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“Yo era rara por principio”

Cofundadora y editora de Sentiido. Comunicadora social y periodista, magister en Periodismo Digital. Ha trabajado, entre otros medios, en Revista Diners, Editorial Televisa Colombia y Revista Semana.

Paula Arenas Canal es una de las creadoras de dos de las series más exitosas que han pasado por la televisión colombiana, Zoociedad y Quac, la misma que en 2005 apareció en una revista bajo el título “10 gays que pusieron la cara” y que ha contribuido a que Señal Colombia sea hoy una de las mejores alternativas en televisión. Esta es su historia.

Fotos: Pilar Mejía. (Instagram: @pilarmejia8).

Paula Arenas Canal
Paula Arenas Canal nació en Bogotá y tiene 52 años. Su infancia transcurrió entre Bogotá y Cúcuta porque su familia materna es de allá y la paterna de Bucaramanga. Foto: Pilar Mejía.

Pasó lo de siempre. O casi siempre. A los 17 años Paula les dijo a sus papás que le gustaba una mujer. A ellos poco les agradó que su única hija, la mayor entre cuatro hombres, fuera lesbiana. Así que su paso a seguir fue identificar la causa, la razón, como si existiera un porqué en una orientación sexual, llámese heterosexual u homosexual. “¿Será que tiene problemas de drogas o será una fase? En todo caso, mejor que vaya a un psiquiatra”, dijeron.

Por si faltaba algo de presión para llevarla de nuevo por “el camino correcto”, sus papás le hicieron ajustes a sus planes. La idea inicial era que una vez Paula se graduara del colegio (estaba en décimo grado), se fuera a Estados Unidos a estudiar cine. Pero ante aquella noticia, prefirieron advertirle que no se iría a ninguna parte hasta que no se le quitara la pendejada. (Ver: Nace o se hace, ¿importa?).

“La fase” o “la pendejada” que tanto les preocupaba, había empezado en unas vacaciones en Boston, a donde Paula había viajado para reforzar su inglés. Lo difícil, más allá de la reacción de sus papás, era que ella vivía en Bogotá y su novia en Boston y era 1982, año en el que aún estaban lejos de existir WhatsApp, Facebook o el correo electrónico. Entonces, además de ser a escondidas, el romance era por carta.

Para evitar que su mamá viera su correspondencia, Paula abrió un apartado aéreo en un centro comercial al que cada semana iba desesperadamente a ver si le había llegado algo. A pesar de ser muy abiertos –su mamá era la rebelde de una familia conservadora y su papá un hombre liberal de pensamiento y partido– esa situación los superó. Quizás influyó que era un tema nuevo para ellos y jamás contemplado para alguno de sus hijos.

¿Por qué no te miras al espejo?

A esto se sumó que Yolanda Canal, su mamá, fue reina de belleza (señorita Norte de Santander en 1959). “Yo era su muñeca. Me acuerdo una vez el sufrimiento que fue tomarme unas fotos. Mis hermanos estaban vestidos de marineros y a mí me pusieron un vestido lleno de moños. Yo quería ponerme unos pantalones y una camiseta y en todas las fotos salgo con cara de no quiero estar así. Nunca se me olvidará la frase de mi mamá: ‘pero ¿por qué no te miras al espejo?'”.

El tema de cómo Yolanda creía que su hija debía verse y cómo Paula quería lucir fue una lucha constante entre ellas. “Hubo momentos en los que fui feliz pintándome las uñas, maquillándome y usando tacones, pero había otros en los que quería ser distinta. Me hubiera gozado más la vuelta si hubiera tenido la oportunidad de ser ambas cosas”.

Paula siempre sintió que por ser mujer tenía que vestirse y comportarse de una determinada manera con la que no siempre se sentía cómoda.

Hace unos años su mamá le dijo: “usted tiene un cuerpo raro pero chévere”, a lo que Paula respondió: “si me hubieras dicho eso a los 14 años, ¡me habrías ahorrado tantas inseguridades!”. Lo bueno es que los papás aprenden y cambian con el tiempo y desde hace años la relación madre e hija dio un giro radical en el frente que más diferencias les causó. (Ver: “Le agradezco a mi mamá que no me obligó a ser una nenita).

