa, según la investigación, que las periodistas son atacadas por los contenidos que publican, al igual que sus colegas hombres, pero también por ser mujeres, lo que hace mucho más costoso para ellas poder expresarse libremente en plataformas como Twitter.

En pocos casos las agresiones son sobre publicaciones periodísticas, en mayor medida tienen lugar por las opiniones de las/os periodistas, por sus posiciones políticas, por el medio en el que trabajan o por las fuentes que entrevistan.

Cuando se trata de mujeres, los insultos vienen cargados de estereotipos de género.

A esto se suma, según la investigación, que buena parte de los usuarios de esta red social esperan que las/os periodistas respondan por todas las notas que publica el medio para el que trabajan, como si medio y periodista fueran lo mismo. En esto tiene mucho que ver que, en ocasiones, las periodistas tienen más seguidores/as o son más conocidas que el medio para el que trabajan, lo que conduce a que las audiencias consideren que la persona es el medio y que debe responder por todas las publicaciones que este haga.

De hecho, los usuarios de redes poco diferencian entre lo que él o la periodista opina sobre música, una serie o un personaje político y su trabajo profesional (denuncias, artículos, debates, entrevistas, eventos, etc.). Varias de las periodistas consultadas en la investigación creen que su oficio sí las pone en un lugar de expectativa ante las audiencias, quienes les exigen que respondan más allá de su labor profesional, esperando, además, que sus opiniones se ajusten a la visión de mundo de la audiencia si no quieren sufrir acoso, troleo o agresiones.

Independiente de su género, la mayoría de ataques en Twitter son acusaciones de servir a uno u otro bando político, especialmente en países como Argentina, Colombia, Venezuela y México donde se vive una polarización política significativa. “Se les señala de ser poco objetivos/as, de haber perdido credibilidad por servir a los intereses de algún político y, en casi todos los países estudiados, se repiten palabras como ‘pseudoperiodista’, ‘vendidos’, ‘prepago’, ‘sesgados’ y ‘difusores de fake news’”, señala el informe “Ser periodista en Twitter”.

“Los periodistas reciben más ataques por sus posiciones personales que por su trabajo periodístico”, Lina Cuéllar, directora de Sentiido.

El informe revela que la polarización ha llevado al uso de acciones coordinadas en Twitter o a campañas pagas por líderes políticos para silenciar voces críticas. “Las llamadas ‘bodegas’ que suelen ser afines a un partido político acostumbran a usar etiquetas para sistematizar el ataque y volverse tendencia. Esto logra que esos ataques se salgan de la burbuja porque los medios empiezan a registrarlos”, señala Duarte.

En ocasiones los hashtags utilizados incluyen el nombre o el apellido de periodistas. Por ejemplo, #ApagaAristegui (México) o #CamilitaEstasPillada (Colombia), lo que permite suponer una estrategia de raiding –o de redada– para callarlas o amedrentarlas. “En muchos casos, los ataques provienen de cuentas poco relevantes, con pocos seguidores, sin contenido propio y creadas específicamente con este objetivo”, señala Sandra Chaher de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad de Argentina.

Según la investigación, los ataques contra la periodista Camila Zuluaga son un claro ejemplo del uso de “cibertropas” o de actores gubernamentales que se coordinan para manipular a la opinión pública en línea.

La Liga contra el Silencio, proyecto que promueve la publicación de investigaciones periodísticas en Colombia, demostró que la tendencia #CamilitaEstasPillada tenía evidencias de automatización producto de un grupo de WhatsApp, con 88 participantes con cercanía al gobierno, al partido Centro Democrático o al expresidente Álvaro Uribe y administrado por dos altos funcionarios de la administración del presidente Duque. De este grupo salían las etiquetas que sus integrantes debían posicionar, las instrucciones para hacerlo, los horarios de publicaciones y las imágenes.

La Liga contra el Silencio demostró que la etiqueta #CamilitaEstásPillada fue una estrategia liderada por funcionarios del gobierno del presidente Iván Duque.

De hecho, según la investigación de Sentiido y Comunicación para la Igualdad, varios gobiernos de la región, o sectores afines a los mismos, invierten en la promoción de la violencia en redes con el objetivo de disminuir las voces periodísticas críticas. Y esta no parece ser una práctica exclusiva de un partido o líder político sino una forma de ejercer poder. Esto permite afirmar que los/as periodistas no están rodeados/as de haters, sino de operaciones políticas destinadas a callar sus discursos.

Otro dato que la investigación demostró es que las periodistas también reciben comentarios tóxicos por defender los derechos de las mujeres, evidente en el uso de términos como “feminazi”. Son víctimas de acoso y agresión cuando cubren o expresan posiciones a favor de las marchas del Día Internacional de la Mujer (8M), la interrupción voluntaria del embarazo, los derechos sexuales y reproductivos, la educación sexual integral o cuando denuncian feminicidios y violencia de género. (Ver: 6 respuestas para los opositores a la educación sexual).

La estrategia es intentar subestimar su trabajo al asociarlo con posturas criminales, ideológicas o partidistas, lo que permite suponer que entre quienes las atacan hay sectores conservadores que rechazan los avances en derechos humanos. (Ver: Feminismo: lo que se dice vs. Lo que es).

