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Nerú, ¿un traidor de la homosexualidad?

Género, diversidad sexual y cambio social.

El coreógrafo Nerú no es un “desertor de los LGBT”, sino una de las tantas personas que por carecer de una adecuada educación sexual, es vulnerable para creer que no está bien ser homosexual.

Nerú Martínez.
Este fue uno de los momentos de la entrevista del coreógrafo Nerú Martínez en el programa La Red de Canal Caracol.

El coreógrafo colombiano Nerú Martínez, le reveló a un periodista del programa La Red de Canal Caracol, que dejaría a un lado su homosexualidad para buscar una esposa y conformar una familia.

El cambio de vida se lo atribuyó a la llegada de Jesús a su vida.

Nerú está en libertad de profesar una religión y también, si así lo quiere, de enamorarse de una mujer, casarse y tener hijos.

Su decisión no es una “traición a la homosexualidad” o a una supuesta “comunidad LGBT“. Mucho menos puede llevar a referirse a él con insultos o hablándole en femenino, teniendo en cuenta que no se identifica de esta manera.

Lo que sí resulta preocupante es lo que hay detrás. Él dice: “acepté a Jesús en mi corazón”. En la práctica, esto significa su vinculación a un grupo religioso.

Nerú ingresó a una de las iglesias popularmente conocidas como “cristianas”, que forman parte del movimiento cristiano evangélico, que incluye a las diversas corrientes pentecostales y protestantes.

En varios apartes de la entrevista, él manifestó con evidente dolor que se sentía solo e insatisfecho con su vida, como si llevara una máscara permanente. Entre lágrimas dijo: “Anhelo tener una familia, un hijo, una esposa, un hogar”.

En otras palabras, Nerú pasa por un momento difícil, de dudas y cuestionamientos, que un tercero aprovechó -ya sea porque él mismo lo buscó o porque alguien se lo presentó- para “engancharlo” a una iglesia, bajo la promesa de que allí ordenaría su vida.

En la investigación Del monopolio católico a la explosión pentecostal, el sociólogo William Mauricio Beltrán, señala que los nuevos movimientos religiosos constituyen “comunidades de afecto” y “familias sustitutas” para las personas que se sienten solas o necesitan apoyo.

Las conversiones a estos movimientos suelen ocurrir en momentos de quiebre o situaciones límite, en últimas, cuando se está vulnerable. De ahí justamente que sean tan frecuentados por personas con adicciones, desempleadas o que están atravesando por un momento emocional doloroso.

Los predicadores pentecostales, explica Beltrán, condicionan la eficacia de sus “poderes” a que los fieles se aparten de lo que ellos consideran vicios o licencias sexuales. La búsqueda de un milagro implica cambios en el estilo de vida. En otras palabras, deben renunciar a prácticas “pecaminosas” para garantizar la eficacia de los rituales.

“Para los pentecostales, la miseria, las enfermedades, las adicciones y la homosexualidad están relacionadas con la influencia de demonios. Y la liberación de esas influencias es un requisito para que los fieles puedan disfrutar de las bendiciones divinas”, señala Beltrán en Del monopolio católico a la explosión pentecostal.

Una prueba a superar

Esto coincide con uno de los apartes de la entrevista, donde Nerú afirma que ha tenido que pasar por muchas pruebas. Seguramente sus líderes espirituales le han dicho que la homosexualidad es una prueba que debe superar si quiere disfrutar de la abundancia.

Lo cierto es que el ingreso de Nerú al grupo religioso se traduce en un nuevo diezmo y en un posterior testimonio de un pasado caótico, un proceso de conversión y un presunto futuro de plenitud.

“El converso se transforma en un activista religioso”, señala Beltrán. Y justamente Nerú manifestó que el mensaje de Jesús es que si lo “curaba” era para que difundiera esto. En últimas, para que más personas se sumen a la causa, lo que se traduce en más dinero y más fieles dando testimonio, una efectiva estrategia de mercadeo.

Teniendo en cuenta que el éxito de estas iglesias y de los pastores que las dirigen, se mide en el número de fieles que atraen, es un hecho que les resulta significativo vincular a sus filas personas con algún reconocimiento. Y Nerú, tal como el cantante Moisés Ángulo o el humorista José Ordóñez, clasifica perfecto en esta idea.

A este coreógrafo se le ha cuestionado por expresar que debido a que en su infancia abusaron sexualmente de él, es –o fue– homosexual. Su afirmación resulta incómoda porque muchos profesionales en salud mental se han esforzado por aclarar que lo uno no tiene nada que ver con lo otro. De hecho, son numerosos los casos de personas que fueron abusadas y que son heterosexuales.

Además, no tiene sentido seguir insistiendo en las causas de la homosexualidad, como si se tratara de una enfermedad necesaria de tratar y no como una orientación sexual más, como la heterosexualidad o la bisexualidad.

La pregunta es: ¿cómo podría Nerú decir algo distinto de lo que él cree que pasó en su vida o de lo que le han dicho en la iglesia? Si antes de formar parte del grupo religioso él estaba convencido de que una persona se “vuelve” homosexual cuando abusan sexualmente de ella, o si creyó esto cuando los líderes religiosos se lo dijeron, lo único que confirma es que Nerú es una víctima más de la pobre educación sexual impartida en Colombia.

Y parte de su desconocimiento quedó en evidencia cuando afirmó con total seguridad: “Dios le quitó una costilla a Adán para acompañar al hombre. No le quitó todas para sacar una transexual, una travesti o una lesbiana. Para todo hombre hay una mujer”.

La mala educación

Estas frases son consecuencia de una educación sexual deficiente e influenciada por creencias religiosas o del ámbito personal. Infortunadamente en muchas instituciones educativas del país, la homosexualidad -en caso de abordarse- es presentada con base en prejuicios y estereotipos.

Es tal la confusión de este coreógrafo, que asocia homosexualidad con lo que él llama “una vida lujuriosa y llena de excesos”. Es decir, esa puede ser su historia y seguramente la de otras personas, pero está generalizando. Ser homosexual no puede ser sinónimo de algo más allá que sentir atracción por personas del mismo sexo. Cada quien, independiente de su orientación sexual, es un ser único.

Es un hecho que las declaraciones de Nerú fortalecen la falsa creencia de que solamente se necesita fuerza de voluntad para que, quienes así lo quieran, puedan pasarse a la “orilla correcta”, la de la heterosexualidad.

Producto de su desconocimiento, él presenta la homosexualidad como una desviación y algo que debe corregirse. Lo más grave es que una de las consecuencias de sus declaraciones es confundir a aquellas personas que están en proceso de reconocerse como homosexuales.

Sin embargo, es interesante recordar que son numerosos los casos de quienes alguna vez, en medio del desespero y la presión social, intentaron refugiarse en creencias religiosas para dejar atrás “esas conductas pecaminosas” y que actualmente son felices activistas LGBT. Para la muestra, Hernando Muñoz y Fidel Mauricio Ramírez.

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