Con sus cuatro hermanos el asunto fue totalmente distinto. “Me acuerdo cuando los reuní y les dije con toda la prosopopeya del caso: ‘tengo algo muy importante que decirles… Me gustan las mujeres‘”. Se murieron de la risa.

Paula decidió hablar con ellos no tanto para buscar su aprobación sino para que nadie los cogiera fuera de base si un día les decían que su hermana era lesbiana. A Felipe, el menor, fue al que más trabajo le costó. “Él me dice que desde que lo supo empezó un proceso de revaluar y repensar. Hoy es feminista y dice que puede ver el mundo con todos sus matices”. (Ver: Hombres, ¿feministas?).

El romance adolescente a distancia Bogotá – Boston no duró mucho tiempo. Además, si quería evitarse más problemas con sus papás, debía concentrarse en pasar física. Fue entonces cuando una profesora del colegio la puso en contacto con su hermano, Carlos Valencia, para que le ayudara a aprobar la materia. Cuando lo conoció, Paula dijo que él sería el único hombre con el que se casaría. Y así fue.

Se casaron en 1985 cuando Paula era estudiante de Filosofía en la Universidad de Los Andes. Yolanda, su mamá, fue feliz. “Yo me casé convencida, enamorada. Él sabía todo de mí”. Duraron cinco años juntos, uno de los cuales Paula estuvo afuera, estudiando Cine y Televisión en la Universidad de Nueva York (NYU).

En ese entonces tuvo un reencuentro telefónico con su exnovia. “No fue tan chévere porque yo sentía que le estaba poniendo los cachos a Carlos“. Lo que más le gustó de ese año por fuera, fue la ciudad y lo que estudió. “Personalmente no la pasé tan bien pero profesionalmente fue un detonante impresionante. Ahí entendí por qué televisión, por qué cine y por qué lo audiovisual”.

Salir del clóset, ¿otra vez?

Su matrimonio no aguantó la distancia, lo que sumado a ciertos problemas familiares, llevó al divorcio una vez regresó a Colombia. “Una coincidencia de la vida fue que mis papás también estaban pasando por el mismo proceso pero por circunstancias totalmente distintas”.

La pregunta inmediata fue “¿y ahora qué?”, en un momento en el que la heterosexualidad se daba por hecho. Poco se hablaba de homosexualidad, la bisexualidad era invisible y no existía ningún otro matiz en la amplia escala de la sexualidad. (Ver: La obligación de ser heterosexual).

Tampoco había información ni referentes visibles de personas lesbianas, gais, bisexuales ni trans (LGBT). “A mí me salvó la lectura. Ahí y en el cine encontré un espacio”. Aunque personajes como David Bowie sí fueron un referente para Paula. “Yo fui andrógina mucho tiempo y sentía que tenía algo en común con él, me identificaba con su estética”.

Paula Arenas Canal
El papá de Paula fue Jorge Arenas Lamus (1934 – 1995), el creador de Aser Publicidad, una de las agencias más reconocidas de la época. Ahí fue donde Paula trabajó por primera vez, como copy, mientras era estudiante universitaria. Foto: Pilar Mejía

Si alguien busca “Paula Arenas” en Google, los primeros resultados que aparecen son los de otra colombiana, una cantante de 28 años con quien tiene algo en común: son exalumnas del Marymount de Bogotá, un colegio donde los estereotipos de feminidad están muy marcados. “Yo era un bicho raro”.

En el colegio nunca se identificó como lesbiana. “Quizás lo pensaban, pero yo estaba más preocupada por mí, por lo que me pasaba, que por mi entorno, así que llevaba una vida más introspectiva y no le paré muchas bolas a lo que pasaba en el colegio”.

No fue de parches de amigas. “Puede que el rechazo solapado estuviera ahí, pero como era tan introvertida, lo ignoraba. Si lo sentía, no lo confrontaba”. Cuando llegó la época de las fiestas, su prima se convirtió en su polo a tierra. “La vida social era con ella. Uno se las ingenia para protegerse y ella me ayudaba a socializar pero sin que fuera un conflicto para mí y sin tener que dar más de lo que podía o quería”.