En todo caso, las agresiones por el hecho de ser mujeres aparecen de manera transversal sin importar si la periodista es o no feminista. Un ejemplo es Vicky Dávila, quien no es propiamente una persona progresista y no es señalada de “abortera”, pero sí recibe insultos con connotaciones sexuales y frases discriminatorias por su apariencia y habilidades.

“Por más polémica que una periodista sea, no merece que la amenacen”, Lina Cuéllar, directora de Sentiido.

Ahora, la violencia que los y las periodista sufren en Twitter, muchas veces se traslada a otros espacios. De hecho, el 32% de periodistas entrevistadas/os fue abordado en la vía pública, 25% fue atacado en otras redes sociales, 14% vía WhatsApp, al 7% les violentaron sus casas o autos y el 3,5% recibió mensajes intimidantes en sus líneas telefónicas. En países donde hay gobiernos totalitarios como Nicaragua y Venezuela se ven persecuciones y amenazas, lo que ha obligado a algunos periodistas a cambiar de domicilio o de línea telefónica y hasta a salir del país.

Mucha gente cree que la vida virtual es una y la realidad otra, que son mundos paralelos, pero ahora la gente pasa más tiempo en línea, entonces ¿la realidad no es ese tiempo que pasamos ahí? La vida online también es realidad. El ámbito digital no está desvinculado de la vida offline”, expresa Cuéllar.

En todo caso, añade Sandra Chaher, lo que pasa en las redes no es menor, “impacta en el bienestar y en la salud mental de las personas”. Para la muestra, el informe señala que en una ocasión, una de las periodistas colombianas entrevistadas estaba entrando al edificio de la casa editorial para la que trabaja y había un carro parqueado. Cuando estaba cruzando la calle, el conductor bajó el vidrio y le empezó a hacer el signo de pistola y a gritarle “hijueputa”. Llegó al periódico con el corazón en la mano.

“Buena parte de las periodistas entrevistadas tiene una sensación permanente de amenaza, de estar en riesgo”, Lina Cuéllar, directora de Sentiido.

El nivel de agresión hacia periodistas está generando que muchas de ellas ya no quieran hablar ni interactuar en Twitter. Una de las periodistas entrevistadas expresó que ella publica su tuit y no revisa las respuestas porque, aunque puede haber comentarios interesantes, para poder verlos tiene que pasar por mucha violencia. (Ver: Catalina Botero: las críticas se responden con argumentos, no con censura).

En todo caso, muchas de ellas se mantienen en Twitter por ser la plataforma donde se mueve la actualidad. Sin embargo, según la investigación, las violencias digitales están logrando silenciar las voces de muchas mujeres en el debate público y, particularmente, las voces feministas. Si con los ataques un sector logra que otro reduzca su participación, habrá logrado su objetivo de afectar su libertad de expresión.

Desde antes de que se hablara de “bodegas”, para algunas periodistas ya era claro que el nivel de agresión que vivían era algo coordinado para callarlas. Esta situación afecta sobre todo a las mujeres: el 75% dejó de postear sobre los temas que podían causarles agresiones, aunque continuaron investigando sobre los mismo. En otras casos, se retiraron de Twitter por un tiempo, restringieron la frecuencia o el tono de las publicaciones que podían generarles agresiones o disminuyeron sus opiniones. (Ver: Postverdad: la gente cree lo que quiere creer).

Algunas periodistas optaron por no decir más palabras como “machista” o “patriarcado”, desesperadas de que de inmediato vinieran los insultos. “Son ataques directos a la libertad de expresión”, agrega Chaher. “Una periodista explicaba que, si mencionaba a tal político, de inmediato venía la violencia, pero si hablaba del transporte público o de lo que se había soñado anoche, también. Por cualquier cosa que digan reciben insultos. De ahí que muchas mujeres opten por autocensurarse en Twitter”, señala Cuéllar.

“Hay que promover la autorregulación sobre la forma como cada quien se dirige a los demás en plataformas como Twitter”, Lina Cuéllar, directora de Sentiido.

En la investigación una periodista colombiana afirmó que, tras varias agresiones en Twitter, optó por dejar de hablar de personas poderosas para evitar que estas “sacaran toda su artillería para atacarla”. Es, como lo afirma una periodista uruguaya, un “imperativo del silencio” se instaló progresivamente en Twitter.

Todo esto que está pasando no es un tema de ‘ignóralos’, ‘siléncialos’, ‘así son las redes’ o ‘salte de Twitter’, hay que ser más contundentes en pro de la libertad de expresión. Medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, facultades de comunicación social, periodistas y, en general, todos los usuarios de redes como Twitter deben cuidar la libertad de expresión, mucha gente está perdiendo los límites entre lo que es y no violento en esta plataforma”, señala Cuéllar.

Para la directora de Sentiido, hay comentarios en Twitter como “ojalá la violen” que quienes los dicen jamás se atreverían a expresarlos en sus trabajos o en sus casas. Pero pareciera que en las redes han perdido los límites. “Es importante que haya leyes que intenten controlar estas situaciones porque estas tiene un efecto real y simbólico a la vez. Pero más allá de lo legal, la gran apuesta es la educación”, concluye Sandra Chaher.

Descarga acá el informe completo.
Descarga acá el resumen ejecutivo.
Evento #SerPeriodistaEnTwitter: Ellas hablan

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