El primer rechazo de frente

En la universidad el asunto fue distinto, ahí sí tuvo grupos de amigos, pero el único rechazo de frente que recuerda fue el de su gran amiga de entonces. “Ya nos habíamos graduado, ya me había divorciado y cuando otra vez estaba saliendo del clóset, le conté a ella, quien se alejó diciéndome que la había traicionado. Nunca entendí por qué me dijo eso y aunque el rechazo me dolió, lo dejé de lado”.

Después de su viaje a Nueva York su plan era regresar a Bogotá a trabajar en televisión, pero independiente: no quería vincularse a Cinevisión (una reconocida programadora de la época), la empresa de sus papás.

Así que empezó a trabajar con el director Bernardo Romero Pereiro. “Me estrellé muy duro. Fue el año de volver a Colombia, de mi divorcio y de proyectos que no funcionaron”. Poco a poco se fue acercando a Cinevisión y a hacer notas para el noticiero. “Mi mamá, quien era la presidenta, estaba feliz de que yo estuviera trabajando allá y me fue abriendo puertas. Me fui quedando y como dijo alguien: ‘por la mañana entré de mensajera y por la noche terminé de gerente'”.

A principios de los noventa, para la nueva licitación de televisión, Cinevisión tenía que escoger entre ser noticiero o hacer entretenimiento. “Nos fuimos por esto último y ahí es donde realmente empezó mi carrera en la televisión”.

“Con mi papá todo era desmedido: su presencia, su genialidad y la manera como abrió camino en la publicidad y en la televisión”.

Una de las propuestas que Paula ayudó a crear fue Zoociedad. “Veníamos de hacer televisión muy tradicional y queríamos hacer humor político”. Así nació uno de los proyectos más exitosos e influyentes que ha pasado por la televisión colombiana y que hizo visible a Jaime Garzón.

Para Paula trabajar con un hombre con el talento y carisma de Garzón no fue fácil. “Era un monstruo en creatividad, inteligencia y en gozarse el mundo. Él y yo éramos personajes complicados y los dos queríamos hacer las mismas cosas, pero de distinta manera”. Mientras Paula veía Zoociedad como otra forma de hacer televisión, para Jaime Garzón era una posibilidad de cambiar el país.

En 1993, cuando Paula dejó Cinevisión para irse a RTI (otra programadora), se llevó a Garzón y montaron Quac, otro de los éxitos de la época. Allá la relación se inclinó más por las diferencias y por la imposibilidad de trabajar juntos, al punto que Paula le entregó Quac a otra persona y se fue.

“10 gays ponen la cara”

En 2005, Paula apareció en un especial de la revista Jet Set titulado “10 gays que pusieron la cara”, en un momento en el que muy pocos medios abordaban el tema y muy pocas personas LGBT lo decían abiertamente. Salieron tres mujeres que fueron difíciles de conseguir. Finalmente los hombres han sido más visibles en todos los espacios, incluido el homosexual. (Ver: ¿Dónde están las lesbianas?).

Paula Arenas Canal
A Paula le parece que el activismo debe ser sagaz, oportuno y estar bien informados para desmentir las oleadas de desinformación como la que en 2016 representó la “ideología de género”. Foto: Pilar Mejía

“En todo caso, las personas más privilegiadas sienten menos necesidad de ser visibles. Tener trabajo y casa hace que las diferencias sean más difíciles de ver y de entender. Uno no es tan consciente de eso”.

En ese entonces, 2005, había muchos temas que Paula no tenía resueltos, pero su orientación sexual sí. Se sentía fuerte, con ganas de poner la cara y de que la gente se enterara de una vez por todas para evitar tener que salir del clóset de manera indefinida.

“En la televisión nunca he sentido rezago por ser mujer, mi mamá, quien fue presidenta de Cinevisón, fue una de las que me abrió el camino”.

“Uno tiene que salir del clóset con uno mismo, con los amigos, con la familia, con las compañeras de colegio, cada vez que cambia de trabajo o que le presentan a alguien. La expectativa es que si una mujer está sola está buscando un esposo, pero puede ser que no quiera tener pareja o que esté buscando novia”. (Ver: Mi derecho a no salir del clóset).

“Una vez, cuando trabajaba en City Tv, uno de los directores de área estaba empeñado en presentarme a un amigo. Me decía ‘¿pero tú soltera, cómo así?’ Todos los días insistía hasta que le dije: ‘yo no estoy buscando un novio sino una novia’. Quedó frío”.

Durante años Paula se dio más duro que la gente que la rodeaba. Pasó por una especie de homofobia interna por el miedo a aceptarse y a salir del clóset. En la práctica, esto significaba mirarse al espejo para intentar responder: ¿cómo veo? ¿Seré femenina o masculina? ¿Se me nota? (Ver: A mí no se me nota).

“Lo ideal es que uno no tuviera que salir del clóset. El problema radica en partir de la base de que todas las personas son heterosexuales”.

Salió de ese miedo interno con mucho psicoanálisis y entendiendo que no era ni la primera ni la última lesbiana. “Pero una cosa es decir esto sola y otra acompañada. Y cuando encontré una pareja que me reafirmó lo que yo era, tuve la seguridad para dejar esos miedos, más que fobias, y salir del clóset las veces que fuera necesario”. (Ver: Salir del clóset, justo y necesario).

La primera persona que le dijo “nos tratan como a ciudadanos de segunda” fue Virgilio Barco Isakson, hijo del expresidente Virgilio Barco y uno de los fundadores de la ONG Colombia Diversa. (Ver: Colombia Diversa, 10 años de luchas).

“A mí esa frase se me quedó y decidí que no iba a ser una ciudadana de segunda”. Se dio cuenta de que el tema iba más allá de lo personal, para ser un asunto social y político. Entendió que sus miedos sí tenían un origen y que había que poner la cara.

Un activismo transversal

Desde entonces asumió que su activismo iba a ser transversal a su vida, en las diferentes actividades de su cotidianidad: conversaciones diarias, discusiones familiares, en lo que publica en redes y en la manera de presentarse al mundo.

Paula Arenas Canal
A la marcha LGBT Paula asiste más como espectadora. La primera vez que fue su mamá la acompañó. Le gusta este evento y cree que hay que seguir haciéndolo hasta que deje de ser necesario. Foto: Pilar Mejía.

“Creo que el activismo LGBT era más limitado cuando no tenía caras visibles como las de las congresistas Angélica Lozano y Claudia López. Ahora es importante que sigan saliendo más personas con poder de movilizar”.

Paula fue integrante de la junta directiva de la ONG Colombia Diversa pero está convencida de que el activismo también debe ser con la familia y los amigos.

Aunque se declara feminista, sabe que le falta formación en el tema. “Si uno no está educado en el feminismo, las costumbres y las tradiciones pueden pesar más en las discusiones familiares, en los chistes o en los chats con los amigos”.

Desde 2011 Paula es la asesora de contenidos de Señal Colombia. Por ser un canal público, educativo y cultural, aborda los temas que la otra televisión no toca. “Es un ejercicio muy distinto al de trabajar para unos anunciantes o unos consumidores. Es la diferencia entre el periodismo amarillista y el de verdad, el que abre la cabeza, aporta conocimiento y no se limita a buscar una reacción emocional”.

Paula Arenas Canal
Con Sara Mestre, su pareja, se conocieron en 2007 en el Festival Malpensante y desde entonces están juntas. Según Paula, en este tiempo han construido una familia amorosa que las ha hecho a las dos mejores personas. Foto: archivo particular.

“Queremos que los contenidos y las historias que cuente Señal Colombia toquen a la gente y de alguna manera la transformen, ya sea porque la sensibilizan o porque esos contenidos se vuelven espejos o ventanas”.

Así, mientras sigue contando historias bien contadas y buscando conversaciones que vayan más allá de despertar indignación, Paula avanza su vida al lado de Sara -con quien vive hace 10 años y tiene todas las intenciones de casarse- con la certeza de que muy pronto simplemente se hablará de quiénes somos, sin etiquetas.